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Capítulo 5

last update Fecha de publicación: 2022-12-22 07:45:36

Hero:

Viene a pasos lentos y temerosos. Su estatura no debe superar los 95cm y tiene el cabello extraordinariamente largo, de un color rubio con tonalidades doradas, nada que ver conmigo o su madre. De rostro angelical, ojos cafés, nariz pequeña y puntiaguda, cejas claras y labios rojizos. Lleva puesto un vestido rosa holgado hasta sus rodillas y un par de zapatillas blancas llenas de piedrecitas brillantes. Sostiene contra su pecho una muñeca castaña con tirabuzones y bata repleta de vuelos, es casi tan hermosa como ella. 

Se aproxima de la mano de Boris, ella es la única persona que está al tanto de todo, siendo la mejor amiga de Ashley —la madre de la niña—, y trabajando para mí, la noticia le calló de gratis. Boris es transexual, de piel oscura, cabello rizado y cuerpo equipado por cirugías estéticas, cada vez se asemeja más a una mujer hecha y derecha. Es quien ha cuidado de Valeria desde hace dos meses. 

La semana pasada descubrí, mediante exámenes de ADN, que la pequeña no es mía, justo como lo había pensado. 

Valeria es la representación buena de su madre, cosa que de dicha mujer no puedo decir. Desde que la dejó en mi apartamento asegurando que era mi hija no la he escuchado pronunciar palabra alguna, de hecho, siquiera ha podido sostenerme la mirada, ni a mí, ni a nadie.

Ashley desapareció de nuestras vidas, dejó a su hija sin madre y a mí con el corazón hecho pedazos. «¿Ella se fue hace cuánto? ¿Cinco años?». Cinco jodidos años. Me dejó dos días antes de nuestra boda y se apareció cuatro años después con una pequeña que supuestamente era mía. Cuando comprobé que no lo era, se marchó con el mismo misterio con el que llegó. Ella conocía cada línea del testamento de mi padre, intentó sacar provecho de ello y su idea fue tan pésima que descubrí la verdad en menos tiempo del que pudo haber imaginado.

Hoy todavía no supero la maldad de la mujer que pensé amar hace seis años atrás, gracias a ella perdí la fe en los compromisos, y ninguna mujer —a parte de mi madre, mis dos hermanas y Valeria—, es ni será merecedora de mi cariño y mis posesiones.

—Hola princesa —le digo a la pequeña rubia parada frente a mí. Me arrodillo sobre el piso del salón de espera y busco captar su atención.

—Valeria, el señor Hero te llevará con él a su súper casa ¿Recuerdas como te gusta ir allí? —Boris empatiza con ella y duscufica su voz para brindarle seguridad a sus acciones. Sin embargo, la niña sigue con la mirada perdida.

—¿No quieres ver a Iron? —insisto, ladeo mi cabeza y le sonrío, lastima que no quiera mirarme, no tengo ganas de hacerlo realmente. 

Boris se flexiona un poco y pasa su mano por la cabeza de Valeria, está reacciona como si le doliera el toque de quién la ha cuidado durante estas últimas ocho semanas, se aparta y murmura cosas que no podemos escuchar con claridad. Al menos sé que puede hablar.

—Nena, ¿Y si tomamos helado? ¡Allá en la súper casa hay mucho helado! 

—¡¿Helado!? —exclama ante las palabras de Boris y da un par de bronquitos en el mismo lugar. Aún no nos dirige la mirada, pero escucharla hablar es suficiente para estar más tranquilo. 

Me pongo de pie y tomo la delantera para salir del salón del juzgado camino a mi auto. Hoy fue uno de los días del papeleo de adopción, ha sido muy difícil conquistar a la jueza para que me dejara visitar a Valeria y llevarla a la residencia de mi familia hasta que el asunto de la adopción estuviera solucionado. Pero, obviamente, una asistente social no se separará de la niña.

Bajamos los escalones y Boris me entrega la maleta de Valeria. Acomodo todo en el maletero y esperamos por la especialista que viajará con nosotros hasta la ciudad. Le recuerdo a Boris no dar detalles del viaje a nadie, mantendremos la mentira de que estuve en Londres por cuestiones de negocios, lo que menos queremos es manchar el nombre de la familia en los periódicos locales. 

* * * 

—Si necesitas mi ayuda me llamas —dicta Boris abriendo la puerta del copiloto, asiento a sus palabras y se voltea a los asientos traseros—, pórtate bien Vale, mañana vengo a verte ¿sí? 

Valeria sonríe al aire y le lanza un beso a Boris, pero mantiene la mirada en otro sitio. Hace tiempo me está preocupando su comportamiento, es extraño, me inquieta. 

Dejamos a la peliriza frente a su casa y retomamos la carretera en dirección a The Loop, un lugar donde el trabajo y diversión conviven en armonía. El sitio más adecuado para mis padres cuando decidieron crear su imperio familiar.  

 En el céntrico distrito se encuentra la mansión de Los Clark, mi hogar, una de las mejores adquisiciones que me dejó papá, en la que convive aún mi madre y mi hermana menor Hilary.

 

—Es muy bonita su casa, señor Clark —pronuncia la asistente, Ana dice llamarse.

«Ahí, humildemente». Pienso, más no lo digo.

—Gracias, espero se sientan cómodas.

Tanto ella como la pequeña recorren los alrededores de la sala con la vista. Ana asiente sumergida en sus pensamientos, supongo que las apariencias de la casa han llenado sus expectativas, lo cual es bueno, muy bueno. Sujeta su bolso con una de sus manos y con la otra aprisiona la mano de Valeria, o viceversa, me atrevo a pensar que es la niña quien se mantiene aferrada a la mano de la asistente social, sé que con ella se siente en confianza, pues Ana se mantuvo al tanto de su cuidado junto a Boris. 

—Claus, llévelas a la habitación de Valeria —le indico al mayordomo, pero antes de ovedecerme se aproxima a mi oído.

—Señor, intenté avisarle, lo llamé varias veces pero su celular estaba apagado, también llamé al licenciado David, pero también estaba incomunicado.

Alzo a la par mis cejas recordando el motivo, durante el juicio apagué mi celular para no interrumpir a la jueza, y estos últimos tres días intenté no distraerme más de lo necesario. 

David estuvo durante todo el proceso conmigo hasta que dieron el veredicto, luego de eso se marchó a su casa al recibir el aviso de que su hija estaba a punto de dar a luz. 

—¿Qué ocurre? —inquiero bajando el tono de mi voz para no preocupar a la asistente social.

—La señorita Jones ya está aquí.

Trago en seco y una sensación incómoda me recorre el pecho. Llevo una de mis manos al nudo de mi corbata y lo aflojo un poco, no sé por qué rayos reacciono así por su inesperada llegada. 

—¿Señor? —repite Claus y pestañeo varias veces para retomar la conversación. Miro por encima de su hombro y el rostro curioso de Ana me hace contestar de inmediato, antes de que malinterprete nuestro inapropiado secreteo. 

—Ok, lleva a Valeria a su habitación junto a la señorita Ana que yo me encargo de lo demás, gracias por avisarme —le indico y luego de un asentimiento de su parte se voltea y conduce a ambas escaleras arriba.

Me tallo la cara y lamo mis labios, saco mi celular para marcarle a Max y al tiempo camino rumbo a mi despacho. 

—¿Ordene? —jaranea desde el otro lado de la línea.

Cruzo la puerta de mi oficina y camino directo a mi escritorio, rebusco entre los papeles que hay sobre la mesa y me revuelvo el cabello al segundo siguiente.

—Ya está aquí —tajo y llevo mi mano libre a mi cintura, nervioso.

—¿Quién o qué? 

—La mujer del contrato Max, ya te hablé sobre eso —le recuerdo y lo escucho caer en cuenta con un ligero sonido.

—¿Y? ¿Ya la viste? ¿Han hablado sobre las reglas del contrato? —cuestiona y algo desde su lado cruje.

—¿Qué estás comiendo? —inquiero y regreso a revolver los documentos. Abro las gavetas y no encuentro nada.

—¿También vas a controlar mi comida? Ah, no Hero, que tóxico eh, eso no es sano, no señor.

—Idiota. —Niego con la cabeza y grito: ¡vingo! en mi mente al encontrar la dichosa carpeta.

—Estoy comiendo papas, papá —bromea y entorno los ojos, me siento sobre mi sillón y ojeo las páginas del contrato—, ¿Qué pasó con la Jones? 

—Nada, que ya está aquí.

—¿Y cómo es ella? —pregunta y la curiosidad me invade, pero, al contrario, desvío el interés por conocer a una mujer que será mi esposa a conveniencia.

—No lo sé Max, no la he visto aún, debe estar en su habitación.

—¿Y qué esperas para conocerla? Escúchame, si está buena y no te interesa me la presentas, al fin y al cabo lo de ustedes es arreglado ¿No? 

—No me interesa conocerla por ahora —contesto evadiendo sus últimas palabras, ignoro la sensación molesta que me producieron—. He traído a Valeria, una asistente deberá estar todo el tiempo pegada a ella, pero lo importante es que la tengo aquí.

—Felicidades, te dije que te dejarían tenerla estos días —dice y las papas crujen mientras pausa para masticarlas—. Mmm, ¿Y la asistente? ¿Está buena? 

—Mierda Max —digo y nos echamos a reír—, a menos que estés dispuesto a acostarte con una cuarentona...

—Ah, tengo que pensarlo.

Me río de su respuesta y suelto un suspiro. Necesito descansar.

—Tengo que colgar, voy a precisar unas cosas ahora y luego dormiré un rato, estoy exausto.

—Ok hermano, recuerda presentarme a tu futura mujer si...

—Ya sé —entorno los ojos y cuelgo.

Le doy una última mirada a las líneas del contrato; repaso en mi mente —como cada día—, las cosas que debo hacer y dejar claras para que todo funcione a la perfección y recojo mi saco para salir de mi despacho.

Apresuro mis pasos, no quiero siquiera encontrarme con Elena Jones, de saber que estaría ya aquí me hubiese llevado a Valeria para el apartamento. Ahora debo armar un teatro por si Ana y ella se cruzan en los pasillos, lo cual será inevitable. Por otra parte está mi madre y Hilary, quienes están al tanto de todo, pero regresan mañana de Boston tras visitar a mi hermana mayor. 

En mi mente se forman numerosos altercados que podrían ocurrir si estas cuatro mujeres se cruzan al mismo tiempo...

—Señor Hero —la voz de Clara, la cocinera, me hace pegar un brinco. Estaba a punto de abrir la puerta para irme.

Me volteo de inmediato y baja su cabeza ante mi presencia.

—¿Sí?

—Bienvenido a su casa —dice dulcemente y le sonrío—, pensé que le incumbe saber que su novia no ha querido probar nada, y... Creo que podría enfermarse.

Expulso una gran cantidad de aire por mi nariz y muerdo el interior de mi mejilla. Llevo mis manos a mis caderas y le ordeno a Clara que regrese a la cocina y no se preocupe, porque "mi novia no suele comer mucho". 

«¿Qué m****a? ¡Si nisiquiera sé lo que come o no! ¡Demonios no sé ni su edad!».

Me estrujo la cara con mis manos y,sin darle vueltas al asunto, abro la puerta y me encamino a mi auto. Es muy pronto para que la señorita caprichos me moleste, yo necesito descansar y pensar qué haré con todo esto.

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Último capítulo

  • Amor en cláusulas    Epílogo

    Tres años despuésElena—¡Mamá, Leo me quitó mi pala!—¡Porque ella me echó arena!—¡Mentira!—¡Verdad!—¡Mentira!—¡Verdad!Me llevo una mano a la frente mientras observo a mis mellizos discutir en medio de la playa como si estuvieran negociando un tratado internacional.—Dios mío, son exactamente iguales a ti —musito.Hero, que permanece recostado a mi lado sobre una enorme manta azul, suelta una carcajada y se quita las gafas de sol.—Eso es imposible. Yo era un niño encantador.—Claro que sí.—Lo era.—Hero, una vez intentaste escapar de la escuela escondido dentro del maletero de un coche.—Y casi funcionó.—Tenías ocho años.—Los detalles no son importantes.Niego con la cabeza mientras sonrío.Han pasado tres años desde aquella tarde en la que descubrimos que seríamos padres de mellizos.Tres años desde que Hero me pidió matrimonio delante de toda su familia.Tres años desde que sentí que mi vida por fin encontraba un poco de paz después de tanto dolor.Leo corre hacia nosotros

  • Amor en cláusulas    Capítulo 57

    ElenaBrindamos y felicitamos al unísiono a Hade. Sus hijos la abrazan y tomamos fotos del emotivo momento. Hoy es el cumpleaños de mi suegra, y estamos todos reunidos en la casa de verano que radica en la playa. Haila y Rodrigo anuncian al fin que se casarán el próximo mes, y entre tantas buenas noticias y sorpresas, doy un paso al frente llamando la atención en medio del salón. —¡Buenas noches! Es mi momento —exclamo y se escuchan aplausos y risas—. ¿Amor? —Sí... —pronuncia Hero, acercándose a mí mientras entrecierra los ojos, no tiene idea de lo que tengo para decirles.—Primero que nada agradecerles a todos por aceptarme en vuestra familia, incluso a ti, Hilary —la señalo con la copa y ella sonríe timidamente—, sé que algún día nos llevaremos mejor—, le guiño el ojo y ella niega con la cabeza riendo—. Gracias Hade, por tanto amor y cariño, has sido como la madre que nunca tuve y la hermana que perdí.No puedo evitar derramar lágrimas al decir lo último. Un brazo de Hero recorre

  • Amor en cláusulas    Capítulo 56.2

    Elena A veces me descubro pensando que el tiempo tiene una forma extraña de aprender a caminar sin pedir permiso. No avisa cuando empieza a arrastrarnos hacia una nueva rutina, simplemente lo hace, y un día te das cuenta de que incluso el dolor ha aprendido a convivir contigo sin hacer tanto ruido. Eso es lo que he visto en Mick y en las gemelas desde que Evelina ya no está físicamente con nosotros, aunque en esta casa nadie se atreve a decirlo en voz alta como si pronunciarlo lo hiciera más real.Después de salir del cementerio aquella tarde, las imágenes se me quedaron pegadas en la cabeza. Las niñas riendo entre flores, Mick intentando mantener una firmeza que se le rompía en los ojos, y ese pequeño instante en el que ambas dijeron "mamá nos está mirando" como si fuera la cosa más normal del mundo. Esa frase, tan simple, tan inocente, me dejó pensando todo el camino de regreso a casa.Mick ha cambiado. No de una manera dramática que se note a primera vista, pero sí en los detalles

  • Amor en cláusulas    Capítulo 56

    Elena—¿Te pasa algo? —cuestiona Hade cuando nos cruzamos por el pasillo. Intenté disimular el horrible paseíto de Bambi desde que salí de la habitación, pero por lo visto no funcionó y tengo a mi suegra mirándome con extrañeza.—No, todo bien. —Caminas como si te hubieses caído de la cama sobre una alfombra de espinas.«Sí caí encima de algo, pero no precisamente espinas».—Tengo un calambre. —Uso eso de excusa y sigo mi camino con ella pisándome los talones—. ¿Vas a la cocina? —Sí, tengo sed. ¿Aceptaste? Y disculpa la imprudencia, es que no aguanto la presión.—¿Eh? ¿De que hablas?Nos sentamos en la mesa del comedor y su cara es todo un poema. Parece que se le abrirá la cara en dos con esa sonrisa tan genuina.—No entiendo nada Hade, ¿que si acepté qué? —Casarte con mi hijo —suelta y se me va un trago de agua por el túnel equivocado. Comienzo a toser y ella se apresura en golpear mi espalda.—Estoy bien. Em... ¿Casarnos, de nuevo? Ya estamos casados. —No, eso no fue un casamien

  • Amor en cláusulas    Capítulo 55

    ~Seis meses después ~ Elena Me acurruco a su lado, dejando mi cabeza sobre su pecho desnudo. Llevo mi pierna a su cintura y lo aprieto contra mí mientras él se remueve buscando mi calor. Siento su respiración sobre mi cabello y una de sus manos juega con un fino mechón rojizo. Ambos respiramos tranquilos, la paz de finalmente haber vencido en el juicio es palpable incluso en la habitación. Ashley tiene derecho a verla en las vacaciones, costó un poco que Hero lo aceptara, pero al fin y al cabo, Ash es una mujer impulsiva y ambiciosa que no se cansará de intentar sacarle dinero, y pese a toda su locura, en el fondo se esfuerza por ser buena madre. No me puedo creer que Valeria sea nuestra, porque sí, es mi hija adoptiva también. Ni siquiera voy a pensar qué pasará con eso el día que el contrato se cumpla y ya no forme parte de esta familia, prefiero respirar hondo y dejar que las cosas fluyan conforme pase el tiempo. Hero y yo nos queremos, ¿quien me asegura que de aquí a unos meses

  • Amor en cláusulas    Capítulo 54

    Último día del juicio. Elena Jamás olvidaré el silencio que se apoderó de aquella sala,era un silencio extraño, pesado, casi insoportable. Nadie se movía. Nadie hablaba. Incluso los periodistas que llevaban días tomando notas frenéticamente permanecían inmóviles observando a Emily, como si intuyeran que estaban a punto de presenciar algo importante. Yo tampoco podía apartar la vista de ella. Durante semanas había esperado que apareciera alguna señal de humanidad, una grieta en toda aquella locura que me permitiera creer que todavía quedaba algo de la hermana que conocí durante años. Sin embargo, mientras la observaba sentada frente al jurado, comprendí que había estado aferrándome a una ilusión. La Emily que yo conocía ya no existía. O quizás nunca había existido realmente. —Señorita Jones —intervino el fiscal después de unos segundos—. Hace un momento declaró que no discute ninguno de los hechos presentados por la fiscalía. ¿Quiere explicar exactamente a qué se refiere? Emily a

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