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6. Imprevisto

Autor: Furukawa
last update Data de publicação: 2026-02-10 11:10:38

Domingo por la tarde.

Jaxon y Alba salieron de la casa, observando al sol descendiendo lentamente, pintando el cielo con tonos dorados y rosados, bañando el rancho de los Navarro con una calidez reconfortante.

Ninguno de los dos podía evitar sonreír ante el sentimiento de que el plan había funcionado a la perfección. Las sonrisas de los padres de Jaxon, la alegría que brillaba en sus ojos al escuchar la noticia del noviazgo, había sido un espectáculo digno de recordar.

—¿Te imaginas la cara de mi madre cuando le diga que me voy a volver rica con tu "generosa" dotación de leche? —bromeó Alba moviendo la cabeza, mientras caminaban por el camino de tierra que llevaba hacia su casa.

Jaxon soltó una carcajada. —¡Generosa! ¡Claro que sí! Ya verás, la "Quesería Alba" se convertirá en un imperio lácteo gracias a mi desinteresada ayuda.

La chica le dio un codazo juguetón. —No te pases de listo, librero. Conociéndote, la dotación será mínima. A lo mucho, la leche que me darás será para un par de quesos pequeños. Eres más tacaño que mi abuela.

—¡Oye! —se ofendió Jaxon, aunque la sonrisa no abandonaba su rostro. —La tacañería es una virtud, especialmente cuando se trata de ahorrar para… bueno, para… cosas importantes. Como, no sé, un buen vino para acompañar tus quesos ―le guiñó un ojo con descaro.

—¿Ves? Ya estás pensando en aprovecharte —Alba lo miró con una sonrisa maliciosa, —pero bueno, tendré que conformarme con tu "generosa" ayuda.

La conversación fluía con una increíble facilidad. Jaxon y Alba se conocían desde la infancia, habían crecido junto a Auritz en aquel rincón de la campiña y, aunque de pequeños habían tenido sus diferencias, su relación actual era una mezcla de cariño fraternal, sarcasmo y cinismo; así que, a pesar de la farsa, estaban disfrutando y se divirtiéndose juntos.

A medida que se acercaban al viñedo, la casa de los padres de Alba, el aire se impregnaba del aroma dulce de las uvas maduras; mientras el sol se escondía tras las montañas, tiñendo el firmamento de un púrpura intenso.

—Bueno, aquí me despido, señorita futura magnate del queso —dijo Jaxon deteniéndose frente a la entrada del viñedo.

Alba le dirigió una mirada traviesa. —Hasta luego, señor tacaño; y no te preocupes, te mantendré informado sobre el progreso de mi imperio.

Con un gesto rápido, le propinó un golpe amistoso en el brazo, como si fuera su hermano. Jaxon se echó a reír, disfrutando de aquella muestra de afecto.

—¡Ay, Alba! —exclamó frotándose el brazo. —Eres peor que un boxeador.

—Es la costumbre, librero —le respondió sonriendo. —Y ahora, ¡lárgate! —apuntó fugazmente el camino que habían recorrido.

Jaxon se despidió con un gesto de la mano y emprendió la caminata de regreso al rancho, sintiéndose extrañamente relajado. Sabía que Alba sería una gran ayuda en esa mentira piadosa. Era astuta, ingeniosa y, lo más importante, se divertía con el juego.

Alba, por su parte, entró en el terreno, sintiendo la calidez del hogar. Su padre, Javier Ferrer, un hombre de porte elegante y voz grave, la esperaba en el porche con una copa de vino en la mano.

—¿Qué tal la velada, cariño? —preguntó con una sonrisa.

—Todo perfecto, papá —respondió Alba besando su mejilla.

—¿Y qué hacía Jaxon acompañándote hasta aquí? Nunca lo había visto hacer eso ―comentó suspicaz.

Alba sonrió. —¿Estás celoso, papá? ―intentó esquivarlo con otra pregunta, ya que no quería revelarle la verdad a su padre.

Javier soltó una carcajada. —Por favor, Alba, ¿todavía eres una niña? ―negó con la cabeza. ―Sólo me sorprende. ¿Qué se traen entre manos? ―hizo evidente su desconfianza.

—Tonterías, papá. Cosas de amigos —le contestó restándole importancia.

Javier, que conocía a su hija, supo que algo estaban tramando esos dos, pero decidió no insistir. Conocía la rebeldía de Alba, su capacidad para guardar secretos y, sobre todo, su cariño por la familia Navarro.

Mientras tanto, en el rancho, Jaxon entró en la casa y encontró a su padre esperándolo en la sala.

—¿Qué tal la conversación, hijo? —cuestionó Manuel con una sonrisa esperanzadora.

Jaxon asintió. —Todo bien, papá. Mamá está encantada, ¿cierto? ―y terminó por sentarse frente a su padre.

Manuel se limitó a sonreír con satisfacción, para luego ponerse de pie y acercarse a una vitrina, de donde sacó una pequeña caja de terciopelo y regresó a su lugar. Frente a Jaxon, la abrió, revelando un delicado anillo de oro con una piedra preciosa.

—Este era el anillo de tu abuela. Me gustaría que fuera para Alba ―los ojos de Jaxon se encontraron con el hermoso brillo del anillo.

Contuvo la respiración. Aquella indirecta, aunque poco sutil, era clara: sus padres esperaban una boda. Era el siguiente paso lógico en la farsa, pero la idea lo llenó de una mezcla de nerviosismo y diversión.

—Ya veremos, papá —respondió con una sonrisa forzada. —No quiero apresurarme —tomó la cajita y la cerró para guardarla en su pantalón.

—No te preocupes, hijo. El tiempo lo dirá —respondió Manuel guiñándole un ojo.

Jaxon asintió, sabiendo que el juego apenas comenzaba. La farsa del noviazgo era sólo el principio. Ahora, se avecinaban nuevos retos, porque estaba la necesidad de mantener la mentira a flote.

Lunes por la mañana.

El aire de Valencia, fresco y vibrante, recibió a Jaxon y Alba, que a pesar de tener el mismo destino, llegaron por separado a sus respectivas actividades de un lunes laboral. Ambos meditaban respecto a la falsa relación, todo se sentía como un elaborado truco de magia que, inevitablemente, terminaría en un desastre; pero era un cóctel explosivo de emociones: nerviosismo, diversión y una pizca de pánico.

En su ingenuidad creían que la mentira se reduciría a los padres de Jaxon, sin embargo, muy pronto se llevarían una sorpresa. El momento de la verdad se acercaba.

Furukawa

¡Gracias por leer!

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Comentários (1)
goodnovel comment avatar
Mimis
Estos dos no han pensado en que la noticia se puede regar jijijij
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