INICIAR SESIÓNEn la habitación de huéspedesChristopher:—Ya mi amor, no hay nada que perdonar —expresé—Los tres son mi vida. Primero muerto que separarme de ustedes. Sin ustedes mi vida no tiene sentido. Así que, hasta aquí, las lágrimas. Ahora vamos a disfrutar. ¿A dónde quieren ir? —pregunté, desligándome del trabajo.Mis hijos comenzaron a brincar y a gritar de felicidad. Estaban alegres porque sus padres no se divorciarán. Esto me mostró lo que necesitaba saber sobre cuánto habían cargado en silencio.Amber me abrazó por la cintura y besó mi pecho.—Te prometo que no habrá más castigo así —me susurró—. Especialmente, por el bienestar de nuestros hijos, que estaban sufriendo sin decir nada.—Y yo prometo no dejarme castigar por tanto tiempo —respondí, mordiéndole suavemente los labios y pasando mis manos por sus caderas.—Que sea el último conflicto entre tú y yo por culpa de otra mujer —exigió ella con firmeza.—Sí, mi amor. Vamos de una vez —la animé.Esa tarde la pasamos con los niños en el
Dos meses después...Christopher:Llevaba ocho semanas durmiendo en la habitación de huéspedes. Al principio intentamos disimularlo, pero Amber terminó sacándome de nuestra habitación con esa determinación que no negocia cuando está herida de verdad.El personal de la mansión lo sabía. Nadie había dicho nada a nuestras madres, ni a Piero. Era un silencio que pesaba más que cualquier conversación. Me dediqué a trabajar. Era lo único que podía controlar. Esa mañana, Elián me encontró en la oficina con la chaqueta arrugada y los ojos apenas abiertos.—¿Te quedaste a dormir aquí? —me preguntó, mirando la habitación personal del despacho.—Me venció el sueño sobre el escritorio. Voy a casa a descansar un par de horas y vuelvo por la tarde.—¿Avisaste a Amber? —me preguntó él nervioso.—No. Cuando me dormí no era mi intención quedarme —respondí. Elián guardó silencio un momento, con discreción.—Génesis, me dice que Amber tiene insomnio. Y que tiene muchos problemas en el bufete —me comentó
Un año después...Amber:Llegamos a la mansión del procurador con los dos niños un martes por la tarde, sin avisar, solo porque Chris estaba cerca y quería saludar a su padrino. Fue Rocío quien nos abrió la puerta.La saludé. Me correspondió con lo justo y necesario, y después dirigió toda su atención a los niños y a Chris, como si yo no estuviera presente. No era la primera vez.—Mi amor, creo que nunca me va a tragar —le dije a Chris en voz baja, mientras Rocío subía a avisar a su padre—. Me saluda al llegar y después me ignora por completo. Lo extraño es que entre ella y yo nunca ha habido ningún enfrentamiento directo.—Ha cambiado mucho —respondió él—. Pero esa parte de la rebeldía todavía no del todo. No te preocupes.—He intentado acercarme para hacer las paces. Por lo que veo, ella no piensa lo mismo.El procurador bajó poco después con el hijo de Joshua y Angie de la mano, quien había pasado el día con él mientras sus padres atendían un evento en el hotel. Nos saludó con esa
En SantiagoChristopher:Al mes de nacida Ángela María, nuestra ahijada y cuñada al mismo tiempo, celebramos su nacimiento con una parrilla en familia en nuestra propia mansión. Para esto invitamos a todos nuestros familiares y amigos más allegados.Reunimos a mis padrinos con Luz, a Angie y Joshua con su hija Luna, a Génesis y Elián con Sol, y más tarde llegaron Daniela y Thiago con Arantza, y mi madre. Rocío estaba de viaje, trabajaba para su padre.Luna y mi Amber Joana se miraron esa noche con la seriedad de dos personas que todavía no tienen vocabulario, pero ya tienen opiniones. Nacieron con un mes de diferencia y ya se comportaban como si llevaran años conociéndose.Fue una noche de luna llena, cargada de esa electricidad que a veces tienen las noches de verano cuando todo el mundo está bien y nadie tiene prisa por irse. Estuvimos reunidos casi hasta el amanecer.Al día siguiente, bien entrada la mañana me desperté antes que Amber y me quedé un momento simplemente mirándola. La
En SantiagoAmber:Mi teléfono vibró a las seis de la mañana con un mensaje de mi madre que me hizo saltar de la cama antes de terminar de leerlo.[«Mi amor, busca en mi habitación el bolso de la niña con todo lo que necesitará al nacer. Y también mi bolso personal, que está al lado. Piero salió solo conmigo sin buscar nada», me comentó ella de lo más relajada].[«Está muy nervioso. La única ventaja es que le pedí que no corriera porque me pondría peor. Así que vamos como a quince kilómetros por hora», añadió].Me reí sola, todavía a medio despertar.[«Je, je, je. Ya busco todo, mami. Y no te creas que Chris está casi igual que Piero. Le pediré al chofer que nos lleve y mandaré otro conductor para que Piero no maneje»].[«¿Cómo te sientes? ¿Qué pasó exactamente?», le pregunté].[«Rompí fuente. En vista de la posición de la niña y del cordón enredado en su cuello, prefiero no correr riesgos. Que me hagan la cesárea» decidió ella].[«Vale, madre. Nos vemos allá en unos minutos. Te amo y
En SantiagoAmber:Los jardines de nuestra mansión nunca habían lucido así. Los expertos que Chris contrató transformaron cada rincón en algo que parecía sacado de una película, con flores blancas, luces cálidas y ese olor a jazmín que se quedó pegado en la ropa durante días.Antes de la ceremonia religiosa, mientras mi madre terminaba de arreglarse, él aprovechó para hacer entrega de su regalo de bodas: un penthouse enorme en el edificio más costoso de Santiago de León.—Me parece extraordinaria su decisión de quedarse aquí —dijo Chris, cuando ellos declinaron mudarse—. Pero Amber y yo deseamos que lo reciban de todas formas. Para lo que quieran: como inversión, para arrendarlo, o para sus escapadas.—Recíbanlo, mami —añadí—. Y sobre todo para cuando necesiten escapar del pequeño Chris, que todavía no sé cómo va a tomar lo de compartir su abuelita con Piero.Todos rieron. Mi madre se ruborizó de una manera que me encantó, porque la hizo verse diez años más joven. Hasta ese momento, e







