FAZER LOGINYo tenía el anillo, pero mi hermana su corazón. Cansada de pelear por un lugar que nunca sería mío tuve que buscar al enemigo más temido de mi prometido: un despiadado mafioso francés, el hombre que destruyó el imperio de su familia. Solo quería una alianza que me regresara todo lo que me pertenecía. En cambio, me convertí en su obsesión. Ahora me persigue, me reclama como su esposa y está dispuesto a incendiar Italia entera para tenerme a su lado. Todos creen que soy su prisionera. Pero nadie imagina que el verdadero peligro nunca fue el hombre que me juró proteger con sangre... sino aquellos que decían amarme.
Ver maisSABINA SARTORI
—Sabina… —murmuró Romeo mientras nos escondíamos detrás de la barra de la cocina. Las balas caían como una lluvia sin misericordia, pero mi corazón latía con calma, a su lado siempre me sentía tranquila—. Tengo que ir por Aurora, tengo que salvarla.
—¡¿Cómo…?!
Aurora era mi hermana.
Estaba escondida en el cuarto de seguridad. Era la única que tenía buen pronóstico de salir viva de esto y… ¿Romeo quería ir a salvarla?
Pasé del escepticismo a la indignación.
—Pero… —murmuré entornando los ojos—. Vienen por mí, no por ella, y aun así dejé que se escondiera en el lugar más seguro de la casa. ¡Ni una bomba atómica podría abrir ese cuarto!
—Déjame ir. Déjame protegerla. Prometo regresar de inmediato y sacar a ambas de aquí. —Tomó mi mano y sus ojos irradiaban confianza—. Sabina, si salimos vivos de esto, seguiremos con los planes de la boda y seré el esposo más fiel y devoto del jodido mundo.
¡A ver! Si quería casarse conmigo, eso era parte de sus obligaciones como mi marido, ¿no?
¡Estúpido!
¡Ese es tu trabajo!
—Pero si muero, si la vida me da la oportunidad de renacer… de volver sobre mis pasos, prométeme que esta vez me dejarás ser feliz con ella —suplicó como si lo que me pedía fuera honorable y no me estuviera rompiendo el corazón, aunque en realidad la sensación se concentraba en mi estómago.
Pensé que esa clase de desilusiones se sentirían más como un infarto y no como indigestión.
—Ella es a quien siempre he amado… —Bajó el rostro apenado y cerró los ojos con fuerza, como si admitirlo doliera—. Lo siento Sabina. Siempre ha sido así. Tenías que saberlo.
Retiré mi mano de la suya y suspiré profundamente, desviando la mirada de él.
—Anda, ve por ella —dije con calma, mientras intentaba entender cómo me sentía. No era tristeza, no era dolor, era algo diferente… ¿indignación? ¿Frustración?
—Sabina… gracias. —Posó su mano en mi mejilla, pero me la sacudí con asco.
—Sí, como sea… —murmuré con un suspiro. Mi desaire no evitó que saliera corriendo en busca de Aurora, dejándome sola y rodeada de enemigos.
Qué horrible era darse cuenta de que siempre fuiste la segunda opción.
Los disparos cesaron y escuché pasos acercándose.
¡Claro!
Yo era la princesita. La pobre dama en apuros que se había quedado sin su caballero de brillante armadura, y ellos lo sabían.
El cañón de un M16 se apoyó en mi sien, empujando suavemente mi cabeza.
—Levántate… —siseó el hombre con el rostro cubierto y traje táctico negro.
Alcé ambas manos y me puse de pie.
—Buenas tardes, caballero —saludé con media sonrisa mientras veía al resto de sus hombres acomodarse a su lado—. ¿Trabajando duro o durando en el trabajo?
Solté una carcajada que nadie más compartió. Supuse que no tenían sentido del humor.
—Vendrás con nosotros por las buenas o por las malas —sentenció el hombre tomándome del brazo.
—No lo sé, en este punto no me molestaría una bala en la cabeza —contesté encogiéndome de hombros.
—¡Sabina! —escuché a mi hermana gritar mi nombre y solo pude torcer los ojos con fastidio.
—¿Qué quieres? ¿No ves que estoy haciendo nuevos amigos? —pregunté indignada cuando volteé hacia ella.
La escena era enternecedora. Aurora estaba escondida detrás de Romeo, aferrada a su brazo, fingiendo horror cuando en el fondo podía apostar a que disfrutaba la situación.
—¡Suéltenla! —gritó Romeo levantando su arma hacia ellos, como si tuviera oportunidad con su pistola .22 frente a un grupo de M16—. Sabina… no tengas miedo, te salvaré.
—Ridículo —resoplé y negué con la cabeza mientras recargaba la espalda en el pecho de mi captor. Todos se desconcertaron por mi comportamiento, pero esa era yo, la real, no la que fingía ser lo que no era para ganarse el amor de un hombre que nunca la iba a respetar—. La mansión donde vives, el auto que conduces, los hombres que diriges…
—¿Qué haces? —preguntó Romeo confundido, sin dejar de apuntar.
—Enlisto todo lo que te he regalado… —contesté con un suspiro—. Cada paso que has dado, cada escalón que has subido es gracias a mí, pedazo de m****a ingrato.
Frunció el ceño de manera adorable y negó con la cabeza.
—Mientes… estás diciendo esto para lastimarme. ¿Es porque escogí ir por Aurora? Te prometí que…
—Yo no tuve que prometer nada en voz alta… yo simplemente actué. Te di todo. Te apoyé y tú, como la rata asquerosa que eres, me despreciaste, elegiste a mi hermana en vez de a mí —mi voz salió fría y sin sentimientos, aunque por dentro me quemaba las entrañas—. Ella no te dio nada salvo problemas y, aun así, la escogiste.
No me pasó desapercibida la sonrisa afilada de Aurora.
¡Estaba orgullosa la maldita!
—Ella me necesita —sentenció Romeo molesto, bajando un poco el cañón—. Sabes que está enferma.
—¡Pero de la cabeza! Te usó como su juguete… y tú, ¡encantado con volverte su perrito faldero! —exclamé divertida y negué con la cabeza—. Yo nunca te necesité y te lo voy a demostrar.
MIRKO CAVALCANTILlegué a mi mansión vacía y triste. Esperé a que los espías enviados por Romeo, estacionados a principio de la calle, se cansaran y se fueran, mientras alimentaba a mis anguilas y limpiaba mis armas.Todos los días era igual.Romeo solo estaba esperando a verme caer y no era nada disimulado.Después de que se fueron, esperé un poco más, hasta que la noche por fin se volvió profunda.Salí por la parte de atrás y conduje con paciencia y cautela hasta la casa del lago.Durante la noche el espectáculo era sorprendente. Luciérnagas revoloteaban sobre el agua mientras los grillos cantaban y la luna iluminaba todo.Varias veces me imaginé observando todo desde el balcón de la habitación principal con mis brazos enredados en la fina cintura de Claudia.El corazón se me estrujó, porque no estaba seguro de que eso fuera a pasar un día.Atravesé el pórtico y llegué al recibidor. Su perfume se había apropiado del lugar y no pude evitar sonreír.Me moví con sigilo, no quería pertu
MIRKO CAVALCANTI—¡Adelina! ¡Despierta! —gritó Romeo perdiendo la paciencia—. No podemos confiar en él… debemos…Y de pronto su rostro se contorsionó por la fuerte bofetada que le dio su hermana.—¿Debemos? —preguntó iracunda mientras yo retrocedía, no fuera que me tocara a mí también—. ¿Se te olvida cómo te encontré a ti y a la organización?»Desde el incendio tuviste tiempo suficiente para casarte con Sabina, arrebatarle el legado y reconstruir nuestro imperio, pero… ¿qué hiciste?—¡Sí! ¡¿Qué hiciste?! —segundé detrás de ella, ganándome la mirada cargada de odio de Romeo.—Cuando te encontré, Sabina estaba embarazada del hombre que nos arruinó y la organización atravesando su peor crisis, y… ¿por qué? —preguntó Adelina apretando los puños con tanta fuerza que sus uñas ya habían abierto heridas en sus palmas, comenzando a sangrar—. Te encaprichaste con esa tal Aurora. Te satisfizo ver el poder que tenías sobre Sabina. La llevaste hasta el precipicio y pensaste que no saltaría.»Te em
MIRKO CAVALCANTISalí del sótano como el dios piadoso y benevolente que era, sintiéndome mejor persona que ayer. Saludé a cada hombre en mi camino, guiñándoles el ojo y dándoles palmadas, compartiendo risas y chistes.¡Me amaban!¿Quién no?Solo los carentes de buen gusto y sentido común.—¡Mirko! —exclamó a mis espaldas Romeo. Me detuve, no por gusto. Torcí los ojos antes de estirar mi sonrisa y voltear hacia él.—¡Romy! ¡Cuñado! —dije extendiendo mis brazos hacia él, pero su gesto cargado de hostilidad me detuvo.—¿Alimentaste a esa rubia? Pensé que el plan era dejarla morir de hambre… —siseó mientras yo sostenía los brazos en el aire, esperando que él fuera quien diera el siguiente paso para fundirnos en un abrazo cargado de hermandad……no pasó.—¿Cuál es el problema? Le di comida para perro… —Me encogí de hombros, restándole importancia.—Tú mismo dijiste…—Sí, sé lo que dije, pero las grandes mentes maquiavélicas pueden cambiar de opinión. —Señalé mi sien con el índice—. Además,
GINEVRA AUDITOREEl olor a putrefacción pasó de enloquecerme a… simplemente dejar de importarme.En un rincón, abrazándome a mis rodillas, cambiando el hambre por el asco, veía a esos hombres colgando un pedazo más. Esta vez un brazo.Desvié la mirada cuando se burlaron.—¿Qué pasa princesa? Pensamos que estarías feliz de que Cavalcanti te reuniera con tu amado inquisidor —dijo uno de ellos soltando una risotada—. ¿O es que estás esperando que traigamos su cabeza para que puedas besarlo?—Tal vez quiere que le traigamos la parte más divertida —agregó el segundo, dándole una palmada en el abdomen al primero antes de aumentar las carcajadas.Cerré los ojos con fuerza y desvié el rostro hasta pegarlo a la pared.¡No podía creer que Cavalcanti estuviera siendo tan cruel!No después de todo lo que compartimos.—¡¿Cómo están tratando a nuestra rubia favorita?! —exclamó Mirko haciendo acto de presencia, con una enorme sonrisa. Ambos hombres voltearon hacia él con orgullo y admiración, como s


















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