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last update Data de publicação: 2024-04-24 04:14:04

El camino al centro comercial fue relativamente rápido, agradezco que el pervertido se ofreciera a traerme, sino estaría perdida en este lugar tan inmenso. La primera tienda a la que fuí tenían ropas muy extrañas, la descarté inmediatamente y me dirigí a la próxima tienda donde hay ropa de todos los estilos. Le tiendo la tarjeta de crédito a la chica de gafas y cabello rizado, ella mira por encima de mi hombro, enseguida sus mejillas se tornan rosadas. Avergonzada de que la haya descubierto observándolo, aparta los ojos del hombre a mi lado.

No la culpo, la verdad es que es muy atractivo, posee una belleza perfecta en términos matemáticos, es decir, la distancia entre los rasgos de su rostro es la adecuada. Tiene unos llamativos ojos azules de forma ovalada, cejas con un espesor medio, rectas con los extremos curvos, nariz delgada y perfilada, de longitud media y recta. Sus labios no son ni delgados ni gruesos, tienen la medida correspondiente. El cabello oscuro y abundante cubren parte de su frente, tiene la simetría facial perfecta.

¿Será que su perfil fue tallado por algún artista? Porque de ser así, hizo una obra de arte.

—Señorita, la tarjeta de crédito es rechazada. —Informa.

—¿Rechazada? Pero si yo... —No termino la oración. —Gracias, vendré mañana.

Doy media vuelta y salgo del lugar, no puedo describir la impotencia que siento en este momento. ¿Cómo se atrevieron?

Los detesto.

Debo contener las lágrimas que amenazan con brotar de mis ojos, ¿Y ahora que haré? Estoy sola en un país que no conozco, sin dinero, sin ropa, no tengo nada. Todo me sale mal, nunca seré feliz, ni mucho menos podré esconderme de ellos, eso es imposible. La incertidumbre por no saber qué pasará es muy abrumador. Deberé apañarmelas sóla, pero no sé hacer otra cosa aparte de pintar.

¡Oh por dios! Soy un completo fracaso.

—¡Oye! ¡Espera! —mis pensamientos se ven interrumpidos por el apuesto hombre que corre hasta detenerse al frente. Trae consigo las bolsas de la tienda. —Antes de que digas algo, necesito que me escuches.

—Bien. —Dibuja una sonrisa de boca cerrada y me entrega las bolas.

—Por lo que veo, te has quedado sin dinero, ¿Cierto? —asiento bajando la cabeza al suelo evitando mirarle. —No te conozco del todo, solo sé que te llamas Annie, y eso porque lo leí en tu colgante. —Señala la delicada cadena que adorna mi cuello. —Para resumirte en que consiste la propuesta en la que ambos nos beneficiaremos debo comentarte que lo que hago no nos afectará a ninguno de los dos.

¿Es traficante de órganos? Se da cuenta de la cara de terror que he puesto y se adelanta a decir:

—No, no tiene nada que ver con con lo que sea que estés pensado. —Suelto un suspiro de alivio. Él al contrario, rueda los ojos divertido —. ¡Vaya que tienes una gran imaginación para recrear películas! Quita ya esa cara de susto, que no se trata de nada turbio.

Sacudo la cabeza y pongo mi mejor cara. Ahora me siento tonta.

—Bueno, ¿entonces de qué trata?

—Verás, mi abuelo le dará su herencia al primero de sus nietos que contraiga matrimonio, dando a entender que un hombre en más responsable y maduro cuando tiene a una mujer a su lado. Boberías. —Chasquea la lengua. —En fin, le mentí al decirle que tenía novia y la llevaría para la próxima cena familiar dónde estarán todos mis primos que aseguran que no soy capaz de conseguir o mejor dicho, de mantener una relación estable con ninguna mujer.

—Por algo lo dirán, ¿No? —digo sin filtro.

—No tengo el más mínimo interés en comprometerme, si no han funcionado mis relaciones anteriores fue porque no quería nada serio y ellas no eran las indicadas. —explica, aunque suena a una excusa, pero en parte le cedo un poco de razón.

Vuelvo a perder la vista en la horda de personas que pasan por estos lares. Avisto a una mujer como tantas con ese traje peculiar que usan aquí; y pensar que mi sueño era estar en este lugar, pero ahora me encuentro en aprietos, no tengo dinero, y me veo obligada a buscar una rápida solución. Sin embargo, no veo con claridad una salida, es como si de pronto todas las puertas se han cerrado y la única llave, la perdí. Estoy libre, pero no es la libertad que soñaba.

¡Dios! No creí que sería tan difícil seguir adelante sin el cochino dinero de mis tíos. Ese par de escorias que solo han sabido aprovecharse de la fortuna de mis padres. Cada que pienso en eso, me lleno de furia, dentro de mí hay un espiral de enfado que me atrapa y me vuelve su rehén.

—Oye, Annie... —alguien me llama y vuelvo a aterrizar sobre la tierra. Es él, agitando constantemente la mano frente a mí rostro.

Vuelvo la atención a sus ojos azules.

—¿Qué? ¿Qué pasa?

—Creo tener la solución a tu problema, y también al mío.

No tengo idea qué rayos quiere decir, así que lo miro arrugando el entrecejo, varada en la confusión.

—¿A q-qué te refieres? —inquiero pestañeando curiosa.

Él se aclara la garganta, me mira profundo, esa forma de verme me aspira.

—Bueno, necesito que finjas ser mi prometida, Annie. Solo será por dos meses, nos convendría a los dos, porque tú no tienes dinero y yo puedo ayudarte económicamente si me haces ese favor.

Abro los ojos de par en par, ¡¿acaso está loco?! No puedo creer la clase de cosa que me pide hacer. Mis labios se abren ligeramente, no emana una sola palabra de mi boca. Estoy consternada y proceso toda la abrumadora información que me dice.

—Espera... —pronuncio aturdida, me falta el aire —. ¿En serio quieres que mienta y me haga pasar por tu prometida?

Sigo sin dar crédito a sus palabras.

Él, tan serio me confirma que no bromea. Y lo avala dando un leve asentimiento de cabeza.

—Sí, has escuchado bien. Me urge encontrar una prometida y veo que tú eres la candidata perfecta. Entonces, ¿qué me dices? —se atreve a sonreír, sabe que no tengo salidas y me la ofrece de una forma que no puedo declinar.

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Último capítulo

  • Me Quedaré Contigo, Arquitecto   FINAL

    La cena en casa de los Mckellen fue de maravilla. Me hicieron sentir parte de la familia apenas crucé la enorme puerta de la mansión. Se mostraron muy cordiales y cariñosos conmigo, sobre todo la madre de Jackson que no dejaba de sacarme conversación. La velada transcurrió entre anécdotas de las familia, se podía notar lo unidos que eran todos. Luego, Jackson me mostró su hogar, en cada rincón veía una fotografía de él y su hermano Noah. El pequeño de los Mckellen me pareció de lo más tierno y adorable. —Bueno, esta es mi habitación —gira la perilla dejándome ver un dormitorio muy masculino. Hay muebles color negro, una enorme cama ocupa el centro del espacioso lugar. Estanterías llenas de libros, escritorio, armario y una repisa dónde se pude apreciar las medallas y fotos del pelinegro. —Es muy bonita —digo dándome la vuelta para mirarlo. Sonríe amable. —Gracias —revuelve su cabello desordenándolo—. ¿Quieres ver una película? Alzo las cejas sorprendida. —Claro. P-pero, ¿T

  • Me Quedaré Contigo, Arquitecto   22

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  • Me Quedaré Contigo, Arquitecto   21

    Abro el mensaje que acabo de recibir y se trata de papá. Avisa que ya ha llegado a casa. Le respondo que voy en camino para allá.Luego de salir al estacionamiento, subimos al auto y nos marchando del lugar. En todo el transcurso a casa, hablamos de cosas triviales y de vez en cuando compartimos una mirada cómplice. Es una de esa dónde no es necesario hablar para saber lo que el otro piensa. Una conexión que ambos sentimos y no parece incomodarnos a ninguno de los dos. —Nuevamente te agradezco por esta noche, la pasé increíble —digo sincera.—Debemos repetirlo, ¿No lo crees? Alzo una ceja sin entender.—E-eh...—Ava, yo debo confesarte algo —me interrumpe—. Quizás sea muy pronto para ti, pero estoy seguro de lo que siento. Me gustas.Ahogo un jadeo de sorpresa, mis mejillas se han tirando rojas al instante. Miro haci todos lados menos a su rostro, me cuesta creer que esto esté sucediendo.Abro la boca para emi

  • Me Quedaré Contigo, Arquitecto   20

    Al bajar del yate me topo con un hermoso panorama. Jamás en mi vida había apreciado el mar de noche, iluminado solo por la luz de la luna y las estrellas que parpadean en lo más alto. El sonido de las suaves olas junto a aquella melodía que se escucha, es una combinación perfecta. Al fondo de lugar se encuentra ubicada una especie de tarima improvisada, donde yace la pantalla que aún no está encendida. Estar aquí es como sentirse parte de aquellas películas musicales, me recuerda a Teen Beach Movie. Lo único que falta es que aparezcan personajes vistiendo de los años sesenta y bailando canciones clásicas.  Suelto una risita divertida.—¿De qué te ríes? —aplano los labios olvidándome por completo de que Jackson estaba a mi lado.—Nada —murmuro caminando hacia las mantas que están encima de la arena.—¿Nada? —repite curioso—. Las personas no sé ríen así como así, hay una razón. Chasqueo la lengua.—Vale, está bien. Al ver todo es

  • Me Quedaré Contigo, Arquitecto   19

    Es hora de pasar la página y seguir adelante. Pero, ¿Valdrá la pena arriesgarse?—Te luce muy bien ese color —su voz me saca de mis pensamientos.Bajo la mirada al vestido que llevo puesto, e instintivamente acaricio la tela con mis dedos. —G-gracias —titubeo nerviosa—. Tu también te ves bien.Sonríe.—Gracias. Pero, no tienes que darme un cumplido, eso ya lo sé.Agacho la cabeza hacia mi regazo un tanto incómodo, sin embargo, de repente lo escucho soltar una estruendosa carcajada que invade el auto. Volteo a mirarlo confundida.—Tenías que ver tu cara, fue... —continúa riendo hasta que finalmente sus carcajadas cesan—. Es una broma, en serio. Solo quiero que te relajes Ava, te siento tensa y nerviosa cuando me tienes cerca. ¿Acaso te doy miedo? Chasqueo la lengua.—No, no es eso. Sabes que me cuesta ser expresiva, hay cosas que no puedes cambiar de la noche a la mañana —frunce el ceño, por lo que vue

  • Me Quedaré Contigo, Arquitecto   18

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