INICIAR SESIÓNPOV HERNÁN
Estoy manejando mi auto hacia la manada, las luces iluminan el camino estrecho y sinuoso que he recorrido tantas veces. A medida que me acerco, puedo sentir la familiaridad del lugar y el peso de las responsabilidades que conlleva, cosa que me ahoga. Estaciono el auto cerca de la cabaña principal y salgo, inhalando profundamente el aire fresco del bosque.
Las casas y cabañas están dispersas a lo largo del terreno, y las luces en las ventanas crean un ambiente cálido. La gente me reconoce y me saluda mientras camino, algunos inclinando ligeramente la cabeza en señal de respeto.
—¡Hernán! —exclama un hombre mayor, levantando la mano—. ¡Es bueno verte de vuelta!
Le devuelvo la sonrisa y el saludo, tratando de no mostrar la ansiedad que me consume.
—¡Hola, Hernán! —dice una mujer joven con un niño pequeño a su lado—. ¿Cómo estás?
—Bien, gracias —respondo, tratando de mantener mi voz firme.
Los saludos continúan mientras avanzo hacia la cabaña del sabio, Mateo. Cada saludo y mirada de respeto me recuerda que ellos me ven como un Alfa, y siento que no puedo decepcionarlos. Finalmente, llego a la cabaña del anciano, es de una estructura rústica, pero acogedora. La puerta está entreabierta, y el suave resplandor de la chimenea se filtra a través de la abertura.
Golpeo suavemente la puerta y espero. Después de unos segundos, la puerta se abre revelando a Mateo, el anciano de la manada. Su cabello plateado y sus ojos negros irradian una calma profunda.
—Hernán, pasa, te estaba esperando —dice Mateo con una sonrisa tranquilizadora.
Eso me hace sentir escalofríos. ¿Cómo sabía que estaba viniendo? Entro en la cabaña y me siento frente a la chimenea, sintiendo el calor del fuego en mi rostro. Mateo se sienta frente a mí, sus ojos brillan con sabiduría.
—Tengo algo muy importante que discutir contigo, Mateo —comienzo, mi voz se escucha llena de tensión—. Se trata de mi compañera destinada. —Mateo asiente, indicándome que continúe—. Ella es humana, Mateo. No sabe nada sobre nuestra existencia, y temo cómo podría reaccionar si le cuento la verdad —digo, dejando salir un suspiro de frustración y miedo.
El anciano se queda en silencio por unos momentos, reflexionando sobre mis palabras. Luego, habla con una voz suave, pero firme.
—Hernán, las conexiones del alma no siempre siguen las reglas que conocemos. El hecho de que tu compañera destinada sea humana no disminuye la fuerza de ese vínculo. De hecho, podría ser una prueba de que el amor y la lealtad trascienden las barreras de nuestra comprensión —responde Mateo, esbozando una sonrisa comprensiva.
Asiento, pero la preocupación sigue en mi mente.
—¿Cómo puedo explicarle todo esto sin que piense que estoy loco? —pregunto con tono desesperado.
—La verdad es un arma poderosa, pero también debe manejarse con cuidado. No es necesario revelarlo todo de golpe. Empieza por construir su confianza, mostrarle poco a poco quién eres. Si ella es verdaderamente tu compañera destinada, sentirá la verdad en su corazón antes de que las palabras la confirmen —aconseja Mateo.
Asiento lentamente, sintiendo un poco de alivio ante sus palabras sabias.
—Pero, ¿y si no puede aceptarlo? ¿Y si la pierdo? —pregunto, mi voz tiembla de solo pensar en eso.
Mateo extiende una mano y la pone sobre mi hombro.
—El miedo a perder a alguien no debe impedirte ser honesto. Si la amas, debes darle la oportunidad de elegir por sí misma. La verdadera fortaleza de un líder radica en su capacidad para enfrentar la verdad y permitir que otros lo hagan también —dice el anciano.
Miro a Mateo y asiento, sintiendo una mezcla de energía renovada y, al mismo tiempo, confusión por sus palabras.
—Gracias, Mateo. Necesitaba escuchar eso —digo y me quedo en silencio por un instante—. Mateo, hay algo más. Clara hizo un dibujo... —comienzo, sacando el papel con el dibujo de Lyke—. Dibujó esto sin saber que es mi lobo. Es increíblemente preciso, como si lo conociera. ¿Es posible que ella tenga un lobo dormido?
Mateo toma el dibujo y lo examina detenidamente, sus ojos oscuros brillan con interés.
—Esto es fascinante, Hernán. Si Clara dibujó a tu lobo sin conocerlo, podría ser señal de una conexión más profunda entre ustedes. En cuanto a la posibilidad de que tenga un lobo dormido, es raro, pero no imposible. Hay casos en los que los lobos no se manifiestan hasta mucho después, debido a bloqueos emocionales o situaciones extremas —explica, devolviéndome el dibujo.
—¿Qué puedo hacer al respecto? —inquiero, aferrándome a cualquier esperanza.
—Sigue construyendo su confianza y ayúdala a conectarse con sus propias emociones y su esencia. Si hay un lobo dormido en ella, tu cercanía y apoyo podrían ser clave para despertarlo, sobre todo si eres su pareja destinada, su lobo no podrá seguir dormido por mucho tiempo más —manifiesta Mateo.
Asiento con expresión pensativa.
—Gracias, Mateo. Haré lo mejor que pueda —digo, levantándome—. ¿Podría despertar a su lobo en menos de un mes?
Mateo hace una mueca.
—No lo sé con ciencia cierta, pero si ella está teniendo esos presentimientos, puede que sí —dice.
Me doy la vuelta para salir, pero me detengo y me giro de nuevo hacia Mateo.
—Hay otra cosa, Mateo. No se trata solo de Clara. Es sobre ser Alfa. No estoy seguro de estar listo para esto. No sé si soy lo suficientemente fuerte para liderar —admito, sintiendo el peso de mis palabras.
Mateo me observa atentamente antes de hablar.
—Hernán, la fuerza de un Alfa no proviene solo de su poder físico o de su habilidad para liderar en combate. Proviene de su corazón, de su capacidad para amar y proteger a su manada. Has demostrado una y otra vez que eres capaz de eso. La duda es natural, pero no permitas que te paralice. Confía en ti mismo y en la guía de aquellos que te rodean. No estás solo en esto —dice Mateo con su tono lleno de firmeza.
Siento un nudo en la garganta mientras asimilo sus palabras. Me inclino ligeramente en señal de respeto y gratitud antes de salir de la cabaña. Decido volver a mi casa sin pasar a saludar a mi familia, sé que suena mal, pero si me ven, van a querer que me quede y todavía no estoy listo para eso.
Mientras camino de regreso por el sendero hasta mi auto, mis pensamientos vuelven a Clara. Sé que el camino no será fácil, pero estoy decidido a enfrentar la verdad y darle la oportunidad de conocerme realmente. Y si descubrimos que tiene un lobo, sería el final perfecto.
Arranco el auto y me dirijo a casa, tratando de imaginar todas las posibles reacciones de Clara. Cada escenario me llena de ansiedad, pero trato de mantenerme firme. Cuando finalmente llego, estaciono el auto y entro a la casa.
Camino hasta la sala de estar y me dejo caer en el sofá, mirando el dibujo de Lyke que Clara hizo. Es impresionante cómo capturó cada detalle.
—Tengo que ser honesto con ella —murmuro para mí mismo, repasando mentalmente cómo voy a explicarle todo.
Decido que la mejor manera de encarar la situación es llevarla a un lugar tranquilo, lejos de las distracciones. La invitaré a cenar en mi casa, supongo que, en la intimidad y calma de mi hogar, le podré contar la verdad. No sé cómo reaccionará, pero confío en que nuestro vínculo será lo suficientemente fuerte para superar cualquier obstáculo.
POV CLARAHan pasado cinco años desde la guerra, desde que la oscuridad intentó devorarnos y el mundo tembló bajo el rugido de lo imposible. Cinco inviernos, cinco veranos… y, aun así, siento que fue ayer cuando el cielo se cubrió de sombras y nuestras manos, unidas, empujaron la luz de regreso.Y aquí estamos.Nuestro hogar, en medio del claro donde antes ardían los rezos de los ancestros, es ahora una cabaña viva, cálida, llena del aroma a madera, flores silvestres y pan recién horneado. La luz del sol entra por las ventanas altas, tiñendo el suelo de reflejos dorados. La brisa trae consigo los cantos del bosque y el murmullo de la manada a lo lejos.Me inclino para recoger un juguete caído: una figura de lobo hecha a mano, tallada por Hernán en una tarde de lluvia. Nuestra hija, Luna, se ríe al verlo, con sus rizos oscuros desordenados y sus ojos pardos brillando con esa chispa dorada que solo los suyos poseen. Su risa, dulce y pura, es la melodía que me ancla al presente.—¡Mamá, m
POV HERNÁNNo es el frío abismo del veneno, sino la noche profunda y la paz silenciosa del bosque. El caos se ha desvanecido. En el aire ya no solo flota el olor a azufre y sangre, sino también la promesa del amanecer, la frescura de la tierra húmeda, el aroma dulzón de las hojas recién caídas. Y el rostro de Clara, mi Luna, mi amor. La imagen de ella, sana y salva, se graba en mi mente, un faro de luz en medio de la tormenta que ha consumido nuestra manada. Es su fuerza la que me ha devuelto a la vida, la que me ha sacado del abismo de la desesperación, la que me ha hecho más fuerte de lo que jamás imaginé. No soy solo un Alfa. Soy su Alfa. Y ella, mi Luna. Mi otra mitad.Lyke aúlla en mi interior, no con la furia de la batalla, sino con el profundo y ancestral alivio de haber encontrado a su compañera. La conexión, antes un hilo frágil, ahora es una cuerda de hierro, vibrante y fuerte. Siento su corazón latiendo al unísono con el mío, un ritmo que me da paz en medio del infierno que
POV CLARAEl dolor es insoportable. Mi cuerpo arde, mis músculos se contraen en espasmos incontrolables, mi mente se retuerce en un laberinto de agonía. Es la aguja de Alan Uyina. El líquido verdoso. El acónito. Un veneno que me consume, que me debilita, que me somete. No es solo un dolor físico; es una tortura para mi alma, un veneno que ataca mi esencia, mi magia, mi conexión con mi lobo. Siento cómo mi energía se apaga, como si una vela en mi interior estuviera siendo extinguida por una ráfaga de viento helado.Estoy en una mesa de metal, atada, mi cuerpo desnudo, vulnerable a la mirada fría de mi captor. Las luces parpadean, cegándome con su intensidad cruel, y el zumbido de las máquinas es ensordecedor. El rostro de Alan se cierne sobre mí con una sonrisa fría, calculadora, que me hace querer gritar. Ha logrado lo que tanto anhelaba: tenerme a su merced, despojada de mis poderes, de mi fuerza.—El despertar está por comenzar, Luna —dice, su voz es un susurro que me hiela la sangr
POV HERNÁNUn fuego helado que recorre mis venas, apagando mi fuerza, mi furia, mi conciencia. Es la sensación de estar atado, de ser un títere en mi propio cuerpo. Intento moverme, pero mi cuerpo está pesado, mis músculos no responden. Es como si una fuerza invisible me anclara al suelo, una pesada losa que me impide levantarme. Alan Uyina. Clara. Las últimas palabras de Valeria, un eco siniestro en el abismo de mi mente.—¡Lyke! —grito en mi mente, desesperado por su presencia, por su fuerza.Pero no hay respuesta. Solo el silencio. Mi lobo está dormido. O peor… Muerto. El terror más profundo me invade. Sin Lyke, soy solo un hombre. Un hombre débil, inútil. Un Alfa sin su lobo. Un corazón sin su otra mitad. Es la sensación de estar incompleto, de que me falta una parte vital de mi ser. La oscuridad se profundiza, y siento que me ahogo, que me pierdo en la inmensidad del vacío. Es la sensación de la muerte, de la nada.—No… —murmuro, mi voz se pierde en el silencio, un susurro de des
POV CLARAEl frío es lo primero que siento. Un frío que me cala los huesos, que me envuelve, me asfixia. No es el frío de un invierno nevado, sino un frío metálico, estéril y punzante que se filtra por cada poro de mi piel. Abro los ojos, y la oscuridad es absoluta. Una oscuridad tan densa que parece tener peso, una manta de tinieblas que me oprime el pecho y me roba el aliento. No hay ni una pizca de luz, solo un vacío que me ensordece. El silencio es más aterrador que cualquier rugido de guerra, un silencio que grita de soledad y desesperación.¿Dónde estoy?Mi mente, todavía aturdida, intenta procesar la última imagen que recuerdo: el rostro de Alan Uyina. La punzada en mi vientre. El dolor. La súbita ruptura del vínculo con Hernán, un desgarro que me dejó sin aliento, como si una parte de mi alma hubiera sido arrancada a la fuerza. Intento moverme, pero mis brazos y piernas están atados, una sensación que me hace entrar en pánico. El metal frío de las cadenas roza mi piel, y el so
POV HERNÁNSiento un dolor tan agudo que me parte el alma, un desgarro que no es físico, no es una herida de garra ni el impacto de un golpe, sino una herida profunda en el tejido mismo de mi ser. Es un eco sordo que me inmoviliza, me congela en el epicentro de una batalla infernal. Mi vínculo. El vínculo con Clara. Se ha roto. La conexión que nos unía, más fuerte que cualquier lazo de sangre, se ha deshecho en un instante, dejando un vacío ensordecedor.—¡Clara! —grito dentro de Lyke, mi voz es un rugido primario de desesperación que se desgarra en mi garganta, un sonido brutal que se ahoga y se pierde en el estruendo caótico de la guerra que nos envuelve.Lyke, aúlla con una furia y un pánico que jamás había experimentado. Es el terror ancestral de la pérdida, la agonía insoportable de la separación de su Luna, de nuestra Luna. Siento un agujero negro en el pecho, una vorágine de nada donde antes residía la luz, la calma, la presencia constante y reconfortante de Clara. Era mi ancla







