INICIAR SESIÓNLa risa de Axel la despertó de un sobresalto, pero no abrió los ojos.
—¿Entonces qué le dijiste? —le preguntó él al hombre que bufaba al volante.
—¿A ese idiota? Le apreté las bolas y salí corriendo —ambos rieron —nunca se imaginó que me daría cuenta que tenía esposa, patético.
—¿Por qué te pasan cosas tan raras? —le preguntó y hubo un silencio.
—He tenido mala suerte, Axel, solo es eso —Myra sintió el pecho del joven subir y bajar en un gran suspiro.
—Tampoco he tenido mucha suerte —dijo —mis padres me abandonaron cuando tenía cuatro o cinco años, supuestamente, una mujer de mi pueblo me terminó de críar, y la vida nunca me ha dado nada por lo que no hubiera tenido que luchar con cada lágrima y cada gota de sudor —Myra se quedó lo más inmóvil posible. Su vida tampoco había sido tan fácil, su madre había muerto cuando ella había nacido.
—La ventaja que te da la vida cuando te golpea tan fuerte es que la recompensa al final es más grande —le dijo Claudio y Axel sonrió .
—¿Crees eso? —le preguntó, había un tono melancólico en su voz.
—Con cada fibra de mi ser —la conciencia de Axel se coló en la suya.
—Sé que estas despiertan, chismosa.
—No soy chismosa —Protestó Myra y se levantó. Cuando se alejó del cuerpo cálido del chico sintió frio.
—La bella durmiente —le dijo Claudio y ella sonrió —Ya casi llegamos. ¿Exactamente dónde quieren que los deje? —la muchacha miró a Axel que veía por la ventana. Pradera se veía en medio del bosque como un pueblo grande, con muchas casas y pocos edificios con tonos coloridos. Axel le dio la dirección y cuando entraron por el puente que daba inicio a la ciudad Myra se quedó con la boca abierta, era grande y llena de colores por todas partes, la arquitectura era moderna, de balcones llenos de flores y muchos árboles en medio de las calles y en las esquinas, había lugares con techos para los vendedores ambulantes que tenían las vitrinas llenas de miles de chucherías.
—Es linda, ¿no? —le preguntó Claudio a Myra y ella asintió, pero el codazo que le dio Axel le sacó un poco el aliento
—Siempre me pasa cada que vuelvo, es como si la viera por primera vez, aunque me hubiera ido ayer —Claudio, frente al volante, sonrió mirándolos por el espejito que tenía en la parte de arriba. Myra se sintió tonta, nunca había tenido que mentir tan descaradamente y se sentía mal por ello.Cuando llegaron al destino indicado, Axel bajó por la puerta junto a la acera y ella lo siguió, se acercó a la ventana del conductor y le tendió un billete.
—Niño tonto —le dijo y Axel se quedó en blanco. Claudio tomó el billete y escribió algo con una pluma que tenía en un pequeño cajón y luego se lo devolvió.
—Ese es mi número por si me llegan a necesitar algún día, nunca tengo nada que hacer — Antes de subir el vidrio los señaló, uno por uno —Para la próxima piensen bien la mentira, o mejor no hablen —se rio de su propia broma y Axel sonrió.
—Gracias, Claudio.
—Un placer, grandote —se alejó mientras ponía una canción en la radio que estaba en otro idioma y cuando Axel se volvió hacia Myra ella lo miraba con una ceja levantada.
—¿Qué? —dijo y ella negó.
—¿Qué pasó con el: “No podemos confiar en él”? —él se encogió de hombros.
—Es un hombre amable, y cuando pasa su momento pervertido es hasta chistoso —señaló a la espada de la chica una casa de puerta roja con una mano pintada con trazos muy oscuros, la mano tenía el dedo de en medio levantado.
—Gran bienvenida —dijo Myra y Axel tragó saliva.
—Se pondrá mejor —avanzaron por la amplia acera. Eran más de las dos de la tarde y las personas pululaban por ahí como mariposas acarreadas por el viento, y cuando Axel golpeó tres veces la puerta Myra vio cómo se tensó de inmediato.
—No me digas que es tu ex —le dijo Myra y él sonrió con desgana.
—Peor —dijo casi en un susurro —es la mejor amiga de mi ex —Myra se rascó la cabeza.
—¿Hay algún puente por aquí donde pueda tirarme? —antes de que él contestara la puerta se abrió de golpe, y una chica morena y alta los recibió con cara de odio.
—Olí tu peste desde antes de que te arrastrarás fuera de ese asqueroso auto —le dijo a Axel . La mujer, de unos veinte cinco, tenía la piel más hermosa que Myra había visto, no tenía ni un solo poro visible y el cabello, trenzado arriba y rapado por los lados, tenía varios colores.
—Luciana —le dijo él en un tono alegre muy sobreactuado —cuanto tiempo, que hermosa estas, ¿Has estado tomando el sol? —ante lo último la mujer sonrió de medio lado y la pared fría y grosera se derrumbó.
—¿Qué quieres, idiota? —el insulto sonó más a aun pronombre amigable que a un insulto —infartar viejitas andando así — lo señaló de arriba abajo y él miró a Myra, que saludó a la mujer con la mano en el aire —No me digas, ¿los encontró su esposo y están buscando refugio? —Myra estaba cansada y tenía hambre.
—Nos persiguen para matarnos —le dijo y la perfecta sonrisa de dientes blancos que tenía la morena desapareció. Miró a Axel en busca de respuestas y él se besó el puño cerrado.
—Te prometo que esta vez no hice nada —la mujer blanqueó lo ojos y se apartó.
—Mejor entren, está haciendo frio.
Unas pequeñas escaleras conducían al segundo piso, y eran tan estrechas que Axel casi tenía que subir de lado. Cuando terminaron de subir Myra se quedó con la boca abierta, era un departamento amplio, con colores cálidos y todo estaba tan perfectamente ordenado que se sintió como una mosca en la leche.
Terminó de entrar y la mujer la empujó por el hombro.
—Vamos, siéntate —le dijo, había un enorme sillón de color gris claro frente a una ventana que hacía las veces de pared y que daba a la calle dejando entrar mucha luz —Creo que somos de la misma talla, dejame te traigo algo —se dirigió a Axel que se sentaba plácidamente junto a Myra —tu ropa está en el bote de la basura —salió de la sala contoneando el vestido floreado que traía puesto y Myra miró al muchacho que tenía los ojos cerrados y los brazos cruzados sobre la cabeza.
—¿Qué le hiciste a su amiga? —le preguntó y él le apuntó con el dedo sin abrir los ojos.
—Que me hizo ella a mi —ella negó mientras se dejaba llenar por lo cálido del lugar, y le estaba comenzando a entrar sueño cuando la chica morena entró con un par de pantalones y blusas. Le tendió un par de medias, unos calzones rojos de encaje y un sostén.
—Por suerte estos los compré hace unos días y no los he usado —le dijo y Myra los tomó con manos temblorosas.
—Te los pagaré —la morena meneó la mano en el aire restándole importancia y le indicó donde quedaba el baño.
Cuando Myra entró, vio que allí había todo lo necesario, jabón íntimo y hasta protectores.
—Toma todo lo que necesites —le había dicho antes de dejarla sola. Cuando el agua caliente se deslizó por su cuerpo no pudo evitar que saliera un quejido de placer, había estado tanto tiempo en el frio que casi no recordaba lo que era tener calor en el cuerpo. Pasó más de cuarenta minutos limpiando cada rastro de tierra que tuviera pegados en la piel y cuando se miró en el espejo casi le da un infarto; su cabello tan rubio que casi parecía blanco estaba enredado y con un par de ramas completando el look, tardó otros veinte minutos en dejarlo lo mejor que pudo. No logró hacer nada con las ojeras que oscurecían más el verde de sus ojos y se vistió con una sensación pesada en el cuerpo.
Cuando se calzó los zapatos, que le quedaban solo un poco grandes, comprobó en sus imagen completa que no se veía tan mal, con unos pantalones de tela gruesa ajustados y una camisa blanca de colgantes. Cuando llegó a la sala de nuevo, un olor a carne asada le produjo tanto dolor en el estómago que tuvo que sostenerse de la pared para no caer. Lo siguió hasta que dio con la cocina, un lugar amplio con un tragaluz que dejaba entrar la luz del sol. Axel estaba sentado en una banca alta justo debajo de la luz del sol, como una lagartija buscando calor. Cuando la vio se la quedó mirando por un momento y luego le apartó la mirada con las mejillas rojas.
—Ya veo por qué cambiaste a mi amiga —le dijo la morena que estaba tras la barra americana sirviendo dos enormes platos de comida. Axel bufó.
—Tu amiga está loca, quería que dejara San Narciso para vivir con ella, y apenas llevábamos saliendo dos semanas, ni siquiera estuvimos juntos, ya sabes, qué tal que no me gustara, hay que probar primero entes de comprometernos —Luciana le hizo una mueca de asco y le señaló el plato. Cuando se puso de pie Myra vio que también se había bañado, traía el cabello negro aplastado por la humedad, unos pastalones negros y una camisa amplia color rosa pastel. Cuando llegó hasta la barra americana tomó el plato y le lanzó un mordisco enorme a la carne caliente dejando escapar un quejido de placer.
—Toma, nena —le dijo Luciana a Myra señalándole el plato. Myra se sentó en la banca y tomó el tenedor —Les serví mucho, sé que los lobos tienen un apatito voraz —se rio de su propia broma y Myra dejó caer el tenedor sobre la barra mientras le lanzaba una mirada a Axel que estaba entretenido degustando la mazorca de maíz —Tranquila —le dijo Luciana —sé su secreto, este muchacho es muy poco precavido —lo señaló y él habló con la boca llena.
—Nos conocemos hace cinco años, sé que puedo confiar en ti.
—Me mostraste que eras un hombre lobo entes de que te viera en forma humana—le replicó ella y Myra tomó el tenedor, la comida se veía tremendamente deliciosa y no le apeteció preguntar por la historia.
—Pues —Axel la señaló con el cuchillo —tú me dijiste que eras vampira el mismo día —el tenedor de Myra cayó de nuevo sobre la barra y esta vez se quedó con la boca abierta.
—¿Eres una vampira? —le preguntó y la morena se cruzó de brazos.
—Corrección, una vampiro y si —Myra se la quedó mirando con una sonrisa en los labios.
—Sabía que existían, pero nunca pensé que se verían tan…normales —tomó el tenedor y se llevó un trozo de carne a la boca, tenía tanta hambre que podía comerse una vaca entera —¿Qué edad tienes? ¿Mas de cien años? —le preguntó ella entusiasmada y Luciana miró a Axel en busca de respuestas, pero él solo se encogió de hombros.
—Casi que apenas la conocí a ayer —se justificó.
—Tengo veinticinco —le dijo ella a Myra —Mejor deja de leer crepúsculo y come.
Cuando los platos ya estaban vacíos y los estómagos llenos, se dirigieron a la sala donde se sentaron cómodamente en los sillones.
—Ahora sí, ¿qué pasó? —les preguntó Luciana y ellos se miraron. Axel tomó la palabra.
—Estábamos en el bosque haciendo una cacería, es un concurso, ¿recuerdas que lo gané el año pasado? —la morena sintió —después de que acabara estábamos todos reunidos cuando comenzaron a atacarnos, con esto —se sacó del bolsillo trasero del pantalón en dardo que le tendió a Luciana —nuestro Alpha nos ordenó escondernos, y no tenía a donde más llegar que no fuera a aquí —la mujer asintió con la cabeza mientras observaba el dardo.
—¿Los mata? —preguntó devolviéndoselo a él y Myra negó.
—Produce un dolor terrible —dijo —y también inhibe nuestro poderes.
—Aun no puedo transformarme —dijo Axel y Luciana abrió los ojos —creemos que no es permanente, por que al principio tampoco podía usar mi telepatía, pero gradualmente volvió.
—¿Por qué creen que los atacaron? —Axel miró a Myra y luego se aclaró la garganta.
—Un hombre, antes de llevarse al padre de Myra que es el Alpha —Luciana elevó las cejas —le dijo que encontraría a Myra, la buscaba a ella, y no lo mató, se lo llevó, estoy seguro que lo usará para llegar a ella.
—¿Alguna idea de por qué te buscan? Le preguntó la mujer y ella negó. Axel sacó el carnet del bolsillo y se lo tendió a la morena que lo recibió con una mueca en la boca.
—Le quité esto a uno de los hombres.
—Perfecto —se puso de pie y salió corriendo por una puerta de madera oscura. Myra miró a través de la ventana el cielo que comenzaba a tornarse rojizo por el atardecer, y se dejó llenar de una sensación de miedo y vacío, se sintió perdida y nerviosa, ¿cómo saldrían de todo aquello? ¿cómo recuperaría a su padre?
—No es tu culpa —le dijo Axel poniendo una mano en su hombro.
—No me leas la mente —le respondió ella y él se acercó más, hasta que sus cuerpos quedaron muy juntos.
—No lo hice, tu cara lo dice todo, y créeme, sea cual sea la razón por la que te buscan no debes sentirte culpable por ello.
—¿Cómo no quieres que lo haga? —le dijo —se llevaron a mi padre, y varios de la manada, y los demás quien sabe dónde están —Axel se quedó en silencio y Myra recordó que la mujer que lo había críado también estaba desparecida y vio la preocupación en sus ojos —Lo siento —le dijo y le apretó la mano que él aún tenía en su hombro —sé que ella está bien, es una loba fuerte y muy rápida —él asintió y Luciana apareció por la puerta cargando un computador portátil.
—¿Interrumpo? —dijo y ambos negaron —creo saber qué es lo que les está pasando —tomó el carnet y escaneó el código QR en él y la mirada se le ensombreció mientras veía la pantalla del aparato.
—¿Qué? —le preguntó Axel intrigado y ella como única respuesta volteó la pantalla hacia ellos. Myra vio la página de una empresa, que tenía como logo un pequeño diseño de la escala del ADN con el nombre de Laboratorios Jábico.
—¿Qué es? —preguntó ella y Luciana palideció antes de contestar:
—Es el infierno en esta tierra.
Un grito que salía de la pequeña cabaña se mescló con el ulular de los búhos. El otoño había llegado y el bosque lucía un manto marrón, las hojas de los árboles caían mecidas por las brisas frías que llegaban de lo lejos y anunciando la inminente llegada del invierno. Otro grito agudo sonó dentro de la cabaña seguido por el llanto de un bebé que rompió el ambiente tenso que había fuera de la casa. La manada contuvo el aliento mientras los gritos del bebé resonaban más fuerte que el rumor cercano del río. La madre de Axel salió por la puerta, la mujer tenía la cara roja y sudada, y una expresión alegre en el rostro.—Está en perfecto estado —las decenas de personas que se amontonaban fuera de la cabaña explotaron en vítores y aplausos, había sido un parto de doce horas, y la preocupación sobre la salud del bebé y la madre aumentaba cada vez más, pero Lucía había traído a todos los bebes de la manada a este mundo desde que tenía la edad suficiente.—¿Qué es? —preguntó Claudio, estaba se
Myra se puso de pie y corrió hacia él, las piernas las tenía débiles, pero se levantó como un resorte. Cuando lo tomó por el cuello de la bata algo explotó en sus manos y las chispas la lanzaron hacia atrás de golpe y cayó de costado.—Veras —le dijo — aún tengo un par de trucos bajo la manga. Luciana seguía retorciéndose del dolor unos metros más allá. Myra trató de comunicarse con Axel, pero su habilidad telepática estaba apagada. Miró hacia el furor de la batalla donde luces verdes y rojas creaban explosiones —parece que has complicado un poco mis planes —le dijo el hombre —tanto que voy a prescindir de ti, ya sé que las razas superiores son reales y me tomaré la libertad de cultivarlas yo mismo, es una lástima que el hijo que llevas en tu vientre no vaya a nacer —la mano de Myra apretó algo metálico que estaba tan caliente que le hirió la palma de la mano y se puso de pie nuevamente, corrió hasta el científico y trató de golpearlo con la varilla, pero el hombre se agachó y le golp
Myra miró para todas partes, buscando a su padre en medio de la batalla que se libraba frente a la puerta, pero no reconoció su rostro entre la multitud que peleaba.—Despertó, era él, era consciente y me rogó que lo soltara —continuó Claudio —pero cuando estuvo libre sus pupilas se dilataron nuevamente y me atacó, lo siento Myra, intenté detenerlo, pero es muy fuerte —Myra deseó preguntarle si estaba herido, pero no podía.Una luz verde golpeó a Axel y lo lanzó con fuerza al suelo, y antes de que Myra pudiera correr en su ayuda algo la tomó de la armadura y la elevó en el aire. Myra intentó zafarse del agarre, pero no pudo, y cuando miró hacia atrás se encontró con una de las chicas con alas de libélula que la elevaba en el aire. Myra se sacudió ¿Cómo es que tenía tanta fuerza como para elevarla?La distancia del suelo se hacía cada vez más grande, y ya comenzaba a darle vértigo, si subía más y la dejaba caer no sobreviviría al impacto. Se sacudió con todas sus fuerzas, pero las pequ
El bosque se abría ante ellos, el cuerpo de Claudio se resbalaba del lomo de Myra, pero él intentaba aferrarse con fuerza mientras las ramas lo golpeaban.Los demás corrían tras ellos, Axel era capaz de seguirle el ritmo a Myra, pero los vampiros y el lobo de la manada de Karina estaban rezagados. Cuando Myra llegó a la pradera frente a la montaña estaba exhausta, y cuando volvió a su forma humana cayó de rodillas sobre el césped. Claudio había caído de lado y se quedaron un rato recuperando el aliento, luego se puso de pie y la ayudó a levantar.—Vamos preciosa —le dijo —tenemos que llegar y encontrar ese detonador.—¿Estás seguro que destruirá todo? —le preguntó ella entre jadeos y el hombre asintió convencido.—Al menos la parte donde está la antena, sí —Myra asintió y le tomó la mano.Axel llegó, y tras él los vampiros. Claudio entró al jet y sacó una manta que puso sobre los hombros desnudos de Axel.Cuando el jet estaba en el aire, Myra se recostó en el asiento respirando profun
El pasillo era estrecho y lleno de cables, del techo pendían apenas un par de bombillas de luz amarilla que le daban un aspecto lúgubre y claustrofóbico.Eran apenas las diez con doce de la mañana, y las instalaciones debían de estar completamente en funcionamiento. Cuando pasaban por una cámara de seguridad agachaban la cabeza y elevaban una plegaria, pero el parecer nadie los descubrió.Llegaron hasta la puerta que Claudio les había indicado y cuando Myra la abrió dejó escapar un jadeo. Estaban ante el hueco del ascensor, y el edificio parecía tener diez pisos de altura y al menos cuatro o cinco subterráneos. La escalera estaba justo en frente.—Esto tiene que ser una broma —le dijo uno de los transformistas que venía con ella.—Son solo dos metros —le dijo ella más bien consolándose a sí misma y saltó, sitió el vacío en el estómago y cayó aferrándose con fuerza a los barrotes —¿vez? —le dijo y le tembló la voz cuando miró hacia abajo. Los otros dos vampiros más el lobo de la manada
La chica con alas se había retirado después de un par de golpes más, su intención era únicamente llamar la atención.—Era obvio que atacarían antes que nosotros —dijo Luciana y pateó un tarro de basura que voló varios metros —si no hubiéramos perdido tanto tiempo en convencernos los unos a los otros de pelear —estaban reunidos en una amplia sala todos los miembros más importantes de los respectivos grupos.—No es hora de buscar culpables —le dijo el anciano líder del aquelarre de la montaña, Franco, si mal no recordaba Myra —lo que necesitamos hacer ahora es organizarnos para saber qué hacer —Karina río en voz alta y se acomodó el rizado cabello rojo que le caía en la frente.—Lo que hay que hacer es pelear, y ganar —Myra negó.—Las cosas cambian ahora, antes pelearíamos contra el ejército de Jábico, pero ahora envió a nuestra propia gente, no podemos matarlos.—Si podemos —le dijo la pelirroja y Luciana golpeó la mesa.—Es fácil para ti decirlo, no hay lobos de tu manada ahí —Karina







