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2: Deuda de Vida

last update Data de publicação: 2026-03-24 06:58:53

A la mañana siguiente.

Despierto adolorida, con los hombros tensos y dolor de cabeza. Sigo en la oficina del señor William. Con pesadez me siento en el sillón en el que pasé la noche y veo como el oficial que estuvo vigilándome desde entonces, también fue vencido por el cansancio y se quedó dormido.

Poco después, como si le hubieran avisado, el señor William entró a lo oficina en compañía de otro oficial de policía, quien despertó a su compañero y seguidamente me retiró las esposas, para finalizar retirándose del lugar con su compañero, dejándome a solas con mi captor.

—Señor… ¿Cómo se encuentra la pequeña? —Pregunto temerosa de como pueda reaccionar luego de cómo me trató anoche.

—Todo indica que está bien, aunque perdió mucha sangre. No tiene ninguna lesión cerebral y los doctores dicen que está fuera de peligro… —Respondió sentándose en su sillón de piel tras el escritorio de madera tallada.

—Gracias a Dios que se encuentra bien. —Respondo al instante, sintiéndome completamente aliviada.

—Me temo que anoche estaba fuera de mis cabales y quisiera compensárselo. Pero, con la condición de que no presente cargos en mi contra. —Dijo mirándome fijamente, sin el más mínimo rastro de alguna emoción en su semblante.

Lo que decía era tan jodidamente ridículo y despiadado que no supe cómo reaccionar, de solo escucharlo mi quijada casi toca el suelo. Estaba pasmada, ¿Este hombre quiere comprar mi silencio luego de mantenerme encerrada toda la noche? ¡Esto es el colmo!

—¿Cómo se atreve…? —Pregunto levantándome de golpe.

Él abrió su boca para responder, pero entonces Luis se adentró en la oficina sin previo aviso.

—Señor. Luciana despertó… —Anunció.

—¡Gracias a Dios! —Exclamó levantándose para salir.

—Pero, no preguntó por usted. Quiere ver a la mujer que le salvó la vida. —Informó Luis antes de que William saliera.

—¿Por qué?

—No lo sé señor.

—Señorita, acompáñenos. —La petición de William fue una orden disfrazada.

No quería estar cerca de este monstruo, pero si quería ver como estaba la pequeña y más confuso aún, saber porque quería verme.

(***)

Al entrar en la habitación en la que se encontraba la pequeña, William de inmediato se acercó a ella rápidamente y con sus manos envolvió la de la niña.

—Papá, prometo no volver a escapar. —Dijo la pequeña.

—Yo lamento haberte regañado. No sé qué haría si te pierdo. —Respondió William con la voz quebrada.

Expectante me quedo observando la escena y me sorprende ver como este hombre tan feroz y despiadado que me mantuvo encerrada toda la noche, podía desarmarse en cuanto su hija está cerca de él.

—Señor Winchester. Lamento interrumpir. Pero, necesitamos saber lo que sucedió para ver qué acciones legales tomar con respecto a la señorita.

—¡Papá, ella me salvó! —Exclamó la pequeña sin rodeos al oir al oficial.

—Hija… ¿Estás segura de lo que dices? —Preguntó William retomando su tono serio.

—Si. Yo subí a un árbol para esconderme. Después de que me gritaras quise escapar y logré escabullirme sin que los obreros me vieran. Pero después me dio hambre, intenté tomar una manzana del árbol en el que estaba, pero resbalé y me caí al rio. Me asusté mucho, el agua estaba helada, ya todos se habían ido, pero grité esperando que alguien me escuchara y ella me oyó. Saltó al rio, pero mis brazos me dolían y tenía mucho frio, la corriente me arrastró y es todo lo que recuerdo. —Explicó la pequeña con lujo de detalles.

La habitación estaba sumida en un silencio sepulcral. Todos estábamos sorprendidos de la elocuencia y la buena memoria de la pequeña, aun luego del accidente. Por un momento temí que hubiera perdido la memoria. Pero no fue así, ella me recordaba y de cierto modo me estaba salvando de las garras de su padre.

—Gracias a Dios. —Musité con la voz quebrada.

Mis ojos se inundaron de lágrimas. El alivio que sentí logró quebrantarme.

—Bueno, señor. Con el testimonio de su hija no hay mucho que podamos hacer. —Informó el oficial de policía. —Si me disculpa mis hombres y yo nos retiraremos.

—Gracias Oficial. —Respondió William tensando su mandíbula.

—Señorita. Gracias por salvarme, usted es un verdadero ángel. —Dijo la pequeña tendiéndome su mano para que me acercara.

—Solo hice lo mejor que pude y volvería hacerlo sin duda. —Respondí acercándome a la cama con una sonrisa.

—Ella es muy bonita, ¿No lo crees papá? —Dijo la pequeña mirando a su padre.

William no respondió, solo apretó los labios y asintió levemente. Casi podría jurar que estaba evitando mirarme.

(***)

Media hora más tarde.

Luego de platicar un rato con la pequeña, con el señor William observándonos en silencio. Ambos volvimos a su oficina porque él me pidió volver a hablar con él a solas. Supongo que solo quería insistir en que no presente cargos y seguro me ofrecería cientos de cosas. Sin embargo, yo lo único que esperaba era una disculpa.

—Señorita Helena. Tome asiento, por favor. —Pidió tras entrar a su oficina.

El rubio, tras tomar asiento en su sillón de piel, encendió su ordenador y tecleó algo, luego sin decirme nada se dispuso a leer algo en la pantalla.

—Veo que es licenciada en literatura clásica y se graduó con honores. —Dijo. Estaba revisando mi expediente.

—Así es.

—¿Y que hace una licenciada trabajando como obrera en mi finca? —Preguntó desviando su penetrante mirada hacia mí.

—Mi familia necesita el dinero. Tras graduarme no encontraba empleo de otra cosa que no fuera dando clases en primarias y como imaginará la paga no es muy buena. —Respondí encogiéndome de hombros.

—¿Sus padres son de la generación fundadora de la finca, no es así? —Inquirió enarcando una ceja.

—Así es. Cuando el señor y la señora Winchester, sus padres, abrieron la finca, mis padres fueron de los primeros en trabajar en sus campos. Han pasado casi treinta años desde entonces. Siempre quise hacer una maestría e literatura inglesa. Pero, luego de mi graduación le detectaron osteosarcoma a mi padre y desde entonces abandoné mi sueño. Mi madre y yo hemos trabajado para pagar las facturas médicas y sus tratamientos…

—Conozco la historia, solo quería rectificar la información dado que estoy en deuda de por vida con usted. —Recalcó el alzando su mano indicándome que no continuara. —De no ser por usted, mi hija habría muerto en ese río y cometí un error al menospreciarla por ser una simple obrera recolectora.

—Descuide… Estaba preocupado, lo entiendo…

—No me interrumpa. —Ordenó.

—Lo siento. —Musité ruborizándome de la vergüenza.

—Sé que le debo una disculpa, pero ese no es mi estilo. Tampoco voy a intentar sobornarla de nuevo. Quiero pagarle la deuda; así que quiero que te vayas a Nueva York con Luciana y conmigo, trabajarías como su niñera y vivirás con nosotros…

—¡Tiene que estar bromeando! —Farfullé de golpe con gran incredulidad, volviendo a interrumpirlo.

—¿Te parece que soy la clase de hombre que hace bromas? —Cuestionó fulminándome con la mirada.

Al instante guardé silencio y bajé la mirada, me había pasado de la raya nuevamente, no podía hablarle así a mi jefe.

—Lo siento señor…

—Mira, Helena. Tu padre está enfermo; necesita cuidados y medicamentos muy costosos, tus dos hermanitos van a la escuela y tú sueñas con una maestría en literatura inglesa desde que terminaste la licenciatura. Puedo encargarme de tus gastos, los de tu familia y aun así pagarte un salario tres veces más alto del que tienes ahora. —Soltó sin rodeos.

Demonios… no supe que decir, ofreció tantas cosas que no podía creer que algo así me estuviera pasando…

—Señor… Yo… no sé qué decir… Usted no me debe nada, no puedo aceptar algo así.

—Salvaste a mi hija. Te lo voy a compensar, no se trata de un regalo. Se trata de una deuda, debes aceptar e irte conmigo el lunes al anochecer. Tus padres y hermanos ahora serán los gerentes de la finca, me encargaré de que tu padre reciba su tratamiento completo y así pueda volver a ser el hombre que fue en el pasado, el gerente anterior fue ascendido y tus padres son fundadores, saben cómo debe hacerse todo. Tus hermanos irán a una mejor escuela y tú podrás estudiar tu maestría mientras cuidas de mi hija.

—Señor yo aprecio su oferta, pero…

—Mira, no respondas según lo que tú quieras, piensa en tú familia, ellos necesitan lo que yo puedo darles y lo sabes. ¿Por qué no te llevo a casa y lo hablamos con ellos? —Su interrogante fue más bien una orden.

No estaba dispuesto a recibir un “no”, como respuesta y realmente tenía razón. Lo que me ofreció le cambiaría la vida mi familia y debía pensar en ellos y no en mi.

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