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74: Libres

Autor: D. Meiler
last update Fecha de publicación: 2026-07-27 08:33:51

Esa noche no dormí.

Me pasé las horas mirando el techo, con la mano de Henrik entre las mías y una opresión algo molesta en el vientre. Como si también el bebé supiera que algo importante estaba a punto de pasar.

—¿Crees que lo conseguiremos? —pregunté en la oscuridad.

—Sí.

—¿Tan seguro estás?

—No. Pero necesito creerlo. Y tú también.

Le apreté la mano. No dije nada más. No hacía falta.

---

A las diez de la mañana, el tribunal estaba lleno.

Los mismos periodistas que nos habían perseguido duran
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  • La Prisionera Virgen del Mafioso Italiano    74: La Nueva Familia Moretti

    La fundación crecía más rápido de lo que ninguno de los dos había imaginado. Pasaron varios meses desde la boda, meses llenos de reuniones, planos aprobados y escuelas terminadas, y aquella mañana inauguramos la tercera: un edificio de dos pisos con salones amplios y un patio lleno de árboles recién plantados. Corté la cinta con unas tijeras gigantes que alguien de la fundación había insistido en traer, entre aplausos de padres, maestros y niños que ya corrían a explorar sus nuevos salones antes de que terminara el discurso. Dante, a mi lado, anunció que varias de las antiguas propiedades del imperio Moretti —bodegas, casas de seguridad, edificios que en otra vida habían servido para negocios que ninguno de los dos quería recordar— se convertirían en centros comunitarios. Talleres de oficios, bibliotecas, espacios deportivos para los barrios que antes solo conocían esos lugares por lo que se movía en las sombras. Escuché los aplausos de la gente y sentí algo parecido al orgullo, cá

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    Esta vez no hubo prensa fingiendo interés, ni funcionarios midiendo alianzas con la mirada, ni un padre furioso empujándome hacia el altar como si fuera una pieza más de un tablero. Esta vez, los jardines de la mansión se llenaron de las personas que de verdad importaban. Marco, con un traje que claramente le incomodaba pero que se puso de todas formas, bromeando nervioso con cualquiera que se le cruzara para disimular que él también se le había humedecido un poco la mirada. Sofía, radiante, con flores en el cabello, corriendo entre los invitados como si la boda fuera suya. Algunos de los hombres que habían decidido quedarse junto a Dante después de todo el caos, ahora vestidos de civiles, sin armas a la vista por primera vez desde que los conocía. Gente de la fundación, esas caras que había aprendido a reconocer en cada visita a las escuelas y los refugios. Y, para mi sorpresa, una representante de la DEA, que se acercó antes de la ceremonia para decirme, con una sinceridad que no

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    Me tomó un par de meses encontrarle el ritmo, pero cuando lo hice, no hubo quién me sacara de ahí. Empecé a involucrarme en cada parte de la fundación, no solo firmando papeles desde algún escritorio cómodo. Discutía con empresarios que llegaban pensando que podían donar cuatro monedas y quedar bien en una foto, y les dejaba clarísimo que si querían su nombre asociado a algo que yo dirigía, iban a poner el dinero de verdad o iban a buscar otra causa para lavar su imagen. Organizaba los proyectos escuela por escuela, barrio por barrio. Visitaba las comunidades en persona, aunque eso significara caminar entre calles que cualquier asesor de seguridad me habría prohibido pisar. No quería ser la esposa de Dante Moretti sentada en una oficina bonita esperando a que alguien le diera valor a mi presencia por asociación. Quería construir algo que fuera mío. --- Una tarde, durante una reunión con posibles donantes en la mansión, levanté la vista un momento en medio de mi propia exposición

  • La Prisionera Virgen del Mafioso Italiano    71: Una Mujer sin Uniforme

    Pasaron varios meses. La cicatriz del costado terminó de sanar en algún punto entre el segundo y el tercer mes, dejando una línea delgada y rosada que a veces tocaba sin pensar, como quien revisa que un recuerdo siga ahí. La del brazo casi ni se notaba ya. Los médicos decían que había tenido suerte. Que mi cuerpo sanaba rápido. Ojalá pudiera decir lo mismo de todo lo demás. Porque el cuerpo sana con tiempo y descanso, pero nadie te explica qué hacer cuando te despiertas una mañana cualquiera y te das cuenta de que no tienes ni idea de quién eres sin una misión pegada al pecho. Durante años mi vida tuvo una estructura clara: entrenar, investigar, infiltrarme, sobrevivir. Cada mañana sabía exactamente para qué me levantaba. Ahora abría los ojos en una mansión enorme, sin órdenes que cumplir, sin un objetivo que perseguir, y el silencio de esas mañanas se sentía casi más pesado que cualquier bala. Intenté ayudar con los negocios de Dante, sentarme en las reuniones, entender los núme

  • La Prisionera Virgen del Mafioso Italiano    70: El Último Secreto de Morrison

    Me llegó el mensaje un martes cualquiera, en medio de una tarde que ya empezaba a sentirse casi normal: Morrison quería hablar conmigo antes de que lo trasladaran a la prisión federal donde pasaría, con suerte, el resto de su vida. Dante se opuso desde el primer segundo. —No —dijo, con esa voz baja y firme que usaba cuando de verdad no quería ceder—. No vas a acercarte a él otra vez. —Necesito escuchar lo que tiene que decir. —Es un manipulador, Valeria. Lo será hasta el último minuto que respire en libertad. Solo quiere hacerte daño una vez más antes de que se lo lleven. Probablemente tenía razón. Pero llevaba toda mi vida dejando que el miedo a lo que Morrison pudiera decir controlara alguna parte de mí, y no pensaba darle ese poder ni un minuto más. —Necesito ir —repetí—. Necesito cerrar esto yo misma. Dante me miró un largo momento, con la mandíbula tensa, y al final asintió, aunque no dejó de acompañarme hasta la puerta de la instalación, como si su sola presencia afuera p

  • La Prisionera Virgen del Mafioso Italiano    69: La Sentencia

    (Narrado por Valeria) La sala era la misma de siempre. Las mismas paredes grises, la misma mesa larga, el mismo aire acondicionado que nunca lograba decidir si estaba frío o tibio. Pero esta vez se sentía distinto. Esta vez era la última. Me senté con la espalda recta, las manos sobre la mesa, y esperé mientras la directora interina abría una carpeta que, supuse, tenía el peso exacto de los últimos años de mi vida entre esas páginas. —Agente Santos —empezó, y por primera vez en semanas no sonó como una acusación—, la investigación ha concluido. Contuve la respiración. —La agencia reconoce que fue manipulada por el ex director Morrison desde que usted era joven, apenas reclutada. Su misión fue diseñada con información alterada, y usted fue enviada a una operación de alto riesgo sin conocer todos los datos relevantes. Escuché cada palabra sin moverme, sin permitirme creer todavía que aquello iba en la dirección que empezaba a intuir. —También reconocemos que las pruebas que ust

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