MasukAlma está cada vez más cerca de ver el verdadero rostro de Mónica. ¿Contará con el apoyo de Amaro?
Hispital San Clemente, veinticinco años atrásEn la blanca y pulcra habitación, los ojos de María se posaron en el cuerpo de la mujer que yacía en la camilla con la cabeza vendada y la pierna derecha enyesada.En la pantalla de la máquina que monitoreaba sus constantes vitales, un pulso rítmico ondeaba como señal del estado de su corazón. En las ondas cerebrales, una línea continua que jamás cambiaría de forma sellaba su destino.—¿La familia no ha autorizado desconectarla? —No hemos hallado a su familia, seguimos sin saber su identidad. Nadie ha preguntado por ella tampoco. La policía está investigando, pero con lo del secuestrador en serie que llena los periódicos, no creo que le dediquen mucho tiempo —respondió el médico jefe de turno, con expresión meditabunda.—Con tantos pacientes esperando una cama, es casi una falta de respeto que ella siga aquí. Ya está muerta y su lugar es en el cementerio —sentenció María, que debía estar cuidando a sus pacientes de traumatología y no ahí,
Valentino, el hombre que alguna vez alardeara tener una salud de hierro, añadió una píldora más a las que tomaba para el corazón. Desde la llegada de la nefasta nota sobre Joaquina, parecía que todo empezaba a desmoronarse lentamente. —Valentino, tengo malas noticias —anunció Catalina nada más llegar de la empresa. ¿Malas noticias además de que su esposa era una ebria incorregible y que su hija inválida estaba desaparecida? —¿Qué pasó ahora? —preguntó él, a solas con ella en su despacho. —Tuvimos un brote de oídio, también de mildiú. Como dicta el protocolo, se procedió a aplicar el tratamiento antifúngico para frenar la propagación, pero no resultó como se esperaba. La infestación por hongos era algo común en el cultivo de la vid, ya les había pasado anteriormente, no era para preocuparse. Tratamiento antifúngico y listo. —¿Cuántas plantas están afectadas? Enzo debería encargarse, esa es su área. No tiene nada que estar haciendo en una oficina, su lugar es en terreno.
Ni huellas ni cabello, ni un solo rastro dejó en el delantal quien lo había estado guardando por tanto tiempo, masticando una venganza añeja, porque eso debía ser: una venganza, pensaba Valentino. Dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias, envió la prenda a analizar a un laboratorio especializado. Ahora esperaba los resultados de las pericias. Desde aquel «regalo» en el cumpleaños de Emma, su vida se había reducido a esperar. Desde una ventana en la cocina, Stefano miraba a Emma con su cita. —¿Crees que ese Ulises es un tipo atractivo? —preguntó, volviéndose a ver a Alma, que ordenaba las flores de Ulises en un jarrón. —Si tuviera la edad de Emma, probablemente me parecería atractivo. La tibia respuesta no lo dejó conforme. —¿Qué tipo de hombre te parece atractivo? Dime cómo te gustan. —Me gustan los que me dejan trabajar en paz. El jarrón estuvo listo y fue a dejar las flores a la habitación de Emma, con Stefano detrás. —¿Te molesta que te hable? Pensé que
La radiación solar es fundamental para que el cuerpo produzca vitamina D, necesaria para la absorción de calcio, el fortalecimiento de los huesos y del sistema inmune. Muchas dietas resultan insuficientes en contenido de vitamina D, por lo que la exposición al sol se vuelve esencial. —Convertir esto en una rutina te liberará de estar tomando tantos suplementos. Día por medio durante tres meses y luego iremos a que te midan los niveles de vitamina D. Recostada sobre una colchoneta, Emma miraba las nubes. Su pecho subía y bajaba por el esfuerzo de los ejercicios a los que Alma la sometía. Los brazos le ardían. —No quiero pensar en lo que ocurrirá de aquí a tres meses. Prefiero enfocarme en el hoy, en el presente, y será mejor que vaya a darme un baño porque Ulises vendrá a verme. —¿Vas en serio con él? —Me hace reír. Es dulce, amable, atractivo. Y si Kay ve a otra mujer, yo también veré a otro hombre. Alma le acercó la silla y Emma subió. Era pronto para afirmarlo, pero le
En el pequeño consultorio del pueblo, la sala de espera era silenciosa, vacía, salvo por los Costa. Los tacones de Marianela enervaban a Valentino, cuyos pensamientos seguían enredados en el delantal, todavía en su bolsillo. —Quédate quieta, mujer, que con tu caminata no harás que los médicos salgan más pronto. Ya la están atendiendo y Alma dijo que sus heridas no eran de gravedad. Efectivamente, eran cortes superficiales. No era el cuerpo de Emma lo que tenía a Alma ensimismada, era su mente. —Debimos llevarla a la ciudad; aquí, con suerte, deben tener analgésicos. No soporto este olor tan deprimente a pobreza y llanto... Y sangre. Necesito salir un momento —dijo Marianela. Alma y Valentino se quedaron a solas mientras Marianela tomaba un respiro y, por supuesto, algo más. Él no pidió detalles de lo que Alma sabía, y siguió en un silencio sepulcral que coronaba su palidez. Los pasos del médico hicieron que ella se pusiera de pie. La siguió Valentino, que se presentó como e
Kay volvió a ver a Emma con sorpresa. En sus sutiles, pero evidentes coqueteos, él había entendido que la muchacha estaba soltera. Emma boqueaba, sin saber qué decir. El animador del evento, contratado especialmente para la ocasión, llamó la atención de todos y la salvó de dar explicaciones. Kay fue hacia donde la multitud se reunía y ella se quedó a solas con Ulises. —¡¿Desde cuándo somos novios?! —le preguntó, logrando salir de la sorpresa. —Qué mala memoria, Emma, tú misma me pediste que fuera tu novio, hasta me rogaste. —¡Eso fue cuando teníamos doce años! —Y nunca terminamos, así que sigues siendo mi novia. Después del evento podremos ponernos al día, pero de ahora te digo que no me gusta nada la forma en que te mira ese tipo. Ulises fue con el resto de los asistentes y Alma llegó por Emma. —No vas a creer lo que acaba de pasar, me hicieron una escena de celos. ¡A mí! —Ya me contarás los detalles, tu padre te está buscando. Emma se ubicó junto al resto de su fa







