FAZER LOGINGracias por leer esta historia 🥹🩷 A continuación, publicaré la de Zoe y Caius, espero que les guste tanto como la de Lana y Eryx.
6 AÑOS DESPUÉS:El sol de la tarde bañaba el claro de las manadas que casi parecían estar unidas, donde Seringala y la Manada Sangrienta casi se habían fusionado en una sola familia próspera. Los cachorros jugaban entre risas y aullidos infantiles, mientras sus padres los veían. Bajo el liderazgo de Caius y Eryx, las manadas habían prosperado, el comercio florecía, los límites estaban seguros y la profecía se había cumplido en las dos manadas.Samuel, el hijo mayor de Eryx y Lana, observaba a Brielle con una sonrisa tonta en el rostro. La cachorra con su cabello oscuro heredado de su padre, corría con gracia y la delicadeza de su madre, entre los árboles, riendo mientras practicaba.Samuel sentía un tirón en el pecho cada vez que la veía. Era enamoramiento puro, inocente, pero claro, Caius apoyado contra un árbol cercano lo notó al instante. Sus ojos se entrecerraron y su mandíbula se tensó enseguida.—Ese cachorro no deja de mirarla —gruñó por lo bajo cruzándose de brazos.Eryx a
Caius la llevó en brazos por el sendero central de Seringala, como si ella no pesara nada. —Puedo caminar, sabes —protestó Zoe entre risas suaves apoyando las manos en sus hombros anchos pero no hizo ningún esfuerzo real por bajarse o moverse entre sus brazos, de hecho, se ciñó más a su pecho necesitando sentirlo.—No —respondió él con esa voz grave que siempre la hacía estremecer—. Quiero mimarte, llevas a nuestra hija dentro. Además... quiero que lo veas así, con mis brazos rodeándote.Ella se quedó callada sintiendo el latido acelerado del corazón de Caius contra su pecho y las mariposas en su vientre. El vínculo palpitaba entre ellos cálidamente. El embarazo la había vuelto más sensible a todo, al aroma de él, el roce de sus manos grandes en su espalda baja, al calor que emanaba de su cuerpo incluso en la brisa fresca de la tarde.Habían pasado un mes desde que Caius reclamó oficialmente el título de Alfa de Seringala. Un mes de reconstruir cabañas nuevas y establecer un sistem
Al amanecer, el grupo estaba listo.Eryx encabezaba la formación con Caius a su lado y diez de sus mejores machos alineados detrás. El Beta de Seringala estaba con ellos como él le había prometido a su hembra y tenía los ojos brillantes de orgullo.—Hoy reclamarás lo que es tuyo por derecho... y por justicia —dijo Eryx llamando su atención.Caius asintió.—No voy a reclamar por derecho, voy a ganármelo.Eryx se acercó y palmeó su espalda.—Estamos contigo. Si hay que derramar sangre, que sea la de los que quieran imponer el mismo gobierno que Liam.Caius miró hacia la casa la manada, Zoe estaba en la puerta junto a Lana, ella tenía dl cabello suelto moviéndose con el viento. Sus ojos se encontraron en ese instante y Caius no pudo evitar caminar hacia ella.Zoe bajó los escalones y se lanzó a sus brazos. Él la levantó del suelo y la besó con dulzura.—Vuelve pronto —susurró ella contra sus labios.—Volveré —prometió él—. Y cuando lo haga... te llevaré a casa.Una vez más la besó de
Después de la neblina de placer que los había sacudido, Zoe rompió el silencio primero.—Caius... sé que no quieres oírlo otra vez. Pero no puedo dejar de pensarlo.Él no se giró, hace rato se había levantado de la cama para buscar su ropa antes de bañarse para ir a patrullar nuevamente.Ella ni siquiera necesitó explicarle de qué hablaba porque él lo entendió de inmediato, su voz sonó baja, casi como un gruñido.—¿En ellos? ¿En la misma manada que te mantuvo prisionera?Zoe se levantó despacio y caminó hacia él. Se detuvo a su espalda, sin tocarlo todavía.—No todos —respondió con voz firme pero suave—. Algunos intentaron ayudarme. Varios se arriesgaron por mí, una desconocida mientras que básicamente estaban desafiando a su Alfa. Además, dos chicas que me liberaron de las ataduras de Liam.—¿Y qué? —murmuró—. Eso no borra todo lo que hicieron los demás.—No lo borra —admitió ella—. Pero tampoco lo justifica destruirlos a todos. Hay niños allí, Caius. Familias enteras que no eligiero
Zoe abrió los ojos y lo miró directamente, el rubor todavía le teñía las mejillas pero su voz ya no temblaba tanto.—Fóllame —suplicó sin poder contenerse por más tiempo—. Fóllame duro, Caius. Quiero sentirte, quiero que me llenes, que me hagas tuya.Caius soltó un gruñido de aprobación, profundo y animal.—Así me gusta —murmuró antes de besarla con fuerza mordiendo su labio inferior antes de soltarla—. Buena chica, así me gusta oírte. Sin vergüenza. Sin más preámbulos, él la levantó un poco más con facilidad sobrenatural y la alineó con su erección. Su punta gruesa rozó su entrada, resbaladiza y caliente por todo lo que ya le había hecho con la boca. Zoe contuvo el aliento, anticipando el momento al mismo tiempo que sus ojos se encontraban, sintiendo que su conexión era más intensa y real.—Baja despacio —dijo él—. Quiero que sientas cada centímetro.Zoe obedeció descendiendo poco a poco. La sensación de ser abierta, estirada, llenada, fue abrumadora. Él era grande pero en ese áng
Caius se dejó caer en la cama observándola con ojos ardientes mientras ella tragaba saliva posando su mirada directamente en su miembro duro y palpitante, listo para ella y al ver el sonrojo en sus mejillas, sintió ternura hacia ella, sin embargo, esa ternura se mezcló rápidamente con un hambre feroz cuando Zoe se lamió los labios de forma inconsciente, como si ya estuviera saboreándolo en su mente.—Zoe, no tienes que... —Quiero —lo interrumpió ella con la voz baja pero decidida. Sus manos temblaron ligeramente cuando se apoyaron en sus muslos para estabilizarse, aunque sus ojos no vacilaron. Lo miró directamente con una mezcla de timidez y deseo que lo sacudió.—Quiero probarte, quiero que sientas lo que yo sentí.Caius soltó un gemido profundo mientras su cabeza caía hacia atrás contra la almohada. Sus manos se cerraron en puños a los lados de su cuerpo, conteniéndose para no tocarla, para dejarla hacer lo que quisiera. Su lobo rugía dentro de él, exigiendo más, no obstante, el







