Compartilhar

OMERTÁ

last update Data de publicação: 2026-04-15 03:33:05

~MAKSIM~

El disparo resonó en mis oídos… pero no sentí el impacto.

Por un segundo creí que había muerto y que mi cuerpo simplemente no había procesado el dolor todavía.

El hombre frente a mí seguía apuntándome, pero su expresión ya no era la de alguien que tenía el control. Sus ojos se abrieron con una sorpresa estúpida, su sonrisa se desdibujó y su cuerpo se quedó rígido antes de desplomarse a un lado como un saco sin vida.

Tardé apenas un instante en entender lo que había pasado y, cuando giré la cabeza, la vi.

Alessia Cardinale estaba de pie a unos pasos de mí, con el brazo extendido y una pistola firme en la mano. No temblaba. No dudaba. No parecía una mujer que acabara de salvarle la vida a alguien por pura suerte; parecía una que sabía exactamente dónde disparar para matar sin pensarlo dos veces.

Bajó el arma con lentitud, evaluando el entorno como si aquel caos no fuera nada nuevo para ella, como si el salón lleno de cadáveres y sangre fuera solo otro escenario en el que sabía moverse.

Su vestido de un blanco inmaculado había sido mancillado por la sangre, su cabello ligeramente alterado, pero su expresión… su expresión era lo que me hizo fruncir el ceño.

Fría. Controlada. Peligrosa.

Nada que ver con la mujer que yo había decidido despreciar minutos antes.

Me incorporé con cuidado, sintiendo la humillación de haber sido salvado por una mujer, pero ignorándolo mientras la observaba.

Algo no encajaba. Todo lo que había pensado sobre ella acababa de romperse en mil pedazos y, lo que era peor, no me gustaba la sensación de no tener el control de la situación.

—Un poco más... —dijo, sin mirarme directamente, mientras empujaba con el pie el arma del cadáver para alejarla.

La miré con incredulidad, molesto por el dejo arrogante en su tono, por la insolencia… y por el hecho de que no había ni un rastro de nerviosismo en ella.

—Qué bueno que tuve todo bajo control, ¿no? —añadió con una ligera ironía antes de girarse hacia mí.

Apreté la mandíbula.

—No necesitaba tu ayuda —respondí con frialdad, aunque la realidad era otra y ambos lo sabíamos.

Sus labios se curvaron apenas, no en una sonrisa dulce, sino en algo más afilado, más consciente.

—Claro que no —replicó—. Porque tu deseo era morir, ¿no es así, mi valiente Pakhan?

Ese comentario me atravesó más que cualquier bala. No por el contenido, sino por la altivez con la que lo dijo.

No había miedo. No había intención de agradar. Solo una ironía lanzada a la cara sin ningún tipo de filtro.

Y entonces lo entendí.

Lo que no me gustaba de ella no era solo su aspecto. Era que no era una mujer fácil de controlar.

—Por supuesto que no —dije finalmente, intentando cerrar esa grieta antes de que se hiciera más grande—. Y para que veas que soy un hombre honorable, te doy las gracias por salvarme la vida, Alessia Cardinale.

Ella me miró entonces, directo, sin titubear, como si hubiera estado esperando exactamente esa respuesta.

—Eso quería escuchar, Maksim Volkov —dijo con calma—. Porque tú, como el jefe de tu organización, sabes muy bien lo que eso significa en nuestro mundo.

El ruido del salón seguía alrededor de nosotros, hombres gritando órdenes, pasos apresurados, cuerpos siendo retirados, pero para mí todo eso se apagó ante sus palabras.

Mi ojo comenzó a temblar por un tic, porque imaginaba por dónde iba el asunto.

—En nuestro mundo, una vida se paga con otra —añadió.

Apreté las manos en puños y tensé la mandíbula con fuerza, hasta hacer rechinar mis dientes.

—Te salvé la vida, Maksim Volkov —continuó, dando un paso hacia mí sin el menor rastro de duda—. Eso te convierte en un hombre con una deuda conmigo.

La observé con dureza, midiendo cada palabra, cada gesto, cada maldito detalle que antes había pasado por alto.

—No le debo nada a nadie —respondí.

—Claro que sí —replicó sin vacilar—. Le debes todo a la persona que acaba de evitar que te volaran la cabeza.

La ira me atravesó como un rayo porque no quería estar en deuda con Alessia Cardinale.

En nuestro mundo, ese tipo de deudas no se trataba de moral, ni de gratitud, ni de emociones baratas. Se trataba de poder, de reputación, de reglas que no se rompían sin consecuencias.

Y ella acababa de colocarme dentro de una de esas reglas.

Para los italianos era algo llamado Omertá. Para nosotros los rusos era llamado de una forma más sencilla, pero igual de importante en nuestros códigos de honor.

Salvar la vida era considerado un acto supremo y quien recibía tal ayuda quedaba marcado por la obligación de compensar el favor, porque sino eso podía conllevar a la pérdida del estatus y del honor.

—Ten cuidado con lo que dices —advertí, bajando la voz.

—No estoy diciendo nada que no sepas —respondió con una calma que resultaba más provocadora que cualquier grito—. Estás en deuda conmigo de por vida, a menos que puedas devolverme el precio de tu vida... la vida que salvé hace algunos instantes.

—¿Y qué es lo que quieres? —mordí.

Ella sonrió triunfal.

—Tú lo sabes muy bien, Maksim Volkov.

El silencio volvió a instalarse entre nosotros, tenso, cargado de algo que no podía ignorar. Por primera vez desde que había empezado todo esto, no tenía una respuesta inmediata, y eso me irritó profundamente.

Alessia volvió a sonreír y dio otro paso hacia mí, acortando la distancia.

—No necesitas una esposa hermosa a la que puedas presumir como un trofeo —dijo mirando hacia un lado.

Seguí la dirección de su mirada y vi a una mujer hermosa en el suelo, sobre un charco de sangre, justo el tipo de mujer que era de mi gusto.

—¿La ves? —preguntó señalando a la mujer—. Esa era Elena Marchetti, la mujer que iban a darte como esposa y el tipo de mujer que tu criterio habría elegido. Ahora está muerta. La que iba a ser tu esposa y tu elección está muerta, porque no servía más que para ser un adorno para ti. Entonces tú también estarías muerto en este momento. Date cuenta de que tu elección habría sido un grave error.

La miré fijamente y, hasta ese momento, no la vi como un error.

La vi como un problema.

Uno serio.

—Cásate conmigo —dijo, manteniendo la mirada—. Mantén la palabra que le diste a mi padre, paga tu deuda de honor conmigo y, aunque te cueste admitirlo, date cuenta de que yo soy el tipo de mujer que un hombre como tú necesita. Alguien que está a tu mismo nivel y que te servirá para algo más que no sea un mero adorno, Pakhan.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App
Comentários (17)
goodnovel comment avatar
Katty Collado
Alesia una dura
goodnovel comment avatar
Erika
Lo dejo calladito
goodnovel comment avatar
Erika
Ya vi al final quien llevará los pantalones en esa relación jajajajaja
VER TODOS OS COMENTÁRIOS

Último capítulo

  • LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO    LDTDMR C47: ÉL ES EL PROBLEMA

    ~MINA~ —Ponte los protectores —indicó, sacándome de mis pensamientos. Obedecí. Artem se colocó los suyos y después me hizo una señal para que levantara el arma. Respiré profundamente, apunté hacia el blanco y traté de recordar absolutamente todo lo que me había explicado. —Cuando estés lista. Puse el dedo en el gatillo y disparé. El estruendo me sobresaltó incluso a través de los protectores y el retroceso hizo que mis brazos se elevaran mucho más de lo que esperaba. Di un pequeño respingo y bajé inmediatamente el arma, manteniéndola apuntada hacia el suelo. Artem me observó. —No estuvo mal. Lo miré esperanzada. —¿En serio? Se volvió hacia el blanco. —Si tu intención era asesinar el aire que está a medio metro de la silueta. Mi esperanza murió instantáneamente. —Chinga tu madre. Se rio. —Te dije que no estaba mal para ser el primer disparo. —No dijiste eso. —Lo estoy diciendo ahora. —Solo porque te mandé a chingar a tu madre. —Mi madre no tiene nada que ver con tu

  • LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO    LDTDMR C46: DEBÍA SER NERVIOS

    ~MINA~ A la mañana siguiente, Artem decidió que ya había tenido suficiente de verme desarmar y volver a armar una pistola sobre una mesa como si estuviera jugando con un pinche rompecabezas para adultos y que había llegado el momento de que aprendiera a dispararla de verdad. La noticia me emocionó mucho más de lo que probablemente debería entusiasmar a una persona normal. Pero yo ya había aceptado hacía tiempo que mi concepto de normalidad se había ido derechito a la chingada. La propiedad donde nos estábamos quedando era lo suficientemente grande y apartada como para que Artem pudiera llevarme hasta una zona despejada detrás de la casa, bastante alejada de la carretera y rodeada por terreno árido, vegetación baja y algunos árboles dispersos. Había colocado un blanco a una distancia que, según él, era apropiada para alguien que jamás había disparado un arma en su vida y, por supuesto, también había llegado cargando una pequeña caja con municiones, protectores para los oídos y todo

  • LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO    LDTDMR C45: SERÁ AFORTUNADA

    ~MINA~ Artem parpadeó y unas finas arrugas aparecieron entre sus cejas antes de responder secamente: —No. Yo también parpadeé, pero más que él porque estaba bastante sorprendida por su respuesta. —¿No? —No. —¿Tienes prometida? —No. —Hmm, ¿novia? —Tampoco. —¿Novio entonces? Entrecerró los ojos y me miró como si le hubiera lanzado una gran ofensa. Bien, quizá me había pasado un poquito, pero ¿qué de malo tenía dicha pregunta? Yo no lo iba a juzgar si lo suyo era batear para el otro bando. Así que en respuesta me encogí de hombros e hice un gesto con las manos. —Tenía que preguntar y explorar todas las opciones. Ahora, en estos tiempos, ya no se sabe.Entornó los ojos y negó. —A veces eres tan graciosa —dijo y no fue un cumplido.—¿Graciosa por qué? Eres tú quien ha estado respondiendo con un rotundo «no» a todas mis preguntas sobre mujeres. No hay nada de malo en explorar todas las opciones viables, ¿verdad?Soltó una risita cargada de ironía.—No —espetó—. Pero ¿no se

  • LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO    LDTDMR C44: NO SÉ NADA SOBRE TI

    ~MINA~ Que todavía estuviera mal del pie no significaba que me iba a quedar otras cuantas semanas acostada en mi cama o sentada en un sillón haciendo nada y muriéndome del pinche aburrimiento. Así que esa noche, valiéndome madre las protestas del güero, tomé el control de la cocina y me puse a cocinar unas enchiladas de pollo que, no es por nada, pero me quedaron de rechupete. Le serví al güero su plato y luego me senté frente a él para empezar a comer, pero antes de hacerlo me quedé observándolo por un momento para ver su reacción al probar mi comida. Esperaba que le gustara y me felicitara por mi buena sazón, pero el pinche güero se limitó a mirar el plato, enarcó una ceja, se puso a comer y se concentró en su teléfono como si estuviera comiendo cualquier cosa. Cabrón. Y yo que le había puesto tanto empeño a la comida para que al desgraciado le gustara y él no le había tomado la menor importancia. «Ojalá le dé diarrea», pensé, mientras alargaba la mano para agarrar la sa

  • LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO    LDTDMR C43: YO CUMPLO MI PALABRA

    ~ARTEM~ Mi expresión se endureció. Por supuesto que el hijo de mil putas ya tenía que saberlo. Habría sido extraño que no se hubiera enterado justo en el mismo momento en que todo ocurrió. En un territorio donde dos organizaciones se vigilaban constantemente, varios hombres de una de ellas apareciendo muertos después de un tiroteo no tardaría mucho en convertirse en información útil para la otra. —Mis muchachos me dijeron que la policía apenas está armando el rompecabezas —añadió—. Nadie sabe qué chingados hacían esos hombres allí ni quién los recibió a balazos. Yo sé que yo no tuve nada que ver en ese pedo y ahora tú me llamas para preguntarme por otros dos hombres de Montalvo. Guardé silencio. —¿Tú no tendrás algo que ver con ese desmadre, ruso? —soltó. No respondí, aún sabiendo lo astuto que era Valdés. Valdés soltó una risa baja. —Mira nomás. —No he dicho nada. —No hacía falta. —No saques conclusiones. —Yo no saco conclusiones, ruso. Yo observo coincidencias. Y ahorit

  • LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO    LDTDMR C42: NECESITO UN FAVOR PRIVADO

    ~ARTEM~—Mira quién se acordó de que todavía tenemos un trato pendiente —fue lo primero que soltó León Valdés apenas respondió la llamada que le estaba haciendo—. ¿Dónde chingados te metiste, ruso? Te desapareciste y me dejaste esperando una respuesta.Me apoyé contra el borde del escritorio de una de las habitaciones de la casa de Nogales y miré hacia la puerta cerrada.Había esperado a que Mina terminara con lo que estaba haciendo antes de apartarme para realizar aquella llamada. No porque temiera que escuchara algo que no debiera, sino porque aquello era un asunto que necesitaba manejar sin interrupciones.—Surgieron algunas complicaciones y tuve que regresar a Chicago.—Eso ya me lo imaginé. Lo que no me imaginé era que te fueras sin decir ni madres.—No tuve tiempo de despedirme de ti, Valdés. Espero que no hayas llorado demasiado.Una risa seca llegó desde el otro lado.—No te emociones, ruso. Para llorar por ti primero tendrías que tener unas buenas tetas y un buen culo y aunqu

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status