FAZER LOGIN¡Uy! Espontáneas muestras de cariño...
***El siguiente capítulo es un fragmento de la vida de Auritz, que será el protagonistas de la siguiente historia. No spoiler (bueno, tal vez un poco). Podrás encontrar la historia como: Un corazón en español.***La mañana valenciana se colaba a través de las persianas, bañando de una luz dorada el departamento de Jaxon. Alba suspiró, sintiendo la suave brisa marina que se colaba por la ventana abierta. Atrás quedaron los secretos, las mentiras piadosas y la farsa que había unido sus vidas. Habían pasado ya dos meses desde que la farsa había terminado, dos meses desde que se habían sincerado sobre sus sentimientos, y se habían lanzado a la aventura de ser oficialmente una pareja. Ahora eran Alba y Jaxon, una pareja real, con una rutina que se extendía entre el rancho, la librería y la quesería.—Mmm, huele a queso —murmuró Jaxon entrando en la cocina con una sonrisa pícara.El aire olía a sal y a pan recién horneado, una escencia que era el símbolo de su nueva vida juntos.Alba revolv
Jaxon bufó. —No es poesía erótica, papá. Es un análisis crítico de la obra de… ―ni siquiera pudo terminar.—Ya, ya, ya —Manuel tenía una sonrisa socarrona. —Lo que tú digas. ¿Y cómo va la librería? ¿Vendiendo muchos libros a los poetas eróticos? ―volvió a bromear mientras se servía del queso ahumado.—Papá… —Jaxon suspiró, resignado. —Va bien. Estamos pensando en organizar un club de lectura ―decidió responder a la pregunta detrás de su mofa.—¿Un club de lectura? —su padre arrugó la frente. —Y eso, ¿qué es? ¿Un grupo de gente leyendo en voz alta? ―Negó con una mueca de asco. ―Ya ves, deberías encargarte del rancho, es más productivo ―llevó un bocado a su boca.—El rancho va genial ―Alba intentó mediar, sabiendo que la conversación se dirigía a un territorio peligroso. ―Jaxon está involucrándose con los cultivos de mandarina y con la contabilidad. Y yo me encargo de los pedidos de leche para el mercado ―finalizó con una sonrisa dulce y cándida.—Sí, eso es importante —comentó mirándolo
Dos años después. En la casita frente al campo de mandarinas.La luz dorado bañaba la cama en un cálido resplandor. Alba, con su cabello revuelto y una sonrisa que no desaparecía ni en sus sueños, se removió entre las sábanas, sintiendo la familiar patada en su vientre. Tenía seis meses de embarazo y, a pesar de las náuseas matutinas y los antojos impredecibles, se sentía radiante.Un gruñido adormilado resonó a su lado. Jaxon, con la barba de dos días y su torso descubierto, se estiró, bostezando ruidosamente.—Buenos días, cariño —murmuró Alba acariciando su mejilla.Jaxon entrecerró los ojos, intentando enfocar la mirada. —Mmm ¿Qué hora es? ¿Ya es hora de la tortura matutina? ―se arrastró el pequeño espacio que los separaba, para abrazarla.Alba soltó una carcajada. —No seas exagerado. Sólo son las siete. Y no, no es hora de la tortura. Todavía ―le dio unas palmadas en el brazo, con cariño.—Bien. Pero si me obligas a ir al establo a esta hora, voy a necesitar un café extra fuerte
Siguiendo con los planes del fin de semana, viajaron a Valencia.El sábado, cuando el sol descendió por el cielo con intensos colores vívidos, y después de haber terminado sus tareas en la librería y en la quesería, Jaxon y Alba entraron al departamento para desplomarse en el sillón, acurrucarse y sumergirse en ese silencio que los envolvía en un aura de satisfacción, felicidad y cansancio físico.Después de varios minutos de relajación, Jaxon rompió el momento. —¿Tienes planes para esta noche? —preguntó con una sonrisa misteriosa, aunque Alba no pudo verla.Alba arqueó una ceja. —Depende ―se incorporó, encontrándose de inmediato con la mirada de Jaxon. ―¿Qué tienes en mente? ¿Una cena romántica a la luz de las velas? ―comentó con ligereza, sin embargo, era una pregunta bien estudiada.Jaxon sonrió aún más. —Tal vez ―respondió con la misma ligereza, pero totalmente consciente del juego de Alba. ―Pero tendrás que esperar y ver. Solo te diré que te pongas guapa ―la vio separarse un poco
Un año después.El sol de la mañana pintaba de un naranja cálido las montañas que rodeaban el rancho de los Navarro. Jaxon, con las mangas de la camisa hasta el codo y el cabello revuelto por el viento, observaba a Alba mientras esta alimentaba a las cabras. La luz dorada acariciaba su cabello castaño, resaltando los destellos cobrizos que tanto le gustaban y sus mejillas, rosadas por el esfuerzo, le daban un aspecto aún más radiante.—Buenos días, mi amor —avanzó hacia ella con una sonrisa más que amplia.Alba, que traía un poco de maíz en la mano, lo miró. Sus labios dibujaron también una sonrisa genuina, una que había comenzado a aparecer con frecuencia desde que la farsa había dado paso a algo real.—Buenos días, vago. ¿Ya terminaste de leer esa novela cursi que te presté? ―lo recibió con el habitual sarcasmoJaxon, que se detuvo a la mitad de su trayecto y llevó una mano a su pecho, fingió una mueca de ofensa. —¡Oye! Es un clásico ―exclamó alterado. ―Y sí, la terminé anoche. Me g
Jaxon, sin perder más tiempo, se dirigió al establo con la curiosidad siendo aplastada por el nerviosismo. Ahí estaba Alba, sentada, con las manos delicadas y expertas en la ubre de una de las cabras. Estaba concentrada en su tarea, con las mejillas sonrojadas, el cabello revuelto y el sol iluminando su rostro, resaltando sus rasgos delicados.―Buenos días, granjera ―la saludó acercándose con una amplia sonrisa.Alba, al escuchar su voz, levantó la vista, al mismo tiempo que se enderezó con una mueca de sorpresa. Su mirada se encontró con la de él. —Buenos días, señorito. ¿Se le ofrece algo? ¿Necesita leche fresca para el desayuno? ―se limitó a responder con un tono que mezclaba el sarcasmo y la incomodidad.Jaxon se detuvo, sintiendo la incomodidad en el aire. —¿Todo bien? —preguntó con suavidad.Alba se encogió de hombros. —Todo normal.Se acercó, sintiendo una oleada de afecto; pero Alba desvió la mirada, sintiéndose extraña, fuera de lugar. No sabía cómo reaccionar. La intimidad c







