El silencio en la casa Montenegro no era armonía. Era miedo e incomodidad, ese temor profuso que producía la incertidumbre de sospechar que algo andaba mal y, desconocer completamente lo que era. Valeria lo sentía en cada rincón: en la puerta cerrada del despacho, en los pasos apresurados de su padre, en las llamadas que terminaban apenas ella entraba en esa habitación.Todo en él era sospechoso.—Papá, ¿qué está pasando? —preguntó una noche, cuando lo encontró en el despacho, con los ojos hundidos de desesperación y las manos temblorosas—. Créeme que he tratado de darte tiempo para que me lo digas, pero ya no puedo esperar.Él no respondió. Solo deslizó un sobre sobre el escritorio.Dentro, había documentos que hasta ella misma había firmado. Demandas, pruebas incriminatorias y un nombre que brillaba como una amenaza: Leónid Volkov.—Lo traicioné —murmuró su padre, sin mirarla. Ella tambaleó, tomó asiento en uno de los sillones frente a su padre en el escritorio—. Pensé que podía sac
Última atualização : 2025-10-03 Ler mais