INICIAR SESIÓNPunto de vista de Lila No tenía ni idea de por qué Aiden se comportaba de forma tan extraña, pero ya había pasado una mañana agotadora gracias a su padre y a la promesa que me habían obligado a hacer. Y ahora ahí estaba Aiden, la razón misma de esa promesa, dándome la lata en el patio. «Te escucho...», dije, cruzándome de brazos. Pareció sorprendido por un momento antes de intentar finalmente hablar. «Anoche...», comenzó, con una expresión profundamente preocupada. «Recibí mis regalos...» Hizo una pausa, mirándome con una expresión grave e indescifrable. No entendía por qué se ponía tan tenso. «Aiden, sigue...», le animé, instándole a ir al grano. «Recibí un montón de cosas. La mayoría eran lo de siempre, pero… hubo un regalo en concreto que no pude ignorar», explicó, alargando las palabras sin decirme nada en realidad. «¿Y cuál fue…?», pregunté, perdiendo la paciencia. «Yo…» Antes de que pudiera terminar, la puerta del patio se abrió de golpe. Rayna vino corriendo
Punto de vista de Aiden Me desperté sintiéndome agobiado y agotado, abrumado por el estrés que aún me quedaba del drama de la noche anterior. El día de ayer había sido agobiante; me había visto obligado a seguirles el juego en tantas cosas que detestaba y tenía la inquietante sensación de que hoy solo iba a ser peor. Me quedé de pie junto a la ventana durante un buen rato, intentando esbozar un discurso perfecto para hoy. Mientras realizaba los gestos mecánicos de prepararme para ir al colegio, mi mente daba vueltas sin parar, esforzándose por averiguar cómo iba a darle la aterradora noticia a Lila. Tardé más de lo habitual en vestirme. «Señor Aiden...», me llamó una voz suave desde fuera de mi habitación. Era una de las criadas de la cocina. «Su desayuno está listo». Sin responder, abrí la puerta y bajé las escaleras mientras ella me seguía. No había comido nada desde anoche; los caóticos acontecimientos de la noche anterior me habían quitado por completo el apetito. Aun as
Punto de vista de Lila Me quedé mirándole la cara, intentando entender qué quería decir cuando pasó junto a mí para dirigirse a las otras chicas. —Chicas... —comenzó Rayna, con la voz rebosante de dulzura fingida—. Tengo una idea. Lila no tiene ningún regalo para mí esta noche, lo cual es una pena, pero no se lo tengo en cuenta. Sigue siendo mi invitada. Quiero decir, en realidad no estoy enfadada: no tiene dones, ni fuerza, ni poder. ¿Qué podría ofrecer alguien como ella que tuviera algún significado?». Soltó un suspiro largo y dramático. La frase «sin dones» resonó en mi mente, hiriéndome profundamente. «Aun así, es tremendamente descortés acudir a una ceremonia de entrega de regalos con las manos vacías», continuó Rayna, con un tono que se volvió frío y serio. «Nunca se ha hecho antes y mi fiesta no va a sentar ese precedente». Dirigió su mirada directamente hacia mí. «Lila Black». Me estremecí, mirándola con el corazón encogido. «Esta noche vas a hacer un juramento
Punto de vista de Lila Sentada en el asiento trasero del taxi de camino a casa, cada detalle de lo que acababa de ocurrir en la mansión durante la ceremonia de entrega de regalos se reproducía en mi mente. En el momento en que Rayna dejó caer la linterna y la oscuridad se apoderó de la habitación, mi instinto fue salir corriendo hacia la puerta, al ver que estaba sola en esto, pero me mantuve firme; tenía que ser valiente y fuerte. De repente, dio dos palmadas y un fuego nos rodeó a todos, creando un círculo de llamas. Miré a mi alrededor, al fuego que ardía, y luego volví la vista hacia Rayna; ella no había sido quien había hecho aquello, sino una de sus secuaces. Podía ver cómo a la chica le salía calor por la nariz. —Esa es Julie —dijo Rayna, con una sonrisa de satisfacción en la comisura de los labios—. Tiene un corazón de fuego; puede generar llamas a voluntad. No te asustes, Lila… Ya no estás en mi lista negra. Solo quería que esta noche fuera especial. Habían dispue
Punto de vista de Aiden La ceremonia de entrega de regalos deparó una sorpresa, aunque no del tipo que yo esperaba; de hecho, ni siquiera me esperaba nada hasta que ocurrió. Todos trajeron algo pequeño, pero fue Mathew quien tuvo que hacer algo fuera de lo común; no sabía si debía darle las gracias o no, porque no sabía si era un buen regalo o no. Salí un rato a tomar el aire nocturno; dentro se estaba sofocante y solo necesitaba un rato para mí. Hasta que un olor familiar me llegó a la nariz; era fresco. Seguí el aroma hasta un rincón apartado, detrás de una columna. Aquel lugar me resultaba bastante familiar. Un fino hilo de humo se arremolinaba libremente en el aire nocturno, llevando mi mirada directamente hacia la culpable. Era Lila. No podía estar más encantada. «Estás en mi sitio», le dije en voz baja, adentrándome en las sombras. Estaba sentada en el frío suelo de piedra, contemplando el cielo con un porro encendido entre los dedos. Sobresaltada por mi voz, hizo
Punto de vista de Mathew Me quedé boquiabierto; ni siquiera sabía cuánto tiempo llevaba mirándola fijamente hasta que Aiden me devolvió a la realidad. Por favor, no me culpes, solo pregúntame por qué… Si hubieras visto un arbusto en llamas y se estuviera convirtiendo en cenizas, por supuesto que no te asustarías, pero cuando el arbusto arde y sigue intacto, ¿no crees que te sorprendería? Eso fue lo que me pasó con Lila. Estaba mucho más guapa de lo que jamás hubiera podido imaginar; quienquiera que le haya regalado ese vestido le hizo un gran favor, realmente sacaba a relucir una parte de Lila que nunca pensé que vería. Siempre había estado en apuros, desorganizada, con un aspecto cutre y barato con su ropa demasiado grande, pero esta noche reveló una faceta de sí misma que nunca esperé ver. ¿Quién hubiera pensado que tenía una figura espectacular? Era pálida y delgada, pero con unas curvas bonitas. El vestido lo resaltaba a la perfección. Una belleza que había permanecido oculta







