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Rechazando la Bondad

Author: H-Joon
last update publish date: 2026-03-15 21:56:39

Capítulo Once

Los labios de Lila se curvaron en una sonrisa fría mientras alcanzaba un pergamino y una pluma, su mano firme al comenzar a escribir. Si la fuerza no funcionaba... entonces la manipulación lo haría.

El Alfa de Colmillo de Sombra podía haber protegido a Bella esta vez... pero seguía siendo un hombre. Tal vez un hombre que pudiera ser persuadido, controlado... engañado... igual que su tonto compañero...

Escribió con rapidez, sus palabras fluyendo con precisión calculada:

Al honorable Alfa de la Manada Colmillo de Sombra,

Le escribo con el corazón apesadumbrado, sabiendo que está albergando a una fugitiva peligrosa. Bella es una criminal, acusada de intentar asesinar a la Luna de la Manada Media Luna Sangrienta. Es engañosa, manipuladora y traicionera. Temo que pueda estar usando sus encantos para aprovecharse de su bondad.

Le imploro que vea más allá de sus mentiras y la devuelva para enfrentar la justicia. Sería lamentable que su reputación se viera manchada por albergar a una traidora.

Con el mayor respeto,

Lila, Heredera de la Manada Media Luna Sangrienta

Lila dejó la pluma, su sonrisa ampliándose mientras releía su trabajo. Si no podía matar a Bella, la destruiría de otra forma. Haría que el Alfa se volviera en su contra, la pintaría como villana, lo haría verla como la serpiente traicionera que era.

Era perfecto.

Selló la carta y llamó a uno de sus espías. "Entrega esto a la Manada Colmillo de Sombra", ordenó, con voz fría. "Asegúrate de que llegue a las manos del Alfa... y a nadie más."

El espía inclinó la cabeza y desapareció, dejando a Lila sola, con el corazón latiendo de anticipación. Pronto, Bella volvería a ser cazada... esta vez, por su propio salvador.

Rechazando la Bondad

Bella hizo una mueca de dolor al intentar sentarse, su cuerpo doliendo, sus heridas palpitando. Estaba acostada en una cama suave, envuelta en mantas cálidas, con la luz del sol entrando por las ventanas.

Por un momento, se preguntó si estaba muerta. Lo último que recordaba eran los lobos solitarios atacándola, el dolor de sus golpes, la oscuridad tragándola por completo.

Pero entonces lo recordó a él. El Alfa que la había salvado. Sus ojos feroces, su presencia poderosa, la forma en que había destruido a sus atacantes sin dudar.

Su corazón se apretó, el pecho doliéndole de confusión. ¿Por qué un Alfa salvaría a alguien como ella? Una loba solitaria débil, inútil... una esclava...

La puerta crujió al abrirse y él entró, su presencia llenando la habitación. Alto, imponente, con el cabello oscuro cayendo sobre sus ojos intensos. La miró, su mirada suavizándose al acercarse.

"Estás despierta", dijo, con voz profunda y autoritaria. "Pensé que ibas a morir en mis brazos."

El cuerpo de Bella se tensó, sus ojos abriéndose de miedo. Intentó moverse, pero el dolor le atravesó las costillas, haciéndola jadear.

"Quédate quieta", ordenó, con voz firme pero gentil. "Tus heridas son graves. Necesitas descansar."

El corazón de Bella latió con fuerza, su mente acelerada. Estaba en su territorio. En la casa de su manada. A su merced.

"Yo... no entiendo...", susurró, con la voz temblando. "¿Por qué... por qué me salvaste?"

Él la miró, con la mandíbula apretada. "Porque no tolero escoria como ellos en mis tierras. Y porque nadie merece morir así."

Sus palabras eran duras, pero sus ojos eran amables, llenos de algo que ella no entendía. Preocupación. Compasión.

No. Tenía que ser una trampa. Ningún Alfa se preocuparía por ella. Era inútil. Descartada. No deseada.

"Yo... no necesito tu ayuda", dijo, con la voz temblando. "No pertenezco aquí. Yo... debería irme..."

Él entrecerró los ojos, su rostro endureciéndose. "No vas a ir a ninguna parte en este estado. Apenas puedes moverte, mucho menos sobrevivir allá afuera."

Sus palabras cortaron profundo, la vergüenza inundándola. Tenía razón. Era demasiado débil para protegerse, demasiado rota para huir.

Pero no podía quedarse. No merecía su bondad. No merecía nada.

"Por favor... déjame ir...", su voz se quebró, con lágrimas ardiendo en sus ojos. "No quiero ser una carga... no quiero causarte problemas..."

Su expresión se suavizó, sus ojos oscureciéndose mientras la miraba, su voz baja. "No eres una carga."

El corazón de Bella dio un salto, su pecho apretándose. Nadie le había dicho eso antes. Ni una sola vez en su vida.

Pero era una mentira. Tenía que serlo.

"Yo... no pertenezco aquí...", susurró, temblando. "Solo soy... una loba solitaria inútil..."

Sus ojos destellaron de ira, su voz endureciéndose. "No eres inútil. Y no eres solo una loba solitaria. Eres mi invitada. Y mientras estés bajo mi techo, nadie te hará daño."

Sus palabras eran fieras, protectoras, su poder envolviéndola como un escudo. La aterrorizaba... y sin embargo, la hacía sentir segura.

Apartó la mirada, con el corazón doliendo. No merecía sentirse segura. No después de todo lo que había pasado... no después de todo lo que había perdido.

El Alfa la observó, su mirada inquebrantable, su voz suavizándose. "No sé quién te lastimó... pero yo no soy ellos. No tienes que temerme."

Los ojos de Bella ardieron, su garganta apretándose de emoción. Quería creerle. Quería confiar en él.

Pero la confianza era un lujo que ya no podía permitirse.

"Yo... quiero irme", dijo, con la voz quebrándose. "Por favor... solo déjame ir..."

Él la miró por un largo momento, sus ojos buscando los de ella, su mandíbula apretándose. "Está bien. Si eso es realmente lo que quieres... no te detendré."

El corazón de Bella se hundió, su pecho apretándose. La estaba dejando ir... así de simple.

Pero entonces él se inclinó, con los ojos ardiendo de intensidad. "Pero si te vas... estarás sola. No vendré a rescatarte de nuevo."

Sus palabras la atravesaron, afiladas y frías. Le estaba dando una opción... pero también una advertencia. Era débil. Vulnerable. Sola.

Y allá afuera... no sobreviviría.

Los hombros de Bella se hundieron, su cuerpo temblando. Estaba atrapada. Atrapada entre su miedo a quedarse... y su miedo a morir.

Y por primera vez desde su destierro... no sabía qué hacer...

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