Share

3.EL LEGADO

Author: Bris
last update Petsa ng paglalathala: 2023-07-10 16:28:47

Muy nerviosa lo hice, tenía un mundo de papeles que no entendía y se lo di a Sor Caridad, a mi solo me llamó la atención una foto de ellos, y un sobre. Lo abrí nervioso para encontrarme con una hermosa carta de mis padres, donde me decían lo mucho que me amaban y que confiara en las monjas que ellas sabrían qué hacer.

—No tienes de qué preocuparte —dijo el padre— aunque no abrí ni leí esos papeles. Ellos me dijeron que se trataban, ahí está arreglado todo para que permanezcas en el colegio hasta la mayoría de edad. Todo está pagado hasta entonces.

—¿De veras?

—Sí, también sé que te dejaron una pequeña fortuna para cuando salgas del colegio puedas hacer frente a la vida que elijas vivir.

Mientras él hablaba, yo solo miraba la carta de mis padres abiertas en mis manos. Las monjas revisaban todos los papeles y se sorprendieron al ver la suma que dejaron en donación junto al pago para el colegio y comenzaron a alabarlos. Los escuchaba en silencio sin comprender bien todavía lo que explicaba. Porque mi mente solo estaba detenida en el hecho de que estaba sola en el mundo, no tenía familia a no ser los del colegio. Ni siquiera después de muertos me dejaron dicho si poseía alguno, por ello levanté la cabeza y le pregunté al padre casi con un hilo de voz.

—Disculpe que interrumpa hermanas. Necesito hacerle una pregunta al padre. ¿Puedo?

—Sí, sí hija, claro que sí. ¿Dime que quieres saber? Si está en mi posibilidad te ayudaré.

—Padre, ¿sabe usted si tengo otro familiar?—pregunté con timidez, bajando la cabeza, para escuchar lo que me contestó.

—Lo siento mucho, querida. Conocía solamente a tus padres. Jamás me hablaron de otro familiar que no fueras tú. Eras el único tema de conversación que teníamos entre nosotros. ¿Nunca te hablaron de ellos? —preguntó atrás él.

—No nunca. Al parecer no tengo. —dije entendiendo de que en verdad estaba sola en este vasto mundo sin saber qué hacer. —Muchas gracias.

—De nada, pequeña, quisiera poder ayudarte más, pero no sé nada. A lo mejor eran huérfanos.

—Puede ser, mamá me dijo que ella había estudiado en el colegio que estoy que es para huérfanos.

—¿De veras? —Saltó Sor Inés— ¿Por qué nunca lo dijiste? La buscaremos en los registros, si es verdad daremos con ella.

—No la ilusiones Sor Inés, sí estudió con nosotras eso quiere decir que no tenía a nadie más. ¿Y tu papá te dijo que también estudió con nosotras?

—No, él no dijo eso ni mamá tampoco. Ya veo, estoy sola en el mundo como todos los niños del colegio, ahora soy igual que ellos, sin padres. Soy una huérfana. — Y me eché a llorar desconsoladamente.

—No estás sola querida, somos una gran familia, puedes quedarte con nosotras si quieres la vida entera. —Hablaba Sor Caridad, mientras me estrechaba en sus brazos.

Después de este día, me encerré por mucho tiempo en mi dolor, la perdida de mis dos seres queridos me causó un profundo trauma del cual me era imposible salir, solo la lectura era capaz de ayudarme a escapar de esa realidad. Podía pasarme el día y la noche leyendo sin parar. Las monjitas no me dejaban, me obligaban a participar de las actividades, a acompañarlas a donde quiera que iba. Yo tenía un talento natural de poder aprender con gran facilidad todos los dialectos e idiomas, y eso se convirtió en mi nueva pasión, aprender idiomas junto a ellas.

Por ese tiempo viajaba mucho con ellas, que lo hacían por casi todo el país, en su lucha por obtener donaciones para el colegio. Se habían percatado que yo con mi gran facilidad, las ayudaba a entenderse con todos y las personas al verme eran propensos a abrir sus bolsillos con mayor facilidad, así que de a poco el ritmo de mi vida me fue sacando de mi depresión.

Con el paso del tiempo, mis heridas comenzaron a cicatrizar lentamente con la ayuda de mis maestras y amigas. Su paciencia, amor y comprensión lograron que me fuera habituando a la idea que esta era ahora mi vida, mi familia, todo lo que me quedaba en el mundo, lo cual acepté con resignación y paz con el transcurso de los años.

Era realmente feliz, me sentía segura en aquel lugar que me protegía del mundo cruel. Según fui creciendo ya no era solo una huérfana más del colegio, me trasladaron para una de las pequeñas habitaciones en que habitaban las monjas. Convirtiéndome en una trabajadora más, las ayudaba en todo sin dejar de estudiar yo. Porque no sentía que tuviera la vocación de convertirme en una monja como en ocasiones me lo insinuaba la madre superiora.

Después de mi mayoría de edad, debía decidir qué hacer. Por horas deseaba complacerlas y convertirme en monja, en otras tenía ansias de salir a recorrer el mundo, y así me encontraba en esta batalla, cuando un hecho cambiaría para siempre lo que sería mi vida a partir de ahí.

Recién había cumplido mis veintitrés años, hacía cuatro que había terminado mis estudios para ser maestra, pero todavía no me decidía a dejar el colegio. No conocía nada del mundo exterior, tampoco poseía vocación para ser monja, me encantaba enseñar a los niños, motivo por el cual me encontraba aún en el colegio. Impartía clases a los más pequeños de arte, literatura e idiomas.

En aquel entonces solía todavía pasarme interminables horas en la pequeña biblioteca, puedo decir sin exagerar, que prácticamente me había leído todos los libros, algunos de ellos varias veces. A través de ellos disfrutaba las aventuras del mundo. Me imaginaba viviéndolas personalmente y creo que era uno de los motivos por lo que nunca me decidí a tomar los votos y convertirme en una monja. Ansiaba salir a ese mundo extraño a vivir todas experiencias que ellos contaban.  Allí me encontraba una tarde de otoño cuando tocaron a la puerta.

—Señorita Ángel, la solicita la madre superiora. —Vino corriendo una de las niñas que estaba en el colegio.

—¿A mí? —pregunté intrigada. ¿Qué querría a esa hora de la noche la madre superiora conmigo?

—Sí, debe presentarse con urgencia en el despacho de la madre superiora —contestó y agregó. —Eso fue lo que me mandó a decirle sor Inés.

—Está bien, muchas gracias, linda.

Intrigada dirigí mis pasos allá tocando la puerta al llegar, escuchando su amable voz invitándome a entrar. Estaba acompañada de una misteriosa persona, que por estar la habitación en penumbras me causó algo de temor. Al verme se puso de pie, apreciando que se trataba de un hombre muy delgado con una joroba en su espalda que lo hacía permanecer inclinado, apenas se podía divisar su rostro por el enorme sombrero que llevaba. Estaba completamente vestido de negro, que le daba aún más un aspecto tenebroso.

—Buenas tardes, señorita Ángel.

—Buenas noches, señor…

—Es el abogado de tu familia, querida —me explicó la madre superiora.

—Es un placer, al fin conocerla señorita Ángel. Y como bien le dijo la madre superiora, soy el abogado Edmundo que representa a su familia.

Explicó y saludó con una profunda voz de barítono que desentonaba con la delgadez de su figura. Al avanzar a mi encuentro ofreciéndome su huesuda mano, la pálida luz de las velas dio de lleno en él.  Y fue entonces que pude apreciar su afilada y prominente nariz; que contrastaba con unos grandes ojos negros muy brillantes; una fuerte mandíbula daba a entender un carácter firme y decidido; sus labios muy finos me sonrieron amablemente dejando apenas al descubierto una hilera de dientes muy blancos, demostrándome respeto al tiempo que tomaba mi mano dándome un suave apretón, para luego dejarla sentarse e invitándome a mi hacerlo a su lado.

Todavía no podía comprender qué querría un abogado, a tantos años después de la muerte de mis padres. Que recordara, todo lo habían dejado debidamente arreglado, jamás tuve que hacer ningún procedimiento para arreglar nada. Los cheques del banco llegaban puntualmente cada mes sin que tuviera que hacer nada. ¿Qué querría este señor aquí ahora? 

¡Me quedé de una pieza! Lo observaba incrédula ante esa revelación. De seguro debe de estar equivocado.

Patuloy na basahin ang aklat na ito nang libre
I-scan ang code upang i-download ang App

Pinakabagong kabanata

  • La herencia maldita   EPÍLOGO

    Los años pasaron y mi Julián, no aparecía. Sin embargo, había algo que llamaba mucho mi atención, pues era lo último que me había regalado antes de partir, y había tomado el trabajo de colocarlo el mismo. Un hermoso ramo de nomeolvides lo había colocado en un búcaro muy precioso. Se mantenía fresco como el primer día que me lo había regalado, y eso hacía que mi corazón guardara la esperanza de que él regresara un día a mi lado. La hacienda la había convertido, la planta baja en un refugio para los necesitados. La planta alta la transformé en una acogedora vivienda, donde todas las temporadas de verano recibía a mis queridas amigas Sor Inés y Sor Caridad, que con los años decidieron dejar el colegio y quedarse a ayudarme en mi hermosa labor. El padre Bartolomé murió como un santo en su sueño, a la edad de noventa años. Los niños huérfanos más grandes, cuando cumplieron la mayoría de edad y terminaron sus estudios, regresaron a sus propiedades encargándose de los menores, y vien

  • La herencia maldita   309.PÉRDIDA

    —Así es, soy la esposa de Abdoulayé Agoyán Cuando terminé de decir eso, se hizo un gran silencio y me rodearon todos los habitantes de aquel lugar girando a mi alrededor, no sabría decir si me estudiaban o con mirada amenazante.—¡Imposible! — dijo el anciano. — ¡Él desapareció hace miles de años con toda su gente!Abrí mis brazos en el centro del círculo que ellos me habían hecho llenándome completamente de luz, pedí que mi esposo apareciera ante mí y al momento Julián apareció en todo su esplendor.—¡Mi rey! —exclamaron y se arrodillaron haciendo tres inclinaciones ante él.—¿Cómo sabemos que es él? —preguntó la misma anciana.Julián golpeó con el bastón en el piso y hizo que aparecieran todos los demás delante de sus ancestros y familiares, así como el altar. Y otra vez todos volvieron arrodillarse y hacer tres enormes reverencia para luego acostarse con los brazos en cruz y hacer un saludo. Después a un signo de Julián se pusieron todos de pie y comenzaron a mirarse entre ell

  • La herencia maldita   308. REGRESO A LA TIERRA

    Me hablaba Tomaza al tiempo que terminaba de arreglarme el vestido, mientras Dolores me cepillaba el cabello, las miraba con dulzura y salí al encuentro del padre.—Pero mírate, si pareces que no estuviste enferma, Dios es grande. — ¿Y cómo fue eso que le dio por visitarme padre?—Nada, estaba yo en mi parroquia arreglando unos candelabros, cuando escuché una voz que me decía que debía venir a verte. Como me quedé preocupado después de tú confesión y de todo lo que me dijiste que iban a hacer ese día, temía que algo malo te hubiese pasado, me monté en mi mulo y aquí me tienes.— ¿Quien le abrió la puerta?— Eso fue otro misterio, cuando toqué estaba cerrada, pero después de esperar un rato empujé un poco y se abrió, como no te encontré subí a tú cuarto donde estabas dormida profundamente. Busqué a todos los sirvientes y no los encontré, mandé a mi monaguillo que me había acompañado a decirle al señor Edmundo lo que pasaba, y se apareció hace un rato con esa señora y unos cuantos obre

  • La herencia maldita   307. LIBRES

    Gritó en medio de aquella locura, yo temblaba en el centro del círculo de luz, comencé a llorar ante la imposibilidad de hacer lo que se me pedía. Cuando de pronto vi a mis padres que me tomaban mis manos sonrientes, infundiéndome tranquilidad, y me ayudaron a realizarlo. Al tiempo que me iluminaba aún más y conmigo toda la habitación se iluminó, dejando que viera las criaturas demoníacas más horribles que se pudiesen ver.—¡No las mires! —me pidió Julián que a pesar de estar dirigiendo todo, no me perdía de vista. Y todo se volvió muy confuso de pronto. Las extrañas criaturas avanzaban hacía mí y era como si se tragaran la luz convirtiendo todo en oscuridad. Todos conjuraban, gritaban o rezaban, pero podía ver que el mal estaba ganando y me asusté .—No mi Ángel, confía en mí, en nosotros. Me pidió Julián por encima de todo aquella algarabía, dirigí mis ojos y los conecté con los suyos, una fuerza muy grande nos unió, y me iluminé aún más haciendo que la oscuridad comenzara a

  • La herencia maldita   306.CEREMONIA

    Luego vi como la mía entraba dentro de las suya, que salió después colocándola en mi pecho y regresó a Julián.—Ahora alma mía, no importa que yo desaparezca, no importa que muera el capitán, no importa que muera yo. Regresaré a ti y me sabrás reconocer, solo por esas gemas que me traerán de regreso dentro de alguien.—¿Qué quieres decir?—Quiero decir que estamos unidos por una eternidad, y en todas las reencarnaciones de nosotros nos encontraremos y volveremos a casarnos, a ser una familia y a vivir felices. Te amo mi querida esposa, te amo.—Yo también Julián, pero enséñame cómo te reconocería si la gema no estará visible.—TócameLo hice, y una pequeña sensación de felicidad me embargó y a mi mente se reflejó la gema suya hermosa y divina. —¿También ves la mía?—Sí.Nos quedamos casi toda la tarde dentro del invernadero, hasta que vimos aparecer el capitán a lo lejos en su corcel. Pude ver claramente como se disipó delante de mí, fue y se introdujo dentro del capitán,

  • La herencia maldita   305.PERLAS DEL PODER

    Las semanas pasaron, sin que mis sirvientes dejaran de hacer diferentes preparativos para la gran ceremonia, que deberíamos de realizar. No solamente entraron todos mis antepasados en el salón negro, sino que sacaron todos los suyos del cuarto aquel que nunca había podido entrar y los colocaron allá también. Mi trabajo consistía en entretener al capitán Luis Manuel, que ya se había acostumbrado a que me apareciera todos los días en el cuartel, hasta creía que estaba muy enamorada de él y me daba miedo quedarme sola en la casa. Por lo que optó por esperarme en las mañanas, para que me fuera con él a su trabajo y pasarnos todo el día en el pueblo y regresar en las tardes. En las noches Julián se apoderaba de su cuerpo y trataba de enseñarme muchísimas cosas de la magia, que yo practicaba todo lo que podía. A veces me gustaba mucho lo que aprendía y otras veces me llenaba de terror. Pasaba muchas horas en la iglesia esperando por el capitán y conversando con el padre Bartolomé,

Higit pang Kabanata
Galugarin at basahin ang magagandang nobela
Libreng basahin ang magagandang nobela sa GoodNovel app. I-download ang mga librong gusto mo at basahin kahit saan at anumang oras.
Libreng basahin ang mga aklat sa app
I-scan ang code para mabasa sa App
DMCA.com Protection Status