INICIAR SESIÓNLa limusina negra, vistosa y opulenta, se deslizó por las calles iluminadas de la ciudad de Nueva York con los esposos Volkov en un silencio absoluto. Valeria iba envuelta en un vestido de seda azul profundo, su único acto de rebeldía visible. Luego de que Nino la dejara bellamente ataviada con un vestido color rosa palo, ella lo cambió por uno de menos calidad y más fuerza. Azul. Esos serían sus colores para vestir de ahora en más y ese especialmente porque era el color que Leónid detestaba por ser demasiado frío. Él iba a su lado, impecable con traje oscuro y corbata rosa palo. La miraba de reojo con la mandíbula apretada al punto del dolor, la misma presencia intimidante que la de ayer en la sala del comedor y la de esta mañana antes de pasar el día relajada con Nino.
—Ese no era el vestido que debías usar —mantenía el tipo, pero por dentro sentía el fuego de la rabia fluir.
—El otro me apretaba en la cadera —dijo sin siquiera mirarlo.
—No mientas —tecleó en su teléfono —, esta foto dice lo contrario.
—Esa foto no expresa lo que siento —lo mira con tanta determinación que los dientes de él rechinan.
—Recuerda tu rol, Valeria, no es difícil —dijo Leónid ya sin mirarla con el teléfono apretado entre sus manos.
Su voz era un recordatorio helado de su estatus.
—Lo tengo claro. Sonrisa, asentimiento, silencio. La esposa florero. Obediente.
—Exacto. No me avergüences. Mi reputación es frágil en estos círculos y ya me desobedeciste —ella sonrió apenas, la mueca no le llegó a sus ojos.
—No te preocupes. Estoy aquí para salvar reputaciones, no para arruinarlas.
El evento era una gala de recaudación de fondos. Una aglomeración de la élite de la ciudad, donde el dinero gritaba más fuerte que las palabras. Las luces de los flashes y el murmullo de voces atacaron a Valeria en cuanto entraron. Leónid la sujetó del brazo, no con afecto, sino con la firmeza de quien sujeta un objeto precioso que no quiere que se le escape.
La noche avanzaba con la monotonía que Valeria había augurado. Ella sonreía, asentía y se mantenía callada, observando el vacío de ese mundo. Leónid se movía con la ferocidad del depredador dominante, y ella, como su elegante y silenciosa presa.
El primer golpe llegó con el saludo a un socio de Leónid, un hombre de rostro bonachón llamado Bastián Kólov, a quien Valeria había tratado varias veces en su antiguo puesto.
—¡Valeria! Qué sorpresa tan agradable. Pensé que el matrimonio te habría quitado todo ese ímpetu profesional. Solías ser la única asistente que entendía los informes de la Refinería del Norte —dijo, extendiéndole la mano con genuina admiración.
—Hay cosas que son difíciles de arrancar Sr. Kólov —responde con una sonrisa sardónica, pero revestida de amabilidad.
Valeria sintió un breve flash de esperanza. Un momento de reconocimiento de su trabajo, pero Leónid interrumpió, su tono de voz bajo y lleno de un desprecio apenas disfrazado.
—Valeria ya no se ocupa de la Refinería del Norte, Kólov. Su función es mucho más... ornamental ahora —Leónid sonrió, pero el agarre en el brazo femenino ya dolía—. Ha regresado a tareas menos estresantes. Tareas que, afortunadamente, no requieren el uso del cerebro, solo de una presencia agradable y costosa.
El Sr. Kólov dudó, su sencillez se desvaneció bajo la incomodidad. Valeria sintió el frío del desprecio clavarse en su pecho. Leónid acababa de despojarla de su identidad profesional, su orgullo y su inteligencia en público. Había cumplido su amenaza de reducirla a una simple decoración.
—No era necesario ser tan… cruel.
Ella mantuvo la sonrisa, una máscara perfecta, pero por dentro sintió la puñalada de la derrota. Él había encontrado el arma perfecta: destruir su valor personal frente al mundo, sabiendo que ella no podía reaccionar sin condenar a su padre.
—Eres mi esposa, ya te lo había advertido, agradecería no lo dramatices —susurró en su rostro. Ella respiró profundo, sosteniendo las lágrimas y asintió —. En fin —dijo Leónid, cambiando el tema abruptamente—, Kólov, hablemos de esa inversión en Chipre...
Valeria pasó la siguiente hora actuando de manera mecánica, cada cumplido vacío, cada mirada, se sentía como un ataque directo a su corazón. A la primera oportunidad, se excusó con una migraña y se refugió en el tocador.
Se miró en el espejo, el elegante vestido azul, las joyas prestadas, la sonrisa muerta. Ya no era Valeria Montenegro, la asistente ambiciosa e inteligente. Era la Señora Volkov, la adquisición.
—Las mujeres en este mundo solo somos adornos —una mujer salió del baño y la abordó —, deberías comenzar a asimilarlo para no crear conflictos en tu unión con Volkov.
Era una mujer hermosa, elegante. Con un vestido costoso. Sí. Pero demasiado provocativo para la ocasión. En realidad, no la conocía, pero su rostro le era un tanto familiar.
—Es difícil la situación, pero ya me acostumbraré —la risa de la mujer casi un murmullo.
—Entonces te deseo suerte —se retocó un poco el maquillaje y con una sonrisa salió del aseo con su caminar distinguido.
Las lágrimas brotaron, pero no eran lágrimas de tristeza por su vida, sino de rabia ante su situación. La humillación era tan completa y tan despiadada, que sintió su alma se agrietaba. Leónid había ganado la primera batalla, y la había dejado sin defensas.
El pensamiento la golpeó como si se hubiese caído de bruces contra el piso. Su resistencia pasiva no era suficiente. Su silencio solo aumentaba el poder de Leónid.
Ella se secó las lágrimas con un pañuelo de seda. Las manchas de rímel eran la única prueba de su debilidad. En ese momento, juró que no volvería a haber otra prueba. El dolor era un combustible, no una condena.
***
Valeria salió del tocador, no para volver con Leónid, sino para tomar acción. Recordó su paseo por la mansión, la biblioteca y la oficina cerrada con llave. El conocimiento era su poder, y Leónid la había convertido en su espía personal por defecto.
Regresaron a casa en el mismo silencio tenso. Leónid no mencionó su partida prematura, solo la soltó en la entrada.
Ya en su habitación, en lugar de dormir, Valeria se puso un pantalón oscuro y una blusa de cuello alto. Usó su memoria fotográfica de su tiempo como asistente para recordar los códigos de seguridad que Leónid usaba en su oficina personal.
Se deslizó por los pasillos a oscuras. El silencio de la mansión ya no era un manto tenebroso, sino un aliado.
Llegó a la puerta de la oficina. Tecleó una combinación de números que recordaba de una fecha de cumpleaños olvidada, sumada a un número de cuenta. El click de la cerradura fue el sonido más dulce que había escuchado en días.
Entró en la oficina de Leónid. No buscó el contrato. No buscó el dinero. Buscó las debilidades de su negocio. Se sentó en la silla de cuero, encendió la computadora y accedió a los archivos encriptados.
No era una esposa florero. Era una agente encubierta.
Sus ojos recorrieron un informe financiero sobre una fusión próxima. Era información confidencial que podía costarle millones si caía en las manos equivocadas. No lo copiaría. Lo memorizaría, porque Leónid la había humillado al decir que su cerebro ya no funcionaba. Ella usaría esa mente para ser la herida que él nunca podría cerrar.
Se levantó, cerró la computadora, y se deslizó de vuelta a su habitación.
En la cama, Valeria ya no sintió el dolor. Solo la emoción de la estrategia. Leónid creía que la había sometido, pero solo había encendido la mecha.
<Me has despojado de mi valor, Leónid>, pensó. <Ahora, yo te despojaré de lo que más amas... Tu imperio>
Amor mío, nunca te pediría algo con lo que no estuvieses completamente cómoda, pero tampoco me permitiría el hecho de que después de haber ocupado por diez años tu vida con el amor que siempre quise darte, te quedaras a la mitad de ella sola y sin alguien que te proteja.En estos últimos años fui el hombre más feliz del mundo a tu lado, lo logramos. Tú y yo. Juntos, pero si estás leyendo estas líneas es porque ya tuve que partir para poder darle fin al ciclo de temor que a todos nos asedió. Que si estás leyendo estas líneas es porque me fui de este mundo y te dejé lo mejor de mí que fue el amor que tenía y era exclusivamente para hacerte la mujer más feliz del mundo.Sin embargo, aún estás a la mitad de tu vida y necesitas a alguien a tu lado que te ame cómo mereces. Busca ese amor, ama de nuevo y sé feliz porque yo descansaré en paz sabiendo que fui un hombre realizado. Te dejo mi vida que son mis hijos, pero también te dejo la oportunidad de una felicidad plena, busca ese amor.Tuyo
Los preparativos para una boda doble eran definitivamente mucho más exhaustivos que para cualquier otro evento. Valeria miraba la pequeña capilla de San remo en Manhattan adornada con flores blancas azules y rojas igual a los bouquet que llevarían Lilian y Amber para la celebración de sus nupcias. Todo estaba completamente perfecto porque de esa manera era que trabajaba ella, con perfección. León se encontraba en el hospital haciéndose su chequeo anual y alana se encontraba con Elena en la mansión Volkov, la que ahora le pertenecía a ella por orden de Leónid.—Todo está listo y arreglado mamá. Me están matando los zapatos —Elena le sonrió a su hija y señaló con el dedo índice hacia Liam que enseñaba a caminar a su hermanita que rondaba en los diez meses —no tengo la menor idea de que decir al respecto, pero Liam es el hijo que siempre soñé.—Siempre soñamos con él en algún momento mi amor —en ese momento la puerta de la mansión se abrió para dejar ver a Lyon llegar con unos paquetes e
En el trayecto a casa en West Village. Se hizo con una tranquilidad y un silencio bastante cómodo. Ambos hombres pasaron del terror de poder perder a la razón de su Unión. Y el motivo de su vasta felicidad.Al cruzar el umbral de la puerta de la mansión el tiempo pareció detenerse. Valeria sostenido por línea emitió un sollozo que rompió el aire al ver la silueta de los dos hombres. Lyon se adelantó y depositó al niño aún dormido en los brazos de su madre, ella lo abrazó contra su pecho derramando lágrimas silenciosas y caricias desesperadas buscando heridas o moratones que pudo haberle hecho su captora. Ella hundió el rostro en el cuello de su hijo inhalando su aroma ahogar mientras Leónid y Lyon se intercambiaban una mirada final: la familia estaba completa.…Seis meses después, el jardín de West Village se vistió de blanco y verde esmeralda. No hubo cámaras ni prensa; solo las personas que estaban dispuestas a amar y a continuar en busca de la felicidad completa, esa de los cuento
La adrenalina viajaba por las venas de ambos hombres sin permitirles casi poder respirar. Leonid aceleró por un momento antes de entrar a la recta carretera de los muelles, pero lo que los recibió fue una lluvia de luces parpadeantes rojas y azules. La confusión de ambos hombres hizo que Lyon, quién llevaba el arma empuñada la guardara enseguida y al detener Leónid el auto salió al instante de él tratando de decodificar qué fue lo que sucedió.George Folk se acercó a ambos hombres con las manos dentro de los bolsillos de su traje impecable. No sonreía, pero la satisfacción en su rostro era digna de una fotografía.—¿Qué demonios es esto? —susurró Lyon, bajando el arma al ver el perímetro acordonado por patrullas de la policía de Nueva York —. Y ¿Por qué sonríes de ese modo?—Llamé a la policía, Lyon —dijo George, adelantándose a la furia de su antiguo jefe—. No estaba dispuesto a perder a nadie más, se los dije antes. Ya ha habido suficiente sangre derramada de nuestra gente, somos un
Valeria se sentía un poco mareada e intentó abrir poco a poco los ojos pensando en que si lo hacía de esa manera podía despertar de La pesadilla que la ha azotaba sin clemencia. Apretó la sábana con sus manos intentando levantarse, pero cada vez que lo hacía el dolor en su cabeza la asediaba y una opresión en el pecho que parecía un bloque presionándolo tampoco se lo permitía.El miedo descontroló su pulso y la respiración se le aceleró a causa del del esfuerzo, sentía el cuerpo muy caliente intentaba no permitir que los nervios la dominaran de nuevo. Con esfuerzo salió de la cama descalza, sus ojos se acostumbraron a la oscuridad cuando las pupilas se dilataron, necesitaba saber con exactitud que estaba pasando, aunque sus sentidos estaban perfectamente y sabía que su hijo estaba en manos de captores.El llanto la ahogó y por un momento tuvo que detenerse antes de abrir la puerta para evitar caer de rodillas frente al umbral. Una vez casi recuperada se atrevió a abrir la puerta y sal
En la torre Volkov, Kirill estaba en el despacho de Leónid revisando una serie de cuentas donde encontró los números de telefono personales de Penelope. Miró el panorama. Si Anya pudo asesinar a su propia prima, nadie estaría a salvo si ella seguía viva. Su teléfono vibró y al recibir la llamada de George al instante su voz le resultó extraña, casi vulnerable."Liam fue secuestrado"Al instante su rostro se transformó en una máscara pétrea tratando de ocultar el mensaje que le había dado su compañero. Lo que no pudo esconder fue la preocupación del significado de sus palabras y la mención de las muertes de hombres valiosos para la escuadra.Leónis sentado tras su escritorio, dejó de firmar los contratos que tenía enfrente, su mirada se entrecerró hacia el hombre que mantenía el teléfono en el oído y aún más al ver la expresión de su rostro lo cual hizo que se levantara y diera la vuelta a la mesa para llegar frente a él.—Dilo —espetó sin siquiera preguntar —¿Qué carajos sucede para p







