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Capítulo 4: Celos de Alfa.

Autor: J. I. López
last update Fecha de publicación: 2024-07-08 08:32:34

— Bienvenido sea, señor Kingsley. —

El viento soplo furioso durante un instante, y las miradas violeta y ámbar no se agacharon ante el otro.

Aquella Luna rechazada, no se dejó intimidar por el Alfa que la desprecio, y aquella fiereza mostrada por la loba albina, calentaba la sangre de aquel macho de piel morena.

— Por favor, pasemos al comedor, esperamos que la cena sea de su agrado señor Kingsley, le aseguro que tenemos a los mejores chefs de la ciudad. — dijo Leopoldo invitando a todos a seguirlo.

Génesis apretó aquel dije de media luna entre sus dedos; la Diosa Luna la había escuchado, y Artem no había logrado tocarla a libertad. No sabía que era lo que aquel maldito Alfa quería de ella después de tantos años, no sabía si aquel reencuentro había sido solo una casualidad, pero no permitiría que la manada London y su Alfa, volvieran a tomar el control de su vida.

Sabiendo que aquel Alfa le miraba las espaldas, Génesis caminó hasta alcanzar a su prometido, Niccolo, y caminando junto a el, comenzó a entablar una amena charla.

Artem sintió que la sangre caliente de sus venas ardía en una rabia atroz y repentina al ver a su Luna rechazada junto a aquel simple humano de cabellos dorados. Años atrás, y tan solo unos meses después de expulsar a Génesis de la manada London, su sangre de Alfa comenzó a rechazar a la Luna Ayla. Aquel aroma que una vez encontró sensual y encantador, le comenzó a provocar náuseas. Noche tras noche, durante años que le parecieron interminables, únicamente el rostro de Génesis Levana le aparecía en sueños. Aquella loba rechazada, resultaba ser su verdadera Luna.

— Es aquí señor Kingsley, por favor, tome asiento. — ofreció Leopoldo.

Pronto todos tomaron asiento, y Génesis se sentó junto a su prometido. Artem sintió nuevamente su sangre furiosa que le exigía destrozar a aquel humano intruso que tocaba a su Luna con libertad, pero sabía que no podía solamente comenzar una carnicería. Aquel era el mundo humano, y los humanos, aunque débiles en su anatomía, eran potencialmente peligrosos, y odiaban a toda criatura que sobrepasara a su comprensión humana. No comprendía como Génesis había sido capaz de mezclarse entre ellos con tal soltura y naturalidad.

Los sirvientes pronto sirvieron las copas de vino blanco para todos, y tomando aquella copa, Artem la alzó ante Génesis.

— Su hija es particularmente bella, casi pareciera ser la encarnación de la Diosa Selene. — soltó repentinamente. — Creo que tenemos un gran futuro por delante entre nuestras compañías, es curioso pues la Diosa Selene es la inspiración ancestral bajo la que realizamos nuestros proyectos, nuestro nuevo tratamiento contra el cáncer se llama de esa manera. — terminó de decir Artem.

Niccolo Salvatore tomó la mano de Génesis para luego lanzar una mirada molesta al imponente moreno que parecía mirarlo con un deje de burla. Leopoldo tan solo sonrió; aquella no era ni sería la última vez que alguien alababa la belleza de su hija adoptiva, pues ciertamente tenía una hermosura única y sobrenatural. Tomándolo con inocencia, el hombre soltó una risa.

— Veo que tiene un buen ojo señor Kingsley. Génesis es considerada la belleza de la ciudad, y no fueron pocos los pretendientes, sin embargo, solo Niccolo Salvatore aquí presente, logró conquistar el corazón de mi pequeña, y dentro de unos meses estarán felizmente casados. Quizás pronto vengan nietos también. — respondió Leopoldo con soltura.

Artem dio un golpe fuerte y seco sobre la mesa que sorprendió a todos. Por supuesto; el escuchar que su Luna perdida podría intimar con un simple humano y procrear hijos con el, le hizo hervir la sangre en una furia atroz. Un silencio sepulcral se apoderó de la mesa, y fingiendo una sonrisa, mostró un pequeño insecto.

— Lo lamento, comer en los jardines es hermoso y relajante, pero algunos invitados indeseables suelen colarse en dónde no los llaman. — dijo arrojando aquel insecto hacia Niccolo.

Génesis apretó los puños por debajo de la mesa. Aquella actitud incomprensible que el Alfa Artem estaba mostrando, lograba enfurecerla. Niccolo tomó aquel insecto, y sonriendo a aquel hombre que parecía mostrar una fijación en su hermosa Génesis, dejó caer aquel insecto muerto al suelo.

— Veo que usted tiene sus ideas muy claras señor Kingsley al igual que nosotros. Montefeltro y asociados estamos entusiasmados con su inclusión en el barco, y se que lograremos grandes cosas juntos. Mi prometida y yo estaremos encantados de colaborar con usted. — dijo con cortesía agresiva el rubio.

En ese momento, los sirvientes comenzaron a servir el lujoso banquete de comida italiana y española, y la cena dio lugar en medio de charlar exclusivas de negocios. Génesis miró a aquel Alfa desalmado, y le sonrió con altivez. No importaba lo que aquel lobo tramara, está vez no lograría humillarla.

Una vez que la cena terminó, Artem se despidió de todos sellando así su unión corporativa. Abrazándose a Niccolo, Génesis se sintió aliviada al ver marchar a aquel Alfa cruel y egoísta.

— Creo que ese hombre mostró demasiado intereses en ti, cariño. — aseguró Niccolo.

Génesis no quiso decir nada al respecto. El Alfa Artem era su pasado, y en el pasado debía quedarse.

— Eso no importa…tu fuiste el único que logró comprenderme. No quiero saber de nadie más que no seas tu. — aseguró la albina besando los labios de su prometido.

Desde los árboles en los jardines de aquella mansión, Artem observó con rencor, celos y dolor como aquella, su Luna, besaba a aquel miserable humano.

Una hora más tarde y en la penumbra de su habitación, Génesis entró en la regadera. Aquel día había sido largo y agotador, pues no esperaba volver a ver después de tantos a aquel Alfa miserable. Sintiendo el agua caliente recorrer su cuerpo desnudo, aquel collar en su cuello vibró, y entonces la loba albina sintió que los fuertes brazos y el aroma de un hombre conocido, la tomaron por sorpresa.

— Te he encontrado mi Luna perdida…y aún cuando me rechazas, nadie más que yo volverá a tocarte. — dijo Artem con voz cavernosa gruñendo en el oído de Génesis, aún cuando aquel collar lo estaba lastimando.

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Comentarios (6)
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Rina D Gonzales Cervantes
Agradecida que dejaran de referirse en forma tan despectiva de Génesis, el Albinismo es una condición. Las personas prefieren ser llamadas “persona con Albinismo”.
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Mariana Castro
Q bueno no es q su amante es estéril es q fue castigado por la Diosa luna y le impidió q pudiera seguir tocando a su amante provocandole asco y náuseas cada ves q ella estaba a su lado haciendo insoportable su olor para el coge el karma castigo d la diosa delen más si más se merece por infiel
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Mariana Castro
Enserió el se cree tan superior tan seguro d q la va a recuperar después d todo lo sucio e infeliz q fue con ella y para colmo sigue con su amante pretende acaso llevarla a la fuerza e imponerle a su amante y obligarla a darle un heredero tendría q ser más q estúpida ella si lo permite q alfa ruin
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