FAZER LOGINEstimadas lectoras y lectores ¿Creen que Lorena recibió su merecido por todo el daño que hizo? ¿Creen que la vida fue injusta con ella? ¿Creen que aun puede cambiar? ¿Creen que esa es la mujer que siempre debió ser?
Marina despertó sobresaltada, abrió los ojos y tardó apenas un par de segundos en recordar dónde estaba; su habitación, su cama, su casa. Después recordó, los bebés, se incorporó tan rápido que la sábana cayó de su cuerpo, miró el reloj.—¡No puede ser!Había dormido, no solamente se había quedado dormida, había dormido casi cuatro horas seguidas, ¡Cuatro! Aquello era prácticamente imposible, salió de la habitación sin ponerse siquiera las pantuflas y caminó apresuradamente por el pasillo.—¿Efraín?No recibió respuesta, su corazón comenzó a acelerarse, llegó hasta la habitación de los bebés, las cunas estaban vacías, Marina sintió que el estómago se le hundía.—¿Efraín?—¡Shhh!Volteó y vio a Rigoberto, el cual apareció desde el pasillo llevando un dedo sobre los labios.—Vas a despertarlos.—¿Dónde están?—¿Quiénes?—¡Los bebés, papá!Rigoberto señaló hacia abajo.—En la sala.Marina ni siquiera respondió, bajó las escaleras a toda velocidad, al hacerlo, encontró una escena que la h
Efraín dejó de sonreír, Marina se sorprendió incluso de haberlo dicho.—¿De mí?—No de que me hagas algo.—¿Entonces…?—De necesitarte.Efraín guardó silencio, eso sí que no lo esperaba.—De acostumbrarme a esto.Marina señaló alrededor.—A que estés aquí, a que cargues a los bebés, a que estés pendiente de las niñas, a poder ir al baño sin pensar que el mundo se va a incendiar mientras no estoy.—Eso último suena grave.—¡Efraín!—Perdón.Marina tomo aire y lo dejó salir en un suspiro.—Tengo miedo de acostumbrarme a tenerte y que un día ya no estés.Ahora fue él quien bajó la mirada.—Porque ya sé lo que es reconstruir una vida después de alguien. —dijo ella tragando saliva para bajar el nudo que sentía en la garganta. —Y no sé si podría hacerlo otra vez.Efraín permaneció varios segundos en silencio, después acercó su silla, no la tocó, simplemente estuvo más cerca.—Mírame.Marina levantó los ojos.—No puedo prometerte que nunca vamos a tener problemas. —dijo mirándole a los ojos.
La casa estaba finalmente en silencio o, al menos lo más parecido al silencio que podía existir en una casa en la que acababan de llegar dos bebés.Marina permaneció parada varios segundos junto a las cunas, no podía dejar de mirarlos. Finalmente estaban ahí, sus bebés después de tantos días de hospital, médicos, incertidumbre y aquel miedo que parecía haberse instalado de manera permanentemente dentro de su pecho, tenerlos ahí le resultaba extraño.Marina extendió una mano y acomodó cuidadosamente la pequeña manta que cubría a uno de ellos.—No tienes frío, ¿verdad? Tu mamá solamente está loca. —susurró muy bajito mientras acariciaba suavemente la orejita de aquel bebé.Las niñas habían querido acercarse a los bebés al momento en que habían llegado, su padre, preguntaba cada cinco minutos si necesitaban algo.Ofelia había convertido la cocina en una especie de centro de operaciones y, aunque Marina había intentado decirle varias veces que no necesitaba preparar tanta comida, la mujer
—¿Estás contenta? —pronunció Eugenia al teléfono. —¿Eso querías?La mujer caminó por la habitación.—Primero destruyes tu matrimonio y ahora destruyes el mío…Si tan solo Marina hubiera mantenido la boca cerrada, si Marina no hubiera provocado aquella discusión, si no se hubiera metido con Sebastián, si no hubiera tenido aquellos hijos, si no hubiera hecho que Rigoberto comenzara a cuestionar cosas que durante años había aceptado… Nada de aquello estaría ocurriendo.Era mucho más sencillo pensar así, porque la otra posibilidad era insoportable. La posibilidad de aceptar que Marina no había hecho nada, que aquella criatura no había pedido nacer, que Fernando y ella habían sido los adultos.No quería aceptar abiertamente que ella había decidido casarse con Rigoberto, que había decidido no esperar a Fernando, que había decidido comenzar nuevamente una relación con él cuando regresó, que había decidido quedarse después de descubrir el embarazo, que había decidido durante casi treinta años
—¡Eugenia! ¡Eugenia! ¿Estás ahí?La mujer guardó rápidamente la fotografía.—¿Qué?Eugenia se asomó por la ventana y sintió inmediatamente una punzada en el estómago, pues vio a Carmela y, si Carmela sabía algo, en menos de veinticuatro horas lo sabría medio pueblo.—¡Estoy ocupada! —dijo ella con algo de fastidio.—Solo pasaba a verte y saber cómo estás. —dijo Carmela tratando de indagar un poco más.Eugenia soltó una carcajada amarga.—Claro que quieres saber cómo estoy.Quería saber si era verdad; esa mujer no perdía el tiempo, ella quería saber si Rigoberto la había dejado. Si después de tantos años de matrimonio, Eugenia Salas iba a convertirse en una mujer divorciada.—“Divorciada”.La palabra le provocaba escalofríos, no porque perdiera a Rigoberto, no. Rigoberto podía irse si quería; a fin de cuentas, hacía años que dormían juntos más por costumbre que por otra cosa.Lo insoportable era todo lo demás: las miradas, los murmullos, las preguntas.—“¿Supiste que Rigoberto dejó a Eu
Eugenia Salas llevaba más de una hora sentada frente al tocador; no lloraba, bueno, sí había llorado, solo un poco, y ese poco había sido lo suficiente para que sus ojos se hincharan ligeramente y tuviera que colocarse dos cucharas frías sobre los párpados durante algunos minutos.Ella no lloraba por Rigoberto; miró su reflejo, se acomodó el cabello, después giró ligeramente el rostro hacia un lado y luego hacia el otro; se percató de que todavía era una mujer atractiva; la edad había hecho lo suyo, por supuesto. Había pequeñas líneas alrededor de sus ojos, otras cerca de la boca y su cuello ya no era el mismo de cuando tenía veinte años, pero seguía siendo Eugenia.Llegó a la conclusión de que eso debía significar algo. Durante muchos años había significado muchísimo; con aquel pensamiento en la cabeza, abrió el cajón del tocador buscando su crema y se encontró con una fotografía vieja.La reconoció inmediatamente.—Ay, no… —dijo al tomarla.Estaba amarillenta en las orillas; en ella







