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C109: Debes estar ahí.

Autor: Yaz Salo
last update Fecha de publicación: 2025-05-05 11:22:38

Dentro de su habitación, Somali estaba sentada sobre la cama, con la espalda apoyada contra la cabecera y los ojos perdidos en la penumbra. Sobre su regazo, Dorian descansaba con la cabeza apoyada en sus piernas y los párpados cerrados, mientras que ella le acariciaba el cabello con una ternura silenciosa.

—Pensé que ibas a estar con Saphira cuando llevaran a Ronan al Círculo del Dolor —expuso ella.

Dorian abrió los ojos, sin moverse.

—Pensé en ir, pero algo me decía que si yo iba... tú también
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Último capítulo

  • Garras bajo la túnica blanca: Luna del inmortal Alfa   CAPÍTULO FINAL

    El bosque de Varhallow amanecía cubierto por un velo de neblina suave, los árboles se mecían con ligereza, murmurando entre sus ramas como testigos antiguos del momento que se avecinaba. Somali llevaba varios días sintiendo cambios en su cuerpo. La vida que crecía dentro de ella había estado avisando con pequeños empujes, con una calma distinta a la de su primer embarazo. No hubo episodios alarmantes, ni signos de agotamiento, ni conexiones peligrosas entre su poder y el bebé. Esta vez, todo había sido humano, orgánicamente natural. Ella misma sentía que su cuerpo había sido bendecido por una tregua, como si su esencia hubiera aprendido, en esta segunda gestación, a dejar de luchar contra sí misma.Ese día, al despertar, lo supo. No porque el dolor la invadiera de forma brusca, como cuando trajo al mundo a Iván, sino porque su cuerpo parecía haberse preparado con suavidad. Era un aviso paciente, como si su vientre le hablara y le dijera “es hoy, ya es hora”.Dorian se encontraba en e

  • Garras bajo la túnica blanca: Luna del inmortal Alfa   C153: Parece ser simplemente normal.

    La tarde comenzaba a enfriar con la brisa del bosque que se colaba entre los árboles, arrastrando hojas secas que bailaban sobre la hierba. El cielo, cubierto de tonos cálidos y naranjas, se iba tiñendo de lavanda.En ese momento, Iván regresaba corriendo entre los arbustos, todavía con el cuerpo vibrando de emoción tras el entrenamiento que había tenido con Dorian. Llevaba el cabello rubio alborotado, la frente sudada, y una chispa de energía viva en sus ojos.Somali lo observaba desde el umbral de la casa, con las manos cruzadas sobre su vientre. Aún no se lo había dicho a Iván, y aunque quería esperar un poco más, Dorian la había animado a compartir la noticia con él. Su hijo era inteligente, observador, y tenía derecho a saberlo. Era parte de la familia, después de todo, y nada les emocionaba más que imaginar su reacción.Cuando Iván la vio, sonrió con toda la fuerza de su alegría. Corrió hasta ella sin detenerse, abrazándola con la misma ternura con la que siempre lo hacía, como

  • Garras bajo la túnica blanca: Luna del inmortal Alfa   C152: No quiero perderte por traer otra vida al mundo.

    La noticia había sido inesperada. Somali lo había dicho con ternura y nerviosismo, esperando quizá ver en Dorian el mismo fulgor que brillaba en sus propios ojos. Pero no fue así.Dorian guardó silencio.Ella lo observó con atención. Conocía cada una de sus expresiones, cada pliegue de su rostro, y algo en su mirada la dejó inquieta.—No te ves feliz —le había dicho.Dorian se puso de pie, sin saber muy bien qué hacer con su cuerpo. Caminó un par de pasos por la habitación, pasando una mano por su nuca, manteniendo los hombros rígidos. Finalmente, se detuvo frente a una de las ventanas que daban al bosque, pero no miraba el paisaje. Sus ojos estaban lejos, atrapados en recuerdos que aún no podía soltar.—No es eso —manifestó—. No quiero que pienses que no quiero tener hijos contigo. Nada me haría más feliz que verte rodeada de ellos… escuchar sus risas, verlos correr a tu alrededor. Me encanta esa idea. Me emociona imaginar un futuro así, lleno de vida, de pequeñas almas con tu luz.H

  • Garras bajo la túnica blanca: Luna del inmortal Alfa   C151: ¿Estás enferma?

    El sol se filtraba a través de las copas de los árboles, arrojando destellos dorados sobre el suelo del bosque. Las sombras se estiraban con la brisa, y el aire olía a tierra húmeda y a hojas vivas. Dos figuras lobunas surcaban el bosque con fuerza y gracia: Dorian, con su pelaje dorado como la luz del sol, y su hijo Iván, del mismo color.Corrían uno al lado del otro, saltando sobre troncos caídos, esquivando ramas con la agilidad que solo los de su especie poseían. Iván tenía quince años y había demostrado ser rápido, atento y determinado. Su respiración era rápida pero constante, y sus patas apenas tocaban el suelo antes de impulsarse hacia el siguiente salto.—¡Allí!—gruñó Dorian telepáticamente, como lo hacían en su forma lobuna. Iván siguió la dirección indicada y se lanzó hacia una liebre que corría a toda velocidad. En un instante la alcanzó, y sin dañarla demasiado, la atrapó entre sus colmillos. Luego la dejó caer suavemente sobre la tierra.Dorian se transformó primero, con

  • Garras bajo la túnica blanca: Luna del inmortal Alfa   C150: ¿Crees que algún día seré tan fuerte como tú?

    Los días de dolor y lucha quedaron atrás, pero sus huellas aún eran visibles en la memoria de todos. Después de la cesárea, de los momentos críticos donde la vida de Somali y su hijo Iván pendieron de un hilo, la manada entera parecía respirar con más tranquilidad.La recuperación no fue rápida, ni sencilla. Fue un proceso largo, marcado por silencios, miradas llenas de incertidumbre y, finalmente, sonrisas genuinas que volvían a dibujarse lentamente en los rostros de quienes tanto habían temido perder a su Luna.Somali, aunque frágil durante los primeros meses, comenzó a ganar fuerza poco a poco. Su cuerpo, que había sido llevado al límite, ahora mostraba señales de recuperación gracias al descanso constante, las medicinas naturales y el afecto de su familia.Saphira y Zeira se turnaban en sus visitas, asegurándose de que no solo el cuerpo de la Luna sanara, sino también su espíritu. Dorian, por su parte, jamás la dejó sola. Si bien tenía asuntos que atender como Alfa, siempre encont

  • Garras bajo la túnica blanca: Luna del inmortal Alfa   C149: Soy un padre.

    El tiempo, como un sanador silencioso, fue dejando atrás los días más oscuros que envolvieron el nacimiento de Iván. En los primeros momentos, todo era fragilidad. Somali, con el cuerpo aún debilitado, despertaba con frecuencia durante las noches, no por dolor físico, sino por ese miedo persistente que le había dejado la pesadilla de perder a su hijo. Aquel niño, tan pequeño, tan silencioso al llegar al mundo, era ahora una presencia constante en su corazón, una extensión viva de su alma.Iván fue colocado en una incubadora especial, traída del mundo humano por Dorian y otros miembros de la manada. Fue un acto que había requerido riesgos, sigilo y sacrificios, pero había valido la pena. Los primeros días, el niño respiraba con dificultad. Se alimentaba con ayuda, y sus movimientos eran apenas perceptibles. Zeira, junto a sus asistentes, lo vigilaba noche y día. Cada leve mejora era celebrada en silencio, con corazones cautelosos, pero esperanzados.Somali, por su parte, tuvo un camino

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