Mag-log inEl tiempo pareció perder su forma mientras la tormenta continuaba rugiendo sobre las montañas. Entre besos que se volvían más profundos, caricias cuidadosas y palabras susurradas contra la piel, ambos fueron dejando atrás la distancia que todavía habían mantenido por temor a lo que el otro pudiera d
El beso se volvió profundo, impaciente, cargado de todos los temores que habían atravesado desde el momento en que Elena fue secuestrada. Damian la besó como si necesitara comprobar una y otra vez que estaba allí, pero nunca dejó de prestar atención a sus movimientos ni a la manera en que ella respo
La sonrisa de Damian desapareció, y durante unos segundos no respondió. Elena había pronunciado aquellas palabras sin dramatismo, pero cada una de ellas llegó hasta una parte de él que rara vez permitía que alguien tocara. Estaba acostumbrado a que sus subordinados temieran su autoridad, a que sus a
Elena despertó lentamente, sin saber al principio cuánto tiempo había transcurrido desde que el cansancio la había vencido en aquel refugio perdido entre las montañas. Lo primero que percibió fue el sonido de la lluvia golpeando el techo, ahora menos violento, y el calor que envolvía su cuerpo como
—Damian, por favor, tienes que detenerte un momento —suplicó, incorporándose ligeramente entre sus brazos—. La sangre no deja de salir. No puedes seguir caminando así, cargándome mientras estás herido. Podemos buscar un lugar donde refugiarnos y llamar a alguien para que venga por nosotros.—Lo hare
Elena no alcanzó a responder. Damian bajó la mirada hacia sus labios y, durante una fracción de segundo, pareció luchar contra la necesidad de comprobar que realmente estaba allí, viva y libre entre sus brazos. Después la besó. No fue un beso pausado ni cuidadosamente preparado, tampoco una caricia







