Se connecterPRESENTE
JULIAN CARSON
Tenso la mandíbula, el olor a humo de cigarrillo y a Vodka, hace que mis sentidos se adormezcan, no lo suficiente como para no saber qué es lo que estoy haciendo, la zorra que está de rodillas frente a mí, hace sus mejores intentos para meterse a la boca todo mi miembro, no puede y suelto una carcajada, cansado de ella. Chasqueo los dedos pidiendo un nuevo trago, la música se encuentra a niveles que solo pudren mi mal genio.
A mi alrededor están siete socios de la empresa familiar Carson, como mi apellido, el venir de una familia tan poderosa me da ciertas ventajas, una de ellas es esta, manipular a las personas para conseguir que se firmen los tratos que nos hará crecer más como empresa petrolera.
—Apártate —pido a la zorra y esta se marcha con las mejillas teñidas de rojo, por lo avergonzada que está.
Me subo el cierre de los pantalones, con el gesto camino hacia el balcón, admirando a las perras que bailan sobre una tarima de cristal, están drogadas, todas ellas, nadie las obliga, lo hacen por placer.
—Disculpe, señor —me dice uno de los meseros más longevos del lugar.
Volteo a mirarlo de soslayo, sabe que odio que me interrumpan, en especial cuando estoy en la zona VIP.
—Abajo están dos hombres policías que preguntan por usted —me susurra al oído, la discreción es algo que valoro.
No le temo a la policía, mi familia la tiene en el bolsillo desde hace mucho tiempo, pero eso no quita el que de vez en cuando quieran jodernos los negocios.
—Gracias, puedes irte —demando.
Este se marcha y miro a los hombres que cogen, besan y manosean a las chicas que encantadas con que les den droga, se dejan hacer, no los interrumpo, doy órdenes de que la casa invita a esos idiotas, tomo mi gabardina, la noche es fría, la policía no tiene prohibida la entrada, no obstante, son chicos inteligentes a no adentrarse al territorio de los Carson.
Para cuando salgo, ellos están en la otra acera, hablando, saco un cigarrillo y vuelvo a fumar, meto una mano dentro del bolsillo de mi gabardina y con arrogancia me dirijo a ellos.
—¿Qué hace un par de hombres de la justicia en un territorio tan peligroso?
Los hombres me miran, luego lo hacen entre ellos de hito en hito.
—¿Y bien? No tengo tiempo.
Uno de ellos le indica al otro con un ligero movimiento de cabeza, y este se aclara la garganta.
—Siento traerle malas noticias, pero es necesario que nos acompañe para que pueda reconocer el cuerpo de su hermano Andrew Carson, tuvo un accidente de auto y…
Dejo de escuchar sus palabras en cuanto reconozco, entre todo el balbuceo, el nombre de mi hermano gemelo. La sangre se me pudre al pensar en que ya no respira, ya no está en este puto mundo.
—¿Me escucha, señor Carson?
Asiento.
—Vamos.
Es todo lo que digo, subo a mi auto, apretando el volante con fuerza, piso el acelerador, no los sigo, me sé el camino de sobra, en el trayecto intento llamarle a mi padre para darle la noticia, el que esté tan lejos de nosotros solo me enfurece más, luego hago el intento por llamarle a Marian, nuestra hermana, tampoco, esa hija de perra es lista y siempre tiene metidas las narices en los negocios de nuestro padre.
Legando a la comisaría, al lado, yace el enorme y siniestro edificio que consideran morgue, donde seguro está mi hermano, los policías murmuran algo entre sí, uno de ellos empuja al otro y sus juegos me están cansando.
—¿Ahora qué sucede? —me toco el puente de la nariz.
—Solo queríamos advertirle que es necesario que esté preparado, el cuerpo de su hermano… —traga grueso—. Bueno, en el accidente el carro explotó, por lo que su cuerpo… está casi todo calcinado y…
Le lanzo una mirada llena de amenazas, camino y enseguida uno de lo forenses que ya me estaba esperando, se me acerca, me explica las cosas sobre el accidente, dicen que encontraron rastros de botellas de alcohol, cosa que me pareció extraña, Andrew no era de los que gozara de un buen gusto cuando de beber se trataba, entramos a la sala fría, el olor a podrido hace que se me cierre la garganta, me dicen que el rostro quedó irreconocible y al verlo, lo creo.
El médico tiene que ponerse un pañuelo que cubre su nariz por el hedor, yo no, desde niño estoy acostumbrado a esta m****a, al tiempo que los presentes balbucean cosas que no me interesan, puesto que mi cabeza comienza a maquinar, detallo cada cosa que quedó del cuerpo, la misma complexión, el mismo tatuaje de cuervo en la pantorrilla derecha, todo, llegando a la conclusión de que sí, es él.
Un dolor en el pecho me hace tambalear, la rabia me consume, Andrew no es de los que tiene enemigos, no es como yo, tampoco creo que sea algo planeado por una de las empresas con las que competimos, no, esto es obra de la mafia.
—Quiere que…
—Llamaré a alguien, hagan lo propio, mi hermana es quien se encargará de todo, a partir de aquí —dejo claro moviendo el cuello con estrés.
—Como diga.
Salgo del lugar, me duele una m****a, la muerte de mi hermano, éramos cercanos, mucho, aunque últimamente no debido al trabajo de la empresa, era menor que yo por dos minutos, aunque siempre parecía que las cosas eran al revés, debido a que era de los pensaba antes de actuar. Entro al auto y sigo llamando a mi padre, obteniendo la misma respuesta desde que se largó a Italia. La mafia italiana es respetada, y con los únicos con quienes tenemos problemas es con los Yakuza, la mafia japonesa que es un dolor en el culo.
Tienen una empresa inmobiliaria aquí, por lo que mis sospechas se hacen enormes al llegar a la casa que era de Andrew, veo los vidrios rotos, la puerta principal forzada y abierta, la policía no se mete en nuestros asuntos y no tiene vecinos hasta varios kilómetros a la redonda, era un ser solitario, aunque eso no le quitaba lo hijo de p**a que era.
Al entrar, todo está en desorden, todo, es como si hubieran buscado algo, saco mi arma, no soy de los que se va a medias tintas, mucho menos cuando se trata de cuidarse las espaldas, me dirijo a la oficina, la cual está peor de lo que imaginaba.
—Joder.
Hay retratos por el suelo, papeles, el sofá y todo destrozados, tienen varios navajazos como si pensaran que mi hermano era tan idiota como para esconder algo ahí, entre ellos veo una foto que llama mi atención, la levanto, en él está Andrew abrazando a una chica rubia de ojos azules, no es fea, de hecho es hermosa, pero no es el tipo de mujer con el que los Carson solemos involucrarnos.
Nuestras mujeres son eso, mujeres con experiencia, de cuero, sin nada de inocencia, y esta chica es todo lo contrario, no la conozco y ya huelo el dulce aroma de la inocencia, la tiene abrazada por detrás de la cintura, intento hacer memoria por si en algún momento la vi en una de nuestras viejas reuniones, donde siempre me presentaba a sus amigas con derechos, nada, es una completa desconocida.
Dejo la foto de lado, tenso el cuerpo y palpo con mis manos las paredes hasta que encuentro un espacio hueco, toco y de un golpe rompo ese pedazo, Andrew era fanático de los escondites secretos, algo que le salía bien, meto la mano, encuentro un sobre con mi nombre escrito.
—Chico listo —musito para mí.
Lo rompo y en el encuentro lo que me parece un drive, una foto de la misma chica rubia y un celular que estaba ligado a su correo, donde le llegaban mensajes y llamadas importantes, se llevaron su ordenador, grave error si piensan encontrar algo, jamás somos descuidados, subo las escaleras y me dirijo a una de las habitaciones que usaba yo cuando venía de visita, debajo de la cama sigue mi ordenador, lo enciendo y conecto la memoria,
De manera inmediata me arroja los datos, fotos y pruebas encontrando un Déficit bestial por parte de la empresa Royal; manejada por los Yakuza, comienzo a leer los documentos y mis dudas son respondidas.
—Hijos de p**a.
Cierro el ordenador, mi vena carótida resalta, venganza es en lo único que pienso y en el modo en el que lo lamentarán al haberse metido con nosotros, veo el móvil que descansa en mi mano y lo enciendo, en cuanto la pantalla es iluminada, un nombre aparece varias veces.
—Emma.
Con que así se llama la rubia, ha enviado muchos mensajes, no los leo, no me incumbe, también ha marcado, veo un último mensaje de voz y la curiosidad me llama, le doy play y me pongo el aparato cerca de la oreja.
“Soy yo de nuevo, sabes, por un momento creí que eras diferente, al final resultaste ser como todos los patanes, me dejas sin una explicación clara, así que si has tomado esta decisión, la acepto, solo no quiero que me vuelvas a buscar nunca, no quiero saber nada de ti, y si en algún momento nos volvemos a encontrar, serás para siempre un desconocido para mí, abortaré a este bebé porque no quiero tener nada de ti, mucho menos un recordatorio constante del hombre que ha jugado con mi corazón, Adiós y buena suerte”
—Pero qué m****a.
Vuelvo a escuchar una y otra vez el mismo mensaje, tratando de encajar las piezas, hasta que me doy cuenta de que mi hermano iba en serio con esa chica, ella es su pequeño secreto, o al menos lo era, dudo que ahora siga metida en las sombras, los Yakuza ya debieron darse cuenta de eso. Nadie tiene a sus putas enmarcadas como trofeo.
Mi mente da vueltas, Andrew no era de los que se comprometía con nadie, siempre ha sido un infiel en potencia, de los dos, es el más sereno, pero… Miro de nuevo la foto de la chica, sigo sin poder creer que él se haya enamorado de alguien así. Al final, vuelvo a hacerle una llamada a mi padre, esta vez, contesta.
—Andrew está muerto —es lo primero que sale de mi boca sin dejar de mirar la foto de la rubia.
Quien sonríe y ahora está esperando un hijo de mi hermano.
—Lo sé, Marian me lo dijo hace dos horas.
Un nuevo silencio se apodera entre los dos, igual que lo recuerdo, distante, frío, hostil, su favorita sigue siendo hasta la fecha; Marian.
—Los Yakuza…
—No metas las narices donde no te llaman —espeta con dureza y cuelga.
Me callo lo de su posible nieto, la chica se escuchaba afligida y estoy seguro de que tiene que ver con que Andrew la haya dejado para protegerla.
Vuelvo a marcar esta vez un número diferente, sigo siendo un poco quisquilloso con mi familia, no tengo que esperar mucho, solo dos malditos timbres para que Eduardo, mi mejor amigo, responda.
—Espero que sea bueno, estaba a punto de follar a una…
—Los Yakuza mataron a Andrew —interrumpo sin darle la oportunidad de hablar.
—Mierda.
—Eso es lo de menos, al parecer mi hermano tenía escondida una relación con una chica.
—¿De la mafia?
—No, no lo creo, al parecer es una chica común y corriente, no tiene nada de especial, de cualquier manera, parece que está embarazada, mi hermano debió pedirle que abortara, espero que no lo haya hecho.
—En pocas palabras me has llamado porque…
Miro una vez más la foto de la rubia y tenso la mandíbula con tanta fuerza.
—Tenemos que encontrar a Emma, así me cueste la vida, mi sobrino, mi sangre, él tiene que estar donde le corresponde.
MARINAEl cansancio me vence, la boda real de Emma me ha dejado agotada y ahora estoy en camino a la cama, me quito los zapatos y los lanzo al suelo, ni siquiera me tomo la molestia de encender las luces, solo deseo dejar caer mi cuerpo, estoy a nada de hacerlo, cuando alguien rodea mi cintura por detrás, el olor a loción masculina, llama mi atención, mi cuerpo se relaja y creo que mis piernas tiemblan. —¿Qué es lo que quieres? —inquiero.Mi voz suena firme, tanto, que sin duda hasta a mí me sorprende. —Lo que me prometieron tus padres antes de morir —la voz ronca y gélida a mis espaldas, me eriza la piel. Draman Stolkov, su verdadero nombre, un sicario de la mafia, no tiene bando, solo trabaja con el buen postor con aquellos que le llegan al precio, y actualmente lo hace con la mafia Rusa, hay muchas cosas que todos no tomaron en cuenta, cosas que yo descubrí y que ahora me están poniendo entre la espada y la pared. Porque mis verdaderos padres eran miembros de la mafia roja, y
JULIAN Seis meses después… No me detengo, mucho menos ahora que siento que he estado perdiendo demasiado tiempo, hace seis meses que toda nuestra pesadilla terminó, seis malditos meses en los que me he encargado de vivir para hacer feliz a Emma. Embisto su coño una y otra vez hasta que se corre por milésima vez. —Julian —jadea mi nombre. La penetro un par de veces más hasta que me corro dentro de ella. Me desplomo sobre su cuerpo y me permito respirar mi olor impregnado en su piel. —Te amo —le susurro. —No es bueno que dejes a la novia esperando tanto tiempo —suelta la risa más sexy que haya escuchado. Mañana, o mejor dicho en un par de horas, Emma será mía, por ley, porque me voy a casar con ella, solo, no pude resistirme a follarla para que cuando camine hacia al altar, recuerde que dentro de ella lleva mi semilla, Emma me hace a un lado para que no lastime a nuestro bebé. Tiene cuatro meses de embarazo, luego de descubrir que Viktoria arregló todo para hacernos creer
EMMA Solo una vez en la vida he sentido esta clase de miedo, y fue cuando di por perdido el hecho de no poder recuperar a mi hijo, mi corazón late frenético cuando me doy cuenta de que León me ayuda a sacar el cuerpo de Julian de la alberca, tiene una herida en el costado izquierdo, está perdiendo mucha sangre. Varios tipos se acercan, me pongo a la defensiva, pero León me asegura que trabajan para él, son infiltrados en la Yakuza, decido que más tarde le preguntaré por qué me ocultó eso. —Tenemos que llevarlo a un hospital, no podemos esperar —anuncia y asiento. Dos de sus hombres lo ayudan a cargar a Julian, mientras camino y observo el cuerpo inerte de Andrew, León le dio directo a la cabeza, comenzamos a salir cuando… —¡Mami! Volteo y observo a Michael corriendo hacia mi dirección, su pequeño cuerpo se impacta con el mío y lo cargo en brazos, evitando que vea a su padre muerto. —Vamos, cariño, ya todo estará bien —le susurro. Sus pequeños brazos se aferran a mi cuel
EMMAMinutos Antes… Tomo una larga bocanada de aire, los huesos me duelen más que los músculos, siento que algo se ha fracturado dentro de mí, pero no me doy por vencida, intento resistir porque no quiero que mi hijo me vea de este modo. No es como que me atreva a mirarlo a los ojos un día y decirle que fui débil, si es que sobrevivo a esto. El sabor metálico que llena mi boca, hace que tosa y escupa sangre, desde que Andrew me capturó, no ha dejado de golpearme, esta vez hay algo diferente en su mirada, es como si el infierno mismo habitara dentro de él. —Vamos, no seas niña —enreda los dedos de sus manos en mi cabello y tira de él con fuerza. El dolor se dispara en olas que mi cuerpo registra como letales, intento mantener la calma, estoy segura de que en cuanto León se dé cuenta de que Michael y yo no estamos en casa, vendrá a buscarnos, solo espero que no tarde demasiado. —Yo te amaba —brama en mi oído. Le miro a los ojos y le escupo la sangre acumulada al rostro. —Tú jamás
JULIANTermino de ducharme, cierro los ojos con fuerza, hace unos minutos que no me abandona este mal presentimiento, uno que se hace cada vez más fuerte, quisiera tratar de hacer entender a Emma que lo que hice fue porque pensé que era por su bien, por el nuestro, no pensaba matar a nuestro hijo, sino, escapar para mantenerlo a salvo de la orden. Las cosas no salieron como las planeaba y aquí están las consecuencias. Pero no me siento mal por eso, no cuando todo lo he hecho por amor. Salgo del cuarto de baño, necesito planear una estrategia para volver a recuperarla, cuando mi móvil suena, sonrío al ver qué se trata de mi sobrina, Luciana, la hija de Marian, la que hice que todo el mundo creyera muerta porque no quería que por los errores de su madre, y de que casi la mata, fueran por ella, la escondí en una isla segura, donde hay gente que la cuida, le ayuda a recobrar su seguridad y la adora. —Tío —habla alegre. —¿Cómo te encuentras? —pongo el altavoz mientras me visto. —Bien,
EMMATodo lo malo que me ha perseguido, se remueve cuando abrazo a mi hijo, mi bebé, él hace una ligera mueca de dolor cuando lo abrazo con fuerza, entonces me doy cuenta de que es porque León debió haberle quitado el chip con el que Andrew lo rastrea. —Creí que estabas muerta —susurra.Por un segundo pienso que me va a odiar, pero al ver como su barbilla tiembla y sus labios fruncen, sé que no es así, a más del brillo que se ancla en sus ojos. —No cariño, mamá, tuvo que estar lejos un tiempo, pero ahora estoy de vuelta y todo estará bien —le aseguro. Veo la duda y la contrariedad en sus ojos. —¿Lo prometes? ¿No volverás a dejarme solo? No me gusta estar con papá —cierra sus manos en dos perfectos puños. Aunque quisiera decirle que no volverá a verlo jamás, me trago las palabras, porque las suyas me ponen en alerta. —¿Te hace mal, tu papá? —inquiero con cautela. Él duda por un momento en hablar, sin embargo, le sonrío a modo tranquilizador, lo que le da el valor al devolverme







