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Capítulo 3

Author: Beeluv
last update Petsa ng paglalathala: 2026-08-11 20:49:51

POV de Chloe

Cuando la neblina se disipó, una oleada de mareo me invadió.

El olor a sangre era tan intenso que me daban ganas de vomitar. Corrí hacia el agua y metí el hocico de mi loba para lavarle la sangre.

Detrás de mí se oyó un gemido bajo. Enseñé los colmillos, lista para acabar con el renegado que aún seguía con vida.

El gemido venía del centro de los cuerpos. Era el lobo negro que había venido a rescatarme.

Solté un aullido corto y corrí hacia él. Mi hocico rozó su cuerpo y él soltó otro gemido, moviéndose en el suelo.

Empecé a hacerlo rodar hacia el agua para poder lavarle la sangre del pelaje. O al menos, intentarlo. Se negaba a moverse.

Mi pata resbaló y le golpeó la cabeza. Sus ojos se abrieron lentamente y se fijaron en mí. Di un paso atrás, dejando que se arrastrara hasta ponerse en pie.

Cojeó hasta el agua y se dejó caer dentro. El corazón se me subió a la garganta cuando no volvió a salir a la superficie tras los primeros segundos.

No sé si fue puro pánico o que mi cuerpo ya no podía sostener mi forma de loba, pero volví a mi forma humana y corrí hacia el arroyo.

—¡Oye! —grité, y entré al agua tras él. Conteniendo la respiración, me sumergí, buscándolo.

Unos brazos me sujetaron por detrás. Jadeé y el agua me entró en la boca. Al instante, me sacaron del agua.

Mi pecho se agitaba con la tos mientras trataba de expulsar el agua de los pulmones.

—Respira. Estás bien —dijo la persona que me sostenía, y abrí los ojos como platos.

Me giré de golpe, sin importarme mi desnudez. —¿Qué haces aquí? —pregunté, con la voz temblando por los nervios—. ¿Por... por qué te arriesgarías así para salvarme?

Axel ladeó la cabeza, estudiando mi rostro. —Proteger a los miembros de la manada es mi deber.

Mis ojos volaron hacia los renegados muertos. Ni en mi mejor momento en mi vida pasada habría podido enfrentarlos a todos a la vez.

Estar desnuda a solas con el hombre al que una vez había rechazado para un matrimonio arreglado vinculante me llenó de vergüenza.

—Gracias —dije secamente, y estaba a punto de salir corriendo del agua cuando él me detuvo con una pregunta.

—¿Por qué me rechazaste en la fiesta?

¿Qué clase de pregunta era esa? ¿O acaso él simplemente asumía que toda chica de la manada soñaba con casarse con alguno de los hijos del Alfa?

Mi mirada se posó en él, tratando de captar alguna expresión en su rostro. Estaba en blanco sobre su rostro increíblemente apuesto.

—¿Es porque sientes algo por Jax?

No pude evitar el bufido que se me escapó ante lo ridículo que sonaba aquello.

Antes de regresar a este mundo hace tres días, la yo técnicamente de diecisiete años quizás todavía habría tenido alguna fantasía ingenua sobre Jax. Pero después de diez años de un matrimonio miserable y traiciones interminables, esas ilusiones habían desaparecido hacía mucho.

—No es fácil de explicar —murmuré, pasándome las manos por el cabello, que me llegaba hasta los hombros.

—¿A qué te refieres? —preguntó Axel, nadando más cerca. Un pequeño siseo de dolor escapó de sus labios al moverse.

Me di la vuelta, y mis ojos se abrieron como platos al ver la sangre que le brotaba del pecho. Sin pensarlo dos veces, toqué su pecho, donde una herida profunda sangraba sin parar.

—¿Qué diablos? ¿No eres un Alfa? ¿Por qué no estás sanando? —solté mis preguntas a toda velocidad.

—Los renegados. Sus filos tenían veneno —explicó Axel. Su mano se cerró sobre mi muñeca cuando mi dedo índice rozó la herida—. Necesito que alguien retire el veneno antes de que pueda sanar bien.

La herida tenía un líquido verdoso que salía lentamente.

Miré su rostro pidiendo permiso y él asintió. Cuando mi dedo tocó la herida, su mano encontró mi cadera bajo el agua, sus dedos hundiéndose en la carne.

Ahora mi corazón latía con fuerza por una razón completamente distinta. Él era un hombre parado a menos de medio metro de mí, ambos completamente desnudos.

Bastaba con que uno de los dos se moviera mal para que ocurriera un error.

No, Chloe, me reprendí a mí misma. Puedes quejarte de esto luego. Él te salvó.

Terminé de retirar todo el veneno visible que pude ver, y la herida comenzó a cerrarse lentamente.

Él me soltó, poniendo distancia entre nuestros cuerpos. Contrario a lo que hubiera pensado, parecía no afectarle en absoluto nuestra falta de ropa.

—El matrimonio quizás nunca sea una buena opción para mí —dije, rompiendo el contacto visual con él.

El silencio se extendió entre nosotros mientras esperaba su respuesta.

Él esbozó una leve sonrisa. Sus ojos fríos se arrugaron con diversión, y sus largas pestañas proyectaban sombras suaves. El aura reservada de Alfa que emanaba de él se desvaneció, y su figura alta irradió una calidez amable.

Su cuerpo ardía, atrayéndome inconscientemente hacia él en medio del agua helada del lago.

—Si yo fuera tú, aceptaría este compromiso en vez de obedecer a medias la orden de un Alfa mientras dejo que mi rebeldía se me note en toda la cara.

Levanté la cabeza de golpe.

—Lo que tengamos no será permanente. Si encuentras a tu destinado cuando cumplas dieciocho, te dejaré ir sin protestar.

Traté de encontrarle algún defecto al arreglo y no encontré ninguno.

En el fondo, sabía que Axel tenía razón.

La alianza de las manadas se encontraba en un estado turbulento en esa época, con cada Alfa desconfiando de los demás. Formar una alianza matrimonial con otra manada estaba lejos de ser ideal en ese momento.

Dado lo cauteloso que siempre había sido el Alfa Paulo, las hijas del Beta figuraban entre las mejores candidatas para ser la futura Luna, sobre todo porque mi padre biológico venía de una manada especial, algo que todos sabían.

Incluso si dejaba la manada, difícilmente podría sobrevivir sola con la política y el orden público en tal caos, sin mencionar cómo me encargaría de mi madre.

Supuse que por eso me había sentido tan perdida respecto al futuro en los últimos días.

Me molesté al pensarlo. ¿Iba a quedar atrapada de nuevo en un destino cruel?

En el instante en que levanté la cabeza, mi mirada se cruzó con los ojos pacientes de Axel, que esperaban.

Cierto, este hombre no era Jax.

Él acababa de intervenir para protegerme y me había ofrecido un plan impecable para un matrimonio contractual.

Estudié al lobo Alfa que tenía frente a mí.

Mechones de su cabello negro y húmedo le caían sobre la frente, mientras el resto descansaba suavemente sobre la nuca. La luz de la luna se derramaba sobre su figura, cincelada como una estatua griega.

Lo más importante: Axel era el primogénito del Alfa.

Estar con él me daría un tipo de acceso y libertad que la hija de un Beta jamás podría tener por sí sola.

Con los recursos a su disposición, esta vez podría realmente vivir mi vida para mí misma.

Solo tenía que soportar su presencia durante un año, y él me protegería del castigo del Alfa Paul y se aseguraría de que viviera la vida con la que había soñado.

Si mi destinado resultaba ser alguien de fuera de la manada, podría dejar atrás Everdeen y todo el lío con facilidad.

—¿Y tú qué ganas con esto? —pregunté, cruzando los brazos sobre el pecho, aunque sabía que ya había tomado la decisión.

Hannah nos había quejado más de una vez sobre la frialdad de Axel y cómo la ignoraba.

Pero había olvidado que uno debe ver a las personas con sus propios ojos, no a través de las palabras sesgadas de un corazón necio.

Un destello de diversión apareció en su rostro por un instante y luego desapareció. —¿Te importa?

No, no me importaba.

Me mordí el labio inferior. ¿Qué tenía que perder?

—Está bien... pero lo quiero por escrito... como un contrato —dije.

—Como desees, mi pequeña Luna —asintió—. Te lo daré cuando vaya a recogerte a tu casa.

Él salió del agua primero, dirigiéndose hacia el bosque. Un momento después, reapareció con una camisa y unos pantalones cortos, los dejó en la orilla del río y se encaminó de regreso hacia la manada.

Me puse la ropa y me dirigí en dirección contraria, hacia las afueras donde ahora vivía mi familia.

Volví a trepar hasta mi habitación por la ventana, me desplomé en la cama y me quedé dormida al instante.

Medio dormida, volví a soñar con Axel y conmigo, abrazándonos desnudos en el lago, y mi lado loba se inquietó ante esa escena.

Hasta que un grito agudo de Hannah rasgó mi apacible sueño matutino.

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