FAZER LOGINPOV HERNÁN
Lyke está como loco y yo trato de reprimir el impulso humano y masculino que me está nublando el pensamiento. Las ganas de hacerla mía sobre la mesa están presentes con cada respiración que da. Tengo que resistir, pero me es prácticamente imposible cuando siento el aroma que está saliendo de entre sus piernas mientras está sonrojada y respirando con dificultad. Se pone peor cuando gime mi nombre.
—Márcala, márcala —gruñe Lyke en mi mente.
—Clara, hay muchas cosas que quiero explicarte, cosas que no vas a entender de inmediato, pero necesito que confíes en mí —digo controlando mi tono y haciéndole caso omiso a mi lobo—. Eres más importante para mí de lo que te imaginas, y quiero que lo sepas.
Asiente con algo de duda, noto que en su interior hay una mezcla de sentimientos y la entiendo.
—Confío en ti, Hernán —responde en un susurro.
Sonrío y me aparto un poco, pero no puedo soltarla.
—Bien, tenemos mucho que hacer antes de que me vaya. Quiero que estés preparada para lo que venga —expreso tratando de sonar un poco más firme.
—¿Voy a ser secretaria de Juan cuando te vayas? —pregunta.
Me río y niego con la cabeza.
—No, tú te vienes conmigo.
—Pero… ¿Qué? ¿A dónde? ¿Cómo? —interroga con expresión confundida.
—A otra ciudad —contesto, sé que esto va a ser difícil.
Ni siquiera sé si decirle que es una manada de lobos o, peor aún, ¿cómo le digo que ella va a ser la líder de todos junto a mí?
—¿Qué? ¿A otra ciudad? —exclama Clara, su confusión transformándose rápidamente en incredulidad—. Hernán, no puedo simplemente dejar todo y seguirte así. Tengo una vida, un trabajo, mi familia y su recuerdo...
—Lo sé, Clara, y no te estoy pidiendo que lo hagas a la ligera —digo, tratando de calmarla—. Pero es algo que necesito que consideres. Hay cosas sobre mi vida que aún no sabes, cosas que son importantes y que no puedo explicar aquí.
—¿Qué cosas? —pregunta, cruzando los brazos sobre el pecho—. Porque esto suena más a una orden que a una invitación.
Sus palabras me golpean con fuerza. No quiero que se sienta obligada, pero la urgencia de la situación me pone en una posición complicada.
—No es una orden, Clara, es una petición —respondo con sinceridad—. Necesito que entiendas que hay partes de mi vida que son diferentes. Y para que puedas comprenderlo todo, necesito que vengas conmigo.
Clara me mira con desconfianza.
—¿Diferente cómo? —inquiere—. No puedo simplemente dejar mi vida por algo tan incierto. Es que ni siquiera entiendo por qué estás pidiéndome que vaya contigo, apenas nos conocemos.
—Es difícil de explicar, pero se trata de mi familia, de mis responsabilidades —trato de elaborar—. No quiero asustarte, pero hay cosas que van más allá de lo que imaginas.
Ella suspira, su expresión todavía llena de dudas.
—Hernán, yo... no puedo simplemente dejarlo todo. Necesito tiempo para pensar, para procesar esto. No puedo tomar una decisión así de rápido. Además, necesito conocerte antes de aceptar. Yo no sé si eres un asesino y por eso ocultas tanto el secreto.
—Lo entiendo —digo, sintiendo un nudo en el estómago—. Tómate el tiempo que necesites. Solo quería que supieras lo que está pasando y que consideres venir conmigo, te prometo que no soy un asesino.
—Voy a necesitar más que solo un mes para decidir algo así —responde, y sé que está en su derecho.
—Lo sé. Solo quiero que sepas que estoy aquí para apoyarte en lo que decidas —añado, tratando de mostrarle que la respeto y que valoro su opinión, aunque por dentro esté muriendo de miedo.
Clara asiente, aunque su expresión sigue siendo tensa. Toma su bolso y me da un papel antes de dirigirse a la salida de la sala de conferencias.
—Dios mío, tu padre nos buscará a una Luna —expresa Lyke con tono temeroso—. Clara no va a querer ir si no le dices todo de una vez.
—Lyke, el otro día me insultaste porque le dije que era un lobo, ¿y ahora quieres que cuente toda la verdad de una vez? ¡Me va a tratar de loco!
—Eres un tipo muy difícil —comenta con tono frustrado.
—No hables mucho… —digo mientras abro el papel que Clara me dio.
Es el dibujo del lobo, lo terminó, y es hermoso. Es un dibujo tan realista que me da escalofríos.
—¡Soy yo! —exclama Lyke, igual a lo que pasó hace unos días.
Miro el dibujo con incredulidad, reconociendo cada detalle, desde los ojos intensamente verdes hasta la postura majestuosa. Clara lo capturó todo, y no sé si debería sentirme aliviado o aún más preocupado.
—¿Cómo...? —murmuro, más para mí mismo que para Lyke.
—Ella tiene que sentir la conexión de alguna manera —responde Lyke, claramente intrigado—. Esto es una señal, Hernán. Clara está más conectada con nosotros de lo que pensábamos.
—Pero aún no sabe la verdad, y si la asusto... —empiezo a decir, pero Lyke me interrumpe.
—No puedes seguir ocultándolo. Ella merece saberlo. Si Clara puede aceptar quién eres realmente, entonces tendrás una oportunidad de explicarle todo sin que te considere loco —insiste Lyke, su tono más firme esta vez.
Guardo el dibujo con cuidado, sintiendo una mezcla de temor y esperanza. Necesito hablar con Clara de nuevo, ser más abierto y sincero, y confiar en que nuestra conexión es lo suficientemente fuerte como para soportar la verdad.
Me levanto y salgo de la sala de conferencias, decidido a encontrar a Clara y empezar a explicarle todo. Aunque todavía me aterra la idea, sé que es lo correcto. Mientras camino por el pasillo, mi mente sigue repitiendo las palabras de Lyke: "Ella merece saberlo."
En el camino me choco con Daniel, que me mira con diversión.
—¿A dónde vas tan apurado? —inquiere.
—A decirle a Clara la verdad —contesto con tono firme. Arquea las cejas—. Necesita saber todo, sino no va a querer venir conmigo.
—Tranquilo, Hernán, todavía hay tiempo —expresa—. ¿A ti te parece bien tirarle toda la información como un baldazo de agua fría?
Le muestro el dibujo que hizo de Lyke.
—No sé cómo, pero ella lo siente —digo. Mi amigo frunce el ceño y suspira.
—Tenemos que hablar con alguien que sepa de esto, no podemos simplemente… arrastrarla a nuestro mundo como si nada. Si ella te siente, es porque tiene un lobo, pero hasta que no lo descubra no va a entender esto.
Suelto una risa por lo bajo y niego con la cabeza de manera incrédula.
—Daniel, ella tiene como treinta años, su lobo debería haber aparecido hace más de diez años —expreso.
Daniel asiente, pero su expresión sigue siendo de preocupación.
—Lo sé, pero cada caso es único. Quizás su lobo esté dormido o bloqueado por algún motivo. Necesitamos entender más antes de actuar —responde, cruzando los brazos.
—¿Entonces sugieres que busquemos a alguien que pueda ayudarnos? —pregunto, tratando de mantener la calma.
—Exactamente. Hay ancianos y sabios en la manada que podrían saber más sobre este tipo de situaciones. Debemos consultarlo antes de dar cualquier paso —explica Daniel con voz firme.
—Está bien, haremos eso —acepto, aunque siento la urgencia de hablar con Clara cuanto antes.
Daniel me da una palmada en la espalda.
—No te preocupes, Hernán. Lo resolveremos —dice antes de continuar su camino.
Me encierro en mi oficina. La idea de hablar con los ancianos sobre esta situación me aterra, no sé qué van a decirme, y tengo mucho miedo de que me hagan rechazarla. Mi corazón duele al pensar en eso.
De todos modos, sé que es algo que tengo que hacer por el bien de Clara. Si quiero tenerla conmigo, tengo que saber qué pasos tomar. ¿Si ella tiene un lobo qué pasa? ¿Y si es solo una humana con buena intuición?
Me refriego el rostro con las manos antes de sacudir la cabeza, respirar hondo y ponerme a trabajar.
En cuanto termine mi día laboral voy a ir a la manada, está decidido, ya no puedo seguir con dudas.
POV CLARAHan pasado cinco años desde la guerra, desde que la oscuridad intentó devorarnos y el mundo tembló bajo el rugido de lo imposible. Cinco inviernos, cinco veranos… y, aun así, siento que fue ayer cuando el cielo se cubrió de sombras y nuestras manos, unidas, empujaron la luz de regreso.Y aquí estamos.Nuestro hogar, en medio del claro donde antes ardían los rezos de los ancestros, es ahora una cabaña viva, cálida, llena del aroma a madera, flores silvestres y pan recién horneado. La luz del sol entra por las ventanas altas, tiñendo el suelo de reflejos dorados. La brisa trae consigo los cantos del bosque y el murmullo de la manada a lo lejos.Me inclino para recoger un juguete caído: una figura de lobo hecha a mano, tallada por Hernán en una tarde de lluvia. Nuestra hija, Luna, se ríe al verlo, con sus rizos oscuros desordenados y sus ojos pardos brillando con esa chispa dorada que solo los suyos poseen. Su risa, dulce y pura, es la melodía que me ancla al presente.—¡Mamá, m
POV HERNÁNNo es el frío abismo del veneno, sino la noche profunda y la paz silenciosa del bosque. El caos se ha desvanecido. En el aire ya no solo flota el olor a azufre y sangre, sino también la promesa del amanecer, la frescura de la tierra húmeda, el aroma dulzón de las hojas recién caídas. Y el rostro de Clara, mi Luna, mi amor. La imagen de ella, sana y salva, se graba en mi mente, un faro de luz en medio de la tormenta que ha consumido nuestra manada. Es su fuerza la que me ha devuelto a la vida, la que me ha sacado del abismo de la desesperación, la que me ha hecho más fuerte de lo que jamás imaginé. No soy solo un Alfa. Soy su Alfa. Y ella, mi Luna. Mi otra mitad.Lyke aúlla en mi interior, no con la furia de la batalla, sino con el profundo y ancestral alivio de haber encontrado a su compañera. La conexión, antes un hilo frágil, ahora es una cuerda de hierro, vibrante y fuerte. Siento su corazón latiendo al unísono con el mío, un ritmo que me da paz en medio del infierno que
POV CLARAEl dolor es insoportable. Mi cuerpo arde, mis músculos se contraen en espasmos incontrolables, mi mente se retuerce en un laberinto de agonía. Es la aguja de Alan Uyina. El líquido verdoso. El acónito. Un veneno que me consume, que me debilita, que me somete. No es solo un dolor físico; es una tortura para mi alma, un veneno que ataca mi esencia, mi magia, mi conexión con mi lobo. Siento cómo mi energía se apaga, como si una vela en mi interior estuviera siendo extinguida por una ráfaga de viento helado.Estoy en una mesa de metal, atada, mi cuerpo desnudo, vulnerable a la mirada fría de mi captor. Las luces parpadean, cegándome con su intensidad cruel, y el zumbido de las máquinas es ensordecedor. El rostro de Alan se cierne sobre mí con una sonrisa fría, calculadora, que me hace querer gritar. Ha logrado lo que tanto anhelaba: tenerme a su merced, despojada de mis poderes, de mi fuerza.—El despertar está por comenzar, Luna —dice, su voz es un susurro que me hiela la sangr
POV HERNÁNUn fuego helado que recorre mis venas, apagando mi fuerza, mi furia, mi conciencia. Es la sensación de estar atado, de ser un títere en mi propio cuerpo. Intento moverme, pero mi cuerpo está pesado, mis músculos no responden. Es como si una fuerza invisible me anclara al suelo, una pesada losa que me impide levantarme. Alan Uyina. Clara. Las últimas palabras de Valeria, un eco siniestro en el abismo de mi mente.—¡Lyke! —grito en mi mente, desesperado por su presencia, por su fuerza.Pero no hay respuesta. Solo el silencio. Mi lobo está dormido. O peor… Muerto. El terror más profundo me invade. Sin Lyke, soy solo un hombre. Un hombre débil, inútil. Un Alfa sin su lobo. Un corazón sin su otra mitad. Es la sensación de estar incompleto, de que me falta una parte vital de mi ser. La oscuridad se profundiza, y siento que me ahogo, que me pierdo en la inmensidad del vacío. Es la sensación de la muerte, de la nada.—No… —murmuro, mi voz se pierde en el silencio, un susurro de des
POV CLARAEl frío es lo primero que siento. Un frío que me cala los huesos, que me envuelve, me asfixia. No es el frío de un invierno nevado, sino un frío metálico, estéril y punzante que se filtra por cada poro de mi piel. Abro los ojos, y la oscuridad es absoluta. Una oscuridad tan densa que parece tener peso, una manta de tinieblas que me oprime el pecho y me roba el aliento. No hay ni una pizca de luz, solo un vacío que me ensordece. El silencio es más aterrador que cualquier rugido de guerra, un silencio que grita de soledad y desesperación.¿Dónde estoy?Mi mente, todavía aturdida, intenta procesar la última imagen que recuerdo: el rostro de Alan Uyina. La punzada en mi vientre. El dolor. La súbita ruptura del vínculo con Hernán, un desgarro que me dejó sin aliento, como si una parte de mi alma hubiera sido arrancada a la fuerza. Intento moverme, pero mis brazos y piernas están atados, una sensación que me hace entrar en pánico. El metal frío de las cadenas roza mi piel, y el so
POV HERNÁNSiento un dolor tan agudo que me parte el alma, un desgarro que no es físico, no es una herida de garra ni el impacto de un golpe, sino una herida profunda en el tejido mismo de mi ser. Es un eco sordo que me inmoviliza, me congela en el epicentro de una batalla infernal. Mi vínculo. El vínculo con Clara. Se ha roto. La conexión que nos unía, más fuerte que cualquier lazo de sangre, se ha deshecho en un instante, dejando un vacío ensordecedor.—¡Clara! —grito dentro de Lyke, mi voz es un rugido primario de desesperación que se desgarra en mi garganta, un sonido brutal que se ahoga y se pierde en el estruendo caótico de la guerra que nos envuelve.Lyke, aúlla con una furia y un pánico que jamás había experimentado. Es el terror ancestral de la pérdida, la agonía insoportable de la separación de su Luna, de nuestra Luna. Siento un agujero negro en el pecho, una vorágine de nada donde antes residía la luz, la calma, la presencia constante y reconfortante de Clara. Era mi ancla







