Share

La Testigo

Author: Frank shanks
last update publish date: 2026-08-26 00:45:52

Punto de vista de Elena.

No pude dormir, aunque lo intenté con todas mis fuerzas. Cada vez que cerraba los ojos, veía todo lo que había sucedido en las últimas horas.

Desde la reina cayendo, el hombre enmascarado y mis propias manos brillando con esos extraños colores que aún no entendía. Y peor, veía mi nombre escrito en ese viejo registro, Linaje Salvador, y se repetía en mi mente como una advertencia de la que no podía escapar.

Cuando llegó la mañana, ni siquiera pude distinguirla al principio porque no había sol dentro de este lugar, solo luz fría que entraba por altas ventanas estrechas. Llamaron a la puerta.

Me tensé de inmediato. "¿Quién es?"

"Abre la puerta", dijo la voz tranquila de Cassian.

Mi pecho se tensó. Hesité, luego caminé hacia ella y la abrí lentamente. Estaba allí como si nunca se hubiera ido, con la misma expresión tranquila y la misma presencia controlada.

"No dormiste", dijo.

"Eso no es asunto tuyo", respondí rápidamente.

"Ahora lo es", dijo simplemente, entrando.

Fruncí el ceño. "¿Por qué?"

Cassian caminó al centro de la habitación y se giró para enfrentarme. "Porque el agotamiento afecta la percepción, y necesitas tu percepción hoy".

"¿Mi percepción de qué?"

Cassian no respondió de inmediato. En cambio, colocó un pequeño paño negro sobre la mesa.

"Ponte esto", dijo. Lo miré fijamente. "¿Por qué?" "Vamos a salir".

Eso solo hizo que mi estómago se hundiera.

"¿Salir adónde?", pregunté.

Cassian finalmente me miró directamente. "A la corte de la Casa de los Cuervos".

Di un paso atrás. "No. No voy a entrar en otra casa noble. Acabo de ser acusada de asesinar a la reina".

"Te acusaron", corrigió. "No probaron tu culpabilidad".

"Eso no importa para ellos", espeté. "Ya decidieron que soy culpable".

La voz de Cassian se mantuvo firme. "Por eso no entras como Elena Salvador, la escriba acusada".

Fruncí el ceño. "Entonces, ¿quién soy?"

Siguió una pausa.

Luego dijo: "Nadie". Y el silencio golpeó la habitación.

Parpadeé. "Eso no tiene sentido".

"En Vaelor, sí lo tiene", respondió.

Se acercó ligeramente. "Si entras como tú misma, te arrestarán o matarán antes de que puedas hablar. Si entras como nada, serás invisible el tiempo suficiente para observar".

"No quiero observar", dije con dureza. "Quiero respuestas".

La mirada de Cassian no cambió. "No obtendrás respuestas exigiéndolas frente a personas que quieren verte muerta".

Eso me silenció. Mis manos se curvaron ligeramente. Odiaba que tuviera razón.

Después de un momento, tomé el paño negro. Se sentía ligero, demasiado simple para algo que se suponía que cambiaría todo.

"¿Qué es esto?", pregunté.

"Un velo", dijo Cassian. "Usado por sirvientes en casas menores. Oculta la identidad".

Lo miré con sospecha. "¿Y por qué el jefe de la Casa de los Cuervos necesitaría un velo de sirviente?"

Siguió una breve pausa.

"Porque hoy", dijo, "no entras como invitada".

Mi estómago se tensó de nuevo.

Me até el velo con cuidado sobre el cabello y alrededor del rostro. Cubría la mayor parte de mí, dejando solo mis ojos visibles. Cassian observó en silencio.

"Bien", dijo.

No me sentía bien. Me sentía como si estuviera desapareciendo de nuevo.

Salimos de la habitación y caminamos por el pasillo. La casa ya estaba despierta. La gente se movía rápidamente, llevando papeles, armas y mensajes. Todo aquí parecía preparación para algo más grande.

Afuera, un carruaje esperaba de nuevo. Este era más pequeño y menos llamativo. Cassian abrió la puerta. "Entra".

Esta vez solo dudé un segundo antes de subir. El paseo por Vaelor fue diferente hoy. La ciudad ya no celebraba. Observaba y esperaba. Los estandartes del Festival de Sangre estaban siendo retirados, los soldados ocupaban cada esquina importante y la gente hablaba en susurros en lugar de voces. El miedo había reemplazado a la celebración.

Lo sentía claramente ahora. Los colores eran más pesados y más oscuros. Algo se acercaba.

Cassian rompió el silencio. "Verás muchas cosas hoy. No reacciones".

"Ese no es un consejo útil", murmuré.

"Es un consejo de supervivencia", respondió.

El carruaje se detuvo frente a una gran finca. Casa de los Cuervos.

De cerca, era aún más imponente de lo que recordaba, con altas puertas negras y muros de piedra tallados con símbolos de pájaros y ojos. Todo parecía secretismo convertido en arquitectura.

Bajamos. Dos guardias en la puerta la abrieron inmediatamente para Cassian. No lo cuestionaron, pero me miraron a mí. Lo sentí al instante, sospecha, curiosidad y miedo controlado. Sabían que no se suponía que estuviera allí.

Cassian caminó hacia adelante sin detenerse. Lo seguí rápidamente, manteniendo la cabeza ligeramente baja. Dentro, la finca estaba viva con movimiento, gente con uniformes oscuros moviéndose por patios y pasillos.

Pero algo se sentía mal. El aire aquí era diferente.

Reduje la velocidad ligeramente.

Cassian lo notó. "¿Qué pasa?"

"No lo sé", dije en voz baja. "Se siente... inestable".

Me estudió brevemente. "¿Qué ves?"

Me concentré. Los colores aquí no eran estables como antes. Cambiaban constantemente, miedo mezclado con ambición, lealtad luchando con duda, secretos apilados sobre secretos. Era abrumador.

"Veo demasiado", susurré.

Cassian asintió ligeramente. "Bien. Eso significa que estás lo suficientemente despierta para sobrevivir aquí".

Eso no me consoló en absoluto.

Entramos en un gran salón donde varios nobles estaban reunidos alrededor de una larga mesa. Mapas cubrían su superficie y armas descansaban junto a documentos. Planificación de guerra. Mi pecho se tensó.

Cassian me guió hacia adelante. Las conversaciones se detuvieron en el momento en que entramos. Todas las miradas se volvieron hacia nosotros, luego hacia mí. Mantuve la cabeza ligeramente baja, recordando sus instrucciones. Sin identidad. Sin atención. Pero ya era demasiado tarde.

Uno de los nobles dio un paso adelante, un hombre con túnica rojo oscuro y ojos afilados.

"Cassian", dijo. "¿Quién es ella?"

Mi corazón dio un salto.

Cassian no dudó. "Una testigo".

El hombre entrecerró los ojos hacia mí. "¿Testigo de qué?"

Cassian lo miró directamente. "Del asesinato de la reina".

La habitación quedó completamente en silencio. Lo sentí al instante, shock, miedo, sospecha, todo dirigido hacia mí. Mi respiración se tensó.

El hombre de rojo se acercó. "¿La trajiste aquí?"

"Sí", dijo Cassian con calma.

"¿Estás loco?", saltó otra voz desde la mesa. "Se supone que esa chica está muerta o encadenada".

"No estoy ni una cosa ni la otra", dije antes de poder detenerme.

Todas las cabezas se giraron bruscamente hacia mí. Me quedé helada. Los ojos de Cassian se desviaron brevemente hacia mí, una advertencia. Tragué saliva con fuerza y me quedé callada.

El hombre de rojo me estudió. "Quita su velo".

Mi corazón se detuvo.

Cassian dio un paso ligeramente hacia adelante. "No".

La tensión en la habitación cambió al instante. Las manos se acercaron a las armas. Lo sentí, el cambio en los colores, el miedo convirtiéndose en agresión.

Cassian permaneció tranquilo. "No está aquí para ser juzgada. Está aquí porque vio algo que nadie más vio".

El hombre de rojo entrecerró los ojos. "¿Y tú le crees?"

Cassian hizo una pausa.

Luego dijo: "Creo en lo que puede hacer".

El silencio cayó de nuevo. Todas las miradas volvieron a mí. No entendía lo que estaba pasando, pero entendía una cosa con claridad. A partir de este momento, ya no era solo una prisionera. Era algo que todos querían controlar.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Maté al Rey que Amaba    La casa segura de la policía

    El bosque estaba en silencio.Adrian estaba sentado en el asiento del conductor, sus manos todavía agarrando el volante, su corazón latiendo en su pecho. El teléfono todavía estaba en su mano, la pantalla oscura, las palabras de Victor resonando en su mente. Sé dónde estás. Siempre he sabido dónde estás. Y voy por ti.No sabía si era cierto. No sabía si Victor estaba fanfarroneando, tratando de asustarlo, tratando de hacerlo entrar en pánico. Pero no podía arriesgarse. No podía arriesgar las vidas de su familia con la esperanza de que Victor estuviera mintiendo.Tenían que moverse. Tenían que encontrar ayuda. Tenían que llegar a algún lugar seguro.Se giró para mirar a Isabella, a los niños acurrucados en el asiento trasero. Liam estaba dormido, su pequeño

  • Maté al Rey que Amaba   La persecución

    El bosque se los tragó por completo.Adrian corría con la mano de Isabella agarrada firmemente en la suya, su otro brazo envuelto alrededor de Lily, su pequeño cuerpo rebotando contra su pecho con cada zancada. Detrás de ellos, Isabella cargaba a Liam, su respiración saliendo en jadeos irregulares, sus piernas bombeando furiosamente para mantener el ritmo. Los árboles pasaban a toda velocidad, sus ramas extendiéndose como dedos que agarraban, sus raíces tropezando a sus pies.Los disparos habían parado, reemplazados por los sonidos distantes de gritos y carreras. Pero Adrian sabía que no habían escapado. Solo se habían comprado tiempo. Los hombres de Victor se darían cuenta de que los disparos eran una distracción. Se reagruparían. Vendrían tras ellos de nuevo.Tenían que seguir moviéndose.

  • Maté al Rey que Amaba   La advertencia llega 2

    El coche rebotaba sobre surcos y piedras, su suspensión gimiendo con cada impacto. Adrian podía oír a los niños llorando en el asiento trasero, podía oír la voz suave de Isabella tratando de consolarlos, podía oír el terror en sus palabras incluso mientras trataba de ocultarlo. Quería alcanzarlos, abrazarlos, decirles que todo estaría bien. Pero no podía. Tenía que concentrarse. Tenía que conducir. Tenía que llevarlos a un lugar seguro.¿Cuánto falta? preguntó Isabella, su voz apenas un susurro.No mucho, dijo Adrian, su voz firme a pesar del miedo que se agitaba en su pecho. Hay una casa segura a unas veinte millas de aquí. Estaremos allí en media hora.Veinte millas, repitió Isabella. Eso es mucho tiempo.Es lo mejor que puedo hacer.Ella estuvo en silencio un momento, sus brazos envueltos alrededor de los niños, su cuerpo presionado bajo en el asiento. Liam lloraba suavemente, su rostro enterrado en el hombro de su madre. Lily estaba callada, sus ojos muy abiertos, su pequeño cuerp

  • Maté al Rey que Amaba    La advertencia llega

    El reloj en la pared marcaba las 8:03 PM cuando el teléfono zumbó.El abogado de Adrian, un hombre llamado Marcus Webb, había estado sentado en su escritorio en su oficina del centro, revisando el último lote de documentos legales, su mente enfocada en el próximo juicio. Había estado trabajando hasta tarde, como siempre lo hacía, se había estado preparando para la lucha de su vida. Victor Kane era el cliente más peligroso que había enfrentado, el más despiadado, el más impredecible. Y Marcus sabía que la única manera de derrotarlo era estar más preparado, más cuidadoso, más implacable.Levantó su teléfono y miró la pantalla. Un número desconocido. Un solo mensaje.Victor se mueve esta noche. La granja. Va tras los niños.Marcus sintió que su sangre se helaba. Leyó el mensaje de nuevo, luego una tercera vez, su corazón latiendo en su pecho. No sabía quién lo había enviado. No sabía si era genuino o una trampa. Pero algo en su instinto le decía que era real. Que el peligro era real. Que

  • Maté al Rey que Amaba   Victor planea su movimiento final

    El búnker era frío, húmedo y estaba escondido bajo las ruinas de una vieja fábrica en las afueras de la ciudad. Victor lo había elegido meses atrás, lo había preparado para exactamente este momento, lo había abastecido con suministros y armas y los últimos de sus hombres leales. No era el tipo de lugar al que alguna vez había estado acostumbrado. No era el penthouse, no era la mansión, no era el lujo que había pasado toda su vida construyendo. Pero era seguro. Era secreto. Y era el lugar perfecto para planear su movimiento final.Victor estaba de pie al frente de una larga mesa de metal, sus manos presionadas planas contra su superficie, sus ojos fijos en las fotografías extendidas ante él. Los hombres que había reunido, los últimos de sus seguidores leales, estaban a su alrededor, sus rostros duros, sus manos descansando sobre sus armas, sus ojos fijo

  • Maté al Rey que Amaba    Los medios se involucran

    La casa segura estaba en silencio cuando Adrian finalmente dejó de caminar de un lado a otro.Habían estado huyendo durante horas, se habían movido por la ciudad como fantasmas, se habían deslizado de un escondite a otro hasta que estuvieron seguros de que no los seguían. El apartamento que habían encontrado era pequeño, estrecho, muy lejos del lujo que alguna vez conocieron. Pero era seguro. Estaba escondido. Era suyo.Isabella estaba sentada en el borde de la cama, sus manos dobladas en su regazo, sus ojos fijos en la pared. No había hablado en horas, no se había movido, no había hecho nada más que sentarse allí, procesando todo lo que había sucedido. Adrian la observaba, su corazón doliendo, su mente acelerada.No podemos seguir huyendo, dijo finalmente, rompiendo el silencio. No podemos seguir escondiéndonos. Vict

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status