LOGINCordelia —Seraphiel…El nombre me salió como humo caliente entre los dientes. Me incorporé con la guadaña en la mano. La caverna respiró hondo conmigo, conteniendo el aliento.Roxie se movió medio paso para cubrir a Rowan. Damien y Fernanda se pusieron a mis flancos, uno a cada lado, como siempre.Seraphiel cruzó el umbral, haciendo que la tierra bajo sus pies temblara con cada paso.—Pensé que te gustaban más los relojes que las cavernas —dije, llamando su atención.Sonrió sin mostrar los dientes.—Cuando el tiempo falla, cualquier sala sirve.No se acercó más. Tampoco tuvo que hacerlo: su mirada ya había traspasado todos los límites. Miró a Damien, a Fernanda, a Roxie, a Rowan… y volvió a mí, como si todos los demás fueran totalmente insignificantes.—No he venido por ti —dijo.—¡Uy, qué pena! —respondí exagerando la frase—. Pues… sabes que yo tengo que matarte, ¿no?Negó con la cabeza, sonriendo.—Ahora lo comprendí, no me habría servido matarte —continuó, despertando una inquietu
Cordelia No encontraba lugar para mis manos. Caminé de un lado a otro por la galería, con la ropa pegada al cuerpo y el frío del Averno mordiéndome los huesos. La casa crujía con su respiración vieja y cada grieta parecía repetirme lo mismo: "ten paciencia..."No podía hacerlo. No debería sentir eso. Y por supuesto, no quería.Me detuve frente a la ventana abierta al abismo. Apoyé los dedos contra el alféizar de piedra hasta sentirlos hormiguear. “Arriba”, pensé. “Arriba, donde no me quieren, donde me prohibieron volver.” El Cielo podía llamarse paraíso todo lo que quisieran; sin embargo, seguía siendo una putâ jaula con luz.La puerta del pasillo se abrió de golpe. Fernanda entró primero, despeinada, la piel aún rosada; detrás venía Damien abotonando su camisa y la sonrisa culpable de quien sabe que ha sido feliz en el minuto equivocado.—Cor… —empezó Fer, arreglándose el cabello con las manos— ¿Qué pasa?—Que estoy cansada de que me alejen de mi hija —dije sin girarme—. Y de que
RowanCole miró sus manos. Las contrajo. Y en ese gesto abrió la puerta por donde entró lo que no tenía nombre.La vi: no como figura, sino como hueco. Astaroth no cayó sobre él como cae un depredador. Se filtró por la rendija que la ira había abierto. Una oscuridad silenciosa, satisfecha. Lo supe, mirando, algo había cambiado para siempre.La siguiente secuencia fue una letanía. Decisiones tomadas en las que la compasión perdió por un margen amplio. Órdenes dadas con voz más dura y sin racionalizarlas. Miradas que no buscaban ojos sino sumisión. Una mujer, mi madre, viéndolo volver distinto, tocándole la mejilla con dedos cuidadosos y temblorosos. —Descansa —le pidió.—No puedo —dijo él, y su voz ya venía de un pozo.Astaroth se acomodó en su nuca como un rey en su trono, marcándole cada pensamiento, cada gesto. Y yo crecí bajo esa sombra, convencido de que era lo natural… de que mi padre no era más que un tirano cruel que reinaba con sangre, dolor y miedo.La luz de los recuerdos
Rowan La voz me atravesó como una astilla helada en el costado.—Hola, hijo…Las sombras terminaron de tomar forma delante de mí, ganando peso y contorno hasta dibujar un cuerpo que conocía mejor de lo que habría querido: hombros anchos, espalda erguida, el porte severo del Alfa que me había enseñado a temblar. Recordé su nombre antes de verlo completo, como si una vieja puerta se abriera sola en mi memoria.Cole.Mi padre… el hombre que acabó con mi vida el día que mató a mi madre... y me obligó a matarlo para reclamar mi lugar en la manada.El Averno se volvió más frío. Yo seguía pegado a la pared, con las piernas entumecidas, los pulmones casi en un colapso y un vacío brutal en el pecho que llevaba el nombre de Varek. Intenté enderezarme y el mundo me zumbó detrás de los ojos.—Quédate atrás —le susurré a Roxie, aunque sabía que no me obedecería.—En tus sueños, Alfa —respondió, y se colocó a mi lado de todos modos. Su hombro rozó el mío; ese contacto ancló mi cuerpo a la realidad
Clara La luz me envolvió como un agua demasiado pura para mis pulmones. Era fría y hermosa, y sin embargo sentí que intentaba vaciarme. Él estaba allí, no con un cuerpo, sino con presencia: un centro de gravedad en medio de la sala. A su lado, la Diosa Luna tenía una serenidad que cortaba, una sonrisa casi dulce que no tocaba los ojos. Varek gruñó, pero su gruñido quedó suspendido en el aire, como si alguien lo hubiera aprisionado dentro de un cristal invisible. Edward se mantuvo un paso detrás de mí, con una quietud tensa que anunciaba que estaba dispuesto a interponerse en cuanto dieran un paso más.—Hija de la unión prohibida —dijo Él con una calma que hacía contener la respiración—. Tu materia no soportará lo que ya despierta en ti. Debes quedarte aquí, donde perteneces.La palabra “perteneces” me dejó un sabor metálico en la lengua. Di un paso hacia atrás por puro instinto. Entonces Zeiren se adelantó. Extendió sus alas grises y me cubrió con ellas. No eran un adorno; eran
RowanMe arrastré hasta la pared más cercana, con las uñas rascando la piedra como un animal herido. Cada movimiento era una batalla contra el vacío que me estaba devorando desde dentro. Cuando al fin conseguí apoyar la espalda contra la superficie fría, respiré hondo, tratando de estabilizar el temblor de mi cuerpo.No aparté la vista del portal. Clara había cruzado, Edward y Varek con ella, y Zeiren los había guiado con esa soberbia que lo acompañaba hasta cuando respiraba. Yo me quedé de este lado, como un despojo, como el ser que mi suegro insistía en hacerme ver y sentir, un don nadie, un peligro. "Tal vez el hijo de puta ya sabía que yo no iba a pasar... Tal vez quería que Varek y yo nos separáramos para verme así..."Nunca supe que el lobo y el humano podían separarse. Había escuchado historias, rumores, pero jamás lo creí posible. Ahora lo sabía. ¡Y joder cómo dolía! Era como si me hubieran arrancado la piel y me hubieran metido en un barril lleno de alcohol.El silencio de







