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CAPÍTULO 125

last update 公開日: 2026-10-19 08:55:15

Blanca leyó el mensaje de Alba tres veces antes de apagar la pantalla. No contestó.

A las nueve de la mañana estaba sentada frente a una abogada que no conocía a Victoria, no había trabajado para la fundación y no tenía ninguna relación con Vidal. La mujer, Lucía Benavides, revisó durante dos horas la memoria original y le hizo preguntas que Blanca habría preferido evitar.

—¿Quiere protegerse legalmente o controlar cómo la verá su hermana cuando termine de leer esto?

Blanca entrelazó las manos.
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  • La Heredera que Regresó   CAPÍTULO 125

    Blanca leyó el mensaje de Alba tres veces antes de apagar la pantalla. No contestó.A las nueve de la mañana estaba sentada frente a una abogada que no conocía a Victoria, no había trabajado para la fundación y no tenía ninguna relación con Vidal. La mujer, Lucía Benavides, revisó durante dos horas la memoria original y le hizo preguntas que Blanca habría preferido evitar.—¿Quiere protegerse legalmente o controlar cómo la verá su hermana cuando termine de leer esto?Blanca entrelazó las manos.—Ambas cosas.—Solo puedo ayudarla con la primera.La respuesta le recordó a Alba y eso la irritó más de lo razonable.Lucía marcó tres grupos de documentos. Algunos podían exponer a Blanca a sanciones institucionales por uso indebido de información. Otros mostraban que había participado en una campaña para orientar cómo patronos, proveedores y personas cercanas a Diego interpretarían a Alba. Un tercer grupo podía abrir preguntas sobre obstrucción porque Blanca había borrado correos por orden d

  • La Heredera que Regresó   CAPÍTULO 124

    Alba no abrió la memoria hasta que Pradas llegó. Blanca esperó frente al escritorio, con las manos juntas sobre las rodillas y una rigidez en la mandíbula que Alba conocía demasiado bien. De niñas, su hermana ponía esa misma cara cuando sabía que había hecho algo incorrecto y todavía estaba decidiendo si confesarlo o construir una versión más conveniente.—¿Quieres estar mientras la revisamos? —preguntó Alba.—Sí.—No tienes que hacerlo para demostrar nada.—Quiero estar.Pradas conectó el dispositivo a un equipo aislado. La primera carpeta contenía correos de Victoria con consultores externos, instrucciones para retrasar documentos, notas sobre reputación y referencias a Marchetti. No había una confesión limpia ni una frase del tipo *destruyan a Alba*. Había algo más reconocible: decisiones pequeñas, redactadas con suficiente prudencia para parecer administrativas cuando se leían por separado. Juntas formaban un hábito.Victoria había usado información institucional para preparar ver

  • La Heredera que Regresó   CAPÍTULO 123

    Alba esperó hasta que la redistribución quedó firmada antes de besar a Diego.No quería que la escena pareciera una recompensa por haber aceptado límites institucionales ni que él confundiera su deseo con aprobación. Esperó a que Pradas saliera, a que la coordinadora recogiera las copias del nuevo organigrama y a que el pasillo volviera a llenarse de gente que tenía asuntos más urgentes que la vida sentimental de su presidenta. Entonces le tomó la corbata y lo acercó.—Ahora sí.Diego alcanzó a sonreír antes de que Alba le cerrara la boca con la suya.El beso duró poco porque estaban en la fundación y porque a Alba le gustaba descubrir que podía detenerse sin sentir que desperdiciaba una oportunidad. Cuando se apartó, Diego siguió cerca.—¿Eso significa que ya puedo recuperar jurisdicción sobre tu hermana?—Eso significa que puedes dejar de hablar durante treinta segundos.—Ambicioso.Alba le dio un último beso y se alejó.—Esta noche en mi apartamento.—¿Orden o invitación?—Invitaci

  • La Heredera que Regresó   CAPÍTULO 122

    Alba no durmió con Diego esa noche. No dudaba de que él hubiera dicho la verdad. El problema era otro: creerle no borraba los años en que la frontera con Blanca había sido suficientemente cómoda para que nadie la cerrara del todo.A las siete de la mañana lo llamó.—Quiero verte antes del trabajo.—Voy.—No. Café de la esquina. Neutral.Diego llegó primero. Alba se sentó frente a él con el cabello todavía húmedo y una chaqueta sobre ropa sencilla.—Estoy enfadada —dijo.—Con Blanca.—También contigo.Diego dejó la taza.—Está bien.—No me respondas como si aceptar mi enojo fuera otra prueba que puedes aprobar.Él se quedó quieto.—Ayer ella ignoró un no. Eso es de ella —continuó Alba—. Pero durante años tú dejaste una puerta entornada porque te resultaba más cómodo no hacerla sentir rechazada. Yo tuve que volver, verla tocarte y explicarte por qué ese segundo y medio importaba para que empezaras a cerrarla.La mandíbula de Diego se tensó.—No me hagas responsable de que Blanca haya cr

  • La Heredera que Regresó   CAPÍTULO 121

    Blanca esperó hasta el día siguiente para buscar a Diego. Ese fue el primer error. El segundo fue convencerse de que necesitaba cerrar algo. Lo encontró en una sala lateral de la fundación después de una reunión sobre la investigación audiovisual. Estaba solo, guardando documentos en una carpeta. —¿Tienes un minuto? Diego levantó la vista. —Sí. Blanca cerró la puerta, pero no con llave. —Lo de ayer... —¿La grabación? —Todo. Diego esperó. Blanca llevaba veinticuatro horas viendo clips de Alba en el atril, de Diego entrando por la puerta principal, del beso en el vestíbulo. También llevaba semanas intentando construir algo propio. Las dos realidades habían coexistido hasta que una pareció empujar a la otra fuera de su sitio. —No puedo hacer como si no me doliera —dijo. —No te he pedido eso. —Lo sé. —Entonces ¿qué necesitas de mí? La pregunta debería haberla detenido. No lo hizo. —Quiero saber si alguna vez hubo una posibilidad. Diego dejó la carpeta sobre la mesa. —Blan

  • La Heredera que Regresó   CAPÍTULO 120

    A las ocho de la mañana había seis móviles de televisión frente a la fundación.Alba llegó caminando desde el estacionamiento subterráneo y pidió que no la hicieran entrar por una puerta lateral.—Hay prensa —advirtió seguridad.—Ya lo sé.—Podemos evitarla.—No quiero evitarla. Quiero llegar a trabajar.Diego no la acompañó. La decisión fue de ambos. Si aparecía a su lado a primera hora, la historia podía convertirse otra vez en “Diego protege a Alba”. Él iría más tarde si ella lo quería. Alba cruzó la entrada principal.—¿Se arrepiente de la relación con Diego Vidal?La pregunta llegó desde la segunda fila y, por un instante, Alba perdió el ritmo de la respiración. No hab&iac

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