INICIAR SESIÓNNarra Nox
Tres meses antes de que Kaia me invocara, el Consejo se reunió para discutir una amenaza que llevaba décadas sin aparecer. Un Sifón activo en el plano mortal. No era la primera vez que el tema surgía. Cada pocas décadas, alguien nacía con esa maldición particular. La mayoría moría joven. Cuando su poder se activaba eran consumidos por algun poder que no podían controlar. Algunos sobrevivían lo suficiente para volverse peligrosos, pero muy pocos vivían más de veinticinco años. Valdris había sido quien trajo el informe. Lo arrojó sobre la mesa del Consejo con expresión sombría. —Las Trece Llamas han confirmado la existencia de un Sifón en Noxaria. Joven, sin entrenamiento formal, pero lo suficientemente poderoso para evadir captura durante tres años. Kaerith había alzado la vista de los documentos que estaba revisando. —¿Tres años? Eso es inusual. —Extremadamente —confirmó Valdris—. La mayoría no dura tres meses. Había estudiado el informe con interés. Los Sifones siempre habían sido tema de fascinación mórbida en el Inframundo. Su habilidad para absorber magia ajena los convertía en las únicas criaturas capaces de drenar poder demoníaco directamente. En teoría, un Sifón suficientemente fuerte podía amenazar incluso a un príncipe. En práctica, ninguno había sobrevivido lo suficiente para intentarlo. Excepto una vez. —Hace cuatrocientos años —dijo Valdris, como si leyera mis pensamientos—, un Sifón absorbió el poder de uno de los Siete Señores Primordiales. La guerra resultante destruyó tres territorios completos y desestabilizó el velo durante décadas. —Conozco la historia —respondí—. Todos la conocemos. —Entonces entiendes por qué esto es preocupante. Kaerith había intervenido antes de que pudiera responder. —¿Cuál es la recomendación de las Trece Llamas? —Captura y contención. Prefieren estudiar antes de eliminar. —Por supuesto que sí —murmuré—. Siempre buscan formas de controlar lo que no entienden. Valdris me miró directamente. —¿Y tu recomendación, príncipe Nox? Había considerado la pregunta cuidadosamente. Políticamente, la respuesta correcta era apoyar la neutralización. Pragmáticamente, había otra opción. —Si un Sifón es lo suficientemente poderoso para ser amenaza, también es lo suficientemente poderoso para ser activo. Destruirlo es desperdiciar un recurso potencial. —¿Sugieres controlarlo? —Sugiero reclamarlo antes de que alguien más lo haga. El silencio cayó sobre la sala. Kaerith fiie la primera en hablar. —Reclamos implica pactos. Los Sifones son impredecibles. ¿Cómo garantizas lealtad de algo que puede potencialmente drenarte? —No garantizo lealtad. Garantizo obediencia. Hay una diferencia. Valdris sonrió sin humor. —Interesante propuesta. ¿Y quién exactamente reclamaría a esta criatura? —Yo. La palabra había caído con peso final. Varios miembros del Consejo habían intercambiado miradas. —Arriesgado —dijo finalmente Kaerith—. Si pierdes control, el problema se vuelve significativamente peor. —Si alguien más lo reclama primero, el problema también se vuelve peor. Al menos bajo mi control, sabemos dónde está y qué está haciendo. El debate continuó durante horas, pero eventualmente habían llegado a un acuerdo provisional: si el Sifón buscaba refugio en el Inframundo voluntariamente, yo tenía autoridad para reclamarlo. Si permanecía en el plano mortal, las Trece Llamas podían continuar su persecución. Había aceptado los términos, aunque sabía que las probabilidades de que un Sifón buscara voluntariamente ayuda demoníaca eran bajas. Excepto que había subestimado exactamente cuán desesperado podía volverse alguien. Ahora estaba parado en uno de los patios exteriores de mi fortaleza, observando a Kaia procesar su nueva realidad. Ella miraba alrededor con esos ojos violeta brillantes, evaluando su entorno con la cautelosa atención de alguien acostumbrado a buscar salidas. No las encontraría. El patio estaba rodeado de columnas que se elevaban hacia la oscuridad, sin paredes visibles pero con barreras que ella no podría cruzar sin mi permiso. El Inframundo era diferente al plano mortal. El aire era más denso, cargado con poder antiguo que saturaba cada centímetro del territorio. La luz venía de cristales incrustados en las paredes, brillando con tonos azulados que nunca cambiaban. No había sol aquí. No había amanecer ni anochecer. Solo constancia eterna. Para alguien acostumbrado a Noxaria, debía sentirse como estar bajo el agua. —¿Dónde... dónde estamos? —preguntó finalmente, su voz más controlada de lo que esperaba dado las circunstancias. —Mi territorio. Bienvenida al Inframundo. Vi cómo procesaba eso. El momento exacto en que comprendió que ya no estaba en su mundo. Que yo la había sacado completamente de su plano de realidad. —¿Puedo volver? —Eventualmente. Cuando yo lo determine seguro. La rabia cruzó su rostro. —Me dijiste que me protegerías, no que me secuestrarías. —Te estoy protegiendo. Aquí, las Trece Llamas no pueden alcanzarte. Ninguna bruja puede cruzar al Inframundo sin permiso explícito de la Corte Negra. —Pero estoy atrapada aquí. —Estás a salvo aquí. Hay una diferencia. Antes de que pudiera argumentar más, escuché pasos acercándose desde la entrada del patio. Theron apareció, inclinándose respetuosamente. —Príncipe Nox. El Consejo solicita tu presencia. Urgente. Había anticipado esto. Mi salida abrupta de la reunión anterior había sido notada, y traer a un Sifón al Inframundo era exactamente el tipo de decisión que requería explicación inmediata. Miré a Kaia. —Ven conmigo. —¿A dónde? —A presentarte formalmente ante el Consejo. El miedo cruzó su rostro brevemente antes de que lo ocultara. Bueno. Un poco de miedo era apropiado. El Consejo no era conocido por su calidez. —¿Y si me niego? —No estás en posición de negarte. Acordaste obediencia. Esto es obediencia. Vi la tensión en su mandíbula, pero después de un momento, asintió una vez.~16 años después...~Narra KaelEl Inframundo estaba en silencio.No como cuando mi padre caminaba por estos pasillos con mi madre a su lado, riendo de algo que solo ellos entendían. No como las cenas donde el tío Nate contaba historias ridículas mientras la tía Kaerith ponía los ojos en blanco con esa media sonrisa que intentaba esconder y nunca conseguía.Este era un silencio doloroso, el silencio de las cenizas, de lo que quedaba cuando todo lo que amabas desaparecía en una sola noche.Me encontraba sentado en medio de las ruinas del palacio, rodeado por piedra negra agrietada y cristales rotos que alguna vez brillaron con luz eterna. Las llamas azules que nunca se apagaban... se habían apagado.Mi padre siempre decía que esas llamas ardían desde antes de que él naciera y que arderían para siempre, pero se equivocó.Tenía dieciséis años. Solo dieciséis cuando mi mundo se derrumbó. Cuando perdí a mi padre, a mi madre y al tío Nate en una sola noche y me quedé entre las ruinas de tod
Miré el test en mi mano y luego a él.—Estoy embarazada.Después de que esas simples palabras saliesen de mi boca el silencio fue absoluto.Nox me miró, luego al test y luego de vuelta a mí.—¿Qué?—Estoy embarazada —repetí con mi voz más firme ahora—. Nate... Nate me dio un test ayer. Pensó que podría estarlo por los síntomas y acabo de hacérmelo y... salió positivo.Le pasé el test.Lo tomó con los dedos ligeramente temblorosos, mirando las dos líneas como si pudiera hacer que dijeran algo diferente si las miraba el tiempo suficiente.—Embarazada —repitió, como probando la palabra.—Sí.—Con... con un bebé.—Sí.—Nuestro bebé.—susurró todavía en shock—Sí.—afirmé de nuevo.Levantó la vista hacia mí, y vi tantas emociones cruzar su rostro que no pude identificarlas todas.Shock, miedo, asombro... Y luego, lentamente, algo más.Alegría.—Vamos a tener un bebé —dijo, como si finalmente lo procesara.—Sí —mi voz se quebró ligeramente—. Vamos a tener un bebé.Me atrajo hacia él envolvién
Narra KaiaDesperté abrazada por Nox, con su brazo pesado sobre mi cintura y su respiración profunda y regular contra mi cuello.La luz tenue del Inframundo se filtraba por la ventana. Imposible saber si era mañana o tarde, el cielo crepuscular perpetuo no daba pistas.Pero sabía que era temprano, podía sentirlo y sabía lo que tenía que hacer.Con cuidado, levanté su brazo de mi cintura, moviéndome milímetro a milímetro para no despertarlo. Nox gruñó suavemente pero no despertó, girándose ligeramente hacia el lado contrario.Me deslicé fuera de la cama, con mis pies tocando el suelo frío. Cogí el vestido que había usado ayer que estaba tirado en una silla y me lo puse rápidamente.Crucé la habitación en silencio y cuando llegué al baño, cerré la puerta con el más mínimo clic. Respiré profundo, apoyándome contra la puerta. Lo había estado posponiendo desde ayer, desde que Nate me dio el maldito test, pero ya no podía seguir evitándolo.Caminé hacia el armario donde había escondido la p
~Dos meses más tarde~Dos meses habían pasado desde que las brujas murieron.Dos meses de paz relativa en el Inframundo, de reconstrucción, de una normalidad que nunca pensé que tendría y dos meses con Kaia a mi lado, viva, segura y mía.Desperté lentamente, sintiendo calor envolviendo mi...Joder.Mis ojos se abrieron de golpe, mirando hacia abajo. La sábana se había deslizado, revelando a Kaia entre mis piernas, con su boca alrededor de mi erección.—Kaia... —gruñí con voz ronca de sueño—. ¿Qué estás...?Me miró desde abajo, esos ojos encontrándose con los míos mientras me tomaba más profundo. La visión casi me deshace ahí mismo.—Buenos días —dijo, soltándome brevemente antes de lamer una línea desde la base hasta la punta—. Pensé en despertarte de una forma... diferente.—Mierda...Sonrió, claramente satisfecha con mi reacción, antes de volver a tomar mi longitud en su boca.Había fantaseado con esto, por supuesto. Durante semanas. Cada vez que hundía mi cabeza entre sus piernas,
Me miró, esperando.—Nox, tú vas a vivir durante siglos. Cientos de años, tal vez miles. Y yo... yo soy mortal, envejeceré. En treinta años, tendré cincuenta. En cincuenta, setenta y tú seguirás viéndose exactamente como ahora.Vi comprensión cruzar su rostro.—Kaia...—Y al final moriré —continué, necesitando decirlo todo—. Y tú seguirás aquí ¿Cómo se supone que funcione eso? ¿Cómo se supone que...?—Kaia —interrumpió, tomando mis manos—. Respira.—No puedo simplemente...—No vas a envejecer.—me interrumpió de nuevo.Me detuve, parpadeando lentamente.—¿Qué?—No vas a envejecer —repitió, más despacio—. La marca... nuestro vínculo... te ha cambiado, Kaia. De formas que van más allá de solo compartir poder.—No entiendo.Me guio hacia la cama, sentándonos.—Cuando Solon te estaba curando del veneno —empezó sin saber muy bien cómo decirlo—, me dijo algo. Dijo que la única razón por la que sobreviviste fue porque la marca te había cambiado.—¿Cambiado cómo?—El veneno de la Decimotercera
Narra Kaia Nos quedamos así durante un largo rato, enredados en las sábanas, con nuestras respiraciones sincronizándose lentamente. El sudor en mi piel se estaba enfriando pero no quería moverme. No quería romper este momento de paz perfecta.Los dedos de Nox trazaban patrones perezosos en mi espalda, subiendo y bajando por mi columna en un ritmo hipnótico.—¿En qué piensas? —murmuró contra mi cabello.—En nada —respondí honestamente—. Por primera vez en mucho tiempo, mi mente está... tranquila.—Bien.Cerré los ojos, disfrutando de la sensación. Sin brujas persiguiéndome, sin planes de venganza consumiendo cada pensamiento, sin miedo constante. Solo... esto.Pero eventualmente, mi garganta seca demandó atención.—Tengo sed —murmuré.—Hay agua en la mesa de noche.Levanté la cabeza para mirar. Efectivamente, había una jarra y un vaso.—¿Cuándo pusiste eso ahí?—Ayer —dijo—. Antes de que... nos distrajéramos.Me reí suavemente, desenredándome de él para alcanzar el agua. Bebí el vaso







