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Lo que sentimos (2da. Parte)

last update Fecha de publicación: 2025-11-08 06:27:18

El mismo día

Islas Maldivas

David

Supongo que el verdadero amor es aquel que no ata, que no se sostiene con mentiras. Y lo entendí demasiado tarde. Era hora de revelarle la verdad a Cristal, aunque eso significara cargar con su odio y su abandono.

Fue difícil contarle que no estábamos casados. Cada palabra me pesaba en la lengua, cada segundo sentía el corazón apretado, el miedo y la vergüenza mezclándose en una sola punzada. Y como era de esperarse, estalló.

Los reclamos, los insultos, sus gol
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Último capítulo

  • No te Apartes de Mí   No te Apartes de Mí

    Unos años despuésIslas Phi PhiCristalLa boda había marcado otra etapa en nosotros; fue más que el símbolo de nuestra unión. Fue sentir que, por fin, podíamos abrazar esa paz que durante tanto tiempo nos había sido negada y, al mismo tiempo, compartir ese día con nuestra familia. Aquellos días habían sido especiales: risas, bromas y, claro, algunos pedidos de que regresáramos a Londres, sobre todo cuando supieron de mi embarazo.Sin embargo, una de esas mañanas, antes de que llegara la locura de la familia, apenas abrí los ojos y vi a David en el balcón, con la vista perdida hacia el mar, y supe que algo lo inquietaba. Rodé hacia el borde de la cama, acomodé la bata y caminé hacia él.—Hola, amor, ¿ya despierto…? ¿En qué piensas? —pregunté, apoyando suavemente una mano en su espalda.—Buenos días, mi leona —respondió, dejando un beso fugaz sobre mis labios—. No hemos tenido nuestra luna de miel y sigo pensando cómo solucionarlo.Negué con la cabeza, soltando un pequeño suspiro.—Est

  • No te Apartes de Mí   Mi vida contigo (2da. Parte)

    El mismo díaIslas Phi Phi, TailandiaDavidEsa pregunta que cambió nuestras vidas llevaba un peso que Cristal nunca llegó a imaginar. No se trataba solo de pedirle matrimonio a la mujer que amaba; era darle el día que merecía, con su familia, con su historia completa, sin ausencias que dolieran. No podía seguir siendo egoísta. No podía robarle esa ilusión. Tal vez por eso tardé en volver a pedírselo… no por dudas, sino por querer hacerlo bien.Aquel día, después de hablar de mudarnos, la observé desde el marco de la puerta. Cristal terminaba de acomodar a nuestro pequeño torbellino en la cama. Eric respiraba profundo, con las pestañas pegadas por el sueño.—Se durmió al fin… —murmuró ella, alisándole el cabello.Me apoyé en el marco, cruzando los brazos, una sonrisa inevitable dibujándoseme en la cara.—Ya era hora —dije en voz baja—, porque nosotros tenemos un asunto pendiente, futura señora Adams.Ella se giró despacio, arqueando una ceja.—¿Cuál?Di un paso hacia ella.—No pensará

  • No te Apartes de Mí   Mi vida contigo (1era. Parte)

    Dos meses despuésIslas Phi Phi, TailandiaCristalMi hijo… mi pequeño Eric… llegó para marcar un antes y un después en nuestras vidas. Ese día, el de su nacimiento, creo que ambos estábamos nerviosos. David estaba paralizado, aterrado… pero después de unos cuantos gritos reaccionó. Y diría que, cuando el llanto de nuestro bebé retumbó en el quirófano, todo cobró sentido. Descubrimos el milagro de la vida. La prueba de nuestro amor estaba entre nuestros brazos.Los días siguientes cambiaron por completo nuestra rutina: biberones, pañales, noches en vela… pero lo que más me conmovía era ver a David en su rol de padre. Tenía una paciencia que jamás imaginé que tendría. Se volvía casi un ritual verlo cada vez que sostenía a Eric entre sus brazos: tarareaba una canción, hacía gestos graciosos, respiraba hondo, le daba un beso en la frente… y finalmente le cambiaba el pañal o le daba el biberón hasta que ambos terminaban dormidos.Y juro que esa escena me derretía. Respiraba profundo y pedí

  • No te Apartes de Mí   Nosotros (3era. Parte)

    Un tiempo despuésGruyères, SuizaDavidHay promesas que no hacía falta decir en voz alta; bastaba con cumplirlas, con sentir que no fallaba ni a los demás ni a mí mismo. Y yo no quería —ni podía— permitir que el miedo me paralizara. Al contrario, deseaba estar presente en la vida de mi hijo, darle a Cristal la seguridad de que podía protegerlos. Quería demostrarle que sería un buen padre para nuestro pequeño… no como un reto, sino como una forma de entregarle lo que yo jamás tuve: cariño, una infancia normal, unos padres que se amaran.Mi mujer volvió a tomarme la mano, dándome más razones para darle alas a mis sueños con solo quedarse a mi lado. Aun así, la inquietud por encontrar un refugio seguro no me abandonaba. Pasaba horas revisando páginas en internet, buscando sitios tranquilos, poco visitados, con acceso a hospitales cercanos, hoteles, departamentos en alquiler… pero nada me convencía.Hasta que una mañana encendí el teléfono satelital. Me quedé mirando la pantalla unos seg

  • No te Apartes de Mí   Nosotros (2da. Parte)

    Unos meses despuésGruyères, SuizaCristalSupongo que necesitaba la aprobación de mi padre a mi relación con David. No imponer mi decisión, ni pelearme con él… solo su comprensión. Su apoyo.Seguir siendo su hija. Seguir sintiendo que, aunque estuviera lejos, podía llamarlo a cualquier hora para escuchar un simple “hola”, hablarle de mi día o decirle cuánto lo extrañaba, como cuando era niña. Y con eso me bastaba… hasta el día en que volviéramos a encontrarnos.Y sí… fue difícil convencer a Roger Mckeson de soltarme. De aceptar que había encontrado a un hombre que me merecía. Lo hizo a su modo: con reglas absurdas, con palabras duras… y con esa mirada triste que me partía en dos.Sin embargo, después del momento tenso en el Empire State, tuvimos una velada más tranquila en un pequeño y discreto restaurante de la ciudad. Charlamos sobre mamá, sobre mis hermanos, incluso sobre la empresa… como si quisiera recordarme todo a lo que renunciaba. Y después llegó lo inevitable: la despedida.

  • No te Apartes de Mí   Nosotros (1era. Parte)

    Unos días después Puerto Escondido, Baja California Sur, México David En esas charlas donde todo fluía, donde solo hablaba de cosas banales con mi mujer, había momentos en los que la sinceridad nos golpeaba sin aviso. Bastaba un gesto, un silencio, o esas pequeñas confesiones que uno suelta sin pensar. Y yo… yo había empezado a prestar atención. A esos detalles mínimos que son esenciales para terminar de conocer de verdad al otro. Eran más que anécdotas de su trabajo o de su vida. Eran verdades disfrazadas. Hubo una que se me quedó grabada. La dijo medio en broma, medio en serio, mientras se acomodaba el cabello detrás de la oreja: —Puedes dar mil razones, David, pero ninguna servirá… porque actuamos en función del corazón. Si el otro lo ve, ya tendrás medio camino recorrido. Ella hablaba como abogada, como si estuviera frente a un caso, pero no era una estrategia. Era una realidad. Si puedes empatizar, si el otro puede ponerse en tu zapato, tal vez pueda comprenderte. Y lo ente

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