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~3~ Sopresas

Autor: Salyspears
last update Fecha de publicación: 2024-06-06 04:51:31

Aparqué mi camioneta en la entrada de la mansión de mi buen amigo Edwards Smith. Un nudo de tristeza se formó en mi pecho al pensar en él. El guardia abrió el portón de acero y entré con pasos rápidos, notando varios coches estacionados.

Al entrar, me recibió una de las criadas, seguida de la señora Martha, que lucía demacrada. Ella me guió hasta el despacho donde aparentemente estaban los demás.

—Buenos días —saludé al entrar. Los únicos en responder fueron mi amigo Jovanny y el abogado. Valeria estaba absorta mirando el gran cuadro que colgaba en la pared.

—Alberth, toma asiento —me indicó Jovanny.

—Señor Sandoval, se requería su presencia —declaró el abogado. Los presentes estaban molestos.

—No entiendo por qué se requiere aquí a un desconocido en un momento familiar —protestó uno de los presentes, mirándome con desdén.

Lo miré seriamente. ¿Quién se creía que era?

—¿Y ustedes quiénes eran para mi padre? Nada. Así que no deberían ni siquiera estar sentados en su silla —mencionó Valeria, visiblemente molesta. Los presentes la miraban negando con la cabeza.

—Una jovencita como tú no debe meterse en estos asuntos —espetó un señor canoso. ¿Quién sería él?

—¿Por qué demonios...? —rugió Jovanny— Ella es la hija única heredera.

Nadie volvió a hablar.

—Podemos empezar —cuestionó el abogado. Negó con la cabeza, abrió su laptop, colocó una tarjeta USB, abrió los folders y luego miró a todos los presentes.

—Aquí debe estar presente la nana de la señorita Valeria, la señora Martha.

—¿Pero y ahora una empleada? ¿Qué le pasó a mi cuñado? —habló una señora morena.

—Señora, si no quiere salir de aquí, cállese —recalcó nuevamente Valeria—. Puede continuar, ya mandaré a buscar a mi nana.

Cuando todos estaban presentes, el abogado soltó un suspiro y empezó a leer el documento, mencionando nombres, sus empresas y las casas que tenían en los departamentos cercanos al país.

—Toda la herencia es para su única hija, Valeria Smith.

—¿Pero cómo? Mi cuñado tenía que dejarnos la parte de la fortuna de nuestra hermana. Llevamos años trabajando a su lado.

—No lo sé. Ya cumplí con mi deber, no me interrumpa. Ahora seguiré leyendo.

Los presentes estaban molestos y cuchicheaban entre sí.

—Jovanny Howard se hará cargo de una de las empresas y estará pagando a sus cuñados como empleados hasta que se jubilen. Cuando Valeria cumpla 25 años, se le pasará la empresa textilera y la ganadera.

—¡Qué clase de testamento es este! Me voy de aquí —gritó el señor canoso, saliendo del despacho.

—Prosiga —sugirió Valeria.

—Bien, la casa y todo lo demás son de su hija. Pero su hija Valeria deberá cumplir con ciertos requisitos para heredar.

—¿Qué? ¿De qué se trata? —cuestionó ella, levantándose de la silla.

—Querida sobrina, tu padre estaba loco, ¿no lo crees?

—¿Qué le pasa? —rugí molesto, y Jovanny igual.

—Mencionas algo más de mi padre y te saco a patadas de mi casa.

—Imagínate si no cumples, tampoco será tuyo —respondió uno de los tíos de Valeria—. Vamos, Rosa, mi cuñado no estaba bien cuando escribió su testamento.

Dicho eso, salió del despacho.

—Puede continuar, debo asistir a mi empresa —pedí desesperado. No tenía idea de por qué habían solicitado mi presencia.

—Señor Alberth, este video es para usted y la señorita Valeria.

—¿Qué? —dijimos los dos al unísono.

—Los demás pueden retirarse.

—Entonces, ¿estamos aquí por nada? —preguntaron dos señoras.

—Ustedes recibirán su pago mensual por cinco años. Pueden retirarse, señoras.

—Bueno, yo me retiro,  te espero afuera Alberth —dijo Jovanny, dirigiéndose a mí. Asentí sin entender qué tenía que ver en todo esto—. Valeria, te veo luego, cariño.

—Está bien, padrino.

—Bien, solo escuchen sin interrupciones —dijo el abogado, reprodujo el primer video del difunto. Algo me decía que él estaba preparado por esa razón hasta ha dejado videos, me concentré en la gran pantalla.

El video comenzó a reproducirse y el rostro de Edwards apareció en la pantalla. Giré mi rostro hacia Valeria, quien empezó a llorar al mirar la pantalla.

—Quizás si están viendo este video, es porque estoy muerto y ni siquiera pude detener el mal de los que me perseguían. Creo que me confié —Edwards sonrió y luego continuó—. En fin, ya ni modo. Hija mía, princesa de mi reino, quizás todo lo que diré en este video no será de tu agrado. Sin embargo, debes cumplirlo o no podrás heredar lo que te pertenece. Por otro lado, tus tíos querrán hacer todo para llevarte lejos. Recuerda lo que te hablé cuando tenías quince años —giré los ojos hacia Valeria, quien lloraba sin parar—. Bueno, debes cumplir esto por tu bien y para que yo esté en paz, aunque muerto ya ni cuenta. No obstante, siempre deseo lo mejor para ti, y lo mejor para ti es casarte cuando cumplas diecinueve años.

—Pausa —pidió Valeria acercándose al abogado.

—Señorita, pedí que no interrumpiera, necesito acabar con esto.

—Entiendo, pero ¿por qué...?

—No lo sé, yo solo hago mi trabajo. Puede sentarse para continuar.

Dios, realmente tan joven y él deseaba que ella se casara. Negando, dirigí la mirada hacia la pantalla.

—Hija, sé que te negarás, pero lo hago por tu bien, para protegerte. No quiero que te pase nada malo, y sé que tu futuro marido te protegerá de aquellos que deseen hacerte daño, como lo hicieron con tu madre y ahora conmigo.

Esto es irracional. De verdad que la madre de Valeria tuvo una muerte repentina, y ahora él.

—Alberth —me concentro al escuchar mi nombre—, quizás pienses que estoy loco por este gran favor que te voy a pedir. Eres la única persona que sería capaz de hacer todo por querer verme bien. Por tal razón, te pido, no mejor dicho, te ruego que seas el tutor legal de mi hija Valeria Smith. —Abro los ojos sorprendido—. Sé que ambos están sorprendidos, pero es mi voluntad y quiero que se cumpla. Amigo mío, aquella promesa que me hiciste aquellos años, ese favor que un día te iba a cobrar, ahora quiero que me pagues casándote con mi hija cuando cumpla sus dieciocho años en noviembre. Los detalles se los dejaré en los videos privados que he dejado para ti, hija Valeria, y para tu futuro esposo, mi gran amigo Alberth. Los quiero mucho, cuídense y no confíen en nadie.

—¿De qué está hablando Edwards? ¡Qué locura!

—Mi papá no tenía que hacer esto.

—Se debe cumplir con ello para que ella herede. Usted entenderá en el próximo video, que solo usted verá.

—Yo no puedo casarme tan joven.

—Y yo no puedo casarme con una jovencita. Además, estoy comprometido. Edwards lo sabía, ¿con qué intención lo ha hecho?

—Señorita Valeria, su padre le dejó un video importante. Vea ese video cuando esté sola y luego me busca. Ahora debo irme.

Al salir el abogado, me quedé mirando la pantalla, aún procesando esa locura de Edwards. Casarme con su hija, una jovencita. ¡Qué locura!

—Finjamos un matrimonio falso —sugirió Valeria, sacándome de mis pensamientos.

—Esto es una locura. No sé qué hacer. Debo irme y luego veré ese video. No sé qué más sorpresa dejó dicho tu padre.

—Está bien, pero ¿qué haremos? —preguntó bajando la cabeza.

—No lo sé, me voy.

Salí de la mansión de Edwards. Jovanny estaba hablando por el móvil; al verme, colgó la llamada.

—Alberth, ¿todo bien? —negué, enojado.

—¿Tú sabías de esa locura de Edwards? —quise saber, a punto de ir a sacarlo de su tumba.

—Sí, varias veces mencionó que si algo malo le pasara y su hija quedara sin alguien que la protegiera, y ella no cumplía sus 25 años, te pediría un favor que tú le debías.

Vaya, él sabía todo y ni siquiera me lo comentó.

—Esto es una m****a. Yo no puedo casarme con una niña, para mí es una niña. Además, tengo a mi novia y hasta se me había olvidado ese favor que le debía. ¡Demonios!

—No sé qué decirte. Pero quizás puedes hacer algo, llegar a un arreglo.

—Me voy, pensaré qué hacer.

Entré a mi camioneta y salí acelerando. Reí negando, ¿acaso Edwards estaba loco?

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Último capítulo

  • Mi Pequeña Esposa.   ~EPÍLOGO~

    Alberth Cuando desperté, estaba en el hospital. El dolor en mi cuerpo era intenso, pero lo primero que vi fue a Valeria a mi lado.—Amor, ya todo pasó—me dijo con una voz dulce, aunque preocupada.—Me asusté... pensé que te iba a perder— murmuré, tratando de incorporarme. —Tranquilo, cariño. Estoy bien, aquí el herido eres tu. Al parecer la bala solo te rozó—me respondió, intentando calmarme—Tú herida se volvió abrir y por ahí mismo la bala rozó. Pero ya estas bien.—Pensé lo peor... cuando el me mando esa imagen, incluso pensé en nuestro bebé— expresó sintiendo una mezcla de alivio y tristeza.—Tranquilo, amor. Todavía no es el momento. Ya todo terminó. A pesar de que perdí a mi padre y a mi padrino, los malos recibieron su merecido. Me duele lo de mi nana, a pesar de todo la apreciaba, pero solo estaba cubriendo a su esposo. Y Jared también fue encarcelado por cómplice.—Quién lo diría— Susurre soltando un suspiro pero luego — Y Joselyn —pregunté curioso.—Lamentablemente, Joselyn

  • Mi Pequeña Esposa.   ~61~ Rescatando a mi esposa.

    Alberth Esto es una maldita pesadilla. La preocupación me consumía mientras marcaba una y otra vez el número de Valeria sin obtener respuesta. Algo estaba pasando y no podía entender qué. Salí de la clínica de inmediato, decidido llamar a mi tía para preguntar por ella.—¿Tía esta Valeria en casa?—Pregunto preocupado.—No querido, se fue en busca de unos cuantos dulces. Hace más de una hora. ¿Pero que pasa hijo?—Pregunto Nerviosa.—Tía, recibí un mensaje de ella que necesita hablar urgente conmigo, sin embargo no contesta la llamada ahora estoy preocupado. Donde estará metida, ya hubiera estado en casa.—Dios mío, la vi nerviosa cuando salió de aquí, pero ella no me dijo nada más.—Bueno cualquier cosa me llamas.Me sentía sofocado, he inquieto, mi tía no sabia nada de mí esposa. Me pregunto, que esta pasando. El mensaje de mi esposa me dejó consternado, que tenia que decirme. Por otro lado yo descubrí algo terrible. Jared, ese maldito amigo de Valeria, era el que estaba detrás de l

  • Mi Pequeña Esposa.   ~60~Joselyn está muerta.

    Valeria.Me quedé paralizada, escuchando cómo planeaban destruir a Alberth. Mi esposo, el hombre que amaba más que a nada en el mundo, estaba en peligro por culpa de estas personas en quienes había confiado toda mi vida. ¿Por qué tanta traición? ¿Cuál era su objetivo? Martha y Jared, no podía creer.Intenté moverme, pero tropecé con alguien. Al levantar la vista, me encontré con Thiago Bravetti, el hombre que buscaba venganza. Su mano se cerró con fuerza alrededor de mi brazo, y grité con todas mis fuerzas, esperando que alguien me ayudara. Jared se acercó, su expresión reflejaba sorpresa, pero también algo más... algo que me aterrorizaba.—Ah, a ti quería encontrarte —susurró Thiago, su voz cargada de odio. Al instante, Martha y Edwin me miraron con sonrisas que me helaron la sangre.—Señor Thiago, ella es la hija del asesino de su familia —espeto Edwin, pero noté la sorpresa en los ojos de Jared.Mi mente corría, tratando de entender qué estaba pasando. Edwin mencionó que todo el ti

  • Mi Pequeña Esposa.   ~59~ Descubriendo la verdad.

    Valeria Me desperté con una sensación extraña, una mezcla de deseo y cariño que me envolvía al verlo a mi lado. —¿Sabes qué?— mencionó acariciando mis labios, su tono era en voz baja, mientras lo observaba. Él me miró curioso, esperando mis palabras.—Dime.—Me desperté con unas ganas inmensas de hacerte el amorÉl sonrió, pero enseguida negó con la cabeza.—No puedes... no así como te sientes—, le dije y el sonrió negando, aunque noté el brillo en sus ojos, ese brillo que solo salía cuando quería más. Hizo un puchero adorable, como si se resistiera a mis palabras. Sus manos, sin embargo, decidieron ignorar nuestra conversación y comenzaron a deslizarse por mi cuerpo. Sentí cómo bajaba suavemente mi panty.—¿Qué estás haciendo?— le susurré, tratando de detenerme, aunque mi cuerpo ya estaba respondiendo.—Por favor... solo quiero tocarlos— murmuró. Sus dedos rozaron mis pechos, hinchados por el embarazo. —¿Puedo?—preguntó con una mezcla de ternura y deseo.Suspiré, sin poder resistirm

  • Mi Pequeña Esposa.   ~58~Descanso.

    Valeria.Observaba a mi esposo mientras dormía. Alberth por fin, se veía mejor después de ese accidente que me había asustado tanto. ¡Qué barbaridad! Todo por culpa de ese tal Marcus. ¿Cómo se atrevió a hacer que Alberth fuera a ese lugar bajo el sol, solo para terminar mojándose y enfermo? Me hervía la sangre de solo pensarlo, pero ahora no era el momento de confrontarlo. Dejé que mi mente vagara mientras observaba cada detalle de la caja que mi padre había dejado. ¿Qué secretos guardaría? ¿Habría algo dentro que revelara las respuestas que tanto busco? Solté un suspiro de frustración, coloqué la caja en su lugar y salí al jardín. Eran más de las diez de la mañana, y parecía que mi esposo aún no despertaba. Anoche había tenido mucho dolor en las costillas y algo de fiebre, así que decidí no molestarlo.Mientras bajaba, me crucé con una de las empleadas. Le pedí que me llevara el desayuno al jardín, y ella asintió antes de retirarse. Al salir, vi a Martha hablando por el móvil, aparent

  • Mi Pequeña Esposa.   ~57~ Me sentía sucia.

    Joselyn El aire me faltaba mientras los golpes seguían cayendo sobre mí. —¡Basta, por favor! No lo hagas— supliqué, pero él sólo respondió con una risa cruel.—Eres una maldita perra— gruñó, mientras me jalaba el cabello con tanta fuerza que sentí cómo mi cuerpo, ya entumido, cedía bajo su control. —¿Cómo puedes ser capaz? ¿Por qué me haces esto? Alberth no te ha hecho nada... ni su esposa— Pero él no me escuchaba, no le importaba.—Sabes muy bien por qué me acerqué a ti— respondió con su tono frío, sin rastro de compasión. —Ese hombre, Alberth Sandoval, es mi peor enemigo. Y su esposa... esa mujer es peor. Tú no entiendes, lo que hizo su padre. Destruyó mi familia y ahora me toca destruirlo a él, y a su hijita Valeria también. Pero tú no estás ayudando como deberías.Su amenaza era clara, retumbando en mi cabeza.—Si vas y abres tu bocota, te mataré, y luego iré por tu madre. Le cortaré la garganta sin pensarlo—. Sus palabras me atravesaban como cuchillos. No sólo mi cuerpo estaba

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