LOGIN(POV del Autor)
—Emily, por aquí —llamó Liam, con un tono amable y tranquilizador. Ella se acercó hacia ellos, sintiéndose un poco cohibida bajo las miradas atentas, pero haciendo todo lo posible por mantener la compostura. Cuando llegó hasta ellos, el alfa Rollins centró su atención en ella, con una expresión inescrutable pero no cruel. —Emily, ¿confío en que te sientes mejor esta mañana? —Sí, Alfa. Gracias por su hospitalidad —respondió ella, con la voz firme a pesar de que los nervios le rozaban el límite. Rollins asintió, y su mirada penetrante pareció captar cada detalle de ella. —Aquí cuidamos de los nuestros. Has pasado por mucho, pero ahora estás a salvo. Emily asintió, agradecida por sus palabras. —Lo aprecio. Rollins le hizo un gesto para que se sentara y, al hacerlo, Emily notó a los demás miembros de la manada alrededor de la mesa. Todos la observaban, no con desconfianza, sino con genuina curiosidad. La mayoría parecía tener poco más de veinte años, aunque también había algunos miembros mayores. Una de ellos, una mujer de cabello oscuro y rasgos afilados, estaba sentada justo frente a Emily, entrecerrando ligeramente los ojos mientras evaluaba a la recién llegada. —Esta es Cassandra —dijo Liam, presentándola—. Lleva mucho tiempo con nosotros, una de nuestras guerreras más fuertes. —Bienvenida a la manada, Emily —dijo Cassandra, con un tono educado pero con un filo que hizo que Emily se sintiera incómoda. —Gracias —respondió Emily, sosteniendo su mirada con serenidad. Había algo en aquella mujer que la ponía en alerta, aunque no lograba identificar qué. Rollins continuó presentando a los demás en la mesa; cada uno le ofreció un asentimiento o una breve palabra de bienvenida. Cuando terminaron las presentaciones, un servidor se acercó y colocó un plato de comida frente a Emily. No se había dado cuenta de lo hambrienta que estaba hasta que percibió el aroma cálido y sabroso de los platos. —Come —dijo Rollins, señalando la comida—. Hablaremos más después. La comida era sencilla pero abundante, y mientras Emily comía, los miembros de la manada retomaron sus conversaciones. Ella escuchó en silencio, captando fragmentos de sus vidas. Hablaban de los preparativos para el invierno, de las últimas expediciones de caza y de las patrullas recientes alrededor del territorio. Quedaba claro que aquella manada valoraba la fuerza y la lealtad, cualidades que en su antigua manada habían sido usadas en su contra. Cuando la comida fue llegando a su fin, Cassandra se recostó en su silla y fijó la mirada en Emily. —Ahora, Emily, me gustaría saber más sobre cómo terminaste en nuestra frontera. No es algo que ocurra todos los días, encontrar a alguien tan cerca de nuestro territorio. La sala volvió a quedar en silencio mientras todos dirigían su atención hacia ella. Emily sintió un rubor de ansiedad, pero se obligó a mantenerse tranquila. —Yo… dejé mi antigua manada —comenzó, eligiendo cuidadosamente sus palabras—. No era un buen lugar para mí. Necesitaba escapar, encontrar un sitio donde pudiera… empezar de nuevo. Rollins la estudió un momento, sus ojos buscando la verdad detrás de sus palabras. —¿Y llegaste aquí por casualidad? Emily dudó un instante, luego asintió. —Sí. No sabía adónde iba, solo sabía que tenía que irme. Cassandra no apartó la mirada de Emily. —Tuviste suerte de que te encontráramos cuando lo hicimos. La frontera es peligrosa, sobre todo para alguien que está solo. Había algo en su tono que hizo que Emily se pusiera tensa, pero mantuvo la expresión neutral. —Estoy agradecida por eso. No sé qué habría pasado si Liam no me hubiera encontrado. Rollins miró a Cassandra antes de volver a centrarse en Emily. —Estarás a salvo aquí. Tenemos reglas y esperamos que todos contribuyan, pero si estás dispuesta a trabajar duro, encontrarás un lugar entre nosotros. Emily asintió, con un alivio recorriéndole el cuerpo. —Lo entiendo, Alfa. Haré lo que sea necesario. —Bien —dijo Rollins, con un tono definitivo—. Empezarás con algunas tareas ligeras mientras te recuperas, y cuando estés lista, veremos dónde encajas mejor. Después de eso, la conversación cambió de rumbo y pasó a otros asuntos de la manada. Emily permaneció en silencio, escuchando y observando, tratando de hacerse una idea de su nuevo hogar. Notó cómo Cassandra la miraba de vez en cuando, con un destello indescifrable en los ojos. No era una hostilidad abierta, pero había tensión, un desafío silencioso. Cuando la reunión llegó a su fin, Liam se levantó y se estiró. —Te mostraré el poblado, Emily. Te conviene familiarizarte con el lugar. Emily también se levantó, agradecida por la oportunidad de salir del ambiente intenso del salón. Al salir al aire fresco de la tarde, sintió cómo un peso se aligeraba sobre sus hombros. La manada era fuerte, sus lazos estrechos, y a pesar de los desafíos que tenía por delante, no pudo evitar sentir una chispa de esperanza. Aquel lugar podría ser su hogar si lograba demostrar que era digna. Pero mientras caminaban, la mirada de Cassandra permanecía en su mente. Emily sabía que tendría que ser cuidadosa. No todos la recibirían con los brazos abiertos, y el escrutinio silencioso de Cassandra le decía que algunos la veían como algo más que una simple nueva miembro de la manada. Era una posible amenaza, y tendría que moverse con cautela en esta nueva vida si quería sobrevivir. ⸻ El Alfa Rollins estaba sentado en su despacho, con el ceño fruncido mientras observaba los papeles frente a él. Había pasado años liderando a su manada, ganándose su respeto y lealtad a través de la fuerza, la sabiduría y un inquebrantable sentido del deber. Sin embargo, había algo que siempre se le había escapado: encontrar a su verdadera Luna. A los 28 años, Rollins estaba en la edad en la que la mayoría de los alfas ya habían encontrado a sus parejas y asegurado el futuro de sus manadas. Pero para él, ese momento no había llegado. Había esperado, con la esperanza de sentir el tirón innegable, la conexión magnética que indicaba que había encontrado a su pareja destinada. Pero nunca ocurrió. Un golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos. Rollins alzó la vista cuando la puerta se abrió, revelando a Liam, su confidente más cercano. —Rollins —saludó Liam, entrando en la habitación—. Los ancianos han convocado una reunión. Es sobre el puesto de Luna. Rollins suspiró, sintiendo un peso pesado asentarse en su pecho. Sabía que este día llegaría, pero eso no lo hacía más fácil de afrontar. —Supongo que ya no se puede evitar —murmuró, poniéndose de pie y enderezando la postura—. Vamos. Los dos hombres caminaron lado a lado por la casa de la manada, pasando junto a miembros que los saludaban con respeto. Rollins respondió con asentimientos, aunque su mente estaba en otra parte. Cuando entraron en la sala de reuniones, los ancianos ya estaban sentados, con expresiones serias. Cassandra también estaba allí, de pie cerca de ellos, con una actitud segura y serena. Era la personificación de la fuerza y la belleza: una guerrera feroz, inteligente y capaz en todos los sentidos. Los ojos de Rollins se cruzaron brevemente con los de Cassandra, y ella le ofreció una pequeña sonrisa cómplice. Pero en lugar de consuelo, aquello solo despertó una sensación de inquietud en su interior. —Alfa Rollins —comenzó uno de los ancianos, con voz calmada pero firme—. Es hora de asegurar el futuro de esta manada. Eres consciente de que el puesto de Luna no puede permanecer vacante por más tiempo. La manada necesita estabilidad, un liderazgo fuerte y un heredero que continúe el legado. Rollins asintió lentamente. —Lo entiendo, Anciano. Pero— —Cassandra ha sido elegida para ser tu Luna —lo interrumpió el anciano, con un tono que no dejaba espacio para objeciones—. Es fuerte, respetada por la manada y será una pareja adecuada para ti. Rollins apretó la mandíbula, sintiendo el peso familiar del deber caer sobre él. —Cassandra es, sin duda, fuerte y capaz —reconoció, con voz medida—. Pero no es mi pareja destinada. La sala quedó en silencio, con la tensión palpable. Las palabras de Rollins flotaron en el aire, un recordatorio del vínculo que debía existir y que no estaba allí. —Has tenido tiempo suficiente para encontrar a tu pareja —intervino otra anciana, con voz suave pero decidida—. Pero la manada no puede esperar más. El vínculo puede llegar con el tiempo, o puede que no. Pero nuestra prioridad es la fuerza y el futuro de la manada. Cassandra dio un paso al frente, con la mirada firme. —Alfa, sé que esta no es la situación ideal para ninguno de los dos —dijo, con una voz suave y controlada—. Pero estoy lista para servir a esta manada como su Luna. Juntos, podemos asegurar su prosperidad. Rollins la observó, buscando cualquier signo de debilidad o duda, pero no encontró ninguno. Cassandra era segura, decidida y estaba completamente preparada para asumir el papel. Pero a pesar de todas sus cualidades, no era a quien su corazón ni su lobo anhelaban. De hecho, su lobo permanecía en silencio, indiferente ante la mujer que tenía delante. Miró a Liam, que permanecía en silencio a su lado, con una expresión de apoyo mezclada con conflicto. Rollins sabía lo que Liam estaba pensando; habían hablado de esto innumerables veces. La manada necesitaba estabilidad, y Cassandra podía proporcionarla. Pero aun así, no se sentía correcto.POV de RollinsMe detuve…Miré a Cassandra, que estaba sentada con una expresión arrogante, claramente esperando un veredicto que la favoreciera. Pero yo tenía un plan diferente en mente.“Cassandra”, la llamé, con una voz que exigía atención. “Da un paso al frente.”Los ojos de Cassandra parpadearon con sorpresa, pero rápidamente lo ocultó mientras se levantaba y caminaba hacia mí. Un aire de expectativa recorrió a la manada; todos esperaban ver qué haría a continuación.Cuando estuvo frente a mí, extendí la mano y tomé su brazo. Ella se tensó ligeramente, con la mirada afilada por la sospecha. “Rollins, ¿qué estás haciendo?” preguntó, con la voz teñida de inquietud.Ignorando su pregunta, empecé a deshacer el vendaje que envolvía su antebrazo. La sala quedó en completo silencio, el único sonido era el suave roce de la tela al desenrollarse. Cassandra miró a los ancianos, con un destello de pánico en los ojos, pero continué, con movimientos deliberados.Los ancianos intercambiaron mi
POV de RollinsA la mañana siguiente, me desperté temprano, con la mente ya cargada por la reunión que sabía que tenía que enfrentar. Salí de mis aposentos y me dirigí directamente a la sala del consejo donde los ancianos me esperaban. Al entrar, sus expresiones severas no hicieron nada para aliviar el nudo de tensión en mi pecho.“Alpha Rollins”, habló primero el anciano Gray, con una voz tan inquebrantable como las paredes de piedra que nos rodeaban. “Hemos discutido el asunto relacionado con Emily.”Me quedé de pie, con las manos entrelazadas a la espalda. “¿Y?”El anciano Gray intercambió miradas con los demás antes de continuar. “A pesar de las circunstancias, las normas son claras. La Luna fue herida, y el castigo debe ser aplicado.”Mi mandíbula se tensó. “Sabes tan bien como yo que Cassandra la provocó. Emily solo se estaba defendiendo.”La anciana Maren, la mayor entre ellos, negó lentamente con la cabeza. “No importa, Rollins. La ley es la ley. Si hacemos excepciones, se deb
POV de RollinDespués de todo lo que había pasado entre nosotros en el bosque, levanté a Emily con cuidado entre mis brazos, acunándola cerca mientras la llevaba de regreso a su lugar. Su respiración era estable, su cuerpo relajado y cálido contra el mío, completamente en paz después de nuestro vínculo. Sentí una satisfacción profunda e instintiva al saber que ella era mía, y que haría cualquier cosa para protegerla.La noche estaba en silencio mientras caminaba entre los árboles, el único sonido era el susurro de las hojas bajo mis pies y los suaves suspiros de Emily mientras dormía. Estaba atento a cada uno de sus movimientos, asegurándome de que estuviera lo más cómoda posible. Se sentía correcto cargarla así, como si perteneciera a mis brazos.Cuando finalmente llegamos a sus aposentos, empujé la puerta con suavidad y entré, moviéndome en silencio para no interrumpir su sueño. La recosté en la cama, cubriéndola cuidadosamente con la manta. Ella se remo
Más tarde esa noche, me encontré caminando de un lado a otro en mi pequeño apartamento, con la mente acelerada por todo lo que había pasado. Mi conversación con Mia más temprano no había logrado calmarme. Como siempre, había sido comprensiva y solidaria, pero había algo en sus ojos —una mezcla de preocupación y curiosidad— que me puso aún más inquieta. Sabía que tenía preguntas sobre lo ocurrido con Cassandra, pero yo no tenía respuestas. Al menos, no respuestas que tuvieran sentido.Decidí que necesitaba un poco de aire fresco. Tal vez el bosque ayudaría a despejar mi mente. Tomé mi bolso de costado y metí una muda de ropa extra, por si acaso. Últimamente había estado intentando dominar mi transformación, y no estaría mal intentarlo una vez más.El sol se estaba poniendo, proyectando largas sombras entre los árboles mientras me adentraba en el bosque. El aroma familiar del pino y la tierra me rodeaba; normalmente era reconfortante, pero esa noche solo aumenta
La manada acababa de terminar el entrenamiento y yo estaba agotada, pero no había forma de confundir el desafío en su voz. La manera en que estaba allí de pie, con los brazos cruzados y una expresión de suficiencia en el rostro, me decía que esto no se trataba solo de un simple combate de práctica. Quería algo más: quería humillarme delante de toda la manada.Tomé una respiración profunda y me giré para enfrentarla.—Está bien —dije, intentando mantener la voz firme—. Hagámoslo.Un murmullo se extendió entre la manada mientras todos empezaban a reunirse a nuestro alrededor. Podía sentir sus miradas sobre mí, algunas curiosas, otras escépticas. Después de todo lo que había pasado, después de que toda la manada descubriera que yo no tenía lobo —o eso creían—, esto era lo último que necesitaba. Pero no podía echarme atrás ahora, no cuando Cassandra prácticamente me estaba retando a pelear.Cassandra entró en el círculo de combate, moviéndose con una
POV de EmilyMis músculos dolían por el entrenamiento; estaba perdida en mis pensamientos cuando escuché pasos detrás de mí. Al girarme, vi a Rollins acercarse. El aliento se me quedó atrapado en la garganta y rápidamente intenté recomponerme.—Emily —me llamó, con una voz suave pero firme.—Alfa —respondí, intentando mantener la voz estable—. ¿Necesita algo?Rollins se detuvo a pocos metros de mí, con una expresión ilegible. Por un momento no dijo nada, solo me miró fijamente, y me encontré incapaz de apartar la mirada.—He querido hablar contigo —dijo por fin, con la voz baja, casi vacilante.Fruncí ligeramente el ceño, preguntándome qué quería tratar.—¿Es por el entrenamiento? Sé que todavía tengo mucho que aprender, pero estoy dispuesta a trabajar duro——No, no es por eso —interrumpió Rollins, negando con la cabeza—. Hoy lo hiciste bien. Estoy orgulloso de ti por dar un paso al frente.Mis mejillas se sonrojaron ante el elogio inesperado y bajé la mirada hacia mis pies, sintiéndo







