Inicio / Hombre lobo / Lobo feroz / Capítulo 5: Trueque

Compartir

Capítulo 5: Trueque

last update Fecha de publicación: 2024-08-28 03:11:29

—Hola, caperucita —me saluda John cuando estoy abriendo la puerta. Al parecer ya tengo un apodo en este pueblo.

—Hola, John. ¿Qué tal todo? —inquiero por cortesía, pero sin ganas de mantener una larga conversación.

—Pues, he estado buscando pistas del asesino. Lamento mucho no haber pasado anoche, estuve ocupado.

—No sabía que vendrías anoche... —murmuro, y podría asegurar que he fruncido el ceño de manera involuntaria porque siento una pequeña presión en el rostro.

—Te dije que te protegeré. No dejé de pensar en ti ni un momento. Temía tanto por tu vida.

—Como puedes ver estoy bien. De todas formas, creo que están sobrevalorando el asunto.

—No es así. Hay un asesino y lo voy a atrapar. Esas bestias deben morir todas, son una plaga en... Hadima. —Se queda pensativo por unos segundos. Hay algo en su mirada que no me convence, es como si mi cuerpo me pidiera que me alejara de él.

—Bueno, espero que lo atrapen rápido —corto el tema con la esperanza de que se vaya.

—Tengo la noche libre, puedo llevarte a cenar a un lugar donde preparan el mejor marisco del pueblo —cambia el rumbo de la conversación de forma drástica. No quiero ser odiosa, mas tampoco me interesa salir con él.

—Lo siento, pero estaré ocupada en estos días. Será luego. —Abro la puerta y ondeo mi mano como despedida. Sin darle chance a refutar, cierro la puerta.

Bien, a continuar con la limpieza.

Algunas horas han transcurrido y he avanzado un poco. He sacado todo lo que no sirve y puesto en el patio, también he despolvado los muebles; lo último me ha puesto feliz debido a que éstos están en muy buenas condiciones y, gracias a ellos, ya la sala luce como una normal. He encontrado cuadros hermosos de paisajes de ensueño y no puedo evitar preguntarme, si esos paisajes que parecen fantasía en realidad existen.

Los agentes de la electricidad me dijeron que vienen mañana y los del teléfono en unos días, así que hoy toca luz de vela otra vez; por suerte, en esta casa hay muchas de esas. Me da curiosidad saber si los que la habitaron en el pasado tuvieron electricidad o si utilizaban las velas para otra cosa. En fin, por lo menos tengo con qué alumbrarme.

Mientras lavo los trastes y descubro que hay vajillas de plata que nunca usaré y que puedo vender mañana, escucho que tocan la puerta. Sí, debo poner un timbre. Me apresuro a abrir con el corazón agitado; sé de quién se trata; me parece increíble que el olor a vainilla y dulce de leche inunde mis fosas nasales desde tal distancia. ¿Tendrá un pastel en mano como cuando lo conocí?

Abro la puerta y el delicioso aroma dulce se torna más intenso, pero no hay postre. ¿Los reposteros siempre huelen así?

—¿Estás haciendo algo con fresas? —me pregunta mientras olfatea a su alrededor, entonces su mirada se torna desconcertada y su semblante denota tristeza. Es como si hubiese recordado algo de repente que le afecta. Puedo sentir esa frustración como si se tratara de mí. ¿Me estoy volviendo loca?

—No, sólo lavo los trastes. Entra, por favor. —Debo ser más disimulada o creerá que soy una pervertida, pero me es imposible no contemplar ese lindo trasero, que se encuentra apretado en sus vaqueros.

—Vaya, pareciera que aquí dentro pasó un terremoto. —Suspiro al escuchar su broma que, por alguna extraña razón, no me parece lo sea. Su mirada melancólica escanea la sala como si lo reconociera con nostalgia.

—¿Cómo supiste que tenías esta casa aquí? —Se aclara la garganta—. Creo que mi pregunta es estúpida —susurra.

—No lo es. Yo no estaba enterada de esto, es más, ni siquiera sabía que existía un pueblo llamado Hadima en Bulgaria.

—¿Bulgaria? —Me mira con curiosidad.

—Ah... ¿Nuestro país? —Levanto una ceja y lo miro con diversión.

—Oh... —masculla con expresión ensombrecida—. Vamos a empezar. Miraré el baño, primero.

—Bien, gracias.

Después de dos horas, Arel recoge sus utensilios y regresa a la sala.

—Debo comprar algunas piezas para poder continuar. Mañana termino todo, te lo prometo.

—¿Cuánto cuestan las piezas? —pregunto con nerviosismo. No tengo dinero para eso, ni siquiera sé cómo le voy a pagar.

—Yo las compraré, no te preocupes.

Tiemblo. Por alguna razón, siento como si este bombón me hubiera leído la mente.

—Este... —No sé cómo responder a eso. Debería decirle que debo darle el dinero, pero no tengo. Esta situación es muy vergonzosa.

» Yo compro las piezas, hago el trabajo y luego te paso la factura de todo. No te preocupes, incluiré los recibos de la ferretería, no te engañaré.

—No, no, no, no... —niego, agitando la cabeza y manos. Por suerte estoy acostumbrada a negar como lo hacía mi novio extranjero, pues he notado que en Hadima no lo hacen como en Burgas; es como si este pueblo no perteneciera a nuestro país. Tan raro—. No he pensado eso, de verdad.

Él sonríe divertido ante mi expresión de susto. Vaya, debería hacerlo más seguido, su gesto es hermoso y me da ganas de...

Controla tus hormonas, Aliana.

—Lo sé, pero de todas formas debo hacerlo.

—Oye... —Juego con mis dedos porque estoy nerviosa y avergonzada—. ¿Cuánto me va a costar todo esto?

—Pues... Es un gran trabajo... —Se rasca la nuca.

—Lo sé. ¿Aceptas cuotas? Es que no he empezado a trabajar porque no tengo electricidad, también porque he estado organizando toda la vivienda; pero desde que empiece a vender te pago.

Me mira de una manera que me hace temblar, estoy perdida. ¿En qué estaba pensando al contratar a alguien sin tener dinero?

—¿Qué vas a vender? Veo que tienes una máquina de coser, ¿eres modista?

—Sí, algo así. Soy diseñadora de moda y, pues, diseño y coso ropa, que luego vendo. Bueno, eso hacía hasta que... —Muerdo mis labios del coraje. Cada vez que recuerdo lo que me hizo mi ex, me dan ganas de golpear a alguien.

—¿Hasta que...?

—Me traicionaron —concluyo porque no quiero dar detalles. Miro sus ojos grises, pero lo que veo me asusta. Sus pupilas dilatadas, su ceño fruncido y sus labios apretados. Es como si no soportara la ira. Esto me pasa por contratar a una persona sin tener cómo pagarle.

—¿Quién se atrevió a hacerte daño? —Su voz gruesa me asusta.

—Eso no es importante, ahora. No vale la pena siquiera mencionar a ese maldito infeliz. Lamento mucho esto, yo sólo tengo unos centavos, pero desde que empiece a vender te pago todo.

—Tranquila —su voz se torna suave—, no tienes que pagarme con dinero. —Su sonrisa socarrona me hace sonrojar. Siento como mi sangre arde y se me sube la bilis. No me decepciones, chico lindo.

—¿Perdón? —cuestiono, escandalizada.

—Creo que eso sonó raro. —Ríe con diversión ante mi cara de loca, porque mi imagino que así debo lucir—. Mejor aclaro, antes de me caigas a escobazos. —Mira la escoba en mis manos. Había olvidado que la tenía sostenida—. Me refiero a que puedes pagarme con ropa. El invierno se acerca y necesitaré abrigos, bufandas y chaquetas. Aunque en Hadima no nieva, el frío es igual de insoportable.

—Oh... Te referiste a eso... —No puedo estar más avergonzada.

—Tu imaginación es excitante, pero no soy un patán. —Muerde su labio inferior, provocando que me pierda en su hermosa boca, lamiendo los míos por instinto.

¿De dónde ha salido esta tensión sexual?

Despido al chico sensual y de belleza exótica, aunque me gustaría tener una excusa para retenerlo aquí un poco más. Vaya, ahora me siento asustada por las sensaciones de mi cuerpo ante un desconocido.

Una vez la puerta me separa del chico de ojos grises, exhalo un suspiro. Miro a mi alrededor y el olor a vainilla y dulce de leche se ha quedado impregnado en esta casa, sintiéndose como un cálido hogar. Me lo puedo imaginar: Él, yo, los niños... Serían unos cachorros hermosos...

¿Cachorros? ¿Por qué dije cachorros? Vaya, necesito descansar.

***

El canto de los pájaros me despierta; dejo salir un bostezo y abro más mis piernas y brazos sobre el colchón, disfrutando la comodidad de éste y la suavidad de las sábanas. Me sacudo para poder levantarme, es tan tentador quedarme aquí acostada, pero no, hoy será un día agitado.

Otro bostezo y ya estoy lista para andar como zombi por toda la casa. Me tiro de la cama y me dirijo a mi ventana para recibir el aire fresco de la mañana. Este lugar me gusta mucho por el aire limpio, el contacto con la naturaleza, la tranquilidad... Creo que las personas del pueblo exageran con el asunto de la supuesta bestia; bueno, todos ellos están medio locos, así que no me parece raro que crean cualquier tontería.

Abro la ventana y una sonrisa se me escapa cuando el olor a tierra, madera y hojas inunda mis fosas nasales. ¡Se siente tan bien!

Miro el bosque, embelesada ante su belleza que me llama y, si no fuera por la posibilidad de encontrarme con un lobo feroz, ya me hubiera adentrado en él. Olfateo como si fuese un sabueso, disfrutando la frescura de este lugar, pero el olor a dulce me impacta.

«¡No puede ser!»

¿Otra canasta?

Corro con ansias hacia el patio, y al salir me encuentro con el mismo escenario de ayer. Una canasta con cintas rojas. Me acerco con precaución y un poco nerviosa. No cabe dudas de que alguien la deja aquí para mí, pero, ¿por qué? ¿Quién podría ser el buen samaritano?

La tomo con manos temblorosas y palpitaciones frenéticas en mi pecho; esta situación luce sospecha y peligrosa. ¿Qué debo hacer?

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Lobo feroz   Colorín, colorado

    Un mes después...Estoy tan débil...Ya nada de lo que hacen los médicos evita los malestares. Estoy muriendo. Ha transcurrido un mes desde mi última conversación con Arel y no he sabido más acerca de él. Temo tanto que no lo logre.«Aliana...»¿Arel?Su voz suena como un susurro; busco con la mirada, pero no veo nada. ¿Acaso lo imaginé?Me remuevo sobre el colchón con inquietud, frustrada porque el malestar me gana.«Aliana, no podré mostrarme a ti porque usaré todo mi poder para transportar el objeto. Puesto que mi poder activa el de la piedra, podrás ver una pequeña luz en alguna parte de tu cuerpo si buscas bien; será tan sutil que tendrás que estar atenta, entonces tomarás la daga y la sacarás, después agarrarás la piedra en tus manos y la vas a apretar usando tu poder omorfiano. Sé que está bloqueado por el veneno, pero la piedra despertará un poco de este. Así dejarás de estar atrapada en dos dimensiones y regresarás».Asiento, confiada en su instrucción. Estoy tan débil que no

  • Lobo feroz   Capítulo 28: Intangible

    Suelto un largo suspiro mientras observo el ocaso, disfruto esta soledad sobre un risco que me da vista de la infinidad del bosque de Hadima.Necesitaba este escape porque siento que me ahogo en la manada.Todos tratan de ser comprensivos conmigo y hacen su mayor esfuerzo para hacerme sentir mejor, pero lo único que logran es hostigarme.—¡Aquí estás!Aprieto mi cabello cuando escucho la voz medio chillona de mi hermana, que martilla en mis oídos de forma insoportable.—Quiero estar solo —sentencio.—Ya has estado solo por mucho tiempo. Necesitas la dulce compañía de tu hermosa hermanita.Pongo los ojos en blanco.—No es para tanto… ¡Si sólo salí de la manada por media hora! ¡Déjame en paz!—Estamos de mal humor hoy. —Dave se sienta a mi lado. ¿En qué momento se unió a nosotros?—Él siempre está de mal humor. Se ha vuelto insoportable desde que... —Anahit se tapa la boca antes de terminar eso que sabe que me hará daño; sin embargo, ya el dolor empieza a ahogarme y las lágrimas provocan

  • Lobo feroz   Capítulo 27: Veneno

    ArelLa rabia que me inunda en estos momentos nubla mi razón, a tal punto que no soy dueño de mis actos. Salto encima de esa loca, no sé en qué momento me he transformado de nuevo, ya que lo único que quiero es que pague por hacerle daño a ella.Mi amada mate y Turug...Los gritos de Violet ponen a los demás en alerta; tanto licántropos como omorfianos se yerguen en posición de defensa, esperando cualquier movimiento amenazante para darse a la batalla.¡Me importa un comino!Ella trata de usar su poder en mi contra, pero la energía de mis genes omorfianos es un escudo protector a su veneno.Es lo que intentó hacer con Aliana, envenenarla con su habilidad. Retrocedo cuando su veneno quema mi protección y utilizo más poder para enmendar mi escudo. Ella se me lanza encima y me ataca con un aguijón del mismo color de su cabello, tira ataques a diestra y siniestra, haciéndome retroceder mientras le enseño mis colmillos.Estoy cansado de esto, por lo que me dispongo a terminar con ella de u

  • Lobo feroz   Capítulo 26: Caos, sangre y muerte

    Estoy pasmada. ¿Por qué dicen que soy hija de esa bestia? Recuerdo que él me tocaba de forma inapropiada, un padre nunca tocaría así a una hija de esa manera; él..., no…, eso no es posible. Ignoro las tonterías de esos dos porque no me importan sus especulaciones; nunca aceptaría a ese monstruo como mi padre, aunque si John lo fuese me hubiese convertido en lo mismo que él, ¿cierto?De repente visualizo a Arel sobre el suelo casi inconsciente. La rabia hierve dentro de mí, la necesidad de derramar sangre se torna incontrolable. Corro en dirección a esas bestias asquerosas, quienes se han erguido frente a mí.—¡No le hagas daño! ¡Ella es mía! —grita ese ser despreciable a quien tanto odio. Quiero despedazarlo, necesito acabar con su existencia.Me le lanzo encima y lo ataco en el cuello, mordiendo hasta que el sabor a azufre inunda mi paladar. Siento cosquilleos por toda mi piel, mi corazón late muy rápido y entro en un trance que me hace sentir extasiada. La adrenalina me pone eufóric

  • Lobo feroz   Capítulo 25: Érase una vez

    CuentistaÉrase una vez, una comunidad llamada Évrima. Esa era la comunidad de los omorfianos y estaba dividida en villas.La villa de rosas rojas y oro era una de las más poderosa y perteneciente a la élite. Era gobernada por reinas, puesto que el poder se les concedía a las mujeres. Las gobernadoras se escogían de manera diferente a los humanos puros y otras comunidades, ellas eran nombradas princesas desde niñas, usando una capa roja como símbolo de su selección.Un día, una princesa salió fuera de la villa; llevaba su capa roja y la respectiva canasta con las que aquellas princesas siempre cargaban, puesto que eran utilizadas para recolectar flores y hojas, o cualquier tesoro que la naturaleza les diera en el camino.En la soledad del bosque, un hombre lobo atacó a la princesa, dejando sobre el suelo los restos de su cuerpo y las manchas de sangre. Desde ese acontecimiento, los omorfianos se declararon enemigos de los hombres lobos y evitaban salir en noche de luna llena para no s

  • Lobo feroz   Capítulo 24: Libertad

    Dejo que las lágrimas broten con libertad y que los recuerdos suprimidos salgan a flote. Necesito saber la verdad, debo recuperar mi vida.Pienso en los eventos extraños que he experimentado en este pueblo y junto a Arel. Creo entender todo. Sí, por eso Arel me invitó a salir la primera vez; de alguna forma que desconozco, supo que la bestia aparecería por los alrededores. Por eso me retuvo en el teatro.Arel, siempre estuviste cerca, velando por mí.De momento siento que algo dentro de mí se rompe. Mi pecho arde y duele. Entonces los recuerdos empiezan a cobrar sentido. El día que fui a ver a mi madrina, él me asustó a propósito para que huyera y no fuera a su encuentro. Él solo quería evitar que ella me hiciera daño.Miro la canasta por inercia y recuerdo la última conversación que tuve con ella y con John.Es una trampa.Ella volvió a jugar con mi mente para que hacerme traicionar a Arel. No dejaré que...—Estás encajando las piezas, mi caperucita —Miro a Arel con terror. El pastel

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status