ログインLos días siguientes se volvieron un infierno para Cristal, Lorena se instaló en la casa como si nunca se hubiera ido, desde la primera mañana dio órdenes a todo el personal:—A partir de ahora me llaman señora otra vez, y solo obedecen mis órdenes. ¿Quedó claro?Nadie se atrevió a discutir, los empleados bajaron la cabeza y respondieron:—Sí, señora.Cristal estaba ahí cuando lo dijo, Lorena la miró de reojo, sonriendo con malicia.—Tú también, Cristal, no se te olvide.Cristal apretó los labios y asintió en silencio.Apenas Franco salió hacia la oficina, Lorena llamó a dos de las muchachas de la casa.—Saquen todas las cosas de esa del cuarto de invitados, llevenlas a su antigua pieza. La de las sirvientas.Cristal, que había escuchado desde el pasillo, entró al cuarto justo cuando empezaban a meter su ropa en cajas.—¿Qué están haciendo? —preguntó.Una de los bajó la mirada, avergonzada.—Órdenes de la señora Lorena.Lorena apareció en la puerta, cruzada de brazos.—Eres la misma d
Cristal se quedó paralizada en medio del despacho, frente a ella, Franco y Lorena estaban demasiado cerca. Demasiado juntos, la forma en que él la miraba… esa mirada no era de un hombre que había olvidado. Era la mirada de alguien que nunca había dejado de querer.—Ya entiendo… —susurró Cristal, la voz le temblaba— nunca la dejaste de amar.Franco no respondió de inmediato. Solo la miró con esa expresión fría que últimamente usaba con ella. Lorena, en cambio, sonrió. Una sonrisa lenta, venenosa, llena de triunfo.—Qué lista eres, al fin —dijo Lorena con voz burlona— ¿Te costó mucho darte cuenta, querida?Cristal sintió que las lágrimas le quemaban los ojos, pero intentó mantener la compostura. No quería llorar delante de esa mujer.—Franco… —dijo, dirigiéndose solo a él— si ya volviste con ella… déjame irme. No tiene caso que me quede.Franco la miró en silencio varios segundos, luego hizo un gesto con la cabeza hacia Lorena.—Sal.Lorena arqueó una ceja, molesta, pero obedeció. Antes
Esa noche, en cuanto Franco entró en la habitación, se dio un baño, cuando salió, Cristal ya estaba en la cama, con los ojos cerrados. Él se acostó dándole la espalda, no la tocó. No le habló, se quedó quieto, esperando, escuchando su respiración hasta que creyó que estaba dormida.Entonces se levantó con cuidado, salió de la habitación en silencio y caminó hasta la de invitados. Abrió la puerta sin tocar.Lorena lo esperaba, tenía una copa de vino en la mano y llevaba un camisón transparente, muy corto y muy sexy. Sonrió en cuanto lo vio entrar.—Pensé que no vendrías —dijo, acercándose— tu esposita debe estar soñando con princesas.Franco cerró la puerta.—Se quedó dormida, no hablemos de ella.Le quitó la copa de las manos, la dejó sobre la mesa y la besó con fuerza. Lorena respondió de inmediato, pasando los brazos por su cuello. El beso fue largo, hambriento, como los de antes. Franco le bajó las tirantes del camisón que cayó al piso. Él se quitó la ropa sin dejar de besarla.La
Los ojos de Cristal se llenaron de lágrimas. ¿Qué hacía Lorena ahí? ¿Por qué Franco la había llevado a la casa?Franco miró la escena con el ceño fruncido, Marília empapada, Cecília de pie y Cristal con la bandeja vacía todavía en la mano.—¿Qué está pasando aquí? —preguntó en tono serio.Marília se apresuró a acercarse a su hermano, el agua le chorreaba por el pelo y la ropa.—¡Cristal me atacó! —dijo, casi gritando— me aventó encima agua sucia. ¡Mírame! ¡Estoy empapada por su culpa!Cecília la secundó de inmediato.—Es verdad, Franco, estábamos charlando tranquilas y de pronto esta muchacha perdió la cabeza. Le aventó toda la bandeja, es una falta de respeto intolerable.Franco volteó a ver a Cristal, su cara mostraba que estaba molesto.—¿Es cierto?Cristal, trató de explicar, aunque sentía un gran dolor en el pecho al ver a Lorena ahí, colgada del brazo de Franco.—Ella… Ella le estaba haciendo daño a Thiago, le apretó las mejillas hasta dejarlas rojas. Yo solo…—¡Mentira! —gritó
Diogo se quedó pasmado al ver aquella escena, no podía creer hasta donde habían llegado las cosas, Cristal de rodillas, Cecília con los pies en el agua y Marília riéndose. Saludó a las dos mujeres de manera fría, apenas inclinando la cabeza.—Señora Cecilia, Marília —dijo, sin acercarse a ellas.—Diogo —contestó Cecília— ¿Qué haces aquí?—Traigo papeles para Franco, los dejo en el despacho y me voy.Marilia lo miraba embobada, se levantó de inmediato, pero cuando dió un paso para acercarse a él, Diogo se fue de prisa hacia el despacho.No soportaba a Marilia con sus coqueteos exagerados cada vez que lo veía, quería decirles todo lo que se merecían, quería preguntarles cómo podían tratar así a una muchacha que no les había hecho nada. Pero Franco ya le había dejado claro que no se metiera con su familia. Así que se mordió la lengua. Aun así, por dentro hervía, sabía perfectamente lo que pasaba con Lorena, viajes, restaurantes caros, tiendas de lujo, reuniones de negocios y sociales. M
Thiago llamaba a Cristal “mamá” todo el tiempo, cada vez que lo hacía, ella lo abrazaba y lo llenaba de besos, emocionada de que dijera cada vez más palabras.—Má… má… —repetía constantemente el niño, señalándola con un dedito.—Sí, mi amor, soy tu mamá —le contestaba ella, apretándolo contra su pecho.A Franco eso le molestaba claramente, una tarde, mientras ella jugaba con el niño en la sala, Franco pasó y escuchó el “mamá”. Se detuvo.—Ya basta de estarle enseñando eso —dijo, con voz fría— no eres su madre, eres mi esposa., punto.Cristal volteó a verlo, sorprendida.—Pero él me lo dice solo, yo no se lo enseño.—No pudo aprenderlo solo, no se lo celebres, se va a acostumbrar mal.Ella bajó la mirada y asintió, no quiso discutir, pero no entendía como podía ser cruel con su propio hijo, Thiago había aprendido a tenerle miedo, solo bastaba con que Franco se acercara a él para que cambiara el ánimo del niño, cuando Franco se iba, ella abrazaba a Thiago para calmarlo.A veces, cuando







