เข้าสู่ระบบCapítulo Diez
Los ojos del Alfa se clavaron en ella, oscureciéndose mientras observaba su forma rota, su rostro magullado, su cuerpo tembloroso. Su mandíbula se tensó, sus puños se cerraron mientras un gruñido peligroso retumbaba en su pecho.
"¿Se atreven a atacar en mis tierras?", su voz era fría, mortal, su poder lavándolos como una ola. "¿Se atreven a tocar lo que es mío?"
Los rostros de los lobos solitarios palidecieron, sus cuerpos temblando de miedo. Intentaron huir, pero el Alfa se movió más rápido que un relámpago, su figura difuminándose mientras atacaba, sus garras desgarrándolos con precisión implacable.
En cuestión de momentos, los solitarios yacían muertos a sus pies, sus cuerpos rotos e inertes.
El Alfa se volvió hacia ella, sus ojos suavizándose mientras se arrodillaba a su lado, su mano gentil al tocar su rostro. "Estás a salvo ahora... No dejaré que nadie vuelva a lastimarte."
La visión de Bella se nubló, su corazón latiendo con fuerza mientras la oscuridad se cerraba. Lo último que vio fue su rostro, fuerte y feroz, sus ojos llenos de ira... y algo más.
Algo que se parecía mucho a la esperanza...
Lila caminaba de un lado a otro en su habitación, con las manos apretadas en puños y la mandíbula tensa de anticipación. Habían pasado días desde que envió a sus hombres a terminar el trabajo, días desde que ordenó la ejecución de Bella.
¿Por qué no había oído nada aún? ¿Qué estaba tardando tanto?
Un golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos, agudo y urgente. Su corazón dio un salto, una sonrisa fría curvándose en sus labios. Por fin.
Se recompuso, componiendo su rostro en una máscara de inocencia antes de abrir la puerta. El lobo solitario que había contratado estaba allí, con el rostro pálido y el cuerpo tenso de miedo.
"¿Y bien?", exigió, con los ojos fríos. "¿Lo hiciste?"
El solitario tragó saliva, con las manos temblando mientras evitaba su mirada. "Nosotros... lo intentamos, mi señora... pero..."
"¿Pero?" Su voz era peligrosamente baja, sus ojos entrecerrándose. "Se suponía que la matarías. Se suponía que te aseguraras de que nunca regresara. ¿Cómo pudiste fallar?"
Él se encogió, su cuerpo haciéndose pequeño bajo su mirada furiosa. "Estaba débil... casi muerta... la teníamos acorralada..."
Los labios de Lila se curvaron en una sonrisa satisfecha. "Bien. Entonces, ¿por qué sigue viva?"
El rostro del solitario se puso blanco, su voz temblando. "Él apareció... El Alfa de la Manada Colmillo de Sombra... mató a mis hombres... la salvó..."
El corazón de Lila se detuvo, la sangre helándose en sus venas. ¿El Alfa de la Manada Colmillo de Sombra? Era el Alfa más poderoso de la región, despiadado, sin piedad... intocable.
"¿Él... la salvó?", susurró, con la voz temblando de incredulidad. "¿Por qué... por qué la salvaría?"
El solitario negó con la cabeza, con los ojos abiertos de terror. "Yo... no lo sé... pero... la llamó 'suya'... dijo que era suya..."
La visión de Lila se nubló, su cuerpo tambaleándose mientras la náusea subía por su garganta. ¿Suya? ¿Qué significaba eso? ¿Por qué el Alfa más poderoso de la región reclamaría a una chica débil e inútil como Bella?
Sus manos temblaron, la furia hirviendo en sus venas. No tenía sentido. Nada tenía sentido. Bella no era nada. Una nadie. Se suponía que moriría en la naturaleza, sola y olvidada.
No terminar en los brazos de un Alfa...
Un Alfa poderoso...
El pecho de Lila se apretó, el pánico arañándola. Si Bella estaba con el Alfa de Colmillo de Sombra, entonces estaba a salvo. Y si estaba a salvo...
Regresaría...
"No... no, no, no...", susurró Lila, temblando mientras retrocedía tambaleante, su mente acelerada. Esto no podía estar pasando. No se suponía que terminara así.
Había estado tan cerca. Tan cerca de librarse de esa patética ratita. Tan cerca de asegurar finalmente su lugar junto a Kaden.
Pero ahora... todo se estaba derrumbando.
"¡Tú... me fallaste!", gritó Lila, con los ojos ardiendo de furia mientras se lanzaba contra el solitario, sus uñas rasgando su rostro. "¡Se suponía que la matarías! ¡Se suponía que la harías desaparecer!"
Él retrocedió tambaleante, con sangre goteando por su mejilla mientras caía de rodillas, con la voz temblando de terror. "¡Lo siento! Lo intenté... por favor... ten piedad..."
"¿Piedad?" Los labios de Lila se torcieron en una sonrisa cruel, sus ojos brillando con malicia. "¿Por qué iba a mostrar piedad a un fracaso?"
Se volvió hacia los guardias que estaban fuera de su puerta, con voz fría e implacable. "Llévenselo. Asegúrense de que sufra."
Los ojos del solitario se abrieron de horror, sus gritos resonando por el pasillo mientras los guardias lo arrastraban. Lila se quedó allí, temblando de rabia, el pecho agitado mientras intentaba calmar su respiración.
Bella seguía viva. Y ahora tenía la protección de un Alfa poderoso.
Esto estaba lejos de terminar.
Pero Lila no iba a permitir que una débil patética arruinara todo por lo que había trabajado. Si Bella estaba con el Alfa de Colmillo de Sombra... entonces Lila simplemente encontraría otra forma de deshacerse de ella.
No podía dejar que Kaden descubriera la verdad. No podía dejar que Bella regresara.
No importaba lo que costara...
Bella tenía que morir...
El Siguiente Movimiento
Lila estaba sentada frente a su tocador, con los dedos temblando mientras se cepillaba el cabello, su mente girando de furia y desesperación. Había subestimado a Bella. Esa chica frágil y patética había sobrevivido de alguna manera... y peor aún, ahora estaba bajo la protección del Alfa más temido de la región.
¿Cómo había pasado esto? ¿Cómo había logrado esa miserable huérfana escapar de sus planes tan cuidadosamente trazados?
Miró su reflejo, con los ojos oscureciéndose de odio. No. Esto no había terminado. No permitiría que terminara.
Bella seguía siendo una amenaza. Si encontraba el camino de regreso... si exponía las mentiras de Lila... todo se arruinaría.
No. ¡No podía permitir que eso sucediera!
Tenía que morir...
Capítulo SESENTALas cámaras del sanador estaban en silencio, solo se escuchaba el suave susurro de las hojas afuera y el ocasional parpadeo de la luz de las velas. Ella yacía bajo varias capas de mantas, con la piel pálida y la respiración superficial, pero estable. Su recuperación era lenta, pero era progreso.Damian no se había apartado de su lado desde el momento en que ella abrió los ojos. Incluso ahora, estaba sentado junto a ella, sosteniendo su frágil mano entre las suyas, mientras su pulgar acariciaba suavemente sus nudillos y su mirada nunca se alejaba de su rostro.Pero a medida que el silencio se extendía en la noche, los ojos de Ella se abrieron de nuevo, esta vez no por dolor o inquietud, sino por algo… distinto.Una onda.Al principio fue leve, como un susurro en el fondo de su mente. Pero luego creció, más espesa y pesada. Era como una nube de tormenta presionando contra su alma.Ella jadeó suavemente y sus dedos se crisparon en la mano de Damian.Él se enderezó al ins
Capítulo CINCUENTA Y NUEVEZara se deslizó más allá de las fronteras del pack, avanzando hacia los límites donde merodeaban las cosas salvajes: campamentos de lobos renegados llenos de los descartados, los amargados y los rotos. Lobos sin lealtad, solo hambre.Y rabia.Perfecto.Zara observaba desde los árboles, con los ojos brillando como obsidiana mientras los estudiaba: guerreros feroces, marcados de cicatrices y gruñendo, con el odio hirviendo bajo la superficie. Bastaría un susurro, una chispa de llama, para encenderlos.Ella sería esa chispa.Con veneno en la voz, les hablaría de Ella. De una Luna falsa que los había condenado al exilio. De una compañera que debilitaba a Damian. De una bruja disfrazada de reina.Torcería su rabia hasta convertirla en guerra.Cuando se levantaran, sería el caos. Arrasarían el pack como un incendio descontrolado, y Zara se aseguraría de que Ella estuviera en el centro de la tormenta. Sola. Indefensa. Destrozada.Y cuando todo terminara… cuando la
Capítulo CINCUENTA Y OCHOEn lo más profundo de su fortaleza de sombras, Lila se encontraba rodeada de llamas oscuras y vientos malditos que giraban a su alrededor. Su cámara era un santuario dedicado a la antigua oscuridad, donde susurros de espíritus muertos hacía mucho tiempo resonaban entre las paredes de piedra. Acababa de recibir las noticias.Ella había sobrevivido.El veneno había fallado.Sisi estaba muerta. Julianne, descubierta. Las líneas secretas dentro del pack de Damian se estaban derrumbando.La mano de Lila temblaba, no de miedo, sino por la tormenta que se gestaba en su interior. Su vestido negro ondeaba con el viento antinatural y sus ojos brillaban con una furia rojo sangre.¡BOOM!Una mesa explotó cuando ella golpeó con la mano. Las llamas rugieron desde el suelo de piedra mientras las sombras aullaban.La puerta se abrió de golpe.Zara entró tambaleándose, claramente convocada por la ira de la bruja.—L-Lila…Antes de que pudiera terminar, una violenta oleada de
Capítulo CINCUENTA Y SIETELa luna colgaba alta en el cielo, bañando con su luz plateada los caminos manchados de sangre que llevaban de regreso a la mansión del Alfa. Damian y Lucian caminaban en un silencio pesado; sus ropas aún estaban manchadas con la violencia de la justicia. El peso de la muerte de Lilian, la traición y las ejecuciones de Julianne y Sisi aún se aferraban a sus almas como humo.Damian se había enterado de que la esposa del Gamma había caído gravemente enferma tras la ejecución de su hija. No es que le importara.De repente…—¡Alfa!Una voz sin aliento rompió el silencio.Damian y Lucian se giraron al mismo tiempo cuando uno de los jóvenes sirvientes de los sanadores corrió hacia ellos, casi tropezando por la urgencia.—¡Alfa Damian! ¡Es la Luna Ella… está… está despertando! ¡Sus fuerzas están regresando!El tiempo se detuvo.El corazón de Damian dio un vuelco en su pecho. Por un momento no pudo respirar… y luego la alegría lo invadió como un incendio forestal.Si
Pack Dungeon – Esa NocheSisi estaba encadenada a la fría silla manchada de sangre en el centro de la sala de interrogatorios. Su rostro estaba pálido y su cuerpo, golpeado. Sus ojos, antes orgullosos, ahora estaban hundidos y ensombrecidos por el miedo y el agotamiento. Frente a ella se encontraban Damian, Lucian y tres ancianos de alto rango del pack.Lucian caminaba lentamente detrás de ella; el sonido de sus botas resonaba como una cuenta regresiva.—Tú envenenaste a la Luna —dijo uno de los ancianos con frialdad—. Ayudaste a Zara, una traidora conocida. Asesinaste a una sirvienta de este pack. ¿Todavía niegas algo de esto?Sisi no dijo nada. Sus labios temblaban, pero ninguna palabra salió.La voz de Damian sonó baja y peligrosa:—Se te dio la oportunidad de confesar. De hablar. Ahora, la verdad será arrancada de tu silencio.Lucian se acercó y colocó sobre la mesa el puñal manchado de sangre que habían recuperado junto al cuerpo de Lilian.—Tenemos evidencia. Testigos. Un cadáve
CAPÍTULO CINCUENTA Y CINCOArriba – La habitación de SisiSisi metió el último frasco en su bolsa, con el corazón latiéndole desbocado.Entonces lo oyó.Botas. Voces. Decenas de ellas. Acercándose.El pánico la atravesó como un rayo.—Están aquí —susurró, con los ojos muy abiertos—. No… no, no, no…Agarró su bolsa y corrió de nuevo hacia la ventana… pero afuera los vio. Guerreras. Arqueros. Guardias. Todos esperando.Estaba atrapada… Tropezó hacia la puerta, pero se congeló.Botas. Varias. Rápidas. Pesadas.Venían por ella.Sus ojos se desviaron hacia la pared trasera: la rejilla de ventilación.Se dejó caer de rodillas, la abrió con una hoja afilada y se metió a gatas, arrastrando la bolsa detrás de sí. El metal le raspaba la piel y su hombro ardía con cada movimiento, pero apretó los dientes y siguió adelante. Había mapeado ese pasaje años atrás: uno de los viejos conductos de mantenimiento que llevaba más allá de la cerca trasera, cerca de los jardines lejanos.Libertad. Si lograba







