INICIAR SESIÓNOlívia fingiu ser a namorada virtual de Justin, usurpando a vida de sua melhor amiga, foi encontrar ele e viajou para conhecer sua família, enquanto a verdadeira namorada Daisy, estava em coma. Justin é um ceo safado egocêntrico e rico, de porte atlético, Daisy é pobre, porém tem uma personalidade forte e compatível a dele, são quase que almas gêmeas, conversaram por meses e ainda não tinham visto nem fotos. Enquanto Olívia é gordinha, desajeitada, reservada e não é nada parecida com nenhum dos dois. O amor é realmente cego? Justin vai se envolver com a usurpadora fora dos padrões e fazê-la se arrepender muito, de ter o enganado. Namoro falso + Protagonista gorda + Ceo apaixonado + Traição entre amigas
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Sophia llevaba casi media hora esperando, con la hoja de registro arrugada entre sus dedos temblorosos, frente al consultorio de ginecología. Tenía las palmas sudorosas y el corazón en un vaivén constante entre ansiedad y esperanza. A pesar del aire acondicionado, sentía el calor treparle por el cuello, como si su cuerpo ya supiera que nada volvería a ser igual. Al recostarse en la camilla para el chequeo, su mirada se perdió en la lámpara del techo, buscando en sus luces blancas un consuelo imposible. Cada segundo se estiraba como un hilo tenso. —Tres embriones —dijo la doctora, su voz serena y firme interrumpió sus pensamientos—. Todos se están desarrollando bastante bien. Sophia se incorporó con brusquedad, sus ojos muy abiertos. —¿Qué ha dicho? ¿Tri... trillizos? La doctora hojeó su historial médico y asintió con seriedad. —Has estado tomando anticonceptivos durante mucho tiempo. Tu endometrio está más delgado de lo normal. Estos tres bebés no han llegado fácilmente, Sophia. Son un milagro. Debes cuidarlos bien. La noticia le cayó como una cascada helada y ardiente a la vez. Trillizos. Tres vidas latiendo dentro de ella. Tres corazones formándose con el suyo. Hijos de Logan Sterling... y de ella. El fruto de una relación secreta, intensa, y completamente desequilibrada. Durante un instante, sintió que podía volar. Quizá, solo quizá, esa noticia bastaría para que él finalmente la mirara como algo más que una sombra a su lado. Pensó en el rostro de Logan, siempre serio, siempre frío. En sus labios tensos, su ceño fruncido como si el mundo entero le debiera algo. Pero también recordó sus caricias en la penumbra, los silencios compartidos después del deseo, las veces en que creyó ver un atisbo de ternura bajo su armadura de CEO implacable. Tal vez esto —los bebés, su sangre, su herencia— lograrían derretir ese hielo. Como si el destino leyera sus pensamientos, el teléfono vibró en su bolso. Era él. —Ven a mi oficina en media hora —ordenó, con su voz siempre directa. Sophia apenas tuvo que pensarlo. Ya sabía lo que la esperaba: la oficina cerrada, el sofá aún tibio por su espalda, y al final... esas pastillas anticonceptivas que él le dejaba sobre el escritorio como si fueran una rutina más del trabajo. Sin preguntas. Sin emoción. Media hora después, empujó la puerta de vidrio esmerilado. Logan estaba allí, apoyado en su escritorio de roble, la corbata colgando floja alrededor del cuello, las mangas arremangadas. Al verla, se incorporó sin decir palabra y extendió un brazo para rodear su cintura. Sophia se tensó al instante, pero forzó una sonrisa y dio un paso atrás, firme. Sacó del bolso el sobre con la ecografía y lo puso sobre la mesa, frente a él. —Estoy embarazada —dijo, con la voz baja pero llena de convicción. Un destello fugaz cruzó los ojos de Logan. Una sorpresa que duró apenas un segundo antes de que su expresión volviera a congelarse. —Este no es el momento para tener un hijo —declaró, como si hablara de cifras y no de vidas. Las palabras le atravesaron el pecho como un cuchillo frío. Sophia sintió cómo las lágrimas se acumulaban sin pedir permiso, pero las contuvo. Tragó saliva con fuerza. —No estoy pidiendo matrimonio. Ni un título. Solo quiero tener a mis hijos. ¿Eso también vas a negármelo? ¿Vas a quitármelos? Dices que no es el momento... ¿acaso alguna vez lo será? Tres años. Tres años de entregarse sin medida, de vivir a la sombra de su poder, de esconder su amor y su dignidad. Y ahora, ni siquiera el derecho a ser madre. La puerta se abrió de golpe. Claudia Evans entró como si nada. Sus tacones resonaron sobre el piso de mármol. Vio los ojos enrojecidos de Sophia, la tensión flotando en el aire como una amenaza invisible. Y como si el guión le perteneciera, se acercó a Logan con dulzura forzada, posando una mano en su brazo. —No te alteres, deberían sentarse a hablar con calma —dijo, con una sonrisa cuidadosamente medida. Sophia no necesitó más. La rabia contenida le estalló como un disparo seco. Se rió, una risa amarga que le rasgó la garganta. —Ahora entiendo por qué no es el momento. Es por ella, ¿verdad? Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y salió. Caminaba con pasos decididos, aunque por dentro se desmoronaba. Apenas había llegado a la salida de emergencia cuando oyó pasos apresurados detrás de ella. Claudia, en sus impecables tacones de diseñador, la había alcanzado. —¡Sophia, espera! —exclamó, bloqueándole el paso con el brazo extendido. —Llevo muchos años siendo amiga de Logan —dijo Claudia, con tono condescendiente—. Conozco muy bien su carácter. Él no siente nada por ti. No son del mismo mundo. Para ser franca, solo está jugando contigo. Si te retiras por las buenas, será mejor para todos. Sophia la miró con el rostro pálido, pero con una firmeza que sorprendía incluso a sus propias rodillas temblorosas. —Apártate —dijo, con la voz quebrada pero clara—. Esto no te incumbe. —Solo quiero lo mejor para ustedes... Pero Claudia no alcanzó a terminar la frase. Sophia ya había salido corriendo, como si huyera de una explosión invisible, como si su mundo acabara de desmoronarse en silencio. Al llegar a la calle, subió al coche con manos temblorosas, casi sin sentir el contacto de las llaves al encender el motor. La ciudad seguía su curso, ajena al drama que la devoraba por dentro. Los semáforos, los transeúntes, el tráfico... todo parecía estar a una distancia irreal. Pisó el acelerador, pero su mente no estaba allí. Las palabras de Claudia resonaban con cruel claridad: “No son del mismo mundo. Él solo está jugando contigo.” Quizá era cierto. Quizá lo había sido siempre. Tres años había pasado entregándole todo a Logan: tiempo, cuerpo, silencio... amor. ¿Y qué había recibido a cambio? Pastillas, secretos y desprecio. Una punzada en el pecho la obligó a apretar más fuerte el volante. ¿Realmente pensó que unos bebés cambiarían algo? Logan no era solo frío. Era inamovible. Y si había dicho que no quería a ese hijo —a esos hijos—, haría lo que fuera necesario para que desaparecieran. El pensamiento le heló la sangre. No sabía hasta qué punto sería capaz de llegar, pero sí sabía una cosa con certeza: debía proteger a sus bebés a toda costa. Tengo que irme, pensó. Escapar. Ahora. Antes de que sea tarde. Sus ojos se nublaron. La presión en su pecho era tan fuerte que apenas podía respirar. El zumbido del motor y el crujido de los neumáticos sobre el asfalto eran lo único que la mantenía anclada a la realidad. Pero incluso eso empezó a desvanecerse. Un destello de luz, una curva mal calculada, un momento de distracción… El volante se le escapó de las manos. —¡No...! —alcanzó a decir antes del estruendo. El coche se salió del carril con un chirrido brutal. Los frenos chillaron como un grito desesperado, pero ya era tarde. El vehículo impactó contra una valla metálica al borde de la carretera. El golpe fue seco, violento. El cuerpo de Sophia se sacudió con fuerza antes de quedar inerte sobre el asiento. Dentro del habitáculo, solo el pitido constante del motor en reposo y el zumbido tenue del cinturón desabrochado rompían el silencio. Un hilo de sangre le bajaba por la sien, lento y cruel, deslizándose por su mejilla hasta empapar el cuello de su blusa blanca. Sus ojos estaban entrecerrados, su respiración irregular. Y en medio de la confusión, su mano temblorosa se posó, casi por instinto, sobre su vientre. Como si, incluso al borde del colapso, su cuerpo no pudiera olvidar a quién debía proteger.A festa foi espetacular, Malia e Alysther também ajudaram com tudo, chegaram muito antes do horário e fizeram amizade com a família de Olívia, que trataram a todos bem, mesmo que rindo entre si das " madames " metidas. Katrina se divertiu bastante, deu ordem na cozinha de Joelma e soltou várias piadas besteirentas deixando a filha constrangida. Alysther estava radiante, com a alto estima nas alturas, começando voltar a viver após o divórcio, mudou o cabelo, e o estilo, virou a ceo da vinícola, se ocupando e acreditando em si, fez um cruzeiro com amigas solteiras seguindo o conselho de Olívia, e durante o chá, recebeu um elogio sobre estar " daquele jeito ", Theo disse que ela estava diferente, grudada em Zoe filha dele, ela disse que não poderia estar melhor, tirando o fato de sentir a falta do pai, todos os dias, cuidou da pequena a festa toda e Ícaro não poupou palavras ao encher todos de perguntas, sobre o tema do chá e o futuro do bebê, seu priminho. Já que a mãe era professora
Ele disse que lembrava, tentou mudar o assunto falando do Marcelinho, ela pegou o celular- Vou ligar pra ela, sabe quando eu tenho aquele pressentimento ruim?- Toda vez que penso nela, sinto algo errado. Ele ficou olhando apreensivo- Sei, não deve ser nada demais. - Você está meio emotiva com a nossa situação. - É totalmente compressivo que seu tratamento mexa com tudo. Ela ligou três vezes e só deu caixa postal, nem suspeitou que estava bloqueada em tudo. Justin foi para o sítio com o carro lotado, correu atrás de Pilar e Malia o dia inteiro, querendo coisas antigas dele quando era pequeno. Super a vontade chegou buzinando fazendo escândalo, abriu o portão e foi entrando, Valter ficou olhando com julgamento da janela - Ooooo seu besta tá achando que tá na casa da mãe Joana? Me acordou com essa algazarra. Justin tirou um balanço de madeira do porta malas, várias caixas - Agora não é hora de soneca não. - Tem um monte de coisas pra fazer. Valter saiu rindo feliz da vida,
Justin estava completamente molhado, caindo de bêbado- Quero falar com ela.- Olíviaaaaa! Ela saiu na varanda chorando - Pai, por favor.Valter deu um empurrão nele - Tá caindo de cachaça esse daí não tem juízo nenhum. - Anda logo antes que eu lhe dê uma coça aqui. - Fica aí Olívia, não vai se molhar.Justin entrou correndo, se aproximou ainda na chuva, a frente dela - Desculpa.- Precisava te ver.Ela sorriu tentando conter o choro - Tudo bem, vem, pode entrar.- Estava bebendo?Ele subiu o degrau, com os olhos marejados- Não o suficiente, para esquecer o motivo, de precisar beber tanto. Joelma se aproximou com uma toalha, deu nas mãos dele - Vai pegar um resfriado. - Anda, vamos entrar.Ele se secou como deu- Sua filha herdou sua gentileza e carisma. Valter se aproximou reclamando que não era hora de ir incomodar gente de bem, Justin respondeu- Sua filha herdou sua honestidade e teimosia. - Não quero viver em um mundo, em que eu não faça parte da vida dela. - Sei qu
Ele a olhou confuso - Porque fez aquilo? Com a Yori? Ela tirou os óculos escuros, o encarou nos olhos- Se tem uma coisa que eu aprendi com a Olívia, é que ninguém veio ao mundo para ficar sozinho. Hoje também não estou mais! Vou dar rumo a minha vida.- A Olívia é adorável mesmo, você seria um tolo de não se apaixonar por ela, já que não sei como, conseguiu a alcançar.- Hoje você enterra seu pai, sei que dói e como sei.- Independente da idade, nunca estamos prontos pra isso. - Mais precisa ser forte, por alguém além de você. - Seu filho! - Sua ex teve o que merecia por mexer com a Olívia.- Daqui em diante, a responsabilidade é sua, a Olívia precisa de quem cuide dela, por amor. Prometa, que vai cuidar dela?- Dar o seu melhor e fazer a coisa certa?Ele continuou sem entender- Como assim?Ela sorriu com as lágrimas rolando por seu rosto- Quer que eu desenhe? - Um filho!- Ela está grávida e não tem coragem de falar, como a bela pamonha que é. - Te contar, vai fazer com que












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