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EMBRIAGADOS

Autor: Sasa Roand
last update Data de publicação: 2024-12-30 09:03:41

Devon

La voz de Sarah al otro lado del teléfono era un calmante natural para mí, aunque su tono habitualmente alegre estaba un poco apagado.

—La reunión con los inversionistas chinos estuvo del asco —anunció, y supe que ese era el motivo de su desánimo.

—¿Estás segura de que no has dicho algún insulto en chino? —bromeé.

—Mi chino mandarín es perfecto —presumió—, eso se lo debo a mi querido exesposo Xavier Xanders —sentí como pronunciar ese nombre le resultaba difícil.

—Hablando de Xanders... —h
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  • La Esposa sumisa. Ya no más   Destino

    Contesto.—Dime que no vas a intentar convencerme otra vez —dice sin siquiera saludar.Me recuesto en la silla y miro el techo.—Buenas tardes para ti también.—Cristhian.Su tono mezcla firmeza y algo que conozco bien: cansancio.—Podrías ir tú —respondo—. Eres perfectamente capaz de manejar esa reunión.Del otro lado hay un suspiro breve.—Soy vicepresidenta, no directora ejecutiva.—Porque tú decidiste que fuera así.—Porque tengo tres bebés —corrige—. tengo que quedarme en casa más tiempo.—Dime.Del otro lado escucho un suspiro breve, como si estuviera organizando mentalmente todo lo que tiene que decir.—Necesitamos hablar del viaje a China.Me recuesto en la silla y miro por la ventana de la oficina. Londres está gris, como casi siempre.—Pensé que irías tú.—Debería ir yo —responde, y su tono es firme, pero cansado—. Técnicamente me corresponde a mí.Hace una pausa. Escucho algo de fondo. Una risa infantil. Luego otra.—Pero aceptaste la vicepresidencia —digo, recordándole lo

  • La Esposa sumisa. Ya no más   Lo que aun me pertenece

    Londres se ve distinta desde que regresé. No porque haya cambiado siino porque yo lo hice.Cada mañana me detengo frente al ventanal de mi oficina, en el último piso del edificio Vandervert, y observo la ciudad como si intentara reconocerla. El río avanza indiferente. Los autos se deslizan como si nada extraordinario hubiera ocurrido. La vida continúa con una naturalidad que a veces me resulta ofensiva.Yo estuve muerto.Y el mundo no se detuvo.Ha pasado un tiempo desde que retomé oficialmente la dirección de la compañía. Las reuniones, los acuerdos, los contratos, los inversionistas… todo volvió a caer sobre mis hombros como si nunca me hubiera ido. Pero hay algo que no vuelve.La certeza.Trabajo. Firmo. Decido. Sonrío cuando corresponde y entre una reunión y otra, inevitablemente, pienso en ella.Priya.Sé que podría encontrarla en menos de una hora. Bastaría una llamada discreta, una búsqueda interna, un favor bien colocado. Tengo los recursos. Tengo el poder, pero no tengo el de

  • La Esposa sumisa. Ya no más   El hombre que enterré

    El jugo de naranja sabe más ácido cuando no has dormido.Apoyo el vaso sobre la encimera y cierro los ojos un segundo, intentando recordar cómo era despertar descansada. Los trillizos tuvieron una noche imposible: fiebre leve, llanto intermitente, uno que despertaba al otro, y luego los tres como si se pusieran de acuerdo para no dejarme respirar.Devon insistió en quedarse con ellos en la habitación.—Ve a dormir con Zacary —me dijo anoche, acariciándome el rostro con esa paciencia que todavía me sorprende—. Yo puedo con esto.Podía.Siempre puede.Pero antes de que se levantara de la cama, antes de que tomara el monitor y caminara hacia el cuarto de los bebés, tuvimos esa conversación.La que todavía me retumba en el pecho.—Está bien quedarnos un tiempo más con Anastasia —me dijo con cuidado, como si midiera cada palabra—. Pero en algún momento vamos a necesitar nuestro propio espacio.Nuestro propio espacio.No lo dijo con presión. No lo dijo como exigencia. Lo dijo como una verda

  • La Esposa sumisa. Ya no más   El regreso

    Conduje sin rumbo durante varios minutos, quizá horas. No encendí la radio. No miré el teléfono. Solo avancé por la carretera como si el movimiento pudiera reemplazar a la decisión que no era capaz de tomar.No sabía a dónde ir.Esa era la verdad desnuda.Por primera vez en mi vida no tenía un plan, no tenía una estrategia, no tenía un objetivo que conquistar o destruir. Tenía un volante entre las manos y una sensación de vacío que se expandía con cada kilómetro.Pensé en Priya.El pensamiento llegó inevitable, como una última posibilidad. Podía buscarla. Podía intentar encontrarla, decirle que mi pasado no importaba, que Sarah estaba bien sin mí y más importante aun yo estaba bien sin ella.No podía volver a Vanhar sin ella. No podía quedarme allí persiguiendo una sombra. Y tampoco podía regresar a casa de Anastasia y tocar la puerta detrás de la cual Sarah parecía haber encontrado algo parecido a paz. Interrumpir su felicidad sería la forma más egoísta de amor, y ya había sido sufic

  • La Esposa sumisa. Ya no más   El heredero que no murió

    RyanOdio las reuniones del consejo.No lo digo en sentido figurado ni dramático. Las detesto con una honestidad casi infantil. Me asfixian los trajes impecables, los informes encuadernados en cuero, las palabras que suenan inteligentes pero no significan nada: “proyección”, “diversificación”, “riesgo controlado”, “capitalización estratégica”.Estoy sentado en la cabecera de la mesa porque así lo dicta el protocolo, no porque lo haya deseado alguna vez. Frente a mí, doce personas que han hecho de las cifras su religión discuten el futuro de la empresa como si fuera una partida de ajedrez.—El mercado asiático presenta una volatilidad preocupante —dice el director financiero mientras pasa diapositivas.Asiento como si entendiera cada porcentaje.No me interesa.Nunca me interesó.Dirigir la empresa de mi padre fue una responsabilidad heredada, no un sueño. Aprenderé a hacerlo porque alguien tiene que hacerlo. Porque es lo correcto. Porque la familia no abandona lo que generaciones cons

  • La Esposa sumisa. Ya no más   Vivir después de ti

    DevonNunca imaginé que la felicidad pudiera sentirse tan serena.No era euforia. No era vértigo. No era esa intensidad desesperada que uno confunde con amor cuando en realidad es miedo a perder. Lo que sentía con Sarah era distinto. Era una certeza tranquila, como si cada paso que habíamos dado —incluso los equivocados— nos hubiera conducido exactamente a este punto.Ella no solo había decidido darme una oportunidad, había decidido no esconderme.Y eso lo cambiaba todo.Durante días hablamos de lo que significaría hacerlo público. No por los demás, sino por nosotros. Por Zacary. Por los trillizos. Por la memoria de Cristhian.Jacob nos apoyó desde el primer momento. Anastasia también. Me sorprendió su firmeza; dijo que la vida ya nos había arrebatado demasiado como para seguir viviendo en susurros. Y lo que más me conmovió fue Zacary. Lo sentamos una mañana en la sala, con esa solemnidad que los adultos usamos cuando creemos que vamos a romper algo frágil, y él nos escuchó con una ma

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