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La protegida del lobo
La protegida del lobo
Autor: WJRalde

1. El Alfa.

Autor: WJRalde
last update Fecha de publicación: 2025-02-27 00:24:31

El viento arrastra el aroma del bosque, la humedad de la tierra revuelta, el rastro de presas que han pasado por aquí hace horas. Respiro hondo, llenando mis pulmones con la esencia de mi territorio. De mi hogar. De mi manada.

Soy Luke. El alfa.

No nací para esto. O al menos, no lo creí cuando era solo un cachorro corriendo entre la maleza, midiendo fuerzas con mis hermanos, con las fauces llenas de sangre y tierra. No pensaba en liderazgo, ni en poder. Solo en correr, en pelear, en sentir la libertad ardiendo en mis músculos. Pero el destino no pregunta. Te pone frente al abismo y espera. Algunos caen. Otros saltan.

Yo salté.

Mi cuerpo es la prueba de cada batalla librada. Alto, musculoso, forjado por los años y las cicatrices que cuentan historias que pocos conocen. Mi piel es dura, mis puños, aún más. Y mis ojos... mis ojos han visto demasiado. Lo suficiente para entender que la lealtad puede ser un arma de doble filo y que el poder pesa más de lo que cualquiera imagina.

Soy el lobo que lidera. El que protege. El que se alza cuando todos los demás caen. No hay espacio para la duda. No hay margen para el error. La manada me sigue porque en mí ven la fuerza que temen no tener. Pero lo que ellos no saben es que cada decisión me arranca un pedazo de alma.

Y entonces está él.

Natan.

Mi hermano de vida. Mi mano derecha. El único que siempre estuvo a mi lado, que peleó conmigo espalda con espalda, que compartió la misma sangre, el mismo sudor, la misma furia. Juntos construimos lo que hoy tenemos. Juntos enfrentamos cada amenaza. Si yo caigo, sé que él estará ahí para sostenerme. Y si él cae... no sé qué haría.

Porque así funciona esto. Un alfa no está solo, aunque lo parezca. Un alfa elige en quién creer. Y yo ya hice mi elección.

………….

Vivimos en los márgenes de Santa Rita. A veces nos mezclamos con los humanos, cuando es necesario: medicinas, alimentos, cosas que el bosque no da. No vivimos solo de carne, aunque muchos lo crean. Me gusta la Coca-cola bien fría y las medialunas con queso y jamón. Pequeños placeres que me recuerdan que aún hay algo de humanidad en nosotros.

Santa Rita es nuestra. La patrullamos día y noche. Siempre atentos. Siempre listos. Hay ojos que nos observan en la oscuridad, lobos que desean lo que protegemos. Pero mientras yo respire, este territorio no caerá en otras manos.

Porque soy Luke. Y un alfa nunca cede.

Santa Rita es un pueblo atrapado entre el bosque y la carretera, un lugar donde el tiempo parece haberse detenido en un equilibrio precario entre lo salvaje y lo humano. Las calles son estrechas, algunas apenas pavimentadas, otras todavía de tierra, marcadas por las huellas de las lluvias pasadas y el paso constante de los habitantes. Hay faroles antiguos que titilan con luz tenue, luchando contra la oscuridad de la noche, y fachadas desgastadas de casas de ladrillo y madera que se alzan con un aire de resistencia silenciosa.

El centro del pueblo es un pequeño laberinto de comercios, bares y tiendas que cierran temprano, salvo unos pocos que se mantienen abiertos hasta la madrugada. El bar de "El Oso" es uno de ellos, un lugar con olor a tabaco rancio y cerveza derramada, donde los hombres del pueblo se sientan a murmurar historias sobre desapariciones, sombras que merodean el bosque y aullidos que a veces se escuchan más allá de la medianoche. Nadie pregunta demasiado. Nadie quiere saber.

Las afueras de Santa Rita son más peligrosas. La carretera que la bordea es vieja, con grietas en el asfalto y señales oxidadas que apenas se sostienen en pie. Más allá, el bosque lo devora todo. Árboles inmensos se alzan como centinelas, enredados en una maraña de raíces y maleza, cubriendo los secretos que se ocultan entre sus sombras. Algunos dicen que hay cosas en ese bosque que no deberían existir, que hay ojos que te observan cuando caminas demasiado lejos. Y tienen razón.

Para la manada, Santa Rita no es solo un pueblo. Es territorio. Es vigilancia constante. Es el límite entre su mundo y el de los humanos. No todos en el pueblo ignoran la verdad; hay quienes saben lo que acecha en los márgenes, quienes bajan la vista cuando un extraño de mirada dorada pasa junto a ellos. No hacen preguntas. No buscan problemas. Solo intentan coexistir.

Pero Santa Rita no es solo el refugio de la manada. También es un tablero de juego donde otros lobos, otros enemigos, acechan en la oscuridad. Donde las traiciones pueden nacer en la calidez de una amistad, y donde cada sombra esconde una historia esperando a ser contada.

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Último capítulo

  • La protegida del lobo   112.  Donde habitan los ecos.

    Pasaron quince años.El bosque había cambiado, pero también seguía igual. Las raíces eran más gruesas, los árboles más sabios. La tierra había sanado. Las cicatrices del fuego aún estaban ahí, sí, pero cubiertas por musgo nuevo, como si el bosque mismo hubiese decidido no olvidar… solo recordar con ternura.La aldea ya no era un campamento. Era una comunidad. Con casas de madera, puentes entre los árboles, huertos que crecían con una generosidad casi mágica, y niños que corrían con pies descalzos y risas salvajes. Hijos de la luna. Hijos de la libertad.Rita caminaba descalza por el claro.Llevaba una túnica azul oscura, su cabello suelto, plateado en las puntas. No porque hubiese envejecido, sino porque algo dentro de ella se había fundido con la esencia antigua del bosque.Era la madre de todos. La guía. La que los había sacado de la oscuridad.A su lado corría un niño de unos ocho años. Piel morena, ojos grises. Los mismos ojos.—Abuela —dijo él, entre risas—. Hoy soñé con el árbol

  • La protegida del lobo   111. Fuego bajo la Luna Roja.

    El viento cambió de dirección esa noche.Ya no olía a tierra húmeda o a hojas rotas. Olía a huida. A regreso. A sangre vieja y nombres olvidados.Luke lo sintió antes de que ocurriera.Se levantó de la cama, el pecho desnudo, los ojos encendidos como brasas. Rita lo siguió, abrigada por una manta.—¿Qué es? —preguntó ella, sabiendo que no era solo un presentimiento.—Ellos. Los que quedaron. Los que sobrevivieron a la masacre.Rita se detuvo. Su corazón se aceleró.—¿Estás seguro?—Están llamando. Y quieren verme.…La reunión tuvo lugar en un claro donde los árboles parecían inclinarse en respeto. No quedaba rastro del antiguo refugio, solo piedras carbonizadas y cenizas dispersas.Pero ahí estaban.Siete.Siete figuras emergiendo de entre las sombras, algunas con el andar cojo, otras con una mirada vacía. Pero vivos. Con cicatrices que hablaban más que cualquier palabra.Uno de ellos era **Tomi**. El viejo cocinero de la manada, el que todos creyeron muerto.—Sos igual a tu padre, L

  • La protegida del lobo   110.  La Sangre del Primero.

    El mundo pareció detenerse.Natan, erguido como un dios de la muerte, tenía detrás suyo a esa manada de espectros. Sus ojos eran pozos de oscuridad, y su sonrisa… esa maldita sonrisa… estaba hecha para quebrar voluntades.Luke no se movía.Pero Rita lo sentía vibrar.Literalmente.La tierra temblaba bajo sus pies. Como si algo debajo quisiera salir a la superficie. Como si algo antiguo, sepultado durante siglos, despertara con hambre.—Te maté, Natan. Lo hice con mis propias manos.—Y sin embargo acá estoy. Porque no me mataste del todo. Porque tenés miedo de lo que podrías llegar a ser si lo hacés de nuevo.Rita frunció el ceño. Luke apretó los dientes. Su piel comenzaba a agrietarse, no como cuando se transformaba… sino como si la carne misma estuviera despegándose de un interior más grande, más oscuro.—¿Qué está pasando? —susurró ella, sin dejar de apuntar su arma.—Él no es solo un alfa —respondió Natan, con voz venenosa—. Él es descendiente del Primer Lobo. El que nació antes de

  • La protegida del lobo   109. La manada de las cicatrices.

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  • La protegida del lobo   108.  Las brasas del deseo.

    Habían pasado tres meses desde que la sangre dejó de correr. La paz, aunque frágil, se aferraba a las ruinas de lo que alguna vez fue la manada. Luke y Rita se habían instalado en una cabaña antigua, escondida entre colinas lejanas, donde la niebla era más constante que el sol y el tiempo parecía detenido. Una cabaña con madera que crujía, paredes gruesas de piedra y una chimenea que jamás se apagaba.Pero la calma tiene un precio. Y cuando no hay enemigos externos, los conflictos internos encuentran espacio para crecer.—Siempre dejas las botas llenas de barro en la puerta —bufó Rita, cerrando con fuerza el libro que tenía en las manos—. ¿Es tan difícil pensar en alguien más?Luke, sentado frente al fuego, alzó la vista. Tenía la barba más larga, el pelo más desordenado y una expresión entre irritada y divertida.—Sigo salvando el mundo como antes, solo que ahora es esta casa. Vas a tener que perdonarme si no tengo tiempo para los detalles domésticos.—No es la casa lo que intento sa

  • La protegida del lobo   107.  Fuego sobre los huesos.

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