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3.

Autor: DiegoAlmary
last update Fecha de publicación: 2026-04-01 04:55:56

Las ramas le herían los pies al correr, sentía la presión de Axel por convertirse en lobo mientras la jalaba, pero los residuos del dardo aun lo tenían débil, y ya estaba cansada de correr. Se soltó del muchacho que avanzó unos metros más allá antes de detenerse a mirarla.

—¡Qué haces? —le gritó y ella no le contestó, se volvió hacia el lobo que estaba a unos veinte metros y se quitó la camisa quedado completamente desnuda, no la quería arruinar. Cuando su piel quedó al descubierto el frio se le coló en los huesos, cada bello del cuerpo se erizó y gritó al sentir la gratificante sensación de la transformación trepar por todo su cuerpo. Escuchó como Axel le gritaba algo, pero no logró entenderlo, y justo cuando sus patas se hundieron en la nieve, la embestida del otro la lanzó al suelo. Se puso de pie tan rápido como le permitieron las fuerzas y ambos comenzaron a caminar en círculos. Probablemente era una loba, calculó Myra, era un poco más pequeña y los ojos azul claro, casi blancos.

Myra fue la primera en romper el círculo y atacó, la otra loba se alzó contra ella y Myra la empujó con las patas delanteras haciéndola caer de espaldas. Le mordió con fuerza una pata, sintió como le se llenó el hocico de sangre y la arrastró hasta hacerla azotar contra en tronco de un árbol. Se subió sobre ella, que tenía las orejas hacia atrás e intentó morderle una oreja, pero Myra fue más rápida y le hundió la cabeza en la nieve con una pata. Buscó la consciencia de la loba, pero se encontró con una pared sólida y firme, presionó más fuerte su mente contra la suya, y sintió como se abría una pequeña grieta.

—¡Por qué nos persiguen? —le gritó, pero la otra loba no pereció entenderle, la grieta se cerró de nuevo y Myra fue incapaz de comunicarse con ella, ¿Cómo es que tenía tanta concentración para formar aquella pared mental? En su descuido la loba trató de morderle el cuello, y en medio de su afán de esquivarla perdió el equilibrio y la empujó hacia atrás. Un hombre apareció detrás de un árbol, apuntando a Myra con un arma, y le disparó. El dardo se clavó el su cuello, y aparte del dolor del impacto, no sintió nada más. Axel salió detrás de un árbol y lo golpeó en la mandíbula.

Myra se centró de nuevo en la pelea, pero la loba ya no estaba, la buscó alrededor y la vio alejarse cojeando y perderse tras un árbol. La conciencia de Axel parecía haberse recuperado.

—Aún no me puedo transformar —le dijo mientras buscaba en los bolsillos del hombre que estaba inconsciente en el suelo.

—Entonces sube, porque ya saben dónde estamos —le dijo ella y antes de que le apartara la mente sintió como se avergonzó, seguro le parecía humillante, ella hubiera sentido lo mismo. Axel trepó por su lomo y los pies le quedaron en el aire.

Myra comenzó a correr, y sintió como el muchacho le apretaba con fuerza el pelaje, ella sabía qué se sentía, lo había hecho cientos de veces en el lomo de su padre cuando era niña; el pelaje suave es resbaloso y la velocidad que podían alcanzar, de más de ochenta kilómetros por hora no ayudaba. Haber dormido le había ayudado a recuperar unas cuantas fuerzas, pero el cansancio acumulado más es el estrés la llevaron al límite un par de horas después.

Hacía más de una hora Axel había reconocido el lugar, y ahora recorrían un sendero que el muchacho conocía, pero Myra estaba agotada.

Se detuvieron en un pequeño claro y Myra recuperó su forma humana, quedando desnuda sobre la nieve fría. Axel se quitó la camisa y la colocó sobre los hombros de ella, que le agradeció con un asentimiento de cabeza. Después de ponérsela caminó hasta donde estaba él, que miraba distraído el sendero en busca de quien sabe qué.

—¿Aún no te puedes transformar? —le preguntó y él negó.

—Cada vez tengo más control, pero no aún, creo que tendremos que seguir a pie —Myra negó.

—No llegaremos así a ningún lado, o al menos tu si no puedes transformarte —pateó la nieve con fuerza y parte cayó en el torso desnudo de Axel que lanzó un gritó exagerado de frio —¿Por qué nos pasa esto? —dijo ella, y luego pisoteó el suelo —¿Qué quieren? ¡Por qué se llevaron a mi padre?

—Tu cara está roja —le dijo él como única respuesta y la chica se sentó en la nieve. Él la siguió puso una mano sobre su hombro —tal vez —dijo —yo no tenga tus respuestas, pero Benjamín Prado recolector, si —Myra levantó la cabeza que tenía entre las piernas y vio que Axel le tendía algo, lo tomó con manos temblorosas y vio que era un carnet. En él estaba la foto del hombre que los había atacado, que era mestizo de ojos claros, más el nombre. Myra lo volteó y detrás solo estaba un código QR.

—No hay más —dijo y Axel se lo arrebató.

—Mi celular se arruinó con el agua para escanear esto —dijo observándolo — pero sé quién nos puede ayudar.

—¿Qué crees que sean? —el muchacho se encogió de hombros.

—Al parecer una empresa —sacó del bolsillo un dardo que estaba hasta la mitad del líquido purpura y se lo enseñó —mi amiga nos ayudará a saber qué es esto y por qué suprime nuestros poderes —Myra lo tomó lo observó.

—¿Fue el que me dio? —preguntó y él asintió —¿por qué crees que no me afecto como a ti o a papá?

—Estabas transformada, tal vez solo funcione si somos humanos —ella sintió, tenía sentido. Se quedaron un rato en silencio. Axel se abrazaba así mismo, tenía la piel tan blanca que parecía una porcelana, y cuando la miró sus ojos estaban de un azul más oscuro —¿por qué parece que no tuvieras frio? —preguntó en un tono de burla.

—Claro que tengo, pero… es soportable —se abrigó con la camisa lo más que pudo y le sonrió.

—Si nos juntamos conservaremos más el calor —dijo él sonriéndole y ella se puso de pie de inmediato.

—Si caminamos generaremos calor, así que… —le señaló el sendero y él soltó un suspiro.

—Y si me llevas —le dijo y Myra se cruzó de brazos.

—Creí sentir que no te gustaba —le replicó él se encogió de hombros.

—Es mejor que caminar.

—Estoy cansada, no podría correr más de media hora.

—Pues bien —Axel se puso de pie y comenzó a caminar —Porque solo falta media hora.

……………………. ……………. …………………….

Unos cuarenta minutos después lograron salir a la carretera, y Myra sintió un placer descomunal al poner los pies sobre el pavimento tibio por el sol. Axel se arrojó y recostó todo el pecho contra el suelo lanzado un quejido de placer sobre actuado. La carretera estaba vacía, y se perdía en dos curvas pronunciadas a cada lado mientras atravesaba el bosque justo por la mitad.

—¿Y ahora qué? —le peguntó ella y Axel se tomó su tiempo en contestar.

—Por allá —señaló a la derecha —está San Narciso, nuestro pueblo —su voz sonaba apachurrada ya que su mejilla seguía pegada al suelo —y por allá —señaló ala izquierda —está la pequeña cuidad de Pradera.

—¿Entonces? —Axel se puso de pie y puso las manos sobre las caderas.

—No podemos volver a San Narciso, escucharse a tu padre tenemos que escondernos, y también escuché el viejo loco que dijo que te encontraría —la mera mención del hombre le produjo un calambre a Myra en el estómago —por allá —señaló a Pradera —está mi amiga, nos ayudará.

Ya llevaban un par de horas caminando cuando una enorme camioneta los alcanzó, le tendieron la mano en busca de ayuda, pero los pasó de largo.

— ¡Ojalá te pongan una multa por pendejo! —le gritó Axel y Myra negó con la cabeza, era el tercero que los pasaba —¿ves? —le dijo a ella —si me hicieras caso seguro nos ayudarían.

—Que no les voy a enseñar mis senos —le contestó por tercera vez y él hizo un puchero.

—Es solo un pequeño sacrificio a cambio de no caminar cien kilómetros —trató de convencerla y ella le enseñó el dedo de en medio, sabía que él bromeaba, pero lo había considerado un par de veces —allá viene otro —le señaló ella. Un pequeño Volkswagen del 63 se acercaba y comenzaba a disminuir la velocidad.

—¡Vamos, enseñalos! —le dijo el chico y ella estiró la mano hacia el pequeño vehículo que se detuvo. Corrieron hacia él y el conductor bajó la ventanilla mientras los miraba sorprendido. Myra notó como le dio un muy poco disimulado vistazo al torso de Axel .

—¿Están bien? —les preguntó con un todo de alarma.

—Estábamos acampando —le dijo Axel —y un oso nos atacó —el hombre, de unos cuarenta años, medio gordo y calvo, se rascó el mentón.

—No hay osos en este bosque —dijo y Axel miró a Myra en busca de ayuda.

—No sabemos exactamente lo que fue, era alto y peludo —el hombre sonrió.

—¿Más que él? —señaló a Axel y este se acarició el pecho con incomodidad.

—¿Podría llevarnos a Pradera? —preguntó ella y Axel , que ya no sonreía, soltó una risa nerviosa:

—Si no quiere no pasa nada —el hombre rio.

—Claro que sí, hace mucho no hago amigos tan atractivo como ustedes, eso rejuvenece, ¿sabían? —Myra agradeció con la cabeza y subió a la parte de atrás —Tú puedes subir aquí, grandote —le dijo a Axel abriendo la puerta del copiloto y él siguió a Myra a la parte de atrás.

—Prefiero ir a aquí, con mi novia —dijo cuando se había acomodado en los asientos forrados en cuero viejo —Para conservar el calor —el hombre asintió y puso el pequeño vehículo en marcha.

—Enseñale tus pechos peludos —le dijo Myra al oído en forma de burla — Es solo un pequeño sacrificio a cambio de no caminar cien kilómetros —él le sonrió con desgana —No pensé que tuvieras masculinidad frágil, además, esto es el pan de cada día para las mujeres —él le habló al oído.

—No es porque sea gay, me han coqueteado hombres antes y hasta me gusta, se siente como un alago, pero es que me siento…—meneó la cabeza en el aire —desnudo.

—Bienvenido al mundo de las mujeres y los pervertidos.

—¿Qué hace una pareja tan guapa acampando tan lejos de Pradera? —les preguntó y ellos se miraron.

—Es nuestro aniversario, queríamos algo diferente —le dijo Axel y él se rio a carcajadas.

—Que los ataque un no-soso mientras hacen el amor es algo diferente —Myra vio como las mejillas de Axel se ponían muy rojas y rio junto con el hombre mientras él miraba por la ventana —me llamo Claudio —les dijo —¿cómo se llaman preciosuras?

—Myra, y él es Axel —la conciencia de chico pidió entrada y ella lo dejó.

—No sabemos si podemos confiar en él —Le dijo y ella soltó aire con pesadez.

—Lo siento —se excusó —Pero no creo que sea una amenaza —Axel no pareció satisfecho y se cruzó de brazos.

—Tenemos que ser más cuidadosos.

¿De dónde eres, Claudio? —le preguntó Myra y el hombre, que no apartaba la vista de la carretera sonrió con desgana.

Nací en una ciudad muy grande lejos de aquí —dijo y pudieron notar nostalgia en su voz —he viajado toda mi vida por todas partes, así que no soy de ningún lado, llevo un par de años en Pradera y creo que me quedaré allí —Myra se quedó cayada, preguntándose qué se sentiría viajar por todo el mundo, ella nunca había Salido de San Narciso ni sus alrededores, su padre nunca viajaba, y desde que se había convertido en el Alpha mucho menos. Miró sus manos, estabas sucias, tenía tierra en las uñas y heridas en las piernas, ¿Cómo es que había llegado hasta esa situación? ¿Cómo es que estaba huyendo mientras su padre estaba secuestrado y su manada dispersa? Cerró los ojos y recostó la cabeza en el hombro de Axel , el chico le cubrió los hombros con el brazo y ella se dejó llevar por el rítmico sonido de algo flojo en el motor.

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Último capítulo

  • La herencia de la Luna.   EPÍLOGO.

    Un grito que salía de la pequeña cabaña se mescló con el ulular de los búhos. El otoño había llegado y el bosque lucía un manto marrón, las hojas de los árboles caían mecidas por las brisas frías que llegaban de lo lejos y anunciando la inminente llegada del invierno. Otro grito agudo sonó dentro de la cabaña seguido por el llanto de un bebé que rompió el ambiente tenso que había fuera de la casa. La manada contuvo el aliento mientras los gritos del bebé resonaban más fuerte que el rumor cercano del río. La madre de Axel salió por la puerta, la mujer tenía la cara roja y sudada, y una expresión alegre en el rostro.—Está en perfecto estado —las decenas de personas que se amontonaban fuera de la cabaña explotaron en vítores y aplausos, había sido un parto de doce horas, y la preocupación sobre la salud del bebé y la madre aumentaba cada vez más, pero Lucía había traído a todos los bebes de la manada a este mundo desde que tenía la edad suficiente.—¿Qué es? —preguntó Claudio, estaba se

  • La herencia de la Luna.   33.

    Myra se puso de pie y corrió hacia él, las piernas las tenía débiles, pero se levantó como un resorte. Cuando lo tomó por el cuello de la bata algo explotó en sus manos y las chispas la lanzaron hacia atrás de golpe y cayó de costado.—Veras —le dijo — aún tengo un par de trucos bajo la manga. Luciana seguía retorciéndose del dolor unos metros más allá. Myra trató de comunicarse con Axel, pero su habilidad telepática estaba apagada. Miró hacia el furor de la batalla donde luces verdes y rojas creaban explosiones —parece que has complicado un poco mis planes —le dijo el hombre —tanto que voy a prescindir de ti, ya sé que las razas superiores son reales y me tomaré la libertad de cultivarlas yo mismo, es una lástima que el hijo que llevas en tu vientre no vaya a nacer —la mano de Myra apretó algo metálico que estaba tan caliente que le hirió la palma de la mano y se puso de pie nuevamente, corrió hasta el científico y trató de golpearlo con la varilla, pero el hombre se agachó y le golp

  • La herencia de la Luna.   32.

    Myra miró para todas partes, buscando a su padre en medio de la batalla que se libraba frente a la puerta, pero no reconoció su rostro entre la multitud que peleaba.—Despertó, era él, era consciente y me rogó que lo soltara —continuó Claudio —pero cuando estuvo libre sus pupilas se dilataron nuevamente y me atacó, lo siento Myra, intenté detenerlo, pero es muy fuerte —Myra deseó preguntarle si estaba herido, pero no podía.Una luz verde golpeó a Axel y lo lanzó con fuerza al suelo, y antes de que Myra pudiera correr en su ayuda algo la tomó de la armadura y la elevó en el aire. Myra intentó zafarse del agarre, pero no pudo, y cuando miró hacia atrás se encontró con una de las chicas con alas de libélula que la elevaba en el aire. Myra se sacudió ¿Cómo es que tenía tanta fuerza como para elevarla?La distancia del suelo se hacía cada vez más grande, y ya comenzaba a darle vértigo, si subía más y la dejaba caer no sobreviviría al impacto. Se sacudió con todas sus fuerzas, pero las pequ

  • La herencia de la Luna.   31.

    El bosque se abría ante ellos, el cuerpo de Claudio se resbalaba del lomo de Myra, pero él intentaba aferrarse con fuerza mientras las ramas lo golpeaban.Los demás corrían tras ellos, Axel era capaz de seguirle el ritmo a Myra, pero los vampiros y el lobo de la manada de Karina estaban rezagados. Cuando Myra llegó a la pradera frente a la montaña estaba exhausta, y cuando volvió a su forma humana cayó de rodillas sobre el césped. Claudio había caído de lado y se quedaron un rato recuperando el aliento, luego se puso de pie y la ayudó a levantar.—Vamos preciosa —le dijo —tenemos que llegar y encontrar ese detonador.—¿Estás seguro que destruirá todo? —le preguntó ella entre jadeos y el hombre asintió convencido.—Al menos la parte donde está la antena, sí —Myra asintió y le tomó la mano.Axel llegó, y tras él los vampiros. Claudio entró al jet y sacó una manta que puso sobre los hombros desnudos de Axel.Cuando el jet estaba en el aire, Myra se recostó en el asiento respirando profun

  • La herencia de la Luna.   30.

    El pasillo era estrecho y lleno de cables, del techo pendían apenas un par de bombillas de luz amarilla que le daban un aspecto lúgubre y claustrofóbico.Eran apenas las diez con doce de la mañana, y las instalaciones debían de estar completamente en funcionamiento. Cuando pasaban por una cámara de seguridad agachaban la cabeza y elevaban una plegaria, pero el parecer nadie los descubrió.Llegaron hasta la puerta que Claudio les había indicado y cuando Myra la abrió dejó escapar un jadeo. Estaban ante el hueco del ascensor, y el edificio parecía tener diez pisos de altura y al menos cuatro o cinco subterráneos. La escalera estaba justo en frente.—Esto tiene que ser una broma —le dijo uno de los transformistas que venía con ella.—Son solo dos metros —le dijo ella más bien consolándose a sí misma y saltó, sitió el vacío en el estómago y cayó aferrándose con fuerza a los barrotes —¿vez? —le dijo y le tembló la voz cuando miró hacia abajo. Los otros dos vampiros más el lobo de la manada

  • La herencia de la Luna.   29.

    La chica con alas se había retirado después de un par de golpes más, su intención era únicamente llamar la atención.—Era obvio que atacarían antes que nosotros —dijo Luciana y pateó un tarro de basura que voló varios metros —si no hubiéramos perdido tanto tiempo en convencernos los unos a los otros de pelear —estaban reunidos en una amplia sala todos los miembros más importantes de los respectivos grupos.—No es hora de buscar culpables —le dijo el anciano líder del aquelarre de la montaña, Franco, si mal no recordaba Myra —lo que necesitamos hacer ahora es organizarnos para saber qué hacer —Karina río en voz alta y se acomodó el rizado cabello rojo que le caía en la frente.—Lo que hay que hacer es pelear, y ganar —Myra negó.—Las cosas cambian ahora, antes pelearíamos contra el ejército de Jábico, pero ahora envió a nuestra propia gente, no podemos matarlos.—Si podemos —le dijo la pelirroja y Luciana golpeó la mesa.—Es fácil para ti decirlo, no hay lobos de tu manada ahí —Karina

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