INICIAR SESIÓNholis mis preciosos fanseses n.n/ espero que les esté gustando la historia :P solo pasaba a decirles que los amo, que son los mejores fanseses que cualquiera pudiera pedir y que los amo muchos millones de mucho <3 Ah, y que con 50 me gusta les doy maratón de esta historia jaja <3
Miré fijamente el frasco sobre su escritorio. No podía apartar los ojos de él.El lobo suspiró, como si mi confusión fuera una molestia más que tuviera que soportar durante aquel día.—Esto no es veneno. Es el antídoto del veneno que ya ingeriste.Enseguida busqué sus ojos, completamente en shock.—¿Qué?Mi cerebro tardó unos segundos en procesar lo que acababa de decir.El veneno... La comida.—Sí. Envenené tu comida —dijo sin rastro alguno de emoción—. ¿Te gustaría averiguar cuál?Apreté los puños.No le contesté. No era como si importara si el veneno estaba en el agua, en la jodida manzana o en cualquier parte de la carne. El hecho era que me había envenenado, y saber exactamente en qué lo había ingerido no iba a cambiar nada.Entonces el tipo sonrió por primera vez.No fue una sonrisa amable. Fue una sonrisa depredadora.—Veo que lo entiendes. Bien. Me agradan mis esclavas cuando son listas. Hace mucho más fácil su entrenamiento.Señaló el frasco.—Ahora te llevarán de vuelta a t
No toqué la comida ni el agua.Al menos, no durante los primeros días.La mucama que había aparecido con aquella primera bandeja parecía haberse convertido en una especie de niñera. Entraba una vez cada cierto tiempo, siempre con la misma expresión aburrida, miraba hacia la cama y me preguntaba si ya había comido.Yo no respondía.Ella tampoco insistía.Simplemente se marchaba y me dejaba a solas durante horas.El lobo tampoco volvió para «decirme qué era lo que esperaba de mí».No cambiaron la bandeja de comida ni el agua. Se limitaron a dejar que mi huelga de hambre continuara hasta que mi propio cuerpo terminó por traicionarme.No pude más.Tomé un poco de agua y comí algo de la bandeja que, para entonces, claramente comenzaba a descomponerse. Después de tanto tiempo sin probar alimento, no me importó.Así fue como me encontró la siguiente vez que entró la mucama.Comiendo.Ella se quedó mirándome durante unos segundos y luego asintió.—Informaré a nuestro Alfa.Y se marchó.En mi
El mercader no volvió a mirarme después de entregarme. —Ha sido un placer hacer negocios con usted —dijo con una sonrisa exageradamente amable mientras recibía el pago. Ni siquiera esperó a que el hombre que acababa de comprarme respondiera. Se dio la vuelta y desapareció entre los demás comerciantes. Lo observé alejarse. No porque esperara algo de él. No porque me importara. Sino porque quería recordar cada detalle del rostro del hombre que había vendido mi libertad Si sobrevivía a lo que fuera que viniera después... Si lograba completar mi venganza... Regresaría y recuperaría mi collar. Mis pensamientos se interrumpieron cuando sentí un tirón en la cadena que rodeaba mi cuello. El lobo que me había comprado ya no tenía paciencia. —Sal. Obedecí. Puse un pie fuera de la jaula y avancé detrás de él mientras nos alejábamos del lugar de la subasta. No tardó mucho en hablar. —¿Cuál es tu nombre? Su voz era fría, sin curiosidad ni interés. —Yelena. El
El agua arrastró la tierra, la sangre seca y el olor del humo que aún parecía aferrarse a mi piel. Permanecí unos segundos inmóvil dentro de la tina. Cerré los ojos. Por un instante imaginé que todo aquello no era más que una pesadilla. Que al salir de aquella habitación encontraría a mi madre preparando la cena y a mi padre remendando alguna herramienta junto al fuego. Abrí los ojos. Solo encontré paredes desconocidas. Salí lentamente de la tina. Tomé una de las sábanas para secarme y terminé envolviéndome con ella. Todavía estaba acomodándola alrededor de mi cuerpo cuando escuché la puerta abrirse. El mercader entró sin molestarse en avisar. Llevaba una prenda doblada bajo el brazo. La arrojó hacia mí. La atrapé por reflejo. —Póntela. Bajé la vista. Aquello apenas podía llamarse vestido. Era una tela ligera, de un color marfil casi transparente, con un escote demasiado pronunciado y una falda que apenas alcanzaba la mitad de mis muslos. Lo observé
Los caballos redujeron la velocidad hasta detenerse por completo. Levanté la vista. Dos enormes lobos grises permanecían inmóviles en mitad del camino. Permanecían atentos, con las orejas erguidas y los ojos clavados en la carreta. Entonces ambos comenzaron a cambiar. Sus patas delanteras se alargaron, los huesos crujieron y el pelaje desapareció bajo la piel hasta que dos hombres quedaron frente a nosotros, como si aquello fuera la cosa más natural del mundo. Había presenciado esa transformación días atrás, durante la masacre de mi aldea. Aun así, verla tan de cerca volvió a revolverme el estómago. Uno de ellos observó al mercader. —¿A qué vienes? —A vender a una esclava. Ambos dirigieron la mirada hacia la jaula. Sentí que me recorrían de arriba abajo. Bajé la vista. No porque quisiera demostrar obediencia. Sino porque, si realmente buscaba acercarme a ellos, lo último que necesitaba era provocar a los primeros lobos que encontraba. Uno de los guardias dejó escapar un
—¡Desgraciado! ¡Sácame de aquí! ¡Devuélveme mi collar! Me lancé contra los barrotes con todas mis fuerzas. El hierro apenas vibró. La neblina se aclaró y pude ver un poco del sendero. Al frente de la carreta, el mercader soltó una breve carcajada. Ni siquiera se molestó en volver la cabeza. —Si sigues gritando de esa forma, vas a atraer su atención antes de tiempo. Apreté los dientes. —¡No me importa! —A mí sí. Su voz seguía siendo tan tranquila que resultaba irritante. —Y también debería importarte a ti. Volví a sacudir la puerta de la jaula. Inútil. Sentí cómo la desesperación comenzaba a apoderarse de mí. —¡Bájame ahora mismo! El mercader dejó escapar un suspiro. —Escúchame con atención, muchacha. Solo porque hoy me siento especialmente generoso, te diré en qué situación te encuentras. No respondí. Continué fulminándolo con la mirada. —Nos dirigimos a una subasta. Mis manos dejaron de golpear los barrotes. Fruncí el ceño. —¿Qué? Él sonr







