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LA EXPERTA

last update Fecha de publicación: 2026-08-25 12:04:22

**MATEO**

Un murmullo de asombro recorrió la mesa. Giancarlo palideció.

—Pero, señor… esa es una maniobra agresiva. Podríamos perder un quince por ciento del flujo operativo.

—Mi padre les enseñó a no ceder ni un milímetro ante el chantaje corporativo, Giancarlo —rebatí con un descaro intelectual calcado al de mi madre—. Y yo no voy a empezar mi gestión pidiendo permiso a los suizos. O firman bajo nuestras condiciones antes de las cinco de la tarde, o se quedan fuera del perímetro.

El director
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Último capítulo

  • LA MENTIRA DEL MAGNATE   HORAS EXTRA

    **SOFÍA**El contacto de sus labios en mitad del piso cuarenta, con la luz de Milán bañando la pared de cristal a nuestras espaldas, disipó cualquier rastro de duda. La firmeza de los brazos de Mateo alrededor de mi cintura ya no se sentía como una intrusión ejecutiva, sino como el único refugio al que no pensaba ponerle una sola línea de código de restricción.Cuando nos separamos apenas dos centímetros, le sostuve la mirada con una altivez limpia, sintiendo la aceleración rítmica de su pulso bajo las palmas de mis manos.—Parece que el heredero aprendió a hacer ofertas que no se pueden rechazar en los balances —susurré en un jadeo, rozándole la solapa del traje negro con la punta de los dedos.—No es una oferta de negocios, Sofía —siseó Mateo con ese tono grave que me estremecía las entrañas—. Es un decreto. Y el perímetro está cerrado a partir de hoy.—Mire que me salieron caras las horas extra —le devolví el golpe con una sonrisa afilada, aunque mi mirada delataba una entrega abso

  • LA MENTIRA DEL MAGNATE   UN BESO HAMBRIENTO

    **MATEO**El calor de los dedos de Sofía entrelazados con los míos era lo único que mantenía mi mente anclada a esa mesa rústica. La fijeza salvaje que heredé de mi padre nunca se había sentido tan voraz, pero a la vez tan peligrosamente paciente. Sofía Rossi no era una mujer a la que se pudiera arrinconar con decretos ni con el peso de mi apellido; tenía una altivez que requería una conquista paso a paso.—No suelo dar pasos atrás, Della Torre —respondió ella en un susurro grave, apretando mi mano con un agarre firme antes de soltarme con una lentitud calculada—. Pero si vamos a cerrar esa trampa mañana, necesito que deje de mirarme como si fuera a devorarme entre la pasta.—Es el único método que tengo para asegurarme de que no se me escape del perímetro, Rossi —sentencié, regalándole una sonrisa afilada mientras daba un trago al vino tinto.Salimos de la trattoria pasadas las diez de la noche. El aire fresco de Navigli traía el olor húmedo del canal. Sofía ya estaba abrochándose el

  • LA MENTIRA DEL MAGNATE   SENTIRSE AGOTADO

    **SOFÍA**Me quedé inmóvil ante la presión de su pulgar contra mi mandíbula. La solidez de su cuerpo contra el borde de la mesa me dejaba muy poco margen de maniobra, pero no pensaba darle el gusto de ver que sus movimientos estratégicos me dejaban fuera de juego.—¿Una cena, Della Torre? —pregunté en un hilo de voz, obligándome a sostenerle la mirada con la misma altivez que él intentaba imponer—. Pensé que los magnates como usted negociaban en despachos, no entre tenedores.—Esto no es una negociación, Rossi —siseó Mateo con ese tono grave que me retumbaba en el pecho—. Es el cobro de mi traje. Y no acepto un no por respuesta.—Mire qué dominante salió el heredero —le devolví el golpe, inclinándome apenas un milímetro hacia él para desafiarlo—. Pero le advierto que no voy a ningún restaurante estirado donde tenga que usar tres tenedores distintos para comerme una ensalada.Una chispa de diversión sincera le iluminó las pupilas oscuras, suavizando por un segundo la fijeza salvaje de

  • LA MENTIRA DEL MAGNATE   TAL PALO...

    **MATEO**El tiempo pareció congelarse. Sofía perdió el equilibrio y cayó de espaldas. Reaccioné por instinto, dando tres pasos gigantescos para atraparla en el aire antes de que se estrellara contra el suelo. La atrapé contra mi pecho. Su cuerpo era sorprendentemente ligero, y el aroma a flor de azahar y café me invadió los sentidos de golpe. El problema no fue la caída; el problema fue que el vaso térmico de Sofía salió volando y su contenido —un líquido negro, hirviendo y pegajoso— se estampó de lleno contra la solapa de mi traje de diseñador, chorreando por mi camisa blanca hasta la hebilla del cinturón. Nos quedamos inmóviles durante cinco segundos. Yo sosteniéndola en brazos, ella con los ojos oscuros abiertos como platos y una mancha gigante de café arruinando mi atuendo de tres mil euros. —Buenos días, jefe —soltó Sofía con una sonrisa culpable y una soltura que me dejó sin habla. —Dígame que esto es una broma, Rossi —siseé en un murmullo grave, sintiendo el calor del café

  • LA MENTIRA DEL MAGNATE   LA EXPERTA

    **MATEO**Un murmullo de asombro recorrió la mesa. Giancarlo palideció.—Pero, señor… esa es una maniobra agresiva. Podríamos perder un quince por ciento del flujo operativo.—Mi padre les enseñó a no ceder ni un milímetro ante el chantaje corporativo, Giancarlo —rebatí con un descaro intelectual calcado al de mi madre—. Y yo no voy a empezar mi gestión pidiendo permiso a los suizos. O firman bajo nuestras condiciones antes de las cinco de la tarde, o se quedan fuera del perímetro.El director financiero tragó saliva, asintió en silencio y comenzó a teclear descontrolado en su terminal. El primer pulso estaba ganado.A las tres de la tarde, el intercomunicador de mi despacho privado sonó con un bip metálico. Presioné el botón sin levantar la vista de los balances.—Dime, secretaria.—Señor Della Torre, la pasante de análisis de datos de la división de ciberseguridad insiste en verlo —anunció la voz de la recepcionista—. Dice que encontró una anomalía sintáctica en las cuentas de la fi

  • LA MENTIRA DEL MAGNATE   NUEVA GENERACION

    **CASPER**Leonor dejó escapar un leve jadeo, perdiendo por un segundo la postura soberbia para regalarme una sonrisa enamorada que me devolvió de golpe a nuestros mejores años.—¿Nos estás dejando solos a cargo de la casa y la empresa? —preguntó Ginebra, alzando una ceja.—Mateo manejará los números y tú mantendrás la disciplina —sentencié, mirando a mi hijo a los ojos con una gravedad implacable—. Mateo, mantén la guardia alta. Mi imperio es tuyo a partir de hoy, pero si al regresar encuentro un solo rasguño en esta familia, te quito el mando antes de que cierre la bolsa.Mateo me sostuvo la mirada con una firmeza que me demostró que la piedra tenía un heredero digno.—El perímetro estará seguro, padre —aseguró el joven financiero, estrechándome la mano con un agarre de acero—. Ve a cuidar a mi madre. De lo demás me encargo yo.**MATEO**El rugido del motor del helicóptero privado terminó de disiparse en el horizonte sobre los picos del Como. Me quedé en la terraza de mármol con las

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