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CAPÍTULO 4

Autor: Blue Ink
last update Fecha de publicación: 2026-07-11 20:28:22

Con la puerta todavía entreabierta, un furioso Luca observa a Rocco y Olivia besándose.

Lo cierto es que Olivia había captado su interés desde hacía mucho tiempo; por eso mismo le resultó fácil darse cuenta de que ella se sentía atraída por él, aunque nunca se le acercó debido a la diferencia de clases sociales. Así que, cuando surgió el problema con Rocco, decidió utilizarla, seguro de que ella jamás se enamoraría de su hermano. Después de todo, él era a quien ella quería, al que planeaba confesársele.

Lo que no se esperaba era que Rocco mostrara interés en ella, pensó, contemplando la forma en que su hermano devoraba los labios de Olivia. Para no entrar de golpe y desatar su furia, prefirió marcharse. Iba hacia su habitación cuando recibió un mensaje.

DORA: Necesitamos hablar, ven a verme al club.

Justo lo que necesitaba, pensó Luca. Arrojó el teléfono sobre la cama para cambiarse de ropa cuando se le ocurrió una idea. Volvió a tomar el teléfono, le envió un mensaje a Bella y salió de su habitación.

Mientras tanto, Rocco seguía devorando los labios de Olivia. Mientras las manos de ella se enredaban en su cabello oscuro y sedoso, él le acariciaba la espalda, bajando lentamente hacia su cintura, luego a su muslo y después a su trasero.

Olivia sabía que tenía que ponerle un freno a la situación, así que se apartó, rompiendo el beso. Pensando que se había detenido solo para recuperar el aliento, Rocco sonrió y apoyó su frente contra la de ella.

—¿Nos besábamos así en el pasado? —preguntó, mientras su aliento cálido rozaba el rostro de ella—. Porque si era así, no me molesta en absoluto continuar —añadió, inclinándose para besarla de nuevo, pero Olivia se bajó de su regazo de inmediato.

Se alejó de él lo suficiente para que no pudiera alcanzarla.

—Yo...

Un suave golpe en la puerta la salvó de tener que responder.

—Rocco, escuché que... ¡oh! Tú también estás aquí —dijo Rosalie al entrar a la habitación.

—Por supuesto que está aquí, ¿dónde más iba a estar? —replicó Rocco en voz baja.

—Tienes razón, debería estar aquí contigo, pero como no estás completamente recuperado, preparé una de las habitaciones de invitados...

—Es mi esposa, mamá. Lo correcto es que se quede conmigo —la cortó Rocco.

—Creo que tu madre tiene razón. Puedo usar la habitación de invitados; como no estás del todo recuperado, necesitarás descansar todo lo posible —intervino Olivia. Notó de inmediato que a él no le hizo ninguna gracia que aceptara mudarse al cuarto de invitados.

Si quedarse en otra habitación la mantenía lejos de él, entonces se quedaría allí tanto tiempo como pudiera.

—Ya que tu... ejem... esposa está de acuerdo, asunto arreglado. Solo venía a informarte que la cena se está preparando y que cenaremos...

—No los acompañaré a cenar, necesito descansar temprano —Rocco cortó a su madre una vez más, sin apartar la mirada de Olivia.

—¿Estás seguro? Le pedí a las sirvientas que prepararan tu platillo favorito —ofreció Rosalie, intentando convencer a su hijo.

—Esta noche no, mamá. De verdad necesito descansar —dijo él, sonando agotado.

—Está bien —asintió ella, dándole un beso en la mejilla antes de salir de la habitación acompañada de una aliviada Olivia.

Después de mostrarle a Olivia la habitación de invitados que había preparado, Rosalie regresó a la cocina con gesto de preocupación.

—¿Pasa algo malo, señora? —preguntó Paula, la confidente de Rosalie y jefa del personal, al notar la expresión en el rostro de su amiga.

—Es Rocco.

—¿Qué pasa con él? No me diga que se siente mal —inquirió Paula, mientras las canas de su cabello brillaban bajo las luces de la cocina.

—¡No es eso! Creo que le interesa esa chica, Olivia.

—¿Y eso no es algo bueno? Es su esposa.

—No vuelvas a usar la palabra «esposa» —advirtió Rosalie, tomando una baya para comérsela.

—¿Por qué me da la impresión de que no te agrada la muchacha? —preguntó Paula.

—No es que no me agrade. Simplemente no puedo creer que Rocco, mi muchacho, se haya casado sin decirme una sola palabra.

—O sea que no estás molesta porque sea la esposa de tu hijo, estás molesta porque se casó en secreto.

—¿Eso me convierte en una madre egoísta y resentida?

—Para nada. Te duele que Rocco no haya confiado lo suficiente en ti como para contarte sobre un momento tan importante de su vida, lo cual es comprensible. Pero lo hecho, hecho está, y lo que debes hacer ahora es apoyarlo.

—Como siempre, tienes razón, Paula.

—Me alegra que lo reconozca, señora —devolvió Paula con una sonrisa.

{ Club Rio }

Caminando entre algunos de los clientes del club que se contoneaban al ritmo de la música rock que retumbaba en la pista de baile, Luca subió las escaleras. Pasó de largo la sección VIP y se dirigió a una oficina que llevaba la placa de «Gerencia» en el marco de la puerta.

—Te lo digo en serio, Dora. Rocco tiene esposa y ella... —Maria se calló de golpe en cuanto Luca entró.

—Ah, ya veo que la cotilla de mi hermana te está poniendo al tanto —dijo Luca mientras se sentaba en el sofá de la habitación, paseando la mirada entre las dos mujeres.

—Qué bueno que llegaste, Luca. Tienes que explicarle las cosas a Dora porque no quiere creer que Rocco está casado —dijo Maria, sentándose al lado de Luca en el amplio sofá.

—No es verdad, ¿cierto? Rocco no puede estar casado —preguntó la mujer de cabello rubio y ondulado, sentada detrás del gran escritorio de caoba.

—Es la verdad —respondió Luca.

—¡¿Ves?! Te lo dije. Yo también tuve mis dudas al principio, pero luego...

—¿Podrías dejarme a solas con Dora? —dijo Luca de repente, interrumpiendo a su hermana.

—¿No puedo quedarme mientras hablan? —cuestionó Maria molesta.

—Lo que tengo que hablar con Dora es privado. Así que saca tu trasero de aquí.

—¡A veces parece que te olvidas de que soy la mejor amiga de Dora! —espetó Maria antes de salir azotando la puerta.

—Rocco no puede haberle puesto un anillo a nadie. Dime que solo lo dijiste porque te encanta fastidiarme —dijo Dora, con una expresión de profunda tristeza.

—Es la pura verdad, y esta vez no estoy jugando.

Isadora Cameli había sido amiga de la infancia de ellos desde que eran pequeños. Además de ser la mejor amiga de Maria, albergaba la esperanza de convertirse en la esposa de Rocco algún día. Las dos chicas habían soñado con eso desde que tenían cinco años, pero Rocco le había dejado claro a Dora que él no era el tipo de hombre que se casaba; prefería tener una aventura, algo a lo que ella accedió gustosa. Su relación había sido intermitente hasta el accidente de hacía un año.

—Me dijo que nunca se casaría, pero terminó haciéndolo —soltó Dora en un hilo de voz.

—Deberías haberme hecho caso cuando te dije que terminaras lo tuyo con Rocco. No se puede confiar en ese tipo.

—¿De verdad estás seguro de que se casó con esa tipa? Maria me dijo que tú fuiste quien la trajo. Quizás te mintió, tal vez es solo una cazafortunas que busca...

—Créeme cuando te lo digo. El matrimonio de Rocco con esa chica es cien por ciento real —respondió Luca, sin importarle si hería sus sentimientos; después de todo, conseguir lo que quería era su único objetivo—. No te pongas así, Dora. Hay muchos otros hombres por ahí. Te aseguro que si salieras de tu oficina y te fijaras en los clientes varones que frecuentan tu club, encontrarías a alguien mucho mejor que Rocco.

—Rocco es el único que quiero.

—Ahora está casado.

—¡Me importa una m****a ese matrimonio! ¡Rocco es mío y ninguna estúpida pueblerina me lo va a quitar! —estalló Dora, dando justo la respuesta que Luca quería escuchar.

—Bueno, escuché de boca de esa «pueblerina» que lo único que quiere de Rocco es el divorcio —le reveló Luca.

—¿De verdad?

—Sí, pero dudo que Rocco acepte tan fácilmente. Aunque... tal vez tú podrías hacerlo cambiar de opinión si intentas reavivar lo que tenían.

—¿Quieres que sea la amante?

—Si quieres que ese divorcio funcione, necesitas ser la amante que los destruya. ¿Crees que puedas hacerlo? —preguntó Luca.

—Si eso me devuelve a mi hombre, cuenta conmigo.

{ Mansión Valentino ~ Noche }

Como las sirvientas seguían ocupadas preparando la cena y habían rechazado su oferta de ayuda, Olivia decidió dar un paseo por el jardín. Aprovechó para contemplar las hermosas plantas y flores mientras respiraba el aire de la noche.

Todavía no podía creer que había besado a Rocco. Al hombre al que se suponía que debía mantener a raya mientras le exigía una enorme cantidad de dinero. Debería estar haciendo todo lo posible por poner distancia, pero en lugar de eso, dejó que la besara. Olivia pasó un dedo por sus labios al recordar cómo se habían sentido los de Rocco contra los suyos.

El sonido de un auto al llegar la sacó de sus pensamientos. Al ver a Luca bajar del vehículo, se dio la vuelta rápidamente para regresar adentro, ya que hablar con él era lo último que quería. Sin embargo, Luca la vio y fue tras ella de inmediato. Tomándola del brazo, tiró de ella con fuerza hacia su cuerpo.

—¿Qué estás haciendo? —exigió saber Olivia, mirando frenéticamente a su alrededor.

—Eso debería preguntártelo yo a ti. ¿En qué estabas pensando al dejar que Rocco te besara? —le reclamó con dureza.

—¿Viste eso?

—Lo vi, y no me gustó nada.

—Solo estoy haciendo lo que tengo que hacer. Después de todo, se supone que soy su esposa.

—¡Tú no eres su esposa! —espetó él, pegándola más a su cuerpo—. No eres su esposa —repitió con más lentitud, haciendo que sus palabras calaran hondo.

—Sea o no su esposa, tengo que jugar mi papel. Así que, si él quiere besarme o hacer lo que le plazca, lo dejaré.

—No me pongas a prueba, Olivia.

—Si no te gusta, terminemos con esto ahora mismo. Todavía podemos decir la verdad y yo podré...

—¡No! —la interrumpió él—. Nuestro objetivo es conseguir el dinero, y eso es exactamente lo que va a pasar cuando le pidas el divorcio esta noche.

—¿Qué?

—Lo que escuchaste, Olivia. Le vas a pedir el divorcio, y lo vas a hacer esta misma noche —sentenció él...

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