INICIAR SESIÓNNarra Nox
Empecé a caminar. Ella me siguió, manteniéndose a un paso de distancia. El camino al Consejo atravesaba varios niveles de mi fortaleza. Pasamos por corredores de piedra negra pulida, escaleras que descendían más profundo en el territorio, estancias vacías que resonaban con nuestros pasos. Kaia no habló durante el trayecto, pero sentía su mirada evaluando constantemente. Buscando debilidades. Memorizando rutas. Hábitos de alguien que había pasado años escapando. No le servirían aquí. Mi fortaleza no funcionaba con lógica arquitectónica normal. Los caminos cambiaban según mi voluntad. Las puertas aparecían y desaparecían. Era un lugar vivo que respondía a su dueño. Llegamos finalmente a las puertas del Consejo. Dos guardias demoníacos flanqueaban la entrada, sus formas apenas humanas bajo la armadura oscura. Me reconocieron instantáneamente y abrieron las puertas sin palabra. La sala del Consejo era circular, con una mesa larga en el centro rodeada de sillas talladas en piedra. Cinco de los seis asientos estaban ocupados. Valdris en su lugar habitual frente a la entrada, Kaerith a su derecha, los otros tres distribuidos alrededor. Todos me miraron cuando entré. Luego sus ojos se movieron hacia Kaia. El silencio fue inmediato y pesado. Valdris habló primero, su voz controlada pero con tensión subyacente. —Príncipe Nox. Nos dejaste abruptamente. —Fui invocado —respondí, caminando hacia mi asiento pero sin sentarme todavía—. Un mortal usó los símbolos antiguos correctamente. No podía ignorar el llamado. —Y decidiste traer a ese mortal aquí —dijo Kaerith con su mirada fija en Kaia—. Sin consultar primero. —La situación requirió decisión inmediata. Las Trece Llamas estaban a segundos de capturarla. —¿Y eso nos concierne porque...? —Porque ella es un Sifón. El impacto de esas palabras fue visible. Varios miembros del Consejo se enderezaron inmediatamente. Valdris se inclinó hacia adelante. —¿El Sifón que discutimos hace tres meses? —El mismo. —¿Y decidiste reclamarlo unilateralmente? —Decidí actuar según los términos que acordamos. Ella buscó refugio voluntariamente. Eso me daba autoridad para reclamarla. Valdris estudió a Kaia con expresión inescrutable. —¿Es esto cierto, mortal? ¿Buscaste refugio voluntariamente? Kaia vaciló, pero luego habló con voz firme. —Invoqué a Nox y pedí protección. Él aceptó. —¿Y entendiste los términos de esa protección? Vi la duda cruzar su rostro. No los había entendido completamente. Pero también sabía que admitirlo aquí sería una debilidad. —Entendí lo suficiente —dijo finalmente. Kaerith soltó una exhalación que podría haber sido risa o desdén. —Atrevida, al menos. Pocas mortales hablarían en esta sala sin temblar. —Temblar no cambiaría nada —respondió Kaia. Eso capturó la atención del Consejo. Valdris alzó una ceja. —Inteligente también. Quizás esto no fue error tan grave, príncipe Nox. —No fue error en absoluto —dije—. Fue una oportunidad. Ahora tenemos bajo control directo el único Sifón activo conocido. Nadie más puede reclamarlo. Nadie más puede usarlo contra nosotros. —A menos que ella te drene y escape —señaló uno de los otros miembros. —No escapará. Está marcada. Está bajo mi jurisdicción directa. Extendí mi brazo y tomé el de Kaia, levantándolo para que el Consejo pudiera ver la marca claramente. Ella se tensó ante el contacto pero no resistió. Los símbolos brillaron débilmente bajo su piel, respondiendo a mi cercanía. Valdris se inclinó hacia adelante para examinar la marca más de cerca. —Vinculación permanente. Bien hecho. Eso debería mantenerla contenida. —Hará más que contenerla —dije, soltando el brazo de Kaia—. La convertirá en activo útil. —Siempre que no te drene primero —repitió el otro miembro. —No lo hará. —¿Cómo puedes estar seguro? Miré a Kaia directamente. —Porque entiende que si me drena, pierde la única protección que tiene contra las Trece Llamas. Y porque sabe que la alternativa a estar aquí es significativamente peor. Vi la tensión en su expresión, pero no me contradijo. Valdris estudió la situación durante un largo momento, luego asintió una vez. —Muy bien. Asumes completa responsabilidad por esta criatura. Si se convierte en problema, será tu problema. —Entendido. —Entonces no la dejes aquí. Llévala a tu fortaleza y asegúrate de que entienda exactamente lo que significa estar aquí. No era una sugerencia, era una orden disfrazada. —Por supuesto. Me giré hacia Kaia. —Vámonos. Ella me siguió fuera de la sala sin decir ni una palabra. Las puertas se cerraron detrás de nosotros con sonido final. Solo cuando estuvimos lo suficientemente lejos y en privado, ella habló. —¿Qué acaba de pasar ahí? —El Consejo aceptó tu presencia, más o menos. —No sonaron particularmente felices al respecto. —No lo están. Los Sifones son una amenaza histórica. Pero ahora que estás marcada como mía, tocarte significa desafiarme directamente. Y ninguno de ellos quiere ese conflicto. —Entonces estoy protegida. —Sí. —Pero atrapada. —También sí. Ella cerró los ojos brevemente. —¿Hay alguna forma de deshacer la marca? —No. —¿Ninguna? —Es permanente. Diseñada específicamente para ser inquebrantable. —Por supuesto que lo es. Llegamos a otra sección de la fortaleza. Me detuve frente a una puerta que se abrió al acercarme. —Esta es tu habitación, descansa. Mañana empezamos. —¿Empezamos qué? —Tu entrenamiento. La confusión cruzó su rostro. —¿Entrenamiento? —Necesitas aprender a controlar el Sifón apropiadamente. Y necesitas entender cómo funcionar en mi territorio sin causar problemas. Ambas cosas requieren entrenamiento. —No acordé entrenar. —Acordaste obeceder. El entrenamiento es parte de eso. Vi la frustración en su expresión, pero también el agotamiento. Había sido día largo para ella. —Descansa —repetí—. Mañana será... instructivo. Me alejé antes de que pudiera argumentar más, dejándola sola frente a su nueva habitación. Mientras caminaba de regreso hacia mis propias estancias, consideré la situación. Tenía un Sifón bajo mi control directo. El Consejo había aceptado su presencia, aunque con reservas. Las Trece Llamas no podían alcanzarla aquí. Todo había salido mejor de lo anticipado. Excepto por un detalle inesperado. Cuando la había marcado, cuando mi poder había atravesado su piel, había sentido algo inusual. No solo su magia, que era considerable. Sino una resonancia. Como si mi poder hubiera reconocido algo en ella que no debería estar ahí. Como si el Sifón hubiera respondido a mi toque de forma diferente a como respondía a otras magias. Eso era... interesante. Y potencialmente complicado. Pero eso era problema para mañana. Por ahora, tenía un Sifón bajo mi techo. Y necesitaba descubrir exactamente qué hacer con ella.~16 años después...~Narra KaelEl Inframundo estaba en silencio.No como cuando mi padre caminaba por estos pasillos con mi madre a su lado, riendo de algo que solo ellos entendían. No como las cenas donde el tío Nate contaba historias ridículas mientras la tía Kaerith ponía los ojos en blanco con esa media sonrisa que intentaba esconder y nunca conseguía.Este era un silencio doloroso, el silencio de las cenizas, de lo que quedaba cuando todo lo que amabas desaparecía en una sola noche.Me encontraba sentado en medio de las ruinas del palacio, rodeado por piedra negra agrietada y cristales rotos que alguna vez brillaron con luz eterna. Las llamas azules que nunca se apagaban... se habían apagado.Mi padre siempre decía que esas llamas ardían desde antes de que él naciera y que arderían para siempre, pero se equivocó.Tenía dieciséis años. Solo dieciséis cuando mi mundo se derrumbó. Cuando perdí a mi padre, a mi madre y al tío Nate en una sola noche y me quedé entre las ruinas de tod
Miré el test en mi mano y luego a él.—Estoy embarazada.Después de que esas simples palabras saliesen de mi boca el silencio fue absoluto.Nox me miró, luego al test y luego de vuelta a mí.—¿Qué?—Estoy embarazada —repetí con mi voz más firme ahora—. Nate... Nate me dio un test ayer. Pensó que podría estarlo por los síntomas y acabo de hacérmelo y... salió positivo.Le pasé el test.Lo tomó con los dedos ligeramente temblorosos, mirando las dos líneas como si pudiera hacer que dijeran algo diferente si las miraba el tiempo suficiente.—Embarazada —repitió, como probando la palabra.—Sí.—Con... con un bebé.—Sí.—Nuestro bebé.—susurró todavía en shock—Sí.—afirmé de nuevo.Levantó la vista hacia mí, y vi tantas emociones cruzar su rostro que no pude identificarlas todas.Shock, miedo, asombro... Y luego, lentamente, algo más.Alegría.—Vamos a tener un bebé —dijo, como si finalmente lo procesara.—Sí —mi voz se quebró ligeramente—. Vamos a tener un bebé.Me atrajo hacia él envolvién
Narra KaiaDesperté abrazada por Nox, con su brazo pesado sobre mi cintura y su respiración profunda y regular contra mi cuello.La luz tenue del Inframundo se filtraba por la ventana. Imposible saber si era mañana o tarde, el cielo crepuscular perpetuo no daba pistas.Pero sabía que era temprano, podía sentirlo y sabía lo que tenía que hacer.Con cuidado, levanté su brazo de mi cintura, moviéndome milímetro a milímetro para no despertarlo. Nox gruñó suavemente pero no despertó, girándose ligeramente hacia el lado contrario.Me deslicé fuera de la cama, con mis pies tocando el suelo frío. Cogí el vestido que había usado ayer que estaba tirado en una silla y me lo puse rápidamente.Crucé la habitación en silencio y cuando llegué al baño, cerré la puerta con el más mínimo clic. Respiré profundo, apoyándome contra la puerta. Lo había estado posponiendo desde ayer, desde que Nate me dio el maldito test, pero ya no podía seguir evitándolo.Caminé hacia el armario donde había escondido la p
~Dos meses más tarde~Dos meses habían pasado desde que las brujas murieron.Dos meses de paz relativa en el Inframundo, de reconstrucción, de una normalidad que nunca pensé que tendría y dos meses con Kaia a mi lado, viva, segura y mía.Desperté lentamente, sintiendo calor envolviendo mi...Joder.Mis ojos se abrieron de golpe, mirando hacia abajo. La sábana se había deslizado, revelando a Kaia entre mis piernas, con su boca alrededor de mi erección.—Kaia... —gruñí con voz ronca de sueño—. ¿Qué estás...?Me miró desde abajo, esos ojos encontrándose con los míos mientras me tomaba más profundo. La visión casi me deshace ahí mismo.—Buenos días —dijo, soltándome brevemente antes de lamer una línea desde la base hasta la punta—. Pensé en despertarte de una forma... diferente.—Mierda...Sonrió, claramente satisfecha con mi reacción, antes de volver a tomar mi longitud en su boca.Había fantaseado con esto, por supuesto. Durante semanas. Cada vez que hundía mi cabeza entre sus piernas,
Me miró, esperando.—Nox, tú vas a vivir durante siglos. Cientos de años, tal vez miles. Y yo... yo soy mortal, envejeceré. En treinta años, tendré cincuenta. En cincuenta, setenta y tú seguirás viéndose exactamente como ahora.Vi comprensión cruzar su rostro.—Kaia...—Y al final moriré —continué, necesitando decirlo todo—. Y tú seguirás aquí ¿Cómo se supone que funcione eso? ¿Cómo se supone que...?—Kaia —interrumpió, tomando mis manos—. Respira.—No puedo simplemente...—No vas a envejecer.—me interrumpió de nuevo.Me detuve, parpadeando lentamente.—¿Qué?—No vas a envejecer —repitió, más despacio—. La marca... nuestro vínculo... te ha cambiado, Kaia. De formas que van más allá de solo compartir poder.—No entiendo.Me guio hacia la cama, sentándonos.—Cuando Solon te estaba curando del veneno —empezó sin saber muy bien cómo decirlo—, me dijo algo. Dijo que la única razón por la que sobreviviste fue porque la marca te había cambiado.—¿Cambiado cómo?—El veneno de la Decimotercera
Narra Kaia Nos quedamos así durante un largo rato, enredados en las sábanas, con nuestras respiraciones sincronizándose lentamente. El sudor en mi piel se estaba enfriando pero no quería moverme. No quería romper este momento de paz perfecta.Los dedos de Nox trazaban patrones perezosos en mi espalda, subiendo y bajando por mi columna en un ritmo hipnótico.—¿En qué piensas? —murmuró contra mi cabello.—En nada —respondí honestamente—. Por primera vez en mucho tiempo, mi mente está... tranquila.—Bien.Cerré los ojos, disfrutando de la sensación. Sin brujas persiguiéndome, sin planes de venganza consumiendo cada pensamiento, sin miedo constante. Solo... esto.Pero eventualmente, mi garganta seca demandó atención.—Tengo sed —murmuré.—Hay agua en la mesa de noche.Levanté la cabeza para mirar. Efectivamente, había una jarra y un vaso.—¿Cuándo pusiste eso ahí?—Ayer —dijo—. Antes de que... nos distrajéramos.Me reí suavemente, desenredándome de él para alcanzar el agua. Bebí el vaso







