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Instintos.

Autor: Lorelai
last update Data de publicação: 2025-12-28 13:36:33

El día comenzó como tantos otros, con la falsa ilusión de normalidad. Noah parecía tranquilo mientras desayunaba, aunque yo ya sabía que esa tranquilidad era solo la calma antes de la tormenta.

Sus ojos, aún brillantes, estaban cargados de una tensión silenciosa que no se dejaba ver a simple vista, pero que yo percibía en cada pequeño movimiento: cómo revisaba su mochila tres veces, cómo sus manos se aferraban al borde de la mesa, cómo su respiración se aceleraba por segundos antes de calmarse.
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Último capítulo

  • La Esposa Olvidada del CEO   El Cumpleaños.

    La música suena demasiado elegante para la tensión que hay en el aire, lo noto apenas bajo del auto.Las luces del lugar iluminan la entrada principal, el mármol, las copas, la gente perfectamente arreglada moviéndose como si esta noche fuera normal.No lo es, nada de esto lo es, y todos lo saben.Siento las miradas antes de avanzar siquiera un paso.Caelan cierra la puerta detrás de mí y el sonido parece más fuerte de lo que debería. Cuando lo miro, él ya me está observando, no dice nada, pero noto el cambio inmediato en su postura cuando se coloca a mi lado.Más cerca, naturalmente cerca, como si hubiera decidido dejar de medir la distancia entre nosotros.Mi pecho se tensa.—Todavía puedes arrepentirte —dice.Su tono es tranquilo, pero no frío.Lo miro: traje oscuro, expresión contenida, ojos cansados.Sigue roto.Tal vez yo también.—No voy a hacerlo.Algo cambia apenas en su mandíbula: no sonrisa, no alivio completo. Solo… algo más suave.Entonces caminamos y ahí empieza todo. La

  • La Esposa Olvidada del CEO   La Elección.

    La imagen no se me sale de la cabeza: Caelan golpeando la pared, su voz rompiéndose, esa pregunta que no tenía respuesta.¿Qué soy?Parpadeo.Sigo viendo lo mismo.Estoy de pie frente al espejo, pero no me reconozco del todo. Me veo… funcional, arreglada, lista, pero por dentro todo está fuera de lugar.No debería afectarme así, no debería, y aun así lo haceMi teléfono vibra.Lo miro.Recordatorio.Cumpleaños de Noah, esta noche.Exhalo.Ahí está el límite.No mañana, no después, no cuando tenga ganas de entender lo que siento.Hoy.Decidir.Mi mandíbula se tensa. No puedo seguir en medio, no después de lo de anoche, no después de verlo así.Me giro, camino, agarro la chaqueta. Salgo antes de poder pensar demasiado.Porque si pienso, no elijo, y hoy tengo que elegir.Dorian no me hace esperar, nunca lo hace.El lugar es exactamente lo que esperaba: limpio, silencioso, controlado. Sin ruido innecesario, sin variables fuera de lugar.Él está de pie cuando entro: impecable, siempre impe

  • La Esposa Olvidada del CEO   Nada es Real.

    La puerta se abre de golpe: no es elegante, no es calculado. Es violento.Caelan entra como si algo lo estuviera persiguiendo, pero no hay nadie detrás de él. Solo aire, solo vacío, solo ese ruido seco de madera golpeando la pared que retumba en toda la habitación.Y él está respirando mal, demasiado rápido. Lo miro y noto que algo está mal.No… algo está roto.—¿Qué pasó? —pregunto, pero ya sé que no voy a recibir una respuesta normal.Porque Caelan no responde, camina un paso, otro. Se detiene, se pasa la mano por el cabello. Se ríe, una risa corta, extraña.—¿Sabes qué es lo peor? —dice, sin mirarme.Su voz no tiene forma, no tiene control, no es él, no así.—Caelan…—¡No! —explota.Y el sonido me corta en seco: no grita, revienta. La palabra sale desgarrada, como si le doliera físicamente decirla.Me quedo quieta, no me acerco, porque lo que tengo enfrente no es el hombre que conozco.Es algo más crudo, más real.—No hables todavía —dice, señalándome sin verme realmente—. No… no d

  • La Esposa Olvidada del CEO    El Enfrentamiento.

    —Quiero la verdad, ahora.No toco la puerta, entro directo.Margaret levanta la vista desde su escritorio. No se sobresalta, no pierde la compostura. Eso ya me irrita antes de que diga una sola palabra.—Elara —dice, con ese tono medido que siempre usa—. No esperaba…—No me importa lo que esperabas.La corto sin darle espacio. Camino hasta quedar frente a ella. No me siento, no me relajo, no negocio.—Vas a responder —añado—. Y no voy a repetir la pregunta.Margaret deja la pluma a un lado con cuidado, demasiado cuidado, cada gesto calculado.—¿Qué pregunta?La miro fijo.—¿Qué hiciste conmigo?Silencio.No parpadea más de lo normal, no se delata fácil, pero algo en la forma en que se queda quieta un segundo de más me confirma que di en el punto.—No sé a qué te refieres —responde.—No mientas.Mi voz baja, pero corta.—Tengo vacíos —continúo—. Tengo reacciones que no coinciden con lo que recuerdo, y tengo evidencia de que algo pasó que no está en mi cabeza.Margaret inclina apenas la

  • La Esposa Olvidada del CEO   Humo en mi Mente.

    Hay algo que debería recordar, lo sé porque la sensación no es duda, es certeza. Es algo reciente, importante, demasiado grande como para haberse desvanecido sin dejar rastro.Y aun así no está. Cierro los ojos, intento reconstruirlo.Nada.No es que esté borroso, no es que se haya difuminado con el tiempo.Está incompleto, como si alguien hubiera cortado un fragmento exacto y hubiera dejado todo lo demás intacto.Abro los ojos de golpe.Mi respiración ya está alterada.—No… —murmuro.Intento otra vez, me obligo a retroceder mentalmente. Ayer, antes de eso. La conversación, el momento. Hay algo clave ahí, lo siento, lo tengo casi al alcance… y luego nada.Un vacío limpio, eso no es normal.Me llevo una mano a la frente, presiono como si pudiera forzar el recuerdo a salir.No funciona, lo peor no es que falte, es que sé que debería estar.Empiezan a aparecer fragmentos sueltos y cortados.Veo una mesa, una luz tenue, una voz. No sé de quién.Cambio.Estoy caminando rápido, tensa, pero

  • La Esposa Olvidada del CEO   Control en Caída.

    No es una alerta menor. Lo sé por cómo Caelan se detiene de golpe frente a la pantalla.Todo cambia en cuestión de segundos: números, nombres, rutas, contactos. La estructura que normalmente fluye con precisión empieza a reorganizarse como si alguien hubiera metido la mano dentro y la hubiera girado sin permiso.—No —dice Caelan, en voz baja, corta.Estoy a dos pasos de él.No entiendo cada dato que aparece, pero entiendo lo suficiente. Algo importante acaba de romperse.—¿Qué pasó? —pregunto.No responde, ya tiene el teléfono en la mano.—Confírmalo —ordena a alguien del otro lado—. Ahora.Empieza a caminar rápido y preciso. No hay pánico en su forma de moverse, pero sí algo peor: urgencia contenida.—¿Caelan?No me contesta, hace otra llamada.—Bloquea esa ruta, no negocies. Corta.Cuelga sin esperar respuesta y marca de nuevo.—¿Quién autorizó eso?… No, no me importa quién. Revierte.Silencio.Veo cómo su mandíbula se tensa apenas, un gesto mínimo pero fuera de lugar en él.—Ya no

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