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10: La excusa que estaba buscando

Autor: Noona Aurora
last update Fecha de publicación: 2026-06-20 17:50:32

Eleanor se secó las gotas de sudor que le corrían por la sien con el dorso de la mano.

Acababa de terminar de organizar los documentos que Abigail le había pedido, clasificándolos según las fechas y el orden correspondiente.

Levantó la vista hacia el reloj de pared situado sobre la puerta. La aguja corta ya había pasado de la una de la tarde.

La hora del almuerzo de los empleados había comenzado hacía más de una hora.

Respirando hondo, volvió a levantar la pesada pila de documentos con ambas ma
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  • Mi Matrimonio por Contrato con el CEO   Capítulo 73: Aceptarse el uno al otro

    Dos días después de que Eleanor recibiera el alta hospitalaria, la cocina de la residencia Richter volvió a impregnarse del aroma del caldo y la cebolla sofrita.Eleanor permanecía ante la cocina con un delantal sencillo atado a la cintura, removiendo la sopa en una olla pequeña. Llevaba el cabello recogido de forma holgada. Su rostro aún conservaba cierta palidez, pero sus ojos habían recuperado la nitidez habitual.El médico le había autorizado a realizar actividades ligeras, y Grace le había dejado claro —con las manos en la cintura— que no volvería a la oficina antes del fin de semana.Y a Eleanor le agradaba estar en la cocina para llenar sus días durante esta licencia laboral.Eleanor probó el caldo, consciente de que alguien llevaba un buen rato de pie bajo el umbral de la puerta observándola, pero prefirió pasarlo por alto ocupada con la comida.—No necesita vigilarme todo el tiempo, señor —dijo Eleanor tanpa girarse, con una sonrisa anticipada en el rostro—. No volveré a cort

  • Mi Matrimonio por Contrato con el CEO   72: Un inmenso alivio

    En el pasillo de la tercera planta del hospital, Margaret permanecía de pie con una carpeta en la mano, conversando en voz baja frente a la puerta cerrada de la habitación.—El comunicado de los Lindemann ya ha salido a la luz, señor. Paula está siendo interrogada. El Sr. Sam está preparando un informe completo para la fiscalía.Archie se apoyaba contra el marco de la puerta, vestía la camisa arrugada de la noche anterior y tenía los ojos enrojecidos por la falta de sueño. Desde que llegó la ambulancia, no se había alejado más de unos pasos de esa puerta, salvo para conseguir un poco de agua.—Gracias, Sra. Margaret —tomó la carpeta sin abrirla—. Del resto, que se encargue la ley. No quiero que sus nombres vuelvan a pronunciarse frente a esta puerta.Margaret asintió. No había nada más que añadir.Archie abrió la puerta despacio, entró y la cerró sin hacer el menor ruido.Sobre la cama blanca, Eleanor continuaba dormida con una respiración constante; su rostro comenzaba a recobrar el

  • Mi Matrimonio por Contrato con el CEO   71: Su turno también

    El alba aún no terminaba de despuntar cuando el teléfono de la oficina en la residencia Lindemann resonó por vigésima vez.Wilhelm Lindemann permanecía sentado tras su escritorio vistiendo el traje de la noche anterior, que aún no se había quitado. El teléfono frente a él continuaba iluminándose, mostrando nombres que se alternaban a gran velocidad: redacciones de medios, socios comerciales, miembros del consejo de administración. No atendió ni una sola llamada. A su lado, el abogado de la familia leía una hoja de borrador con voz neutra:—«Una breve declaración, señor: La familia desconocía y no respalda en absoluto las acciones de nuestra hija. Respetamos el proceso judicial. Nos retiramos de toda colaboración con Richter Company».—Añada —habló Wilhelm sin girar la cabeza— que lo lamentamos.—Señor, esa palabra podría interpretarse como una admisión de culpa...—Añádala.El abogado asintió y tomó nota.En el umbral de la puerta, la esposa de Wilhelm permanecía de pie ataviada con u

  • Mi Matrimonio por Contrato con el CEO   70: Su propio merecido

    Archie recostó a Eleanor sobre la camilla de los servicios de emergencia. Sin embargo, no liberó en ningún momento el agarre de la mano de Eleanor, que continuaba sumamente fría.—Nos vamos a casa, estás a salvo ahora —Archie mantenía una mirada empañada por el pánico y la angustia al constatar el estado de Eleanor.Los sanitarios introdujeron a Eleanor en la ambulancia.Antes de subir él mismo, Archie se giró hacia Margaret.—Encárgate del resto aquí. ¡Asegúrate de que Greta no escape antes de que salgan a la luz todas las pruebas de la caída de Eleanor! —ordenó Archie con rotundidad.Margaret asintió.—Comprendido, señor.Archie subió a la ambulancia para permanecer al lado de Eleanor, negándose a dejarla sola.El vehículo emprendió el descenso por el camino de montaña con la sirena encendida. Archie permaneció sentado junto a la camilla, sin soltar aquella mano que continuaba gélida.Grace iba detrás en un segundo vehículo acompañada por el chófer.En el salón de la villa, el fuego

  • Mi Matrimonio por Contrato con el CEO   69: Encontrada

    El camino de montaña era oscuro, brumoso y estaba plagado de curvas pronunciadas. El sedán negro de Archie avanzaba muy por encima del límite de velocidad permitido, con las luces delanteras barriendo los troncos de los pinos que desfilaban como sombras fugaces.Sam ocupaba el asiento del copiloto, sujeto al asidero del techo con una mano y sosteniendo el teléfono con la otra.—La policía local acaba de llegar al lugar, señor. También han enviado una ambulancia desde el pueblo más cercano, y Margaret se ha presentado ya con el equipo de seguridad.Archie no respondió. Mantenía la mirada clavada en la carretera y apretaba la mandíbula con tal fuerza que se le marcaba la vena de la sien. En su mente solo orbitaba una escena: la puerta del baño destrozada y Eleanor acurrucada en el suelo con el rostro empapado. Y ahora, él no había estado allí para derribar nada.—Señor —dijo Sam con cautela—, necesita mantener la calma.—Estoy calmo —contestó Archie con tono neutro. Su voz apenas fue un

  • Mi Matrimonio por Contrato con el CEO   68: El mensaje atrasado

    El frío había dejado de sentirse como tal.Ahora se percibía como una entumecimiento progresivo que se adentraba, lentamente, desde las puntas de los dedos de los pies hacia las pantorrillas, las rodillas y las caderas.Eleanor avanzaba de un pilote a otro bajo el embarcadero, aferrándose con los dedos a la madera resbaladiza y cubierta de musgo.Bajo la pasarela, el espacio entre las vigas era oscuro y angosto, pero allí fue donde lo encontró: un travesaño horizontal que unía dos pilares, lo bastante ancho y elevado sobre la superficie del agua. Sacando fuerzas de donde apenas le quedaban, izó su cuerpo hasta quedar arriba, jadeando, y apoyó la espalda contra la madera.El agua goteaba de su cabello y de su ropa. Los dientes le castañeteaban de forma incontrolable.El teléfono.Buscó en el bolsillo de su rebeca con dedos entumecidos. La pantalla estaba completamente negra. Presionó una vez, y luego otra. Ni un destello de luz. El agua se había filtrado en su interior.Eleanor cerró l

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