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4| Regresar al infierno.

Autor: DiegoAlmary
last update Fecha de publicación: 2024-03-26 09:44:22

Sara se recostó en la puerta y lloró.

No podía ser que después de tantos años los sentimientos que tenía por él no hubieran desaparecido, ella lo sabía en el fondo, sabía que lo seguía amando a pesar de todo, pero nunca imaginó que volvería a verlo, ni siquiera cuando regresó a la ciudad temió que pudiera encontrarlo. Siempre trataba de evitar los lugares donde podría tal vez encontrarlo, pero nunca imaginó que sería el hombre de La despedida de soltero. 

Cuando paró de llorar y los recuerdos dejaron de atormentarla, se puso de pie y caminó hacia los diseños. Tenía que terminar dos vestidos esa misma tarde, esos le permitirían vivir al menos una semana, después ya verían qué lograban hacer. 

Estaba trabajando en ellos intentando no pensar en Emiliano y en que podía quitarle a sus hijos si no aceptaba la propuesta de diseñar para Casa Monter cuando la puerta se abrió, su hermana Sofía y sus hijos entraron por ella con el uniforme del colegio.

— ¿Qué están haciendo aquí tan temprano? — los regañó, Sofía se metió las manos en los bolsillos de la falda, mientras la niña corría a darle un abrazo a su madre.

— Lo que pasa es que nos suspendieron porque hicimos algo malo, pero no te preocupes, nos dejarán estudiar en casa una semana y luego regresaremos —Sara se cruzó de brazos, luego miró hacia su hijo que le agachó la mirada.

— Mami, Es que no nos dejaron entrar porque no has pagado la mensualidad — la tía del niño lo regañó. 

— Lo siento, hermana, no quería decirte la verdad para que no te sintieras presionada, ¡Pero no importa! Yo puedo enseñarle a Mael y a Mara desde la casa — Pero Sara negó.

— ¿Y a ti quién te enseña? Estás a punto de graduarte, no puedes darte el lujo de perder este año — les dio la espalda para que no vieran Como los ojos se le llenaron de lágrimas. Observó su casa con manchas y humedad.

Regresar a Casa Monter podía ser un infierno, las razones por las que salió de allí eran variadas, pero podría ser diferente. Cuando se casó con Emiliano compartían su casa junto con su familia, trabajar en la empresa podía ser diferente, era otro ambiente, otro lugar, así que se enjaugó las lágrimas y se sonó en la nariz con el delantal.

— Tranquilos, Todo va a estar bien — les dijo — Sofía, ayúdame a terminar estos vestidos, Mañana tengo una entrevista de trabajo.

— No me digas que al fin vas a dejar tu carrera de bailarina exótica — preguntó la muchacha con alegría, pero Sara no contestó.

Pasaron el resto de la mañana y la tarde terminando los vestidos, cuando llegó la noche Sara tomó el teléfono y lo apretó contra el oído. 

Recordaba perfectamente el número de la empresa pero luego negó, si ella iba a ganarse ese puesto lo haría legalmente, así que colgó de nuevo, tomó los cuadernos con sus diseños y los observó. Claro que podía ganarlo, era buen momento para regresar. 

La razón principal por lo que había abandonado a emiliano estaba fuera de ese país, las cosas, imaginó, ya debían haber cambiado, Así que en la mañana siguiente se puso su vestido más bonito, el de flores amarillas a media pierna, se trenzó el cabello y se maquilló de una forma muy decente. 

Cuando llegó a la empresa, apretó el cuaderno con fuerza contra su pecho en un abrazo. Cuando estaba casada con Emiliano no había ido muchas veces a ahí, pero las pocas veces que cruzó por la puerta fueron un verdadero infierno. 

El portero le dio la entrada y Sara caminó, no quería encontrarse con nadie de su antigua vida, al menos no ese día. Cuando llegó al tercer piso salió del elevador y observó una enorme y larga fila llena de personas variadas con vestidos demasiado llamativos, evidentemente eran los candidatos a convertirse en los diseñadores de la empresa Casa Monter, así que Sara se acomodó en la parte trasera de la fila y guardó silencio. 

Comenzaron a pasar los minutos, persona a persona eran llamadas a la sala de juntas y luego salían llorando o con cara de tragedia. El diseñador de la empresa era una de las partes más importantes de la compañía y Sara sabía que aquella decisión se tomaba con la junta en pleno, cosa que la aterró, pero ya estaba ahí, ya no podía retroceder. 

Un rato después observó aterrorizada como una de las hermanas de Emiliano salió por el ascensor, venía con su otra hermana, eran tres mellizas idénticas. Sara antes podría distinguir quién era quién, pero habían pasado muchos años así que ya no sabría decir cuál de las dos era cual. 

Se cubrió la cara con la con el libro para que no la vieran, pero las mujeres se detuvieron frente a todos y observaron entretenidamente a cada diseñador.

— No puedo creer que tengamos que hacer esto, me parece humillante, Casa Monter debería de contratar un excelente diseñador de alta costura, no hacer entrevistas de esta forma como si fuésemos a contratar una secretaria — claramente, por el tono de voz y la arrogancia, era Luna. 

Cuando pasó por el lado de Sara, accidentalmente le golpeó el hombro, o no tan accidentalmente. El libro de Sara cayó al suelo y rodó, Sara salió corriendo tras él, lo tomó del suelo, lo levantó y cuando dio la vuelta se encontró frente a frente con Luna. 

Era alta como su hermano Emiliano, las tres tenían el cabello oscuro y los ojos verdes.

— ¡Tú! — le gritó la mujer en cuanto la vio — tú — repitió con rabia — ¿Qué estás haciendo aquí, m*****a z0rra? — Sara trató de abrir la boca para defenderse, pero la mujer se acercó a ella, de un movimiento rápido la tomó por el cabello y comenzó a arrastrarla hacia el elevador — no vuelves a pisar mi empresa, m*****a estúpida. ¿Cómo se te ocurre volver a nuestras vidas, estúpida? Te voy a sacar a rastras de aquí — comenzó a llevar a Sara arrastrada por el cabello hacia el elevador y cuando Sara estaba a punto de defenderse, una voz firme y autoritaria gritó desde lo lejos.

— ¡Suéltala ahora! — ambas se detuvieron y se volvieron para ver a Emiliano Monter, furioso, caminando hacia ellas. 

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Comentarios (2)
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Ohhani Marquez
La verdad es decepcionante q ella no diga la verdad y q le mintiera a sus hijos, fue cobarde en abandonarlo sea lo q sea, ella le dio una mala imagen a sus hijos d su padre y eso es imperdonable el sufrió sin saber el porq d su abandono.
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Elvira Portillo
Creo que es hora de hablar Sara
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Último capítulo

  • La esposa perdida del CEO   FIN

    Sara no sintió rabia ante la confesión de Luna, ni tampoco sintió placer al verla descompuesta frente a ella. Estiró la mano y agarró la de Luna con fuerza. La mujer trató de apartarla, pero Sara la mantuvo sujeta.— Déjame adivinar, ¿Mario? — preguntó Sara, y Luna asintió.— Él me dijo que tú le eras infiel a Emiliano. Me mintió y me manipuló. Por eso contraté a una prostituta para que fingiera que se acostaba con él. Yo ni siquiera supe cómo lo drogaron.— ¿Tú eres la mujer que aparecía en el video de seguridad con el casco de motociclista, cierto?Luna asintió. — No sabes cuánto me ha pesado estos años. Cuando regresaste a Casa Monter, tenía miedo, por eso me comporté tan hostil. Tenía miedo de que supieras la verdad. Tenía miedo de que mi hermano me delatara por ello.Sara apretó con más fuerza la mano de la mujer. — No es tu culpa, es culpa de Mario. Él fue quien nos manipuló, quien nos usó. De verdad lamento que hubieras tenido que llegar a eso. Pero lo importante es que es

  • La esposa perdida del CEO   47| Muerte.

    Sara vio cómo Emiliano saltó hacia un lado, esquivando el próximo disparo de Ezequiel. Se escondió tras la puerta. El segundo hombre que había subido con Emiliano corrió hacia él para tratar de dispararle, pero otro disparo en su hombro lo hizo rodar por las escaleras.Sara se apoyó en la pared y se empujó. Los perdigones de las balas pasaban volando por sobre su cabeza. Cuando cayó, la silla de madera se rompió y el espaldar se le clavó en las costillas, pero no le importó. Se removió y los trozos de madera que la sujetaban a la silla comenzaron a apartarse, dejándola libre.Sara se puso de pie, sin zapatos, cansada y con miedo. A lo lejos logró ver un tubo metálico y lo sujetó. — ¿A dónde vas, perra? — le gritó Ezequiel.Pero Sara logró refugiarse detrás de una pared antes de que el hombre le disparara. Las balas rompieron el concreto a su lado. Ezequiel disparaba a diestra y siniestra. El sonido del helicóptero se hacía cada vez más fuerte. Sara vio cómo un par de hombres más b

  • La esposa perdida del CEO   46| Plan macabro.

    Sara sintió un desasosiego en el estómago cuando vio a Emiliano subir por las escaleras. Sabía para qué lo quería Ezequiel. Sabía que quería matarlo. No entendía las razones o el porqué, pero lo haría.Ella no era más que una carnada y Emiliano había caído en su juego. Cuando el hombre la miró, ella negó con vehemencia. Quiso gritarle que corriera, pero tenía la mordaza bien puesta en la boca. Comenzó a empujarla con la lengua mientras los hombres tenían una corta conversación. Necesitaba quitársela, necesitaba gritarle que corriera, pero era demasiado tarde.Ezequiel sacó el arma, apuntó hacia el suelo, pero la aferró con fuerza en la mano. — Quiero tu vida — le dijo a Emiliano.Su esposo levantó la cabeza. Pensar de esa manera hizo que el nudo en su estómago creciera aún más. Su esposo, era su esposo porque legalmente lo era, porque ella quería que lo fuese, porque ni siquiera se habían divorciado. Pensarlo como su esposo hizo que sintiera esa sensación de protección y que ella

  • La esposa perdida del CEO   45| Entre la espada y la pared.

    Emiliano apretó su teléfono con fuerza y dio un paso atrás, alejándose de la ambulancia. Jimena lo observó detenidamente. El indicador de llamadas decía que era Ezequiel, su suegro, o mejor dicho, su exsuegro. Emiliano sintió una extraña sensación en el estómago, como un mal presagio. — Esto es imposible — dijo, y luego contestó la llamada — . ¿Qué quieres? — preguntó con un poco de impaciencia.Al otro lado, Ezequiel soltó una carcajada. — Sorpresa — dijo — Creo que este jueguito termina hoy.Emiliano se sujetó del poste que tenía a un lado para no perder el equilibrio. — Entonces eres tú. Todo este tiempo siempre fuiste tú.Ezequiel suspiró profundamente al otro lado de la llamada. — Me parece que eres demasiado ingenuo. Fue realmente fácil desviar la atención hacia mi hija.— Es un monstruo, ¿por qué le hiciste esto? — El hombre se rio nuevamente. — Ella me lo perdonará, es mi hija. Todo lo que hago, lo estoy haciendo por su bien. — ¿Intentar asesinarme lo estás

  • La esposa perdida del CEO   44| Sin vendas en los ojos.

    Emiliano supo en ese instante que aquella sensación que lo atormentaba lo acompañaría de por vida. Fue un miedo visceral, profundo, algo instintivo. No era como cualquier miedo que hubiese sentido anteriormente, ni siquiera en el atentado en el que casi le arrebatan la vida había sentido tal sensación de vacío. Era como si hubiese saltado de varios kilómetros de altura hacia una muerte segura. — ¿Señor, sigue ahí? — le preguntó el hombre de su esquema de seguridad — . Le estoy diciendo que acaban de secuestrar a la señora Sara.Emiliano se tardó un largo segundo en entender lo que estaba pasando, en comprender lo que significaban aquellas palabras. Cuando todo regresó a él, le golpeó el pecho con tanta fuerza que cayó sentado en el mueble. Ni siquiera se había dado cuenta en qué momento se había puesto de pie. — ¿Qué sucedió? — le gritó al teléfono, aterrado. — Ella había terminado de hablar con la señora Lara cuando unos tipos las interceptaron. Traían una granada, volaron nuest

  • La esposa perdida del CEO   43| ¿Quién es el enemigo?

    Ana se metió debajo de la camioneta. Creyó que era la única forma que tenía para escapar de la balacera. Arrastró a Jimena consigo. La mujer se quejó de dolor, pero al parecer la bala había tenido también un orificio de salida. Esperó que no hubiera afectado ningún órgano importante. De todas formas, presionó con fuerza el agujero por donde brotaba la sangre y la mujer tomó su teléfono, presionó un par de teclas y luego lo dejó caer de costado. — Ya llamé a la policía, vendrán en unos minutos. — ¿Quiénes son esos hombres? — preguntó Sara. La balacera seguía intensa. Los perdigones de las balas rebotaban sobre el pavimento y golpeaban el metal del auto sobre sus cabezas. — Unos son del esquema de seguridad de Emiliano. Él los envió detrás de nosotras porque no confiaba en Lara, pero los otros no sé quiénes son.Sara escuchó el ruido de algo caer al suelo, algo metálico, luego una fuerte explosión lanzó la camioneta de los hombres que habían llegado a defenderlas hacia un costado.L

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