INICIAR SESIÓNPaul Bellini es uno de los mafiosos más importantes de la zona Este de Panamá. Su mundo se resquebraja cuando Carlos Almary, uno de sus socios, lo delata y es encarcelado. Hasta ahora, ninguno de los abogados de renombre en el país ha aceptado defenderlo, saben que eso sería su sentencia de muerte de no ganar el juicio. Sin embargo, Claudia Lima acepta el caso; necesita recibir una cuantiosa cantidad el dinero para poder pagar la operación de su hijo. Ser una abogada honesta, no es muy rentable en su país. Sin embargo, lo que comienza como un acuerdo profesional pronto se transforma en un conflicto íntimo y peligroso. Mientras lucha por demostrar la inocencia de Bellini, Claudia se enfrenta a un sentimiento prohibido que amenaza con nublar su juicio. Esta vez, el mayor enemigo no es la ley, sino aquello que nace entre ambos.
Ver más“El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto.”Charles ChaplinMientras algunos disfrutaban de la felicidad, también hubo quienes recibieron el castigo por sus malas decisiones y por su propia maldad.—Su señoría —declaró el representante del jurado con voz firme—, la acusada ha sido declarado culpable de los delitos de homicidio intencional y planificado en contra del Sr. Aníbal Duarte, asesinado el 22 de febrero de 2016, con una condena de 25 años. Además de ser condenada a 30 años de cadena perpetua por el asesinato del ciudadano Thiago Fernándes. Con la mirada llena de odio y una actitud altiva, Verónica Fuenmayor escuchó la sentencia sin bajar la cabeza. Finalmente, fue condenada a 55 años de prisión sin derecho a libertad condicional.Dentro de la Penitenciaría de La Joyita, Carlos Almary salió al patio para recibir los pocos minutos de sol permitidos. El ambiente era denso, pesado, cargado de tensión. De repente, una reyerta estalló sin aviso. Golpes,
“Hay amores que no solo se sienten… se expanden, se respiran y terminan contagiando la vida entera como uma dulce forma de felicidad.”A.K.M—Detente —susurró ella.—No puedo... —dijo él entre dientes—. Ya casi llegó. —Santi viene hacia acá. —contestó ella con una sonrisa nerviosa. Paul miró hacia el valle y vio que aún no estaba cerca. Aceleró sus movimientos pélvicos hasta correrse dentro de ella, mientras Claudia apretaba los labios conteniendo las ganas de gritar de placer.Apenas tuvo tiempo de incorporarse cuando su pequeño se acercó a la ventana y desde allí le gritó:—Mami, ve la mariposa que atrapé —le dijo el niño con una sonrisa luminosa, alzando sus pequeñas manos con orgullo.Claudia le devolvió la sonrisa, aunque sus piernas temblaban levemente. Disimuló como pudo los gestos en su rostro, apretando los labios y cerrando apenas los ojos por un instante.—Déjala libre, mi amor —respondió con dulzura, tratando de mantener la voz firme.Santiago obedeció sin duda
“A veces, perderlo todo es la única forma que tiene la vida de darte el comienzo que siempre mereciste.:A.K.MTal como lo había planeado Eder, Paul logró salir de Ciudad de Panamá hasta el puerto. Allí lo esperaba el yate en el que embarcarían rumbo a Marruecos. Tras varias horas de viaje, Paul comenzó a sentir escalofríos en todo el cuerpo. Las advertencias de Beltrán habían pasado inadvertidas para los demás.Dentro del yate, Claudia fue a uno de los camarotes y acostó al niño. Necesitaba estar al lado de Paul, cuidar de él. Regresó y se sentó con cuidado a su lado. Paul temblaba de frío a pesar de estar cubierto de pies a cabeza.Germán entró con un tilo que había preparado con las hierbas que Gertrudiz había colocado en su bolso.—Hay que darle a beber esto —dijo con urgencia contenida, acercándose—. Mamá me las dio precisamente por si esto ocurría.Intentó incorporarlo un poco, sosteniéndole la cabeza con cuidado, mientras Claudia le acercaba la infusión.—Claudia… teng
Enzo estaba devastado. Sin darse cuenta, había llevado a sus rivales hasta el refugio de su hermano. Como pudo, lo tomó entre sus brazos y regresó a la hacienda. Eder se acercó de inmediato para ayudarlo; entre ambos lo trasladaron hasta su habitación, con el peso de la urgencia oprimiéndoles el pecho.Mientras tanto, Germán verificaba que los cinco hombres que los habían atacado estuvieran muertos. Su expresión era dura, impenetrable, como si ya no hubiera espacio para la sorpresa.Claudia estaba en shock. Caminaba de forma automática, con la mirada perdida, mientras los recuerdos de felicidad junto a Paul se repetían una y otra vez en su mente, como un refugio al que aferrarse. Entró a la habitación donde yacía el amor de su vida. Eder, previendo lo peor, había dispuesto uno de sus helicópteros para traer a Gertrudiz.Paul seguía inconsciente.Claudia se sentó a su lado, temblorosa. Tomó su mano entre las suyas y la besó con ternura, como si ese gesto pudiera anclarlo a la vid






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