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~4~ Acaso

Autor: Salyspears
last update Fecha de publicación: 2024-06-06 04:52:03

Alberth

Reproducía en mi cabeza una y otra vez el video que me dejó mi amigo. Era algo sorprendente; su hermano era peligroso y sus cuñados harían todo por meter a su hija en un hospital de jóvenes con problemas de drogadicción. Su única salida era casarse conmigo. Es decir, yo tenía que ser el héroe. Qué cosas, ¿no? Una joven con problemas depresivos, unos tíos locos y un tío que casi abusa de ella. Cuando él quiso demandar, no sirvió de nada porque no había pruebas. Yo estoy a punto de volverme loco con algo que no tengo idea de cómo resolver. Tengo que casarme porque le debo un favor: cuando estuve a punto de morir en ese río, él me salvó. En aquel entonces solo tenía 12 años y le prometí que le pagaría como fuera. Era un suicidio que yo mismo provoqué. Qué locura. Necesito saber qué haré. Aunque podría casarme con un contrato que dure cinco años y luego nos divorciamos. Le explico a mi novia y Valeria, cuando cumpla los veinticinco años, puede hacer lo que quiera. Esa idea no está mal.

No, no y no. Tengo que pensar en una solución y ahora mismo no tengo mi cerebro bien.

Ahora mismo me encuentro en una reunión en la que no puedo concentrarme. Definitivamente voy a quedar loco. La voz de Edward resuena en mi cabeza, como una alarma recordándome que debo casarme con su única hija, por el bien de ella. ¿Y qué hay con el mío?

─Señor Alberth, ¿todo bien? ─cuestiona Juan Carlos, uno de los socios mayoritarios de mi empresa. Los demás carraspean al verme con la mano en la cabeza. Bajo la mano y me acomodo en la silla.

─Bien, sigamos. Dejemos los chismes por ahora. Solo me estaba acomodando y estirando.

Todos soltaron una risa, pero los fulminé con la mirada y siguieron mirando el documento.

Cuando transcurre el día, salgo de la empresa, agotado. Estoy a punto de irme a ver una serie o bien la ópera. Estoy harto. Subí a mi camioneta y arranqué. Mi celular suena con una llamada entrante. Es la nana de Valeria, la señora Martha.

─Hola, señora Martha, ¿sucedió algo? ─quise saber.

─¿Puede venir? El tío de la señorita Valeria está discutiendo con ella y yo no puedo hacer nada. Se encerró con ella en la habitación y ella le tiene miedo. Por favor, ¿puede venir? Está gritando y los guardias no están.

─Voy enseguida.

Cuelgo la llamada y manejo a toda velocidad. ¿Qué le pasa a ese hombre? ¿Con qué derecho fue a la casa de Valeria y con qué intención? Ahora que no tiene a su padre cerca quiere aprovecharse de ella. Se equivocó, yo la sacaré de ahí como sea.

Llego a la casa y aparco mi auto. No veo a los guardias, solo a uno que está coqueteando con una de las criadas. Vaya, para eso se les paga. Cuando ven que bajo de la camioneta, se separan.

Sin decirles nada entro a la casa. Martha está esperando.

─¿Por qué no llamó a la policía?─Cuestione mirando fijamente a la señora.

─Tenía miedo de que le hicieran algo peor. No tenía otra opción, por eso lo llamé a usted. El señor Jovanny no responde la llamada.

─Está bien, guíeme a la habitación de Valeria.

Entro a la gran casa. Todo está silencioso, como si estuviera planeado que este hombre estuviera aquí. Subo a la planta alta y, mientras camino por el pasillo, escucho los sollozos de Valeria y la gruesa voz de su tío. Supongo que un tío no debería comportarse así.

─¡Suéltame! Jamás haré lo que me pides, ni siquiera por mi abuela. Además, esta casa es de mi padre, no de ustedes... ¡Suéltame, maldito degenerado!

─Cállate, m*****a drogadicta.

Rápidamente entro a la habitación tirando la puerta con fuerza. Todo está tirado y el imbécil me mira sin entender. Valeria tiene el labio partido y los ojos lastimados. Me abalanzo sobre el supuesto tío y lo golpeo tan fuerte que ni siquiera puedo controlarme.

─¡Alberth, déjalo! Te puedes meter en problemas. – Lo suelto y me alejo. Ella luce consternada.

─¿Quién demonios eres para que vengas a meterte en asuntos familiares?

Lo miro fulminante y le replico.

─Valeria Smith es mi prometida y no permitiré que quiera abusar de ella. Lo voy a refundir en la cárcel. Lo mejor que puede hacer es irse inmediatamente, buscar su abogado y prepararse.

El hombre me mira enojado, se levanta del suelo y apunta a Valeria.

─Esto no se quedará así. Y este tu supuesto prometido está loco, ni siquiera sé de qué habla. – Vaya, qué idiota. Ahora se dirige a mí. –Mi sobrina tiene problemas de droga y necesita rehabilitarse. ¿Cómo se va a casar con una jovencita con problemas mentales?

─No estés mintiendo. Esa droga la metiste tú mismo en mi bolso para hacerme pasar por adicta. Cuidado y yo misma te demando. Quizás a tu madre le dé un infarto cuando sepa la clase de hijo que tiene.

─Estás loca. Pronto este tipo se aburrirá de ti cuando sepa lo que eres.

─Tenga cuidado. Ese será mi problema, y que sea la última vez que lo veo merodeando estos rumbos.

El tipo me miró con maldad y luego salió de la habitación de Valeria. La miré sin saber qué pensar. Me acerqué a ella, saqué mi pañuelo y limpié su labio inferior.

─Gracias, Alberth.

─No es nada. Trata de no permitir esto de nuevo. Por ahora mandaré a uno de mis guardias porque el que tienes ahí debe ser comprado por tu tío.

─Está bien. En cuanto a lo otro, no es necesario que nos casemos.

La miré y solté un suspiro. Sinceramente, necesito pensar con la cabeza fría sobre lo que realmente haré.

─Mañana hablaremos bien sobre lo que haremos. Trata de descansar y no dejes que nadie entre en tu casa. No dudes en llamarme. Por cierto, debes buscar buenos empleados. Ese que está ahí no te sirve, ni una de las empleadas, es delgada y de piel morena, si no me equivoco.

─Gracias. Tomaré tu consejo, y gracias por lo de hoy. Por otro lado, no soy adicta.

─Tranquila, y lo de la boda lo veremos mañana. Necesito irme.

Ella asintió mirándome fijamente. Su nana se acercó a ella y la abrazó. Salí de la casa de Valeria, llamé a uno de mis guardias y le pedí que viniera a la casa del difunto Edward Smith, le compartí mi ubicación. Miré de reojo al guardia que se estaba besando con la empleada. No quise decir nada ya que no me trabaja, pero espero que Valeria lo saque de aquí y contrate nuevos hombres.

Subí a mi camioneta y salí disparado de la mansión. Nuevamente mi móvil sonó y vi que era mi novia. Solté un bufido y respondí.

─Cariño, ¿cómo estás? Estuve trabajando todo el día en la agencia. Y tú, ¿qué tal estás?

─Estoy cansado. Me dirijo a la casa. Cuando estés desocupada, llámame.

─Bueno, está bien. Pensé que ya habías salido. Bueno, te tengo una sorpresa, pero será luego. Te amo.

─Sí...si yo también.

Llegué a mi casa, le entregué la llave al guardia y entré directamente a mi habitación. No tengo ganas de nada, estoy agotado. Entré a tomar una ducha, me senté en mi escritorio, leí un poco y con ganas de dormir me eché en mi cama. Miré mi móvil y no había llamada de mi novia. Me encogí de hombros. Seguramente sigue trabajando. Cerré los ojos y quedé dormido.

Abro los ojos al escuchar mi móvil sonar desesperadamente. Veo el reloj en la pared de mi habitación y son más de las tres de la mañana. Miro el remitente y es Jovanny. Son más de tres llamadas. Nuevamente me llama y respondo, molesto.

─Dime que no estás borracho y que es algo importante a esta hora.

─Alberth, Valeria está siendo llevada al hospital. La casa de Edward está en llamas. Es urgente que vengas al hospital.

Cuelgo la llamada y quedo consternado. ¿Quién demonios habrá echó eso?

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Último capítulo

  • Mi Pequeña Esposa.   ~EPÍLOGO~

    Alberth Cuando desperté, estaba en el hospital. El dolor en mi cuerpo era intenso, pero lo primero que vi fue a Valeria a mi lado.—Amor, ya todo pasó—me dijo con una voz dulce, aunque preocupada.—Me asusté... pensé que te iba a perder— murmuré, tratando de incorporarme. —Tranquilo, cariño. Estoy bien, aquí el herido eres tu. Al parecer la bala solo te rozó—me respondió, intentando calmarme—Tú herida se volvió abrir y por ahí mismo la bala rozó. Pero ya estas bien.—Pensé lo peor... cuando el me mando esa imagen, incluso pensé en nuestro bebé— expresó sintiendo una mezcla de alivio y tristeza.—Tranquilo, amor. Todavía no es el momento. Ya todo terminó. A pesar de que perdí a mi padre y a mi padrino, los malos recibieron su merecido. Me duele lo de mi nana, a pesar de todo la apreciaba, pero solo estaba cubriendo a su esposo. Y Jared también fue encarcelado por cómplice.—Quién lo diría— Susurre soltando un suspiro pero luego — Y Joselyn —pregunté curioso.—Lamentablemente, Joselyn

  • Mi Pequeña Esposa.   ~61~ Rescatando a mi esposa.

    Alberth Esto es una maldita pesadilla. La preocupación me consumía mientras marcaba una y otra vez el número de Valeria sin obtener respuesta. Algo estaba pasando y no podía entender qué. Salí de la clínica de inmediato, decidido llamar a mi tía para preguntar por ella.—¿Tía esta Valeria en casa?—Pregunto preocupado.—No querido, se fue en busca de unos cuantos dulces. Hace más de una hora. ¿Pero que pasa hijo?—Pregunto Nerviosa.—Tía, recibí un mensaje de ella que necesita hablar urgente conmigo, sin embargo no contesta la llamada ahora estoy preocupado. Donde estará metida, ya hubiera estado en casa.—Dios mío, la vi nerviosa cuando salió de aquí, pero ella no me dijo nada más.—Bueno cualquier cosa me llamas.Me sentía sofocado, he inquieto, mi tía no sabia nada de mí esposa. Me pregunto, que esta pasando. El mensaje de mi esposa me dejó consternado, que tenia que decirme. Por otro lado yo descubrí algo terrible. Jared, ese maldito amigo de Valeria, era el que estaba detrás de l

  • Mi Pequeña Esposa.   ~60~Joselyn está muerta.

    Valeria.Me quedé paralizada, escuchando cómo planeaban destruir a Alberth. Mi esposo, el hombre que amaba más que a nada en el mundo, estaba en peligro por culpa de estas personas en quienes había confiado toda mi vida. ¿Por qué tanta traición? ¿Cuál era su objetivo? Martha y Jared, no podía creer.Intenté moverme, pero tropecé con alguien. Al levantar la vista, me encontré con Thiago Bravetti, el hombre que buscaba venganza. Su mano se cerró con fuerza alrededor de mi brazo, y grité con todas mis fuerzas, esperando que alguien me ayudara. Jared se acercó, su expresión reflejaba sorpresa, pero también algo más... algo que me aterrorizaba.—Ah, a ti quería encontrarte —susurró Thiago, su voz cargada de odio. Al instante, Martha y Edwin me miraron con sonrisas que me helaron la sangre.—Señor Thiago, ella es la hija del asesino de su familia —espeto Edwin, pero noté la sorpresa en los ojos de Jared.Mi mente corría, tratando de entender qué estaba pasando. Edwin mencionó que todo el ti

  • Mi Pequeña Esposa.   ~59~ Descubriendo la verdad.

    Valeria Me desperté con una sensación extraña, una mezcla de deseo y cariño que me envolvía al verlo a mi lado. —¿Sabes qué?— mencionó acariciando mis labios, su tono era en voz baja, mientras lo observaba. Él me miró curioso, esperando mis palabras.—Dime.—Me desperté con unas ganas inmensas de hacerte el amorÉl sonrió, pero enseguida negó con la cabeza.—No puedes... no así como te sientes—, le dije y el sonrió negando, aunque noté el brillo en sus ojos, ese brillo que solo salía cuando quería más. Hizo un puchero adorable, como si se resistiera a mis palabras. Sus manos, sin embargo, decidieron ignorar nuestra conversación y comenzaron a deslizarse por mi cuerpo. Sentí cómo bajaba suavemente mi panty.—¿Qué estás haciendo?— le susurré, tratando de detenerme, aunque mi cuerpo ya estaba respondiendo.—Por favor... solo quiero tocarlos— murmuró. Sus dedos rozaron mis pechos, hinchados por el embarazo. —¿Puedo?—preguntó con una mezcla de ternura y deseo.Suspiré, sin poder resistirm

  • Mi Pequeña Esposa.   ~58~Descanso.

    Valeria.Observaba a mi esposo mientras dormía. Alberth por fin, se veía mejor después de ese accidente que me había asustado tanto. ¡Qué barbaridad! Todo por culpa de ese tal Marcus. ¿Cómo se atrevió a hacer que Alberth fuera a ese lugar bajo el sol, solo para terminar mojándose y enfermo? Me hervía la sangre de solo pensarlo, pero ahora no era el momento de confrontarlo. Dejé que mi mente vagara mientras observaba cada detalle de la caja que mi padre había dejado. ¿Qué secretos guardaría? ¿Habría algo dentro que revelara las respuestas que tanto busco? Solté un suspiro de frustración, coloqué la caja en su lugar y salí al jardín. Eran más de las diez de la mañana, y parecía que mi esposo aún no despertaba. Anoche había tenido mucho dolor en las costillas y algo de fiebre, así que decidí no molestarlo.Mientras bajaba, me crucé con una de las empleadas. Le pedí que me llevara el desayuno al jardín, y ella asintió antes de retirarse. Al salir, vi a Martha hablando por el móvil, aparent

  • Mi Pequeña Esposa.   ~57~ Me sentía sucia.

    Joselyn El aire me faltaba mientras los golpes seguían cayendo sobre mí. —¡Basta, por favor! No lo hagas— supliqué, pero él sólo respondió con una risa cruel.—Eres una maldita perra— gruñó, mientras me jalaba el cabello con tanta fuerza que sentí cómo mi cuerpo, ya entumido, cedía bajo su control. —¿Cómo puedes ser capaz? ¿Por qué me haces esto? Alberth no te ha hecho nada... ni su esposa— Pero él no me escuchaba, no le importaba.—Sabes muy bien por qué me acerqué a ti— respondió con su tono frío, sin rastro de compasión. —Ese hombre, Alberth Sandoval, es mi peor enemigo. Y su esposa... esa mujer es peor. Tú no entiendes, lo que hizo su padre. Destruyó mi familia y ahora me toca destruirlo a él, y a su hijita Valeria también. Pero tú no estás ayudando como deberías.Su amenaza era clara, retumbando en mi cabeza.—Si vas y abres tu bocota, te mataré, y luego iré por tu madre. Le cortaré la garganta sin pensarlo—. Sus palabras me atravesaban como cuchillos. No sólo mi cuerpo estaba

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