LOGINOlivia se encuentra en una zona privada del aeropuerto, esperando a que anuncien su vuelo. Lleva media hora allí y la espera no hace más que alimentar su agitación. Debió haber reservado un vuelo que la sacara directamente de Italia en lugar de uno hacia Londres. Había elegido Londres porque su tía vive allí y también porque sería el último lugar donde Luca la buscaría.
El teléfono de Olivia suena en su regazo y, al ver quién llama, corta la comunicación. Luca la ha estado llamando desde que llegó al aeropuerto. Esta es la décima llamada que ignora; solo le queda esperar que no venga a buscarla al aeropuerto antes de que logre subir al avión.
Esta vez el teléfono vibra y un mensaje aparece en la pantalla. Está a punto de ignorarlo como los demás que Luca le envió, pero al alcanzar a ver el contenido, entra rápidamente al mensaje: es una foto de Julian y Matilda, esta vez ambos atados.
¿Acaso no le habían dicho que estaban a salvo?
De inmediato marcó el número de Luca, pero el muy imbécil prefirió ignorarla. Finalmente respondió a la cuarta llamada.
—Vaya, miren quién decidió llamar —dijo él, con un tono claramente engreído.
—Suelta a mi hermano y a mi prima —exigió Olivia en cuanto respondió.
—Lo haré, pero solo si regresas conmigo.
—Luca, yo...
—No hay espacio para negociaciones, nena. Rompiste tu palabra al intentar escapar, así que, si quieres que mantenga a tu familia a salvo, vas a tener que venir a mí —y la línea se cortó.
Tomando su bolso, sale corriendo del aeropuerto solo para detenerse en seco al ver a Luca apoyado contra su auto, esperándola. Al verla, él se enderezó para abrir la puerta del copiloto. Olivia subió sin decir una palabra y, en cuestión de segundos, la alejó del aeropuerto. Su plan de escape había fracasado por completo.
{ Hospital }
—¿Dónde están los demás? —le pregunta Rocco a su madre mientras ella entra a la habitación con una bandeja de comida en la mano.
—En casa. Me quedé para asegurarme de que estés cómodo antes de irme —respondió Rosalie, ayudándolo a incorporarse.
Él va a la mitad de su porción de la insípida avena del hospital cuando Rosalie decide expresar lo que piensa.
—Y bien, ¿qué opinas de Olivia?
—Si me preguntas si la reconozco, la respuesta es no. No puedo recordar nada de lo que pasó antes del accidente, mamá. Ni siquiera recuerdo cómo fue que terminé accidentado en primer lugar —admitió Rocco.
—No tienes que forzarte a recordar. El doctor dijo que las cosas volverán a ti en su momento.
—Sí, dudo que eso pase, ya que ni siquiera puedo recordar cuándo nos casamos.
—No necesitas recordar los detalles de tu matrimonio para saber si es real o no. Lo único que importa es lo que sientes aquí dentro —dijo ella, tocando la zona de su corazón—. Cuando viste a Olivia hoy, ¿cómo te sentiste?
—Descolocado —respondió él, y ante la mirada de su madre que exigía una mayor explicación, continuó—: Es hermosa, pero definitivamente no es el tipo de mujer por el que yo me interesaría, y no sé nada de ella como para poder decirte exactamente qué siento. —Se acomodó en la cama, quedando más erguido—. Así que estaba pensando... Para descubrir qué es lo que siento, necesito estar cerca de ella, conocerla mejor...
—Conozco esa mirada, Rocco, ¡y no! No voy a dar el visto bueno a cualquier plan que tu cabeza esté maquinando.
—Es la única forma en que puedo conocer a mi esposa —insistió Rocco.
—Podrás hacerlo después de que te den de alta. No voy a arriesgar tu salud solo porque quieres conocer a esta esposa que apareció de la nada, lo cual, por cierto, todavía me enfurece porque decidiste mantener tu matrimonio en secreto —dijo Rosalie.
—Y por eso mismo necesito todo el tiempo posible para compensarte a ti y a todos los demás. Un año de mi vida se esfumó en un abrir y cerrar de ojos; necesito compensar a cada una de las personas que se han estado preocupando por mí —intervino Rocco, logrando finalmente convencerla.
{ Milán ~ Carretera }
—Todavía no puedo creer que quieras que continúe con esta mentira —dijo Olivia, rompiendo finalmente el silencio entre ellos.
Luca, que va al volante, maniobra para salir de la autopista antes de responder.
—Sé que estás asustada porque Rocco se despertó y todo eso, pero ya lo tengo todo fríamente calculado.
—¿Ah, sí? Soy todo oídos.
—Nuestro plan inicial era que reclamaras el dinero de Rocco como su esposa mientras él estaba en coma, pero ya que está despierto, igual te vas a quedar con ese dinero —comenzó Luca—. Las cosas solo serán un poco diferentes esta vez —continuó tras tomar un desvío que los adentró en una carretera secundaria—. Conseguirás el dinero de Rocco cuando le pidas el divorcio.
—¿El divorcio? ¡Ni siquiera estamos casados!
—Y ese es un hecho que solo tú y yo conocemos. Rocco y mi familia no lo saben. Así que la próxima vez que veas a Rocco, le vas a decir que solo regresaste para pedirle el divorcio y para reclamar la mitad de su dinero, que te corresponde por ley.
—Eso me hace sonar como una maldita cazafortunas.
—Como sea, tampoco es que te importe lo que él o mi familia piensen de ti. Ya tengo listos los papeles del divorcio —dijo, estirando la mano para alcanzar una carpeta marrón en el asiento trasero.
—Qué meticuloso.
Ignorando su mordaz comentario, él continuó:
—Conociendo a mi hermano, tenemos que estar completamente preparados.
—¿Y qué pasa si pregunta por qué quiero el divorcio?
—Hay miles de razones para querer un divorcio. Puedes decir que es un mal esposo, que te fue infiel o que se te acabó el amor... inventa algo. Algo que un hombre como Rocco se pueda creer —dijo, entrando a la propiedad de los Valentino.
—¿Y mi familia? ¿Los dejarás ir una vez que te consiga el dinero que quieres? —preguntó Olivia mientras el auto se detenía frente a la mansión.
—Lo haré —respondió él, tomando la mano de ella, que estaba firmemente apretada en su regazo—. Cuando todo esto termine, te lo compensaré. ¿Qué tal un viaje de vacaciones a las Bahamas? —sugirió, dedicándole una sonrisa.
En otro tiempo, ella habría dado lo que fuera solo para que él le sonriera de esa manera; ahora que lo hacía, le parecía una sonrisa falsa y barata.
El retumbar de un trueno afuera la sacó de sus pensamientos. Abrió la puerta para bajar, ignorando la lluvia que comenzaba a caer con fuerza.
—Deberías usar un paraguas —le ofreció Luca cuando la alcanzó, sosteniendo el paraguas sobre su cabeza.
—No lo quiero.
—Mira, Olivia, sé que estás furiosa...
—¡¿Ah, crees que solo estoy furiosa contigo?! Pues adivina qué: ¡te odio por hacerme esto! Por obligarme a pasar por algo que no quiero, pero lo que más odio es que no puedo ponerle un maldito alto —espetó, echándose a andar bajo el diluvio.
—Olivia, yo...
—¡Déjame en paz! —exclamó a medias mientras entraba apresuradamente a la mansión, solo para detenerse en seco al ver a Rocco en la estancia.
Luca, que venía persiguiéndola, también se detuvo detrás de ella al ver a su hermano en la habitación.
—Estás... en casa —dijo Luca.
—Según el médico, estoy lo suficientemente bien como para que me dieran de alta, aunque tendré que tomarme las cosas con calma y usar una silla de ruedas ya que mi cuerpo estuvo inmóvil durante un año —dijo Rocco, explicando la razón de la silla de ruedas en la que se encontraba.
—Deberías haberte quedado hasta que estuvieras completamente recuperado —dijo Luca, sonando un tanto molesto.
—Solo necesito terapia y es algo que puedo hacer en casa. Además, ¿por qué iba a querer quedarme en el hospital teniendo a mi esposa en casa? —dijo de pronto, desviando su mirada hacia Olivia—. ¿No es mejor que esté aquí contigo? —le lanzó la pregunta directamente a ella.
—Sí... claro, lo es —respondió Olivia, tiritando un poco debido a que su ropa y su cabello empapados se le pegaban como una segunda piel.
—Estás temblando —notó Rocco.
—Yo...
—¡¿Ves?! Te dije que usarás el paraguas —la interrumpió Luca. Quitándose la chaqueta, se la colocó sobre los hombros.
Olivia, todavía indignada, estaba a punto de quitársela cuando alguien más se le adelantó. Ese alguien fue Rocco. ¿En qué momento se había acercado con la silla de ruedas?
—No estás ayudando, tu chaqueta también está húmeda —dijo Rocco, lanzándole a su hermano una mirada gélida antes de tirar de Olivia para sentarla en su regazo.
Un jadeo escapó de los labios de ella cuando su trasero entró en contacto con las fuertes piernas de él. Tragando saliva con dificultad, lo observó sacar un pañuelo —que, por cierto, olía delicioso, igual que el hombre mismo— para comenzar a secarle el rostro y el cabello empapados.
Durante unos instantes se le quedó mirando, contemplando cada línea y contorno de su rostro, y cuando la mirada de él finalmente se cruzó con la suya, ella desvió la vista rápidamente, odiándose por haberse dejado atrapar.
—¿Y crees que con ese método tuyo vas a lograr que se seque? —el mordaz comentario de Luca sacó a Olivia del trance en el que se encontraba.
—Puedo hacerlo yo misma —dijo ella, apresurándose a bajarse de su regazo para secarse el cabello y el rostro por su cuenta.
Los ojos de Rocco se posaron en ella un momento antes de dirigirse a su hermano.
—¿Por qué no vas a secarte tú también?
—No creo que...
—Necesito pasar un tiempo a solas con mi esposa —lo cortó Rocco.
Luca pareció querer replicar, pero cambió de opinión y se dirigió escaleras arriba.
—¿Qué tal si me ayudas a ir a mi habitación y llamo a las sirvientas para que te preparen un baño caliente? —sugirió Rocco.
—No es necesario...
—No quiero escuchar una negativa; lo que quiero es que me ayudes a llegar a mi habitación y que tú te des un baño caliente.
«¿Siempre es así de mandón?», pensó Olivia mientras lo empujaba hacia su habitación, aun cuando la silla de ruedas que usaba era un modelo lujoso y costoso que podía avanzar de manera automática. Como él no puede usar las escaleras, su madre le había acondicionado una de las habitaciones de la planta baja.
Cuando lo llevó al interior del cuarto, el cual desbordaba opulencia con solo ver la alfombra del suelo, él hizo una llamada al personal de servicio, solicitando un baño caliente y algo de comer.
—Dado que eso está resuelto, me iré a mi habitación —d djo Olivia, dándose la vuelta para salir.
—Pensé que se suponía que compartiríamos esta habitación —dijo él, frenando su avance—. Después de todo, estamos casados y lo correcto es que compartamos el cuarto.
¡Mierda! Se le había olvidado por completo ese detalle. No solo tenía que fingir ser la esposa de este hombre, sino que también tenía que compartir la habitación con él. «Púdrete en el infierno, Luca Valentino», maldijo para sus adentros.
—Sí, es verdad que lo correcto es que compartamos la habitación, pero en vista de que acabas de salir del hospital, estaba pensando que tal vez necesites tu espacio y...
—No lo necesito, y además aquí hay espacio de sobra para los dos.
—Todavía no me recuerdas, ¿verdad? Me imagino que te debes sentir un poco incómodo, y por eso debería pasar la noche en una habitación de invitados.
—Sí, es verdad que sigo sin recordarte o cuál es nuestra relación, pero no me siento incómodo. De hecho, quiero conocerte más.
—Es tarde, Rocco. ¿Qué tal si dejamos eso para...?
—¿Por qué me da la impresión de que no quieres estar cerca de mí? Lo cual es sumamente extraño para una mujer que afirma ser mi esposa —soltó de repente.
¡Cielos! No podía arruinarlo todo ahora, no cuando la vida de su familia dependía de ello.
—No es eso, Rocco. Eres mi esposo y por supuesto que me encanta estar contigo, pero acabas de salir del hospital y...
—Pruébalo —dijo él de repente, interrumpiéndola.
—¿Probar qué?
—Prueba que realmente soy tu esposo.
A ver, ¿qué se traía este demonio entre manos ahora?
—¿Cómo quieres que lo pruebe?
—Bésame.
Los ojos de ella se abrieron de par en par ante su petición; no podía ser posible que le estuviera pidiendo un beso. ¡Lo acababa de conocer en persona hoy mismo!
—Bésame y tal vez te crea.
«Es verdad lo que dicen los rumores sobre él. Es un maldito mujeriego de primera», pensó Olivia mientras se inclinaba rápidamente para darle un beso en la mejilla.
«¡Toma eso y confórmate, pedazo de libertino!»
—Sabes, para ser una mujer que dice haber de extrañado tanto, eres pésima demostrándolo —dijo él, tirando de su muñeca para sentarla de golpe en su regazo.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella, empujando su pecho, pero los brazos de él solo se apretaron más a su alrededor.
—Besarte, y esta vez lo voy a hacer como se debe —dijo él contra sus labios antes de reclamarlos.
Sin que ellos lo supieran, un furioso Luca observaba la escena desde el pasillo a través de la puerta, la cual había quedado entreabierta.
Sus palabras quedaron interrumpidas cuando un puñetazo le impactó directamente en el rostro. Cayó pesadamente al suelo y Elsa se le subió encima, lanzándole puñetazos una y otra vez en la cara.—¡Oh, mierda! —Raymond abrió los ojos de par en par al ver aquello.Los policías intentaron apartarla de Jeremy, pero ella gritó...—¡Suéltenme! ¡Tengo que destrozarle la cara a ese imbécil! —gritó, agarrándolo esta vez del cabello.Para entonces, el rostro de Jeremy ya era irreconocible debido a la sangre y a la hinchazón.Raymond la rodeó por la cintura con su musculoso brazo y la apartó a la fuerza. Elsa lanzó una patada con la pierna y volvió a golpear a Jeremy.—¡Quiero matarlo! —gritó Elsa mientras Raymond se la echaba al hombro.—¡¡Te quiero, hermanita!! —gritó Piper con una enorme sonrisa. Le encantaba la escena.—¡Piper! —la llamó Mason desde atrás.—¡Cariño! —chilló ella, corriendo a abrazarlo y besarlo.—¿Ya te has curado las heridas? —preguntó Mason.—¡Sí! Quiero beber contigo esta
Brahms intentó controlar el volante, pero el coche no respondía. Llevaba tres minutos intentándolo sin conseguir ningún resultado.—El coche ha sido hackeado. No puedo controlarlo —anunció Brahms.—¿Hackeado? ¿Qué quieres decir con eso? Creía que Mikaela se había encargado de los hackers de Venom —dijo ella.—Sí. ¿Qué está pasando, Raymond? —preguntó, tocándose el auricular, pero no obtuvo respuesta.—No hay señal. Mierda. ¿Adónde nos está llevando?—Oh, Dios mío —murmuró Elsa cuando el coche aceleró.Finalmente, Brahms consiguió conectarse con Raymond, pero, por desgracia, Raymond no llevaba puesto el auricular.—¡Ray! ¡Ray, ¿me recibes?!…No hubo respuesta…—¡Ray, vamos, contesta!…No hubo respuesta…—¿Está bien? Espero que esté bien —murmuró Elsa.Los ojos de Brahms se abrieron de par en par cuando vio hacia dónde se dirigían.…¡¿El mar?!Intentó abrir la puerta, pero fue inútil. Incluso las ventanas estaban completamente bloqueadas. Si terminaban cayendo al mar, ambos morirían.``
Capítulo extenso~~~~~—¡Vete al diablo! Te encanta arruinarle la vida a la gente. Debí haber sabido que eras semejante bastardo —alcanzó a decir Elsa.Lucas se limpió la saliva de la cara. Al levantar la mirada hacia ella de nuevo, Elsa tomó disimuladamente el bolígrafo pequeño que estaba sobre la mesa.—Piper fue capturada porque le robó a la persona equivocada. La liberé porque me enteré de que es tu hermana. ¿Tienes idea de cuántas veces escapó de la muerte? La dejé ir por ti. No tengo la más puta idea de qué me estás haciendo, Elsa. Me descubro volviéndome blando, haciendo cosas que no quiero hacer... En este preciso momento debería estar dándote una buena lección por darme una bofetada y escupirme en la puta cara. Intenté ser bueno contigo, Elsa, y aun así te enamoraste de un tipo que la mayor parte del tiempo solo te hace daño. ¿Por qué no puedo ser yo?Elsa soltó una carcajada burlona. En este punto, su rabia no hacía más que crecer.—Vete a la mierda, psicópata.El agarre en
~UNAS HORAS DESPUÉS~Un autobús de helados se detuvo en una esquina de una calle oscura. Los faros se apagaron, sumiendo el lugar en una oscuridad aún más profunda.—¿Cómo me veo? —preguntó Charlie a Leonard mientras se arreglaba el vestido. Su cabello corto y rosado estaba peinado de una manera muy particular. El maquillaje ligero resaltaba aún más su belleza.—Siempre te ves hermosa, mi amor —respondió Leonard mientras colocaba la cámara frente a él.—¿Estás seguro? ¿Cómo se ven mis pechos? —preguntó ella, metiendo la mano entre ellos para acomodárselos.Leonard negó con la cabeza. Su vestido corto y rosado brillaba bajo la intensa luz del autobús.—Me encantan. Se ven perfectos. ¿Podemos empezar ya? —preguntó Leonard.—Lo sé. Solo quiero verme bien frente a la cámara. Entre las personas que estén mirando podría haber algunos de mis fans, así que necesito lucir hermosa y sexy —dijo, ahuecando sus pechos con las manos.—Voy a follarte aquí mismo en el autobús si no dejas de hacer eso
~CÁRCEL~Se escucharon unos pasos suaves mientras un hombre vestido con uniforme militar se acercaba a una reja. Sacó una llave y comenzó a abrir la puerta.—Raymond Adams —llamó al hombre sentado frente a él.Tenía los codos apoyados sobre las rodillas. Su rostro no reflejaba ninguna emoción cuando levantó la mirada. Los tatuajes y las perforaciones le daban un aspecto peligroso.—Tienes una visita —le informó el guardia.Una sonrisa socarrona apareció lentamente en sus labios.—Ha llegado —susurró para sí mismo.Lo condujeron a la sala de visitas. Allí encontró a un hombre sentado tranquilamente, con una expresión burlona, para ser más exactos.Raymond se sentó lentamente frente a él y también sonrió.—Mmm. Igual que hace años. Has vuelto a la cárcel por asesinar a alguien a quien amas —dijo Lucas, rompiendo el breve silencio.—Ya sabes lo que dicen. Cuando se acusa a la persona equivocada de algo, el verdadero culpable siempre termina apareciendo —respondió Raymond.—Solo he venido
Al ver que había conseguido lo que quería, Lucas sonrió. Sin embargo, el sonido de su teléfono interrumpió aquel momento.—El trabajo está hecho, jefe —se escuchó una voz a través del auricular.—¡Jake! —gritó Natasha frenéticamente, con Jake ahora entre sus brazos.Wilson, que estaba ocupado disparando, recibió un balazo en el brazo al distraerse.Los hombres de Venom comenzaron a disparar furiosamente, obligando también a los dos policías a buscar refugio.—¡Son demasiados! —dijo uno de ellos.—Jefe, ¿está bien? —preguntó el otro.Wilson miró su brazo, que sangraba profusamente, y suspiró.—Por favor, mantén los ojos abiertos, Jake —dijo Natasha, esforzándose por soportar su propio dolor.—N... Nata... sha... —Jake intentó hablar.—No digas nada, por favor —le suplicó ella.Ben estaba ocupado disparándole a Tick, sin darle la oportunidad de volver a dispararles. De repente, se quedó sin balas.—¡Joder!Tick volvió a preparar su arma para disparar, pero una bala surgida de la nada le







