INICIAR SESIÓNPov Lilian
—Psicópata! ¡Es un puto psicópata hijo de perra! —digo una vez estoy completamente sola en mi habitación/jaula.
Mentiría si dijera que no estoy decepcionada y frustrada, de verdad pensé que podría librarme de Alonso y de este lugar, pero de nuevo estoy aquí con el áspero collar en mi cuello. Lo peor de todo es, que ni siquiera recuerdo como termine conociéndolo.
— Inútil— digo rendida, después de intentar por dos horas quitarme el collar.
Una parte de mi agradece que la cena no se alargará más, ya que al parecer a Alonso le surgió un “contratiempo” y por esa razón cancelo nuestra para nada grata cena.
—Solo quiero irme— digo en un susurro bajo, mientras cierro los ojos tapándome la cara.
Alonso ha mostrado todas sus cartas, ahora, literalmente estoy en jaque. En estos momento no se me ocurre nada para intentar escapar. Solo sé que necesito hacerlo, pero no sé cómo.
Decido dormir un poco, tal vez consultar mis ideas con la almohada no sea del todo mala idea.
Aunque intento dormir mis sueños no ayudan en nada.
Despierto cada poco, con el sonido del disparo, demasiado cerca de mis oídos, la sensación demasiado vivida como para ignorarla. Cada vez que abro los ojos solo puedo desear despertar de este mal sueño.
En momentos como este solo puedo preguntarme ¿Qué fue lo que hice esa noche? ¿Cómo termine con el rey demonio de la mafia como esposo?
Lo único que recuerdo es salir a beber con una amiga, recuerdo ir a un bar pedir unos cuantos tragos y después de eso nada… no logro recordar que paso después.
Aunque pregunte muchas veces porque, Alonso nunca responde. Podría preguntarle a mi amiga, a quien no he visto desde esa noche, no es que no le hubiera llamado, es solo que ella nunca me respondió.
La incógnita de esa noche aun me persigue hasta hoy, si supiera que paso esa noche tal vez, solo tal vez Alonso me dejaría ir.
—Supongo que eso no sucederá— digo al viento.
—¿Soñando despierta? — dice esa voz ronca.
Me incorporo rápidamente para ver a la persona que entro silenciosamente a la habitación, y como no es sorpresa es Alonso con un elegante traje de diseñador que sorpresivamente esta arrugado, aunque admitiré que aun así no le queda para nada mal, tal vez se vería mejor si no fuera Alonso.
—perdón ¿te asuste? — dice con una sonrisa arrogante en la cara.
No le respondo, mi mirada se fija en la camisa blanca que trae, los dos primeros botones están desabrochados dejando ver su clavícula marcada, me concentro en algo más simple, las pequeñas gotas de sangre que manchan su piel.
—Sabes me fascina cuando me miras — dice provocando que desvié la mirada a otro lado lo cual hace que Alonso suelte una pequeña risa.
Decido permanecer en silencio, ignorándolo por completo.
“Tal vez se vaya si lo ignoro”
Pov Alonso
Observo como Lilian se queda en completo silencio después de mis palabras, aunque parece un gatito asustado, sus ojos tienen ese brillo rebelde planeando una nueva manera de escapar de mí.
La duda me carcome, ¿qué planes estará ideando en esa cabeza suya?
Aunque debo admitir, que esa mirada suya, llena de desafío y determinación por no rendirse ante mí es lo más atractivo que tiene. Durante estos tres años solo he podido soñar con el día en que esa mirada llena de desafío se rompa ante mí.
Lo suficiente para saber que ella es totalmente mía pero lo justo para que esa mirada siga desafiándome. Aunque me ignora, su silencio y su expresión llena de disgusto y odio hacia mí, no hacen más que emocionarme, emocionarme por el día en que ella grite bajo de mí, suplicando por más. Aunque también podría estar arriba, las posiciones son lo de menos.
La observo en silencio, su cabello rubio antes castaño esta todo alborotado, tiene una pijama de color rojo, que, si bien cubre todo su cuerpo, no puede evitar que piense en su piel.
Para mí es una diosa, una creación perfecta.
Bueno casi perfecta, si no fuera por ese fastidioso color rubio. La idea de pintar su cabello a su castaño natural me pasa por la mente, pero la descarto casi de inmediato. Su cabello castaño era suave y brilloso si lo pito no se vería igual, lo mejor es dejar que vuelva a crecer.
Ella sigue sin hablar, ignorándome completamente, y ese silencio, aunque no me dice nada me transmite su rebeldía, por eso es ma rebelle (mi rebelde).
— ma rebelle — hablo mientras camino hacia ella, recordando el verdadero motivo por el que vine. — Muéstrame tu pierna.
Pov Lilian
—¿Qué? — pregunto totalmente desconcertada.
—Tu pierna, Lilian —repite, esta vez con una calma tan peligrosa que me paraliza.
Antes de si quiera poder responder, ya estaba frente a mí. Intento esconder mi pierna mientras trato de alejarme de la repentina cercanía, pero se acerca más, sus dedos rosando la tela de mi pantalón.
Intento alejarlo con mi mano, pero la atrapa rápidamente.
—Tranquila —susurra—, no voy a hacerte daño.
Lo ultimo lo dice mientras con movimientos agiles comienza a levantar la tela, dejando al descubierto mi piel morada y con rapones, ya tiene costra.
Alonso pasa los dedos cerca, sin tocar. Su respiración roza mi rodilla, y me invade una mezcla de asco y miedo. Por un momento me parece ver como su mirada se suaviza solo para volver a endurecerse rápidamente.
—Te voy a poner guardaespaldas — dice mirando mi herida
—que? ¡No!... no puedes hacer eso— digo con la voz hecha un nudo.
—No puedo permitir que te lastimes —dice, sin apartar la mirada de mi pierna.
—¿Y desde cuándo te importa? — digo intentando que mi voz suene firme, a pesar de su cercanía.
—Desde que eres mía.
Su respuesta cae como un golpe.
Intento apartar su mano, pero no me deja. Sus dedos se aferran a mi muñeca con firmeza, sin fuerza excesiva, solo lo suficiente para recordarme quién tiene el control.
Hola querido lector ¿sabias que ma rebelle significa mi rebelde?, creo que es un apodo perfecto para Lilian.
Pov Lilian—No.—¿No qué?—No digas nada todavía.—¿Vas a...?—Lilian.Cierro la boca.Él mete una mano dentro del abrigo.Mi corazón empieza a latir con tanta fuerza que casi me parece ridículo.—Antes de que digas algo —empieza—, sé que técnicamente esto es extraño.—Estamos casados.—Exactamente.—Muy extraño.—Déjame terminar.Hago un gesto de cerrar la boca.Alonso respira.Y por primera vez desde que lo conozco parece verdaderamente nervioso.No cuando le apuntaron con armas.No cuando entró a una base.Ahora.Conmigo.—La primera vez que nos casamos no hicimos muchas cosas bien.No digo nada.—Yo no hice muchas cosas bien —corrige—. Hubo secretos, decisiones que tomé por los dos y demasiadas veces en las que pensé que protegerte significaba decidir por ti.Lo observo.—No quiero volver a hacer eso.Mi garganta se aprieta.—No puedo cambiar lo que pasó. Tampoco quiero fingir que nuestro matrimonio no importa porque importa. Mucho.Mira hacia mi abdomen.—Todo lo que nos trajo ha
Pov LilianTres meses después descubro que estar embarazada de Alonso tiene una desventaja importante. Todo el mundo se vuelve insoportable.No solo él.Todos.Marcos me quita una taza de café de las manos.Lo miro.—Devuélvemela.—No.—Marcos.—Órdenes.—Puedo tomar café.—Él dijo que no.Señalo hacia Alonso, que está sentado al otro extremo de la mesa revisando algo en su teléfono.—Él no es médico.—Eso le dije.—¿Y?—Me miró.—Cobarde.—Quiero vivir para conocer al bebé.Alonso levanta la mirada.—Te escuché.—Era la intención —respondo.Mi embarazo ya se nota.No demasiado, pero lo suficiente para que ninguna de mis prendas favoritas cierre correctamente.También lo suficiente para que Alonso mire mi abdomen cada vez que entro en una habitación.Al principio fingía que no lo hacía.Ya dejó de intentarlo.—El médico dijo que puedo tomar una taza pequeña —digo.Alonso mira a Marcos.—Devuélvesela.Marcos abre los brazos.—¿Entonces para qué me haces quitarle cosas?—Yo no te pedí q
Pov Lilian—No necesito que Alonso sea bueno para saber que quiero estar con él —continúo—. Tampoco necesito fingir que nunca ha hecho cosas terribles. Las ha hecho. Tenemos mucho que resolver.Miro a Alonso.Él sostiene mi mirada.—Muchísimo.—Estoy aquí —continúo— porque lo elegí.García mira a Alonso.—¿Y cuando vuelva a ocurrir?—¿Qué?—Cuando alguien vuelva a utilizarte para llegar a él.La pregunta duele porque es exactamente lo que me preocupa.—Entonces lo enfrentaremos.—¿Con un bebé?Todo se detiene.Alonso se mueve primero.—¿Qué dijiste?García mira hacia mí.Demasiado tarde.Instintivamente llevo una mano hacia mi abdomen.Sus ojos siguen el movimiento.Mierda.No lo sabía.Solo estaba hablando.Alonso se coloca completamente delante de mí.—Vete.Su voz cambia.Ya no hay conversación.—Alonso.—Ahora.García mira mi abdomen.—Estás embarazada.No respondo.No necesito hacerlo.—Lilian...—No.Alonso avanza.—Dije que te fueras.García lleva la mano hacia su cintura.Todo
Pov LilianGarcía llega un martes.Lo sé porque los martes el jardinero corta los rosales del lado oeste de la casa y llevo toda la mañana observándolo desde la ventana de la biblioteca mientras intento convencerme de que leer sobre cunas es una actividad perfectamente normal.No lo es.Hace una semana ni siquiera sabía que estaba embarazada.Ahora tengo tres libros sobre embarazo, dos sobre bebés y una discusión pendiente con Alonso porque descubrí que uno de sus hombres ya está investigando cuál es el automóvil más seguro para transportar a un recién nacido.Según Alonso, él no se lo pidió.No le creo.Estoy precisamente intentando decidir si necesito comprar otro libro cuando escucho que la puerta de la biblioteca se abre.Levanto la cabeza.Alonso entra.No dice nada.Eso basta.Cierro el libro.—¿Qué pasó?—Tenemos un problema.Mi estómago se aprieta.—¿Qué clase de problema?Alonso se acerca a la ventana y corre ligeramente la cortina.—Encontraron un vehículo cerca del límite n
Pov LilianEl resto del día se convierte en una mezcla extraña de médicos, preguntas y Alonso comportándose como si hubiera descubierto que soy de cristal.El doctor quiere hacer estudios, cambiar algunos medicamentos y revisar exactamente qué tomé durante los últimos días. Me explica que por ahora no debemos adelantarnos y que primero necesitamos calcular de cuánto tiempo estoy.Alonso escucha todo.Absolutamente todo.Incluso toma notas.—¿Estás escribiendo?—Sí.—¿Por qué?—Porque está hablando rápido.El médico lo mira.—Puedo repetirlo.—No es necesario.—Alonso.—¿Qué?—Guarda el teléfono.—Estoy tomando notas.—Me estás poniendo nerviosa.Lo guarda.Dos minutos después vuelve a sacarlo.—Alonso.—Solo quiero comprobar una cosa.—No busques cosas en internet.—No iba a...Lo miro.Guarda el teléfono otra vez.—Bien.El médico intenta ocultar una sonrisa.—Voy a necesitar que descanses.Gimo.—No.—Sí.—Llevo descansando semanas.—Ahora tienes otro motivo.Alonso asiente.—Exacta
Pov Lilian—Alina acaba de recuperar una piedra por la que hay personas dispuestas a matar. Tienes enemigos que ni siquiera conozco y debajo de nuestra casa hay mochilas preparadas por si tenemos que desaparecer.—Las mochilas son precisamente para...—Ese es el problema.Se queda callado.—No quiero que un hijo nuestro aprenda que es normal tener tres pasaportes antes de aprender a leer.Alonso me mira.—Tú tienes tres.—Exactamente.—Puedo reducirlos a dos.Lo miro.Él intenta no sonreír.—No tiene gracia.—Un poco.—Alonso.—Lo siento.No parece arrepentido.—Estoy hablando en serio.—Yo también.Su expresión cambia.—Te escucho.Eso me hace continuar.—No quiero vivir esperando que alguien aparezca. No quiero que un niño tenga guardaespaldas antes de saber caminar. No quiero preguntarme cada vez que sales si vas a regresar.—Voy a regresar.—No puedes prometer eso.Alonso abre la boca.Después la cierra.—No —admite.Me quedo mirándolo.—Gracias.—¿Por qué?—Por no decir que sí so







